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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2014.

¿Qué pasa en Roşia Montană? (I)

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Roşia Montană es una localidad minera transilvana, situada en el Valle del río Roşia, en los Montes Apuseni (Departamento de Alba). Se trata de una zona catalogada como desfavorecida en el Programa Nacional para el Desarrollo Rural 2007-2013 , carente de infraestructuras, condicionada por una serie de factores climáticos y edáficos que limitan la actividad agrícola y donde el paro alcanza al 80 % de la población activa.

A pesar de todo, la zona donde se levanta Roşia Montană es rica en minerales por lo que su tradición minera está atestiguada documentalmente desde el año 131, cuando la localidad llevaba el nombre de Alburnus Maior. Tras la definitiva conquista de Dacia por el emperador Trajano, en el año 106, colonos romanos se asentaron en las nuevas tierras del imperio y entre ellos, de acuerdo con unas antiguas tablillas halladas en Alburnus Maior y fechadas entre los años 131 y 167, decenas de hispanos y sus familias, especialmente del norte peninsular, que se trasladaron allí para trabajar en las minas de oro de la región (en la imagen, galerías romanas conservadas de las minas de Roşia Montană). La explotación minera se extendió, con mayor o menor intensidad, durante la Edad Media y la Edad Moderna, aunque alcanzó su máximo apogeo durante el período austro-húngaro, concretamente a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando Roşia Montană se convirtió en una de las localidades más desarrolladas de la zona, con calles empedradas e iluminadas, escuelas, centro sanitario, cine, teatro, casino e incluso una sala de baile, a los que acudía una población étnicamente diversa – rumanos, húngaros, alemanes, judíos, eslovacos, etc. –  que, directa o indirectamente, siempre estaba relacionada con la actividad minera. Después de 1948, cuando todas las minas privadas fueron nacionalizadas por el nuevo régimen comunista, las minas de Roşia Montană se convirtieron en una propiedad del Estado y, progresivamente, fueron perdiendo eficiencia. En 1989, año de la Revolución, las pérdidas de Roşia Montană eran tres veces superiores a los beneficios que reportaban debido al uso de tecnologías obsoletas y a la falta de inversiones.

A pesar de la manifiesta decadencia de Roşia Montană, en 1999, la empresa Roşia Montana Gold Corporation (RMGC), fundada en Alba en 1997 y cuyos principales accionistas son la compañía minera estatal Minvest Roșia Montană S.A. (19.31 %) y la empresa de capital canadiense Gabriel Resources (80.69%), obtuvo la licencia de concesión para la explotación de las minas y mostró su interés en realizar una importante inversión en la zona para desarrollar un nuevo proyecto minero que mejorase la eficiencia del proyecto y lo hiciese viable. Con este objetivo RMGC desarrolló varios estudios geológicos, arqueológicos, sociales, medioambientales y de viabilidad económica que iban a resultar profundamente polémicos, especialmente en lo que al impacto medioambiental del proyecto se refiere. 

El proyecto diseñado por RMGC anuncia el cierre de la explotación local de la empresa minera pública Minivest – con la consiguiente extinción de 775 puestos de trabajo - y la organización de las minas de oro más grandes de Europa, previéndose la extracción de 300 toneladas de oro y 1.600 toneladas de plata en cuatro minas a cielo abierto, que serán explotadas según un método de excavación en superficie que extraerá 220 millones de toneladas de mineral de una área total de unas 100 hectáreas. La roca estéril se depositará en dos escombreras y los lodos producto del tratamiento del mineral con cianuro de sodio del mineral y de la separación del oro y la plata, serán tratados por oxidación y acumulados en lago abierto de decantación, con una capacidad de 250 millones de toneladas, contenido por un dique capaz de resistir un terremoto de 8 grados en la escala de Richter y dos precipitaciones máximas consecutivas.

La polémica está servida.

09/01/2014 11:50 legiovhispana #. Actualidad Hay 2 comentarios.

¿Qué pasa en Roşia Montană? (II)

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Con el objetivo de convencer a los habitantes de Roşia Montană, RMGC desplegó una campaña informativa sobre los beneficios del proyecto, cifrados en 2.300 millones de dólares para la economía rumana[1] - una parte de los cuales, lógicamente, se destinarían al presupuesto local -, en 2.300 puestos de trabajo directos durante el período de construcción de la mina y en un total de 3.600 puestos de trabajo, directos e indirectos, durante la operación. RMGC ha empleado el método de mercado para negociar las contrapartidas con los habitantes y las autoridades locales, garantizando la contratación de personal autóctono, la rehabilitación medioambiental de la zona tras finalizar el período de concesión, la recuperación del centro histórico de Roşia Montană e inversiones para el desarrollo turístico de la zona, incluyendo campañas arqueológicas, valorización del patrimonio técnico-industrial, construcción del Museo de la Minería, etc. Las propuestas de RMGC han sido bien recibidas por la mayoría de la población local, que ante las protestas de algunos vecinos y de una buena parte de la sociedad rumana, se ha organizado en la plataforma Sindicatul Viitorul Mineritului (Sindicato para el futuro de la minería) y ha desarrollado una campaña de manifestaciones, encierros y protestas a nivel local titulada Da pentru Roşia Montană  (Sí a Roşia Montană).

En el otro extremo, un sinfín de instituciones y grupos de todo el espectro ideológico[2], se han manifestado en contra del proyecto de RMGC, agrupados en torno a la plataforma Salvaţi Roşia Montană (Salvad Roşia Montană), establecida por vecinos de Roşia Montană afectados por los traslados forzosos y la destrucción de inmuebles (casas e incluso alguna iglesia) a los que el proyecto obliga. A pesar de todo, los problemas empezaron para RMGC cuando, a finales de 2004, presentó la documentación para obtener los permisos medioambientales para la ejecución del proyecto y, posteriormente, el estudio de impacto ambiental. Durante años, RMGC no ha conseguido obtener todas las licencias necesarias, viendo como el proyecto se retrasaba en los pasillos del Ministerio de Medio Ambiente mientras la opinión pública tomaba conciencia del problema y el ambiente se enrarecía. A todo ello había contribuido, sin duda, el accidente ocurrido el 30 de enero del año 2000 cuando, tras un período de condiciones climatológicas extremas, se rompió el dique de contención de los residuos mineros de una explotación de oro en Baia Mare y se vertieron 100.000 m3 de barro y aguas residuales contaminadas con cianuro y metales pesados en los canales de desagüe al río Lapus, un afluente del Somes, a través del cual alcanzaron el río Tisza, el curso superior del Danubio a su paso por Belgrado y, finalmente, el Mar Negro. La terrible contaminación transfronteriza tuvo graves consecuencias para la biodiversidad, los ecosistemas fluviales, el abastecimiento de agua potable y las condiciones socioeconómicas de las poblaciones afectadas.



[1] También se han calculado unos beneficios adicionales para la economía rumana de 3.000 millones de dólares en inversión en recursos humanos, construcción, electricidad, materiales, transporte, reactivos, piezas de repuesto y otros.

[2] Paradójicamente, desde pequeños grupos de extrema izquierda hasta la extrema derecha nacionalista, pasando por la Casa Real rumana, la Academia Rumana, las iglesias ortodoxa y católica, ONG, movimientos ecologistas o de protección del patrimonio pero, sobre todo, un elevado número de ciudadanos anónimos, indignados por el devenir político de Rumania.  

11/01/2014 17:28 legiovhispana #. Actualidad No hay comentarios. Comentar.

Costumbres funerarias rumanas

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Las costumbres funerarias rumanas, a diferencia de las españolas, ya muy estandarizadas, están condicionadas por viejas tradiciones, tanto religiosas como de carácter supersticioso, que las familias tienen muy en cuenta cuando pierden a un ser querido. 

Desde el punto de vista de un español, el primer problema al que se enfrenta un rumano cuando fallece alguien en su familia es la inexistencia de unas pompas fúnebres que le resuelvan el problema. En los últimos años han aparecido en Rumania, principalmente en las grandes ciudades, empresas que ofrecen todo tipo de servicios funerarios como en España, sin embargo, en la mayor parte del país se respeta un proceso menos profesionalizado y más doméstico, repleto de ritos y trufado de supersticiones.

Cuando una persona ha dado ya su último aliento, un familiar cercano procede a lavarlo con cuidado, rociarlo con agua bendita y vestirlo con ropa limpia, a ser posible recién comprada para la triste ocasión. A continuación, se le ata la mandíbula, las manos y los pies. El cadáver debe vestir con zapatos nuevos, mientras que ningún asistente al funeral deberá estrenar calzado. Las mujeres fallecidas no se visten de negro para evitar que regresen del más allá y embrujen la casa.

