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Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2012.

La forja de la nación rumana (III): de Constantin Ipsilanti a la derrota de Tudor Vladimirescu

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Mediante esta entrada me propongo retomar la serie de entradas dedicada al nacimiento de Rumanía, que quedó interrumpida a principios de septiembre con la descripción de los hechos acaecidos hasta finales del siglo XVIII.

Tras decenios de conflictos ruso-turcos y a pesar de que formalmente los hospodares fanariotas seguían gobernando Moldavia y Valaquia, en el último cuarto del siglo XVIII, la influencia rusa sobre ambos Principados fue creciendo. Aprovechando el fin de un nuevo conflicto bélico que había enfrentado a Austria y Turquía desde 1788, en 1791, el Consejo señorial válaco entregó a los diplomáticos austriacos que negociaban con los turcos la Paz de Sistova, una solicitud para que apoyasen su deseo escoger a sus propios hospodares y su intención de independizarse bajo supervisión austriaca y rusa, sin embargo, sus peticiones no fueron tomadas en consideración. A pesar de ello, consciente de que el malestar rumano beneficiaba a Austria y Rusia, el sultán no ignoró completamente esas reivindicaciones y, en 1802, fijó en siete años el período mínimo de gobierno de los hospodares y admitió la condición de que, para destituirlos, fuese necesaria la aprobación del zar.

Cuatro años después, el hospodar rusófilo válaco, Constantin Alexandru Ipsilanti, intentó unir los dos Principados, al tiempo que la nobleza moldava pedía ayuda a Napoleón con el mismo objetivo. En consecuencia, el sultán destituyó a Ipsilanti y el zar respondió enviando tropas a Moldavia y Valaquia, poniendo fin al régimen fanariota.

El zar Alejandro no tenía intención de apoyar la causa nacional rumana por lo que los Principados fueron considerados territorios conquistados con acceso privilegiado a los Balcanes. En 1812, la amenaza de invasión francesa en Rusia convenció al zar de la necesidad de llegar a un acuerdo con el sultán por lo que, mediante el Tratado de Bucarest, devolvió el control de los Principados a Turquía y retuvo la mitad oriental de Moldavia, entre el Prut y el Dniéster, conocida como Besarabia, favoreciendo la inmigración ucraniana para diluir la mayoría étnica rumana.

La ocupación militar rusa de 1806 – 1812 fue considerada por los rumanos como un acto imperialista que permitió a Rusia arrebatar a Moldavia sus tierras más fértiles. Este hecho contribuyó al aumento del apoyo a la causa unionista entre la burguesía y algunos boyardos, críticos con la continua injerencia rusa y con la debilidad de los hospodares frente a Estambul y San Petersburgo.

El primer dirigente político de la causa nacional rumana fue Tudor Vladimirescu (en la imagen, encabezando esta entrada) quien, a partir de 1815 entabló relaciones con el Ministro de Asuntos Exteriores del gobierno ruso y con la Filiki Hetairía, la sociedad secreta de los nacionalistas helenos en el sur de Rusia que ganaba adeptos entre las familias fanariotas establecidas en suelo rumano. En 1820, desde su cargo de gobernador de un distrito de Oltenia, Vladimirescu pactó con Alexandru Ipsilanti – hijo del hospodar válaco depuesto por el sultán – un levantamiento conjunto de griegos y rumanos contra la Sublime Puerta.

En febrero de 1821, Vladimirescu publicó la Proclamación de Padeş, un vago programa que proponía la revolución campesina contra los boyardos, y estableció una Asamblea Popular con representantes del campesinado válaco. A principios de abril, junto a un numeroso ejército de siervos voluntarios, Vladimirescu entró triunfal en Bucarest pero la llegada de Ipsilanti y su milicia hetariota desde Moldavia lo condenó a un papel secundario que no quiso aceptar, por lo que ambos ejércitos rompieron sus relaciones. Acusado de negociar con los turcos, Vladimirescu fue ejecutado por los hetariotas en Tîrgovişte y su ejército fue disuelto. En junio, los otomanos derrotaron a Ipsilanti en la batalla de Drăgăşani y retomaron el control de los Principados.

