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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2014.

La poza de las brujas (Balta Vrajitoarelor)

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En la salida de Bucarest hacia Stefanesti, en el bosque Boldu-Creteasca, hay una charca de escasos metros cuadrados que atesora una serie de inquietantes historias.

La tradición dice que ya existía en tiempos del inquietante Vlad Tepes el Empalador y, de hecho, sitúa su decapitación en este preciso lugar. Ayudado por el voivoda de Transilvania, Esteban Báthory, y el rey de Moldavia, Esteban el Grande, a finales de 1476, Vlad arrebató el trono de Valaquia a Basarab Laiota, voivoda que contaba con el apoyo del sultán Mehmed. A pesar de todo, los húngaros se retiraron pronto de Valaquia y Vlad quedó en una situación muy precaria. Ni los 200 guerreros moldavos, enviados por Esteban el Grande para protegerlo, consiguieron evitar su derrota a manos de un ejército de akindschis turcos comandado por Laiota. No se sabe si Vlad murió en plena batalla o si un asesino a sueldo lo decapitó por la espalda junto a esta poza cercana a Bucarest. Lo que sí se sabe es que, mientras su cuerpo fue enterrado en el monasterio de Snagov, su cabeza fue conservada en miel, enviada a Mehmed como prueba de su muerte, atravesada por un palo y expuesta a la vista de todos.

Durante años, la creencia popular decía que la ciénaga poseía propiedades abortivas y que las mujeres embarazadas que no deseaban a su bebé sólo tenían que sumergirse unos minutos en sus aguas.  

Tras el terremoto que asoló Bucarest en el año 1977, las autoridades comunistas, poco consideradas con cuestiones romántico-monárquicas, descargaron en la poza varias toneladas de escombros y cascotes procedentes de algunos edificios siniestrados de la ciudad, sin embargo, cuál fue su sorpresa cuando, en una sola noche, las aguas se tragaron todos los materiales depositados.  

Un lugar tan misterioso, en el que según los vecinos son habituales los fuegos fatuos, no puede pasar desapercibido para las fuerzas ocultas de la zona así que anualmente, en las noches de San Jorge y San Andrés, se celebran aquí reuniones de brujas gitanas que no dudan en afirmar que es la fuente de la que brota su magia y una puerta “al más allá”.

Sea o no un manantial de poder sobrenatural, la verdad es que se trata de una charca a la que no se acerca ni un animal y en cuyas aguas no crecen ni las ranas.

16/02/2014 17:31 legiovhispana #. Bucuresti Hay 1 comentario.

Pache Protopopescu

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Si, a lo largo de su historia, toda gran ciudad necesita un emblemático alcalde que dé un vuelco a la realidad – como hizo Pascual Maragall en Barcelona o Rudy Giuliani en Nueva York -, Bucarest tiene en su palmarés a Emilian Pake Protopopescu que, a finales del siglo XIX, en poco más de 3 años, logró modernizar la ciudad y colocarla entre las grandes capitales europeas.

Nació en Bucarest en 1845, en el conocido como barrio de los Comerciantes (Mahalaua Negustori). Su nombre, “Protopopescu”, deriva del hecho que su padre, Iancu, ejercía como arcipreste (protopop) en la parroquia de la Iglesia de San Jorge el Nuevo. Se licenció en la Escuela de Derecho de la ciudad (1866) y completó sus estudios en París, Bruselas y Ginebra, consiguiendo el título de doctor. En 1870 regresó a Bucarest, donde durante años ejerció de abogado y de profesor en la Escuela Comercial, publicó varias revistas (Dreptul) y periódicos (Binele Public y România), ocupó el cargo de prefecto de la policía (1876) y fue escogido diputado por el Partido Conservador hasta que, en abril de 1888, fue nombrado alcalde de Bucarest por decreto real.