Una vez acicalado, el cadáver se coloca sobre su cama o en un soporte especial proporcionado por la Iglesia. En ocasiones, tal y como hacían los antiguos griegos con sus difuntos para pagar la travesía del Hades guiada por Caronte, se colocan unas monedas en las manos del difundo para pagar las “aduanas” (vămile) por las que transitará, aunque los más fervorosos cristianos no respetan este hábito por considerarlo pagano, es más, afirman que cualquier objeto colocado en sus manos o en sus bolsillos sólo servirá para frenar su ascensión a los cielos. Habitualmente, sobre el pecho del difunto se coloca un icono o sus propias manos sosteniendo una cruz.

Antes de depositar el cuerpo dentro del ataúd, existe la costumbre de rodearlo tres veces con un recipiente con incienso para, según se dice, alejar los malos espíritus. Una vez en la caja, algunas familias colocan un espejo, un peine, una aguja u otros objetos de ajuar, cosas que el difunto necesitará en el más allá, aunque de nuevo los más ortodoxos se oponen a esta práctica, negándose incluso a que se corten las uñas o se peine al finado pues, aparentemente, no se trata de hábitos cristianos. Antiguamente, se decía que si un gato pasaba bajo el ataúd, era necesario clavar un cuchillo en el corazón del fallecido para impedir que se convirtiese en un no muerto.

Durante la exposición del cuerpo, que dura nada menos que tres días, cada persona que llega a la casa del fallecido para presentar sus respetos sustituye el habitual Bună ziua (Buenos días o, en general, Hola) por un Dumnezeu să-l ierte! (¡Qué Dios lo perdone!). Por la noche, durante el velatorio, la gente se reúne alrededor del ataúd y a media noche se sirven comida y bebidas a los asistentes, tras lo cual suelen quedarse sólo los más allegados, que no se separarán del cadáver y se asegurarán de que una o varias velas permanezcan siempre encendidas, al igual que el resto de las luces de la casa.

Mientras el ataúd permanece en casa, todos los espejos se cubren con tela para evitar que el alma del difunto quede atrapada o que alguien vea su imagen reflejada pues, según una vieja superstición, será el próximo en morir. Por un motivo parecido, puertas y ventanas permanecen abiertas, facilitando el viaje del alma hacia el cielo.

Para indicar públicamente que alguien ha muerto en un determinado hogar, en la puerta de la casa se coloca un paño negro en el que se escribe el nombre del fallecido, su fecha de nacimiento y la fecha de su fallecimiento, pieza que no se retira durante 40 días. Durante este mismo período, los familiares deben llevar un pedazo de tela negra adherido a su ropa y los varones no pueden afeitarse.

Dependiendo de la zona de la zona de Rumania donde se produzca el duelo, el llanto puede ser una muestra de respeto – en el pasado, se contrataban incluso coros de plañideras - o una grosería hacia el difunto, a quien las lágrimas le amargarán el “alegre” camino hacia el cielo o incluso “las aguas que beberá en el más allá”.

Una costumbre respetada especialmente en los pueblos es la procesión, desde la casa del difunto o la capilla de la iglesia donde estaba depositado, hasta el cementerio. La encabeza un grupo de hombres portando banderas negras con la efigie de santos, iconos procesionales y una cruz, seguidos de varios sacerdotes. En ocasiones, el grupo de hombres porta un pequeño abeto decorado con cruces, luces y algunos alimentos.  Los sigue un carro tirado por caballos o una pickup portando las coronas de flores y el ataúd, normalmente abierto, tras el cual caminan parientes y amigos portando velas a las que se atan pañuelos y toallas repartidos por la familia (cuando los familiares y amigos se trasladan en coche, suelen atar toallas al retrovisor en señal de duelo). Durante la procesión, las casas de los familiares del difunto abren sus puertas cuando el ataúd pasa frente a su fachada. El cortejo se detiene en cada cruce de caminos, donde se colocan alfombras en fila, formando un metafórico puente hacia el más allá, sobre las que circulará el séquito tras una breve oración del sacerdote.

Una vez en el cementerio, los sacerdotes realizan un breve servicio y el cadáver se sepulta directamente en la tierra, con los pies y las manos desatadas. Terminado el entierro, se realiza la pomană, una espléndida comida servida por la familia a los asistentes al entierro, celebrada por el perdón de los pecados del difunto y la salvación de su alma. El ágape se repite a los 40 días del funeral, en casa de la familia o en restaurantes que, cual si de una boda o un bautizo se tratase, ofrecen menús especiales para la ocasión.

