Facebook Twitter Google +1     Admin

Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2021.

Tradiciones navideñas de Rumanía

Recientemente, el Instituto Cultural Rumano ha publicado un vídeo interesantísimo sobre las costumbres navideñas en Rumanía. No hay duda que el campo rumano ha sabido conservar unas antiquísimas tradiciones precristianas que, mezcladas con las propias del cristianismo ortodoxo, han generado un folklore auténtico en el que no faltan villancicos, teatrillos de contenido religioso, bailes de animales fantásticos, máscaras y ágapes de lo más surtidos y deliciosos.

¡Invito a mis lectores a disfrutar de este precioso documental y aprovecho para desearles una muy feliz Navidad!

Las puertas decoradas de Maramureș: simbología (y II)

20211227191433-211227-poarta-4.jpg

Explicábamos, hace ya unos de meses, que las puertas decoradas de Maramureș son una de las manifestaciones artísticas populares más originales de Rumanía. Portal de tránsito entre el un exterior caótico y el espacio sacro de la familia, estas puertas monumentales están cargadas de simbología, reflejada mediante diversos elementos grabados en la madera que, originalmente, tenían su motivación mística y protectora. Desafortunadamente, con el paso de los años y el desencantamiento del mundo que anunció Max Weber, desde principios del siglo XX, esta decoración se ha ido limitando a funciones principalmente estéticas, reduciendo un repertorio originalmente riquísimo. Quedan, sin embargo, en los lugares más inesperados o recónditos, puertas con muchos motivos ancestrales, por lo que puede ser un buen ejercicio, con tiempo y paciencia, perderse por Maramureș en su búsqueda.

El motivo más frecuente es la soga o cuerda trenzada (funia răsucită), representación del constante encuentro entre el bien y el mal, entre la vida y la muerte. En muchas ocasiones, esta cuerda trenzada forma el denominado árbol de la vida, elemento vivo en el que se producen los fenómenos cíclicos de la naturaleza – símbolo de la vida eterna y la fertilidad, el árbol brota, florece, fructifica, decae y se seca periódicamente – y que vincula los tres planos concebibles por el hombre, ya que sus raíces se hunden en las profundidades de la tierra, crece sobre la superficie y apunta hacia el cielo. El árbol de la vida se extiende por la superficie de la puerta, principalmente desde los pilares, extendiendo sus ramas y formando también círculos con cruces o motivos florales insertados o combinado, en ocasiones, con hojas de parra y manojos de uva como símbolo de la Eucaristía.

Los pájaros, asociados a nociones de trascendencia y a la superación de la vida terrena, también están presentes, como representación de la eternidad del alma humana. Al margen del resto de aves representadas, la imagen del gallo constituye el guardián de la noche, cuyo canto mañanero ahuyenta los espíritus nocturnos y anima la salida del sol, que supone la resurrección. Otro símbolo guardián, como los antiguos lares y penates romanos, es la faz o una figura humana, representaciones del espíritu de los antepasados que protegen el hogar. Por último, en sus concepciones precristianas, las serpientes grabadas en la madera son una vieja alegoría del alma del fundador de la casa, relacionada con la propia tierra y el mundo subterráneo, que protege a la granja del demonio.

Diferentes tipos de rosetas, con las formas más variadas, componen también la decoración de estas puertas, como referencia a la luz solar, el calor y la buena fortuna. Destaca, entre todas ellas, la antiquísima rosácea o roseta hexapétala, inscrita en una circunferencia, que remite al centro del Universo, origen de todas las cosas y, por extensión, al mismo Dios. Completan la decoración distintas series de rayas, líneas hacia arriba y hacia abajo, algunas formando ángulo, otras en forma de diente de sierra, también conocida como diente de lobo, cuyo origen se pierde en los orígenes dacios del pueblo rumano.

Esteban III El Grande de Moldavia (I)

20211231115800-211231-esteban-el-grande.jpg

Para cerrar el año 2021, quiero dedicar la última entrada a un príncipe medieval, que despierta todavía un gran cariño y provoca una sonrisa nostálgica entre los habitantes de Moldavia: Esteban III El Grande (conocido en rumano como Ștefan cel Mare)

Tras el reinado de su abuelo, Alejandro I El Bueno (1400-1432), Moldavia cayó en un período de debilidad, violencia e incertidumbre política debido al enfrentamiento entre pretendientes al trono y a las constantes injerencias de Hungría y Polonia en el devenir del principado. Precisamente, tanto Iancu de Hunedorara, regente de Hungría, como Vlad III Ţepeş de Valaquia, apoyaron a Esteban en sus pretensiones al trono moldavo, consiguiendo derrotar en la batalla de Doljeşti a Pedro III Aaron (1451-1452, 1454-1457), a quien se recuerda por ser el primer príncipe moldavo que pagó tributo a los otomanos y por haber sido el asesino del padre de Esteban, Bogdan II (1449-1451).

En 1457, empezó el más largo reinado de un príncipe rumano que, además, acumuló gran número de éxitos: refuerzo de la autoridad principesca en detrimento de los boyardos, desarrollo del comercio, especialmente en los mercados moldavos, consolidación del poder militar de Moldavia través del refuerzo del ejército y de la construcción de fortalezas, freno a las aspiraciones húngaras, polacas y otomanas sobre el territorio moldavo y construcción de gran cantidad de iglesias – muchas de las cuales son hoy Patrimonio de la Humanidad -, una tras cada victoria, según la tradición.