Pache Protopopescu llegó a la alcaldía con una visión global de las insuficiencias de la ciudad, que incluía desde sus necesidades de infraestructuras, sistematización urbana y saneamiento hasta la creación de instituciones sociales que resolviesen, aunque fuese en parte, las penurias de los bucarestinos menos favorecidos.

Entre abril de 1888 y diciembre de 1891, el nuevo alcalde consiguió modernizar Bucarest: reorganizó el ayuntamiento según cánones occidentales, creó una red de teléfonos públicos, extendió el alumbrado público eléctrico más allá de la Plaza del Teatro Nacional, construyó las primeras aceras, pavimentó calles y creó nuevas arterias que mejoraron la circulación, como el Bulevar Coltei (hoy, Lascar Catargiu) o un nuevo eje este-oeste que se extendía desde la Plaza de la Opera hasta la avenida Mihai Bravu. Precisamente, un tramo de este largo eje, conocido entonces como Bulevar del Horizonte (Orizontului), fue rebautizado por el alcalde conservador, Nicolae Filipescu (1893 – 1895), como Bulevar Pache Protopopescu, nombre que todavía conserva.


También el transporte público fue objeto de atención prioritaria por parte del alcalde, que extendió el servicio de tranvía tirado por caballos pero, sobre todo, impuso unas condiciones civilizadas de transporte para los ciudadanos. De este modo, publicó e hizo cumplir una detallada ordenanza según la cual los conductores tenían la autoridad para poner orden entre el pasaje, impedía que subiesen al tranvía más pasajeros de los que podían sentarse o que otros se colgasen de las escaleras de acceso – situaciones que se repetían constantemente y que provocaban accidentes y continuos alternados entre los viajeros – y limitaba el acceso para aquellos que fuesen sucios, bebidos o acompañados de perros.

Protopopescu prestó una especial atención a la infraestructura de enseñanza en la capital por lo que, sólo en el año 1889, construyó 28 escuelas y el famoso liceo Gheorghe Lazăr. Asimismo, construyó un comedor social y estableció un sistema municipal de transporte de enfermos a los hospitales de la ciudad, servicio que precedió a la célebre Sociedad de Rescate (Societatii de Salvare) del Dr. Nicolae Minovici.


En el mismo período, fundó la primera Escuela de Comercio de la ciudad (actualmente, Escuela Superior de Comercio Nicolae Kretzulescu) y el Instituto Médico-legal, levantó la famosa torre de vigilancia contra incendios, Foișorul de Foc (que hoy alberga el Museo de los Bomberos), e inició los trabajos para la construcción del Jardín Botánico de Cotroceni.


Pache Protopopescu murió a la edad de 48 años, el 28 de abril de 1893, debido a una infección de piedras en el riñón y fue enterrado en el Cementerio Bellu. En 1903, en reconocimiento por su enorme labor, Bucarest levantó en el parque Izvorul Rece un monumento en su honor, realizado por el escultor Ion Georgescu con mármol de Carrara, sin embargo, el monumento fue demolido por las autoridades comunistas en 1948.

Acostumbrados a alcaldes como el ínclito Dr. Sorin Oprescu, actual perpetrador de terribles atentados urbanísticos contra el patrimonio histórico de Bucarest, uno no puede más que añorar los viejos tiempos del alcalde Pache Protopopescu.

21/02/2014 20:04 legiovhispana #. Bucuresti Hay 1 comentario.

Casa Melik, la vivienda más antigua de Bucarest

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En el número 22 de la calle Spatarului, en un jardín algo por debajo del nivel de la calle, se levanta discretamente la Casa Melik, una de las joyas más desconocidas de la arquitectura bucarestina. La Casa Melik alberga hoy la colección de arte Serafina y Gheorghe Raut así como el Museo Theodor Pallady, conservando también entre sus muros una larga historia – que incluye rituales masónicos, amores prohibidos y conjuras revolucionarias, entre muchas otras - que se ha desarrollado a lo largo de los últimos 250 años, lo que la convierte en la vivienda más antigua de la ciudad.