 

¿Qué pasa en Roşia Montană? (y III)

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La plataforma Salvaţi Roşia Montană expone todo tipo de argumentos para frenar el proyecto. De acuerdo con sus postulados, desde un punto de vista jurídico, el proyecto y la declaración de impacto ambiental transgreden varias Directivas europeas y la Convención de Berlín, de 10 de octubre de 2001, que prohíbe el empleo de cianuro en las explotaciones mineras de la UE, además de infringir la Convención Europea de Derechos del Hombre por el modo en que pretenden hacerse los traslados de población.  Tecnológicamente, los críticos con el proyecto aducen que, desde 1990, en todo el mundo se han producido más de 30 accidentes graves en explotaciones mineras donde se empleaba cianuro y que, en el 72 % de los casos, se debió a defectos en el dique de contención. En este argumento ha pesado especialmente el accidente de Baia Mare, en el que a pesar de necesitarse 22 permisos distintos relacionados con el medio ambiente y la salud pública, ello no evitó los defectos en el diseño del dique que provocaron el desastre ecológico. La ineficacia de las operaciones de autorización e inspección y la corrupción de las autoridades rumanas son un mal precedente que todavía no se ha resuelto y que hacen presagiar lo peor. Por otro lado, es innegable que la explotación en superficie de minas a cielo abierto provoca una significativa mutilación del paisaje, contaminación del aire y peligrosas vibraciones en el terreno, debidas a las constantes explosiones, que aumentan el riesgo sísmico de la región. También se alerta sobre la posible destrucción del patrimonio arqueológico de Roşia Montană. A pesar de todo, la plataforma no se limita a mantener una actitud exclusivamente defensiva y ha propuesto como alternativa al proyecto la declaración de la zona como parque arqueológico del patrimonio mundial bajo la protección de la UNESCO, alternativa que pretende dar una solución a largo plazo a la pobreza y al elevado paro en la región[1].   

En el último año, el Gobierno rumano ha jugado un papel ambiguo y que no ha hecho más que inflamar el conflicto. A pesar de que mientras estuvo en la oposición, el Partido Social-Democrático se opuso al proyecto de RMGC, tras su victoria en las elecciones legislativas de 2012 ha ido modificando su postura hasta convertirse en uno de sus mayores valedores. De este modo, cuando en junio de este año la Comisión de Análisis Técnico del Ministerio de Medio Ambiente parecía carecer de argumentos para dar su conformidad al proyecto, el Gobierno de coalición entre socialistas y liberales impulsó una propuesta de Ley de minería ad hoc para permitir su aprobación y derogar ciertos procedimientos legales que suponían un obstáculo. En respuesta, desde el 1 de septiembre se reproducen por todo el país manifestaciones semanales, cada vez más numerosas, que el pasado día 10 de diciembre consiguieron que la Ley de minería fuese rechazada en el Parlamento al no obtener los votos suficientes para modificar una ley orgánica. Sin duda, la guerra no ha terminado pero la plataforma Salvaţi Roşia Montană ha obtenido una sonora victoria.

Desde mi punto de vista, el propósito de extracción de oro y plata de Roşia Montană es un proyecto cortoplacista que, una vez concluido, no dejará resueltos los problemas endémicos de la zona y que únicamente habrá beneficiado a los accionistas canadienses de RMGC, que se repartirán el 80 % de los beneficios obtenidos, mientras que Rumania apenas obtendrá un 2 %, según lo acordado entre RMGC y el Gobierno rumano[2]. Por otro lado, a nivel técnico, el proyecto tiene unos riesgos medioambientales difíciles de asumir considerando el nivel de incompetencia y corrupción de las autoridades rumanas[3]. La declaración de Roşia Montană como parque arqueológico del patrimonio mundial de la UNESCO es una aspiración realizable que, además de atraer fondos de la UE, podría aumentar el potencial turístico de la región e impulsar nuevas campañas arqueológicas. A pesar de ello, esta propuesta no es incompatible con una explotación minera sostenible de los recursos de la zona, aunque para ello sería necesario realizar un estudio científico bien fundamentado y un programa de aplicación bien pensado y coordinado que involucrase a todas las partes y despejase cualquier duda mediante la incorporación al proyecto de un equipo técnico independiente escogido, por ejemplo, desde las instituciones europeas.