04/11/2012 17:45 legiovhispana #. Historia Hay 1 comentario.

El origen de los nombres de los barrios de Bucarest: Drumul Taberei

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A propósito de mi última entrada, el nombre de la calle y del barrio llamado Drumul Taberei  - literalmente, el Camino del Campamento – data de 1821, año de la explosión antifanariota dirigida por Tudor Vladimirescu quien, junto a sus tropas de pandurii, acampó en este área antes de tomar Bucarest. Tras la conquista de la ciudad, los pandurii fortificaron una zona cercana al Monasterio de Cotroceni, que a partir de entonces se empleó para realizar ejercicios militares, para la fabricación de armamento y para el acantonamiento de nuevos reclutas.

Desde mediados del siglo XIX hasta principios del XX, la zona se pobló de campamentos militares - estacionándose principalmente regimientos de caballería y artillería - junto a campos de instrucción, depósitos de forraje y viviendas militares (cuyos vestigios todavía pueden observarse junto a la Iglesia Razoare, muy cerca de las instalaciones del 30 Regimiento de la Guardia Mihai Viteazul, el último que se ha mantenido en pie en el barrio). A principios del siglo XX se construyó también aquí un aeródromo desde donde, el 17 de junio de 1910, despegó el pionero de la aviación, Aurel Vlaicu, en un avión construido por él mismo.

En la imagen, una fotografía de Drumul Taberei del año 1964, cuando la mayor parte de los campamentos militares habían ya desaparecido, dando lugar a un nuevo y moderno barrio obrero.

07/11/2012 15:46 legiovhispana #. Bucuresti No hay comentarios. Comentar.

El orfanato maldito de la Strada Franceză

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No muy lejos del lugar donde vagan las almas atormentadas de la iglesia de San Antón, en el número 13 de la Strada Franceză, se levanta desde 1895 una preciosa mansión con una de las historias más siniestras de Bucarest.

La leyenda dice que su propietario, Stavrache Hagi-Orman, transformó su residencia en un orfanato, aunque tras su actitud aparentemente altruista se escondía una trama tan sádica como malvada. Mediante engaños, recogía a niños abandonados de las calles de la ciudad y les ofrecía albergue y sustento en su casa, sin embargo, una vez que uno de aquellos desdichados entraba en la mansión, ya nunca volvían a salir. Hagi-Orman condenaba a los niños a extenuantes jornadas de trabajo, sin comida ni agua, y por la noche los encerraba bajo llave en los rincones más oscuros y lúgubres de su enorme residencia.

Sin nadie que los reclamase y olvidados por una sociedad cegada por las luces del Pequeño París, los niños fueron muriendo de hambre y agotamiento y enterrados en algún lugar discreto, lejos de miradas delatoras. En octubre de 2011, Radu Vasile, un vecino de 84 años que ha pasado toda su vida en el número 15, todavía recordaba en las páginas del periódico Ring: “Muchos niños vagabundos eran internados allí y controlados por la familia de Stavrache, con cuyos miembros nadie en la calle se relacionaba… pero todo terminó después de la guerra”.

Posiblemente, más de 200 niños murieron en el número 13 de la Strada Franceză y todavía hoy, tras las puertas tapiadas del edificio, a media noche, algunos lugareños juran oír voces infantiles gritando: ¡Por favor, dadnos agua!

12/11/2012 23:04 legiovhispana #. Bucuresti Hay 4 comentarios.

La cultura política de los rumanos (I)

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Ante la cercanía de las próximas elecciones legislativas en Rumania, me he propuesto hacer una somera descripción de la cultura política de los rumanos a partir de algunos libros de sociología e historia y de los informes que periódicamente publica el Grupo rumano para el estudio de los valores sociales, perteneciente al Institutul de Cercetare a Calităţii Vieţii.

