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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2016.

Bucarestinos: nuevo rumbo

Queridos lectores,

Como habréis podido comprobar, en los últimos meses Bucarestinos ha mantenido un pertinaz silencio. Las razones han sido varias: el traslado a España de la familia, el ajetreo del regreso, varios cambios laborales y un proceso de readaptación que, aunque parezca sencillo, ha tenido sus vicisitudes.

Durante todos estos años, Bucarestinos ha tratado de relatar la vida de los Basté Pla en Rumania aunque, poco a poco, su contenido se ha ido enriqueciendo con entradas sobre la extrañamente seductora Bucarest, la fascinante y desconocida historia de Rumania, sus rincones más atractivos o su tumultuosa política, las costumbres y tradiciones del pueblo rumano o su tentadora gastronomía, entre tantos otros asuntos.  

Regresados a España, nuestra vida ha perdido interés, sin embargo, he decidido mantener vivo Bucarestinos, precisamente, para seguir explicando Rumania a mis pacientes lectores y a todo curioso recién llegado. La tarea es necesaria, pues el desconocimiento, la mala prensa y algunos prejuicios tratan sin descanso de arrinconar caprichosamente a Rumania y sus habitantes pero, en mi caso particular, me la impongo como deber, en agradecimiento a los felicísimos años que hemos pasado allí.

Esperando reencontraros por aquí, os envía un saludo,

Carlos

 

¡Edificio sobre ruedas!

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En 1987, sólo dos años antes de que la Revolución acabase con el régimen comunista, tuvo lugar en Alba Iulia una proeza urbanística que dejó con la boca abierta a quienes tuvieron la suerte de presenciarla.

Las autoridades comunistas decidieron convertir el Bulevar de Transilvania en una gran avenida, sin embargo, sus planes se toparon con el Bloque A2, un edificio de 100 metros de longitud, 17 metros de altura, 12 metros de anchura y de 7.600 toneladas de peso que albergaba a más de 80 familias y se levantaba en medio de lo que debía ser tan importante y central arteria urbana.

Ante el frenesí demoledor del régimen, un ingeniero llamado Eugen Iordăchescu, del Instituto Proiect București, que a lo largo de su carrera se destacó por salvar 29 edificios de la piqueta - incluyendo 13 iglesias y monasterios -, propuso una original solución para evitar la destrucción del inmueble. Iordăchescu dividió el edificio en dos estructuras iguales, apoyó cada una de ellas sobre una gran plataforma de hormigón, dotada de ruedas, que debía trasladarse sobre rieles empujada por dispositivos hidráulicos.

El extraordinario viaje duró 5 horas y 40 minutos y se produjo ante la atónita mirada de los residentes de la ciudad. Aunque pueda parecer increíble, sólo se obligó a desalojar a las familias de la planta baja del edificio por lo que algunas prefirieron contemplarlo desde sus balcones en movimiento. Cuando terminó el paseo, sin incidente alguno, los dos cuerpos del edificio quedaron separados 56 metros y se liberó definitivamente el espacio que hoy se abre, en forma de gran bulevar, frente al Parque de la Unión, en el corazón de Alba Iulia. 

08/02/2016 22:15 legiovhispana #. Historia Hay 3 comentarios.


Creencias y supersticiones rumanas sobre… Predicción meteorológica (I): Viento, ventiscas, tormentas, frío y nieve.

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Como todo pueblo de hondas raíces campesinas, a lo largo de su historia los rumanos han identificado multitud de señales, muchas veces relacionadas con el comportamiento animal, que les ayudan a afinar el pronóstico del tiempo.

Así, si un paisano observa que una ternera, tras abrevarse, juega con el hocico en el agua, pronostica sin dudarlo una gran tormenta. Lo mismo augurará si, en invierno, crujen los maderos de su casa o si su gato, normalmente ladino y perezoso, brinca y retoza en casa o si las ovejas saltan de alegría, los gorriones pían animados sobre el estiércol o las vacas mugen más de lo habitual y miran inquietas al cielo. Si los carneros se pelean de buena mañana en el establo, esperará un día ventoso y si ha soñado con serpientes o con un día borrascoso, esperará que caiga una buena tempestad.

Si el gato se coloca frente al horno o el radiador, araña la estera o trepa por la puerta de casa es señal de que se acerca el frío. Lo mismo podemos pensar si herrerillos, strixes – una especie de búho, común en tierras rumanas - o gorriones cantan junto a nuestra casa o si las hormigas y las moscas desaparecen antes del día de San Andrés (30 de noviembre). Una helada puede ser anunciada por un sueño protagonizado por peces, si se enrojece más de lo habitual el soporte del caldero sobre la lumbre o si vemos cómo los gorriones buscan cobijo bajo el alero de nuestra casa.

Por su parte, la nieve se anuncia con sueños sobre lucha u ovejas, cuando sudan las ventanas o si revolotean muchos cuervos sobre nuestras cabezas (¡qué inquietante es ver enormes bandadas de pájaros negros sobrevolar Bucarest a finales de otoño, anuncien nieve o no!).

Sea como fuere, desafortunadamente, a los infelices urbanitas, que carecen de establo, caldero, terneras o carneros o que difícilmente distinguen una paloma de una tórtola – no digamos ya un strix o un herrerillo -, apenas les queda el gato y sus sueños para predecir el mal tiempo.



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