[1] Argumentos y propuestas extraídos de la web de la plataforma Salvaţi Roşia Montană.

[2] Datos obtenidos de la web de Rosia Montana Gold Corporation.

[3] Para muestra, la declaración pública del primer ministro, Victor Ponta, sobre el cobro de comisiones en el marco de este proyecto (aunque afirmó no tener pruebas de ello) o el reciente ingreso en prisión, acusado de corrupción, del director de la Autoridad de Gestión del Plan Operativo Sectorial de Medio Ambiente, Adrian Mandroiu.

19/01/2014 15:59 legiovhispana #. Actualidad No hay comentarios. Comentar.

Evolución del urbanismo bucarestino entre los siglos XIX y XX (I)

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Bucarest, urbe estratégicamente situada entre Oriente y Occidente, ha crecido y se ha desarrollado gracias a su favorable situación en el centro de varias rutas comerciales transcontinentales y a la consiguiente influencia de distintas culturas regionales, convirtiéndose en el centro urbano más altamente poblado del sudeste de Europa. Bucarest aparece por primera vez en un escrito del 20 de septiembre de 1459, firmado por Vlad Tepeș Dracul, en el que se la define como una feria (târg). Más tarde, en 1659, bajo el gobierno del príncipe Gheorghe Ghica, Bucarest se convirtió en la capital de Valaquia y en 1862 pasó a ser la capital de Rumania, tras la unión de los principados de Valaquia y Moldavia.


Bucarest nació y se desarrolló en las orillas del río Dâmbovița y su afluente Colentina, una de las numerosas corrientes de agua que atraviesan la llanura válaca para surtir al Danubio. El lugar donde se levanta la ciudad fue antaño un terreno llano plagado de lagos, prados y humedales, irregularmente dividido entre las grandes propiedades de los boyardos y estructurado en numerosas parroquias de formas y tamaños distintos. Más allá de los palacios de los boyardos, las parroquias constituían los elementos ordenadores de la ciudad, núcleos centrales aislados que formaban la inconexa base de la composición urbana y a partir de los cuales convergían las calles y se ordenaban las propiedades.  Debido a la prohibición turca de fortificar las ciudades rumanas, Bucarest creció sin límites físicos, combinando zonas de alta densidad urbana en los alrededores de las ruinas de la Corte Principesca, junto al Dâmbovița, con áreas rurales en la periferia, débilmente integradas y estructuradas, y prácticamente sin  lugares de residencia propios del poder político, económico o cultural, lo que en ocasiones ha provocado que la Bucarest de entonces fuese definida como una ciudad-pueblo.

 Estructura urbana premoderna: iglesias parroquiales, calles y espacios públicos en el sector urbano

del nordeste de Bucarest a mediados del siglo XIX

Con la unificación de los Principados en 1859, uno de los primeros objetivos de la recién nombrada capital de Rumania fue construir nuevas instituciones públicas y espacios colectivos. La transición de la ciudad-pueblo a la capital europea se produjo de la mano de arquitectos franceses, por lo que Bucarest adoptó el estilo de la École de Beaux Arts de París en el diseño de sus nuevas avenidas, parques públicos, edificios político-administrativos y monumentos. Inspirada en el plan de renovación de París llevado a cabo por el Barón Haussmann, de esta época destaca la construcción de los grandes bulevares que vertebrarían la ciudad: en el eje norte-sur, el Bulevar Kisselef (1865), que marcaría la urbanización del norte de la ciudad y que debía extenderse hacia el sur uniéndose con la popular Calea Victoriei, y los Bulevares Colței y Lascar Catargiu (1888), que aligeraron la intensa circulación del eje Kisselef-Victoriei mediante una nueva arteria mucho más amplia; por otra parte, el eje este-oeste incluía los bulevares de la Academia, de Regina Elisabeta y de Carol I, construidos entre 1865 y 1880.

Centro urbano de Bucarest: bulevares norte-sur y este oeste,

realizados entre finales del siglo XIX y principios del XX

Precisamente, con este plan de desarrollo urbano, Calea Victoriei consolidó su posición como calle noble de la ciudad, convirtiéndose en el lugar central de sus nuevas funciones cívicas y nacionales de Bucarest. De este modo, se construyeron edificios públicos y comerciales, los más prestigiosos hoteles de la ciudad, así como el Palacio Real – de la recién estrenada dinastía Hohenzollern-Sigmaringen -, el Ateneo Rumano y la Fundación-Biblioteca Carol I, tres de los edificios más emblemáticos de la capital.