Como en el caso de España y el franquismo, es difícil entender la presente cultura política de Rumania sin hacer una breve referencia a su pasado comunista. El régimen comunista rumano, inaugurado en 1947 y dirigido desde 1965 por Nicolae Ceauşescu, se caracterizó desde finales de los años 70 por implantar un modelo estalinista de socialismo sometido a la única voluntad de su presidente y, en menor medida, de una poderosa Nomenkatura.

Hablar de una cultura política rumana predemocrática requeriría un análisis detenido ante la escasez de encuestas o entrevistas objetivas efectuadas en aquellos años. Sin duda, existía una minoría, impregnada de ideología, perfectamente integrada en el sistema y muy identificada con el régimen de Ceauşescu. Por otro lado, la mayoría de la población, una parte importante de la cual era población rural con escasa formación y poco interés por la política, se mostraba conformada con el régimen, aunque gracias al monopolio ideológico ejercido desde la escuela, respetaba de modo reverencial la autoridad del Partido Comunista Rumano (PCR) y de su presidente y huía de polémicas políticas. Lejos quedaba el ideal marxista de la democracia popular, siendo Rumania un estado asediado por la policía política, la temida Securitate, que convertía la disidencia en un fenómeno marginal urbano, incapaz de organizarse, de influir sobre la vida pública y de oponer una cultura política alternativa.

A lo largo de los años 80, el fracaso de las políticas industriales y económicas, el extraordinario impacto sobre la población de la política de liquidación de la enorme deuda externa de Rumania, los efectos sociales del Plan de Sistematización - que pretendía concentrar la población rural en centros agro-industriales, reduciendo en un 55 % el total de poblaciones de Rumania y trasladando forzosamente a todos sus habitantes -, la emigración forzosa de miles de miembros de las minorías nacionales (sajones, suabos y judíos, principalmente, ciudadanos social y económicamente muy útiles), el desarrollo de proyectos megalómanos, la destrucción sistemática del medio ambiente y una particular revolución cultural, que puso a toda la intelectualidad al servicio del pensamiento del dictador, transformó la apatía de la mayor parte de la población en indignación hacia el régimen, estallando en varias revueltas mineras y estudiantiles y, finalmente, en la Revolución de 1989, movimiento que acabó violentamente con el régimen y que se convertiría en un interesantísimo referente moral para toda la población.

Desgraciadamente, ante los deficientes resultados de la Revolución, muy pronto surgió el desencanto entre la población al imponerse una democracia dirigida y tutelada por exmiembros del PCR, debida a la falta de antecedentes históricos favorables a la democracia, al desconocimiento de los nuevos dirigentes políticos respecto a su funcionamiento y a una transición sin grandes consensos. Se fraguó de este modo una nueva cultura política muy característica que intentaré describir en futuras entradas.

26/11/2012 12:46 legiovhispana #. Política Hay 1 comentario.

La cultura política de los rumanos (II)

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Tras los esperanzadores momentos iniciales, las frustraciones por los resultados de la Revolución de 1989 dieron lugar a una desvinculación de los rumanos de la política, alrededor de un 70 % de los cuales considera, desde principios de los años 90, que la política es poco o nada importante. Por otro lado, la sensación generalizada  de sufrir los efectos de una clase política incapaz, impermeable y profundamente corrupta, incide en unos elevados niveles de ineficacia política, es decir, los rumanos creen mayoritariamente que tienen muy poca capacidad de influir en la arena política y que sus dirigentes son poco sensibles a sus demandas. Todo ello redunda en una baja participación en la vida política  y en un desinterés por controlar a la clase política a través de organizaciones ciudadana. El último ejemplo ha sido el referéndum para la destitución del presidente Traian Basescu, celebrado el pasado 29 de julio. La consulta había sido favorizada por la oposición en bloque y promocionada con una importantísima campaña de los medios críticos con el presidente, sin embargo, no alcanzó el 47 % de participación y, por tanto, fue invalidada.

Un 87 % de los rumanos legitiman la democracia al catalogarla como la mejor forma de gobierno, sin embargo, la consideran imperfectamente desarrollada en Rumania.  Por este motivo, paradójicamente, un 73 % de los encuestados creen que sería bueno para Rumania tener un dirigente fuerte que no respondiese ante el Parlamento ni se sometiese a proceso electoral alguno o que sería positivo un gobierno tecnocrático. En este sentido, destaca la encuesta de la empresa Avangarde, realizada con motivo del 90 cumpleaños del depuesto rey Miguel, según la cual casi un 60 % de rumanos tiene mucha o total confianza en él. Cabe destacar también una encuesta informal, publicada el mes pasado por periódico Adevarul, en la una mayoría de los participantes indicaba que el mejor líder del siglo XX es Nicolae Ceaușescu. Anecdóticamente, un 20 % de la población opina que la calidad de vida aumentaría bajo una dictadura militar. Estos resultados indican que, aunque la percepción a favor de la democracia es amplia, existe todavía una escasa formación en valores democráticos entre la población.

Desde principios de los años 90, la Iglesia y el Ejército han sido las instituciones mejor valoradas por los rumanos, que muestran una gran confianza en ellas en el 85 % y 75 % de los casos, respectivamente. Este apoyo es debido al profundo impacto de los valores religiosos sobre las normas morales de convivencia, especialmente en el ámbito rural, y a la relación que generalmente se establece entre el Ejército y conceptos como la disciplina, la profesionalidad y unos intangibles valores nacionales, que los rumanos no aprecian en su clase política.

En el otro extremo, las instituciones del Estado cosechan un escaso resultado.  Inmediatamente después de la Revolución, la población mostraba una credibilidad en el Parlamento y el Gobierno cercana a la que tenía por la Iglesia y el Ejército (muy valorado por su apoyo a la Revolución contra el régimen comunista), sin embargo, esta sensación ha disminuido dramáticamente, con grandes oscilaciones , a lo largo de los años, hasta situarse alrededor del 20 % (ver gráfico encabezando esta entrada). Una situación similar se ha repetido con instituciones como los partidos políticos o la Presidencia (una encuesta de la empresa CCSB para Antena3 ha situado la credibilidad de la Presidencia en un 19 %, en octubre de 2012). Los enormes vaivenes en la valoración de las instituciones del Estado tiene un claro reflejo en los cambios políticos por los que ha atravesado Rumania en los últimos decenios. El más destacado ocurrió en el año 1996, cuando el antiguo Frente Democrático de Salvación Nacional, perdió la mayoría en el Parlamento frente a la Convención Democrática y cuando el excomunista, Ion Iliescu, fue derrotado en las elecciones presidenciales por Emil Constantinescu. Lo mismo, pero en sentido inverso, volvió a ocurrir en el año 2000, cuando el Partido Socialista Democrático arrebató el poder a la Convención Democrática.

Los motivos para entender el descrédito de las instituciones son muchos y complejos, aunque podemos destacar la violencia empleada como arma política (especialmente durante la mineriada de junio de 1990, estimulada por Ion Iliescu para acabar violentamente con las voces críticas con el Frente Democrático de Salvación Nacional), el caínismo en el seno de los partidos, la corrupción, el nepotismo, las privatizaciones salvajes de empresas públicas, la aparición de opacos grupos de presión, la deficiente separación de poderes, la ausencia de un proceso al régimen comunista o los problemas políticos con la minoría húngara en Transilvania, entre otros.

En la imagen, Dinámica de la credibilidad en las instituciones del Estado rumano: 1990 – 2008 Fuente: Institutul de Cercetare a Calităţii Vieţii. Valorile românilor. Încrederea în instituţii. [en línea] Newsletter 5 (Julio 2009).

27/11/2012 10:58 legiovhispana #. Política No hay comentarios. Comentar.


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