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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2013.

La Pascua en Bucovina (I)

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Aunque estemos abocados hacia el verano y la Semana Santa sólo quede en el recuerdo, voy a dedicar una pequeña serie de entradas a la celebración de la Pascua en Bucovina donde, en los últimos años, nos hemos empapado de las tradiciones locales y que, por su significación, merecen un espacio en este blog.

Para la tradición cristiana, el nacimiento y la muerte de Cristo constituyen los momentos más trascendentales de la vida del Mesías, sin embargo, para la comunidad ortodoxa, cuya tradición es la más escatológica de las de todas las iglesias, la resurrección de Cristo y, por tanto, su victoria sobre la muerte, garantía de la salvación del hombre, es la más importante de las conmemoraciones litúrgicas.

En la región de Bucovina, al noreste de Rumania, la tradición de la Pascua se vive con especial intensidad, posiblemente debido a la enorme influencia de la gran comunidad monacal que puebla la región. En el seno de la población agraria ancestral de Bucovina, estructurada sobre el ciclo inexorable de la naturaleza, cualquier celebración trata siempre de combinar el curso de las grandes conmemoraciones religiosas con los momentos más relevantes de la vida de sus habitantes, de modo que nacimientos, bodas, fiestas, labores agrícolas, quehaceres o entierros tienen todos una fuerte componente espiritual. En un contexto así, es lógico que una fiesta de resurrección implique a toda la comunidad, a la propia tierra, y las renueve.

En la celebración de la Pascua es posible identificar viejos rituales atávicos de renacimiento simbólico, a través del sacrificio de Dios, que muere y resucita cada año como la propia naturaleza que envuelve a los creyentes. Durante la Semana de Pasión (Semana Grande), cuando Jesús fue torturado, humillado y crucificado, se alcanza una apoteosis del desorden comparable a la que se desata entre el Viejo Año y el Nuevo. Tras el milagro de la Noche de Resurrección (Noaptea Învierii), empieza la Semana Iluminada (Săptămâna Lumintă), reestableciéndose así el orden y la tranquilidad (ordinea şi liniştea) de la comunidad.

La Pascua significa algo más que algunas simples prohibiciones en la alimentación y en los hábitos diarios, es un tiempo de plegarias, de reflexión, de iluminación interior y de contemplación feliz del esplendor de un nuevo inicio, que el cristiano ve también  reflejado en el estallido de una exuberante Bucovina primaveral a la que se siente indefectiblemente unido. La resurrección es, de este modo, una noción intuida y desarrollada por el hombre sobre su experiencia de los ciclos naturales (astrales, vegetales, etc.) y el mito del eterno retorno

09/06/2013 21:30 legiovhispana #. Vama No hay comentarios. Comentar.

La Pascua en Bucovina: La casa (II)

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Los momentos más importantes en la vida de un campesino de Bucovina están siempre relacionados con su hogar y con la iglesia, estructuras con sus propias funciones domésticas y espirituales. El bautizo de un recién nacido se realiza en la iglesia y la ceremonia continúa con una celebración en casa, donde todos los invitados beben, comen y ofrecen regalos al niño y a la madre. Algo parecido ocurre tras el fallecimiento de un vecino, cuando la familia regresa a su hogar para recibir y agasajar a aquellos que han ido a despedir al difunto. Las bodas se inician siempre en casa de la novia, donde el novio pide permiso a los padres para llevarla al altar, hasta donde son acompañados por una procesión de familiares y amigos que, tras la liturgia, se trasladarán a la casa de los padres del novio para el banquete nupcial.

La Pascua no es ajena a estos dos escenarios, en los que se desarrollarán la mayor parte de actividades relacionadas con su celebración. La típica granja de Bucovina generalmente incluye la casa principal frente a una gran puerta de madera donde habita la familia, un edificio menor donde suelen vivir los abuelos, un establo, un pajar, un cobertizo para los aperos, un pozo y una pequeña perrera.

La casa principal tradicional, de planta rectangular, suele estar articulada alrededor de la cocina, corazón del hogar que contiene la soba (cocina u hornillo de grandes dimensiones, normalmente decorado con azulejos de terracota, que sirve para cocinar los alimentos y para calentar la estancia) y donde la familia principalmente se relaciona, tiene un par habitaciones grandes – una para los padres y otra para los hijos pequeños - separadas por un discreto recibidor que incluye una pequeña despensa y, si cabe, las escaleras al piso superior.  Muchas casas tienen un porche abierto de tablones de madera, de influencia austriaca, que las rodea por tres o cuatro costados y que suele estar decorado con flores u hojas de parra trepadoras. Una serie de columnas, muchas veces esculpidas con motivos zoomórficos y antropomórficos, sostienen el alero de una techumbre muy empinada, hecha de tejas de madera, en la que suelen abrirse pequeñas ventanas con forma ocular que le dan un aspecto muy característico.  

En esta arquitectura es posible rastrear la memoria popular en multitud de símbolos que revelan huellas remotas, originadas en diversas realidades sociales, étnicas y psicológicas que han conformado el carácter y las tradiciones de la actual sociedad agraria bucovineana. Estas construcciones ponen en evidencia una forma de construir íntimamente ligada a creencias y prácticas colectivas asociadas a actividades agrícolas, ganaderas y artesanales, adaptadas así tanto al medio físico en que se ubican como a la actividad desarrollada por sus habitantes. Por otro lado, el uso en su construcción de materiales como la madera, la piedra, la tierra o la cal evidencia la concepción telúrica de esta arquitectura, expresión viviente del pasado, cargada de significado y profundamente respetuosa con su entorno.

09/06/2013 21:40 legiovhispana #. Vama Hay 1 comentario.