Calea Victoriei antes y después de la reestructuración urbana

de finales del siglo XIX

Otra de las grandes obras que permitió evitar las endémicas y en ocasiones muy destructivas inundaciones que sufría Bucarest fue la represa de las aguas del río Dâmbovița (1880 – 1883). Los trabajos que se desarrollaron permitieron también una mayor regularización del río, la desaparición de islas pre-existentes y de los brazos del río, así como su uso como lugar de drenaje de aguas residuales.


Plano del proyecto de regularización y canalización del río Dâmbovița

Encabezando esta entrada, vista de Bucarest desde la cima de la hoy desaparecida torre de Colțea (1868). 

 

24/01/2014 17:53 legiovhispana #. Bucuresti Hay 1 comentario.

Evolución del urbanismo bucarestino entre los siglos XIX y XX (y II)

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El éxito político, económico y cultural de Bucarest alcanzó su cenit entre las dos Guerras Mundiales, período en que su población pasó de 380.000 habitantes (1918) a 870.000 (1939) y durante el que se construyeron nuevos barrios residenciales, excelentes edificios civiles, parques urbanos y extra-urbanos y zonas industriales, todo ello en una combinación de estilos que variaba desde el neo-rumano de los arquitectos Ion Mincu o Petre Antonescu al vanguardismo de Horia Creangă o Marcel Iancu, pasando por bellos ejemplos del menos academicista estilo mediterráneo. 

La proclamación de la República Popular, en diciembre de 1947, introdujo a Rumania en la órbita soviética, de modo que la nueva política económica y los objetivos ligados a ella, el carácter centralizado de la intervención pública, la abolición de la propiedad privada y el aumento considerable de la población debido a una significativa inmigración de origen rural, provocaron una revolución en los programas de transformación urbana tanto en su contenido como en su escala y en sus prioridades. Esta nueva filosofía urbanística se plasmó en cuatro tipos de intervención: la construcción de nuevos centros de poder caracterizados por una marcada discontinuidad respecto a la ciudad existente, la edificación de complejos residenciales públicos, la creación de enormes focos industriales en la periferia de la ciudad y el diseño de infraestructuras que facilitasen la movilidad entre las áreas residenciales y las zonas industriales. Los dos ejemplos más deslumbrantes de nuevos centros de poder fueron la colosal Casa Poporului y el Palacio Scânteia, emblema del nuevo poder comunista. El Palacio Scânteia, sede del periódico oficial del Partido Comunista Rumano, fue construido entre 1950 y 1956 como una versión local del inmenso edificio de la Universidad Lomonosov de Moscú y marcó un primer momento de brutal imposición de la arquitectura y el urbanismo propios del realismo soviético de inspiración stalinista (paradójicamente, la Casa Poporului fue el último y trágico ejemplo).


Plano de emplazamiento del Palacio Scânteia hasta 1990

El aperturismo de Kruschev en la primera mitad de la década de los 60 del siglo XX tuvo una influencia positiva en el urbanismo bucarestino. En este período se intensificó la construcción de grandes zonas residenciales alejadas del centro de la ciudad y cercanas a los centros industriales, entre los que destacan barrios como Drumul Taberei, Militari, Berceni y Titan Balta-Albă, verdaderas “ciudades dentro de la ciudad”. Entre todos ellos, Drumul Taberei es, quizás, el ejemplo más llamativo de nuevo barrio obrero de aquella época, levantado junto a una zona industrial, con bloques prefabricados situados en zonas verdes, cuidadosamente orientados según la luz solar, con servicios variados, bien conectados y distribuidos según un diseño urbano conforme con los principios establecidos en la Carta de Atenas y que, de forma inesperada, encuentra un eco en la ville radieuse de Le Corbusier al tiempo que simboliza los principios de igualdad de toda buena ciudad socialista.


Maqueta de Drumul Taberei

En definitiva, estos cinco momentos del urbanismo bucarestino nos muestran la evolución de la ciudad-pueblo de mediados del siglo XIX, a la capital burguesa de principios del XX y a la ciudad socialista de mediados de siglo.

  
26/01/2014 16:59 legiovhispana #. Bucuresti Hay 1 comentario.


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