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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2011.

Los voluntarios rumanos de las Brigadas Internacionales durante la Guerra Civil española

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Hace unos días, me refería a la esperpéntica intervención de un reducido número de voluntarios legionarios, a favor de las tropas nacionales durante la Guerra Civil española, por tanto, creo que es obligatorio mencionar también qué ocurrió en el bando republicano.

Según las fuentes, entre 500 y 615 voluntarios lucharon durante la Guerra Civil a favor de la República española, encuadrados en las Brigadas Internacionales. Una parte de ellos llegó a España directamente desde Rumanía pero otros lo hicieron desde Francia, Bélgica, Inglaterra, Estados Unidos o México. El primero en llegar, en agosto de 1936, fue el doctor Andrei Tilea “Ceapaev” que, a principios de 1936 se enfrentó a las tropas nacionales en Irún. Tras la caída de la ciudad, se echó al monte con los partisanos, aunque acabó cayendo en manos de los franquistas y fue ejecutado.

El primer grupo numeroso de rumanos, mayoritariamente procedente de Francia, llegó a España a primeros de octubre de 1936. Tras pasar unos días en Figueras, se trasladaron a Albacete y, después de una breve instrucción, fueron integrados en las Brigadas Internacionales XI y XII. A finales de año y principios de 1937, otros rumanos llegados desde Rumanía se unieron a ellos y juntos participaron en las primeras batallas para la defensa de Madrid, sufriendo las primeras bajas.

La primera unidad militar puramente rumana, asociada a la Brigada XI, fue la división de artillería “Ana Pauker”, comandada por Valter Roman y compuesta, inicialmente, de dos baterías. En febrero de 1937, tuvo su primera acción en el frente del Jarama, donde se produjo una potente ofensiva nacional para tomar Madrid. Un mes después, la división “Ana Pauker” bombardeó a las tropas italianas que luchaban junto a Franco en la carretera nacional Zaragoza-Madrid, a la altura de Guadalajara, consiguiendo incluso arrebatarles algún tanque, cañones y munición.

Inmediatamente después, la división rumana se transformó en un regimiento motorizado de artillería, asociado a la 35 División Internacional. Como tal, luchó en las batallas de Brunete, Quinto y Belchite. En la primavera de 1938, en el frente de Aragón, la 35 División internacional, de la que formaba parte el regimiento rumano, quedó totalmente rodeada, sin embargo, gracias a la ayuda de la población civil, consiguió romper el cerco y retirarse. En verano de 1938, la batería “Tudor Vladimirescu”, comandada por Nicolae Cristea, fue de las primeras en cruzar el río y enfrentarse al enemigo, recibiendo por ello una mención.

Otro grupo de artilleros rumanos, bajo el nombre de “Gheorghe Gheorghiu-Dej”, formó parte de una división de artillería pesada constituida en Almansa junto a voluntarios búlgaros, checoslovacos y polacos. Este grupo luchó en los frentes de Andalucía y Extremadura entre 1937 y 1938, desde allí fue trasladado a Valencia y más tarde, tras la quiebra del frente republicano en Cataluña, fue enviado en barco hasta Barcelona.

El 23 de septiembre de 1938, de acuerdo con la decisión del Gobierno republicano, los artilleros rumanos, junto al resto de internacionales, se retiraron del frente aunque, en enero de 1939, los voluntarios artilleros rumanos entraron de nuevo en combate en Llers, al norte de Figueras, para cubrir la retirada de los civiles españoles que huían de las tropas franquistas.

Entre los voluntarios rumanos para la República española no sólo hubo artilleros. Inicialmente, los voluntarios rumanos quisieron formar una subunidad rumana de infantería, pero fueron finalmente repartidos en distintos batallones de las Brigadas Internacionales, como el Batallón 9 de la Brigada XIV, que luchó en el frente andaluz, o el Batallón “Dombrowski”, que lo hizo en el Jarama.

Mención aparte merece el Batallón “Djakovici”, dirigido por los rumanos Petre Borilă y Mihai Burcă y del que formaban parte, junto a soldados españoles, ciudadanos de distintos países balcánicos. En julio de 1937, participó en la ofensiva republicana de Brunete y en septiembre del mismo año, luchó en el frente del Aragón. Más tarde, en enero de 1938, una compañía de ametralladoras rumana de este batallón participó en la batalla de Teruel. En febrero, al batallón se le unió la compañía rumana “Griviţa” y, transferido a Extremadura, fue integrado en la Brigada Internacional 129. Entre marzo y abril de 1938, las compañías rumanas, en el marco de la Brigada 129, se enfrentaron a los franquistas en Aragón y Levante.

Un último grupo de lucha rumano se integró en una compañía de origen balcánico, formada en febrero de 1938 en Albacete. Estos soldados participaron en las luchas defensivas que tuvieron lugar desde Caspe hasta Mora de Ebro. También combatieron en Tortosa y participaron en la batalla del Ebro, situándose en la Sierra de Pandols y en la Sierra de Caballs.

Cabe mencionar también que entre los voluntarios rumanos hubo un grupo de veinte médicos y enfermeras que desarrolló sus servicios encuadrado en las Brigadas Internacionales, tanto en la retaguardia como en el frente, a lo largo de toda España. También hubo voluntarios con formación química, ingenieros y técnicos que se integraron, según sus especialidades, en distintas unidades militares.

Como epílogo a su intervención en España, muchos voluntarios rumanos participaron en el emocionante desfile militar de despedida de las Brigadas Internacionales, que tuvo lugar por la Diagonal de Barcelona el 28 de octubre de 1938 y durante el cual fueron ovacionados por la población.