La Pascua en Bucovina: La iglesia (III)

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En Bucovina, tanto iglesias como monasterios son joyas arquitectónicas en las que podemos encontrar las señas de identidad del pueblo rumano y un reflejo de su vida espiritual y natural. Las iglesias contribuyen, independientemente de su estructura arquitectónica, a propagar el mensaje religioso, a mantener la memoria y a integrar la experiencia del hombre, tanto a nivel individual como colectivo.

 Más que en ningún otro edificio, la simbología que encierran las pinturas de los muros exteriores de las iglesias monacales de Bucovina forman un entramado simbólico de carácter religioso pero también histórico, económico e incluso jurídico que, como decía Caro Baroja, nos explican el funcionamiento de una cultura, sus mitos y creencias y nos permite recuperar su memoria.

Al mismo tiempo, estos impresionantes frescos son relatos que explican al espectador la doctrina cristiana, que facilitan su comunicación con lo trascendente y que le muestran, especialmente a través de composiciones como El Juicio Final, el poder de Dios y la inexorabilidad del destino.

La iglesia se convierte así en el lugar en el que el hombre, solo o en comunidad, busca significados, se reconforta y confirma unos ciertos códigos de relación y conducta a través de la contemplación, la invocación y la plegaria. De este modo, en los días previos a la Pascua, es habitual ver a los fieles escribir los nombres de sus difuntos en pequeños pedazos de papel para que más tarde, los sacerdotes, mediadores entre ellos y Dios, los recuerden durante la celebración de la misa y los tengan en cuenta durante sus plegarias. Durante la Cuaresma y la Pascua, el rito de lectura de nombres de difuntos durante la eucaristía de los sábados cobra especial trascendencia por su vínculo con la resurrección de Cristo y de las almas del Paraíso.

La Pascua es la celebración de la victoria de la luz, encarnada en Cristo, frente a la oscuridad de la muerte, conmemoración que coincide temporalmente con añejos ritos paganos que aclamaban el reinicio de la vida, asociado a un nuevo ciclo de fertilidad de la tierra, tras un prolongado período de penumbra y frío. En este contexto, la Pascua constituiría la lógica derivación en el mundo cristiano de un viejo rito de intensificación característico de una sociedad agrícola y pastoril.

 

11/06/2013 20:05 legiovhispana #. Vama Hay 1 comentario.

La Pascua en Bucovina (V): Costumbres

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La Semana Grande, última de la Pascua, está siempre precedida del Domingo de Ramos que celebra la entrada de Cristo en Jerusalén poco antes de su martirio. Hasta ese día, los fieles limpian con especial dedicación sus hogares, el menaje y toda su ropa y lencería. El aseo de la Pascua, que también incluye limpieza y decoración floral de las tumbas de los antepasados de la familia, es una actividad tradicional que simboliza la eliminación de las huellas invernales, pero también de la maldad y los sufrimientos, en espera de recibir la llegada de la primavera.

 El Domingo de Ramos, los fieles van a la iglesia con flores y ramas de sauce – en sustitución de las palmas que recibieron al Mesías en la Ciudad Santa, difíciles de encontrar en Bucovina – obtienen la bendición del sacerdote  y, cuando regresan a casa, las colocan junto a los iconos o en la puerta principal como elemento de protección. El Domingo de Ramos es un día de felicidad melancólica para los ortodoxos por lo que, antes de iniciar el ayuno de la Semana Grande, todavía está permitido consumir pescado y beber vino.

El lunes empieza la Semana Grande, en la que todos los creyentes se saludan con una fórmula tradicional que, en general, mantienen hasta el Día de la Ascensión, cuarenta días después del Domingo de Resurrección: Christos a înviat! (¡Cristo ha resucitado!), a lo que debe responderse, Adevărat a înviat! (¡Verdaderamente, ha resucitado!).

El Jueves Grande o Jueves Negro, las mujeres pintan huevos con colorantes naturales de plantas, preparados la noche anterior, y los colocan en un cesto, mientras explican a los niños las tradiciones y les cuentan viejas leyendas populares. En la cocina se preparan el cozonac - pan dulce de Pascua - y, sobre todo, la Pasca, un bizcocho con forma redonda, decorado con una cruz en su centro, frente al que suele recitarse una pequeña oración de invocación y buenos augurios: “Cruce-n casă/Cruce-n piatră/Dumnezeu cu noi la masă/Maica Precista pe fereastră!” (Cruz en casa/Cruz en piedra/Dios con nosotros en la mesa/¡La Purísima en la ventana!).


Los más devotos mantienen un ayuno total entre el Jueves Negro y el Domingo de Resurrección, alimentándose apenas con un poco de pan y agua. Durante esos días, en general, el ayuno es bastante severo para el resto de creyentes por lo que no está permitido comer carne, pescado, huevos, leche o productos lácteos.

El Viernes Grande, día de recuerdo de la crucifixión y muerte de Jesús, no se trabaja, abandonándose cualquier labor agrícola o ganadera. Por la tarde, las iglesias se llenan para participar en el oficio de difuntos (Prohodul Domnului), en el que se recitan unos largos versos que narran la pasión y muerte de Cristo.

El sábado, a primera hora de la tarde, cada familia enciende candelillas junto a las tumbas de su antepasados como símbolo de resurrección y, antes de partir hacia la iglesia para celebrar la Noche de Resurrección (Noaptea Învierii), los creyentes se acicalan a conciencia, lavándose con agua pura, recién extraída del pozo, en la que antiguamente se colocaba albahaca, una moneda de plata y un huevo pintado de rojo (según la tradición, “para ser sano como un huevo y puro como la plata”). Duermen un rato, se visten con ropa limpia y, si es posible, nueva y esperan tranquilos la hora de partir hacia el templo.

 

15/06/2013 09:54 legiovhispana #. Vama No hay comentarios. Comentar.


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