La Casa Melik se construyó en la segunda mitad del siglo XVIII, alrededor de 1760. Aunque se desconoce quién fue su primer propietario, los archivos indican que tras su muerte, ocurrida en 1815, sus herederos la vendieron por 1.400 táleros alemanes – una considerable fortuna en aquel momento – a un comerciante armenio llamado Chevorc Nazaretoglu. El verdadero nombre de Chevroc era Nazaretian, sin embargo, tiempo atrás había decidido turquizar su apellido para evitar las suspicacias de las autoridades turcas, siempre dispuestas a convertir en sospechoso a cualquier armenio de posibles.   

Chevorc y su esposa, Miriam, rehabilitaron la casa y, desde 1822, se trasladaron a vivir allí. Años más tarde, Agop Nazaretian, hijo del matrimonio, ofreció la casa como dote de su hija Ana que, aunque había sido cortejada en secreto por el hijo ilegítimo de Ion Luca Caragiale, Mateiu, acabó contrayendo matrimonio con el arquitecto Iacob Melik, profesional formado en París, donde se había convertido en masón - la leyenda dice que la Casa Melik está unidad, mediante túneles secretos, a las casas de otros insignes masones de la ciudad - e impregnado de ideas románticas y revolucionarias.

Durante la Revolución rumana de 1848, el matrimonio Melik participó activamente en las revueltas, refugiando en su casa a destacadas figuras Heliade Ion Radulescu, C.A. Rosetti e Ion Brătianu. Tras el fracaso de la revolución, Iacob y Ana se vieron obligados a exiliarse, residiendo durante 9 años entre París y Estambul, hasta que en 1857 regresaron a su casa en Bucarest, una ruina que restauraron de nuevo para hacerla habitable.

Tras la muerte sin herederos de Ana Nazaretian Melik, en 1913, la casa fue cedida en testamento a la comunidad armenia de Bucarest, con la intención de crear un hogar para viudas sin recursos, sin embargo, Eugen Melik, un pariente de la familia, atacó las últimas voluntades de Ana, obtuvo la propiedad de la casa y realizó una nueva restauración de manos del arquitecto Paul Smarandescu. A pesar de todo, la comunidad armenia no se rindió y siguió luchando en los tribunales con Eugen hasta que, en 1921, recuperó la titularidad y convirtió la casa en una residencia de ancianos.

El asilo funcionó hasta 1947, momento en que las autoridades comunistas la nacionalizaron, la compartimentaron e instalaron en régimen de alquiler a diversas familias, modificaciones que provocaron una importante degradación del edificio. La suerte de la Casa Melik empezó a cambiar a finales de los años 60, cuando el matrimonio formado por Serafina y Gheorghe Raut, que por entonces vivían en París, negociaron con las autoridades rumanas el traslado de su colección de arte a Bucarest y su instalación, en un lugar adecuado, junto a las pinturas de su íntimo amigo, Theodor Pallady. Las negociaciones duraron un tiempo y finalmente se acordó exponer todas las obras de arte en la Casa Melik, que sería rehabilitada de nuevo para la ocasión.

La restauración, dirigida por la Dirección de Monumentos Históricos del Ministerio de Cultura, devolvió el edificio a su aspecto original que todavía hoy podemos disfrutar. El inmueble conserva los elementos de la típica casa de campo rumana, con una bodega de techos altos, un porche y un precioso balcón cerrado, posiblemente desde finales del siglo XVIII, con marcos de madera y vidrio. La renovación recuperó el tamaño primitivo de las ventanas y las puertas, rescató el artesonado en las habitaciones donde fue posible y recuperó el trazado e incluso el uso original de las habitaciones.


El resultado es un edificio especialmente interesante tanto por su contenido como por su especial arquitectura y su sugerente devenir, que bien merece una visita de aquellos que deseen conocer una más de las historias ocultas de Bucarest.

 

23/02/2014 12:36 legiovhispana #. Bucuresti No hay comentarios. Comentar.


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