01/12/2011 19:29 legiovhispana #. Historia Hay 20 comentarios.

¡Feliz Día Nacional de Rumanía!

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¡Desde Bucarestinos, os deseamos a todos un feliz Día Nacional de Rumanía!

01/12/2011 22:35 legiovhispana #. Historia Hay 2 comentarios.

Orígenes e influencias de la gastronomía rumana

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La cocina rumana es el producto de la suma de una serie de influencias históricas, geográficas y religiosas, cuyo resultado es una rica variedad de especialidades que incluye desde la sabrosa y abundante comida campesina hasta las delicatesen con influencias francesas.

Poco sabemos de los hábitos culinarios de getas y dacios, los antecesores de los rumanos actuales. Estos pueblos habitaban la zona de la actual Rumanía desde dos mil años antes de que los romanos la convirtiesen en una provincia del Imperio a la que denominaron Dacia. Sabemos que hasta finales del siglo VII a.C., los getas cambiaban grano, ganado, pescado y miel por aceite y vinos griegos. En las fértiles llanuras cosechaban cereales mientras que su ganado pastaba a los pies de los Cárpatos. Sus bosques eran una fuente abundante de animales salvajes y de aves y tanto el Mar Negro como los ríos y lagos los surtían de variados pescados. Todos estos alimentos, sin duda, constituyeron la base de la alimentación de los antiguos rumanos.

Los soldados romanos estacionados en Dacia se alimentaban básciamente con un plato llamado pulmentum, una especie de papilla hecha con cereales (mijo o cebada). Mucho después, durante los siglos XVI y XVII, los turcos introdujeron el maíz venido desde el Nuevo Mundo y que, a través de mercaderes venecianos, llegaba hasta Europa del Este. Por aquel entonces, los rumanos, como los italianos del norte de Italia, se iniciaron en el cultivo del maíz y lo emplearon para crear un nuevo plato, evolución del antiguo pulmentum, que en Rumanía se llamaría mămăligă y en Italia polenta. La mămăligă es, todavía hoy, un plato habitual en la dieta de la gente en los pueblos y, al mismo tiempo, se emplea como guarnición en los más sofisticados menús.

Los dacios se convirtieron al cristianismo hacia el año  350 y hacia el año 1000 adoptaron como propios los ritos de la iglesia ortodoxa bizantina. Muchos de los monjes que poblaron los monasterios que se levantaron en Rumanía durante esos siglos, recibieron parte de su educación en Grecia, de donde trajeron los característicos sabores de la cocina griega. Los pueblos nómadas, que atravesaron Rumanía en el período de las grandes invasiones de los siglos IV y V, trajeron consigo las sopas, un manjar se elaboración sencilla y rápida ingesta. Por su parte, las minorías rusa, germana, turca y húngara, que todavía hoy conviven con el pueblo rumano, aportaron a lo largo de la historia su propia impronta a la cocina local.

Durante el período de dominación turca de Rumanía, los boyardos, grandes terratenientes locales, sometieron a los campesinos a un régimen de servidumbre para producir grandes cantidades de grano que exportaban al resto de Europa. En las cocinas de los boyardos, se emplearon gitanos que, de acuerdo con sus hábitos seminómadas, eran expertos en asar la carne sobre brasas. Actualmente, la carne a la brasa es una de las especialidades de muchos restaurantes rumanos, que suelen disponer de un fuego crepitante y montones de carne sobre carbones, envolviendo a los clientes con sus aromas.

A mediados del siglo XIX, tras la unión de los Principados de Valaquia y Moldavia, se convirtió en una moda para la nobleza enviar a sus hijos a París para recibir parte de su educación. De resultas, a las influencias que ya tenía la cocina rumana se añadió el gusto francés. Chefs galos llegaron a Bucarest y abrieron restaurantes, cafés y pastelerías, contribuyendo con su arte a la famosa denominación que recibió la ciudad de “Pequeño París”.

Todas estas influencias contribuyeron, en mayor o menor medida, a configurar la actual cocina rumana, una curiosa mezcla que vale la pena descubrir. Con esta entrada, doy inicio a una nueva sección de gastronomía rumana, en la que pretendo presentar a los lectores recetas fáciles que les permitan introducir una parte importante de la cultura rumana en su propia cocina.

08/12/2011 22:44 legiovhispana #. Gastronomía Hay 1 comentario.

Ensalada de berenjenas (salată de vinete)

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Un clásico de los entrantes en cualquier mesa rumana, la ensalada de berenjenas se come fría en cualquier momento del año. Los ingredientes de este plato son: 

-  2 berenjenas grandes, más bien largas y delgadas, aunque en cualquier caso deben tener la piel tersa y brillante.

-  1 cucharadita de sal

-  Media tacita de aceite de oliva

-  Zumo de un limón

-  Media cebolla grande, cortada en trocitos pequeños

En primer lugar, se deben pinchar las berenjenas varias veces con un tenedor. Colocarlas sobre una rejilla a cuatro dedos de las brasas en una barbacoa – por razones obvias, el resultado es mejor si hacemos las berenjenas sobre las brasas de una barbacoa - o a 4 dedos de la base del horno.

Asar las berenjenas entre 45 minutos y una hora. Cada 15 minutos, es recomendable girar las berenjenas unos 90 grados para que se asen por todos los lados. La carne debe quedar blanda y la piel suelta y carbonizada.

Retirar las berenjenas del fuego y dejarlas reposar un par de minutos, preferiblemente en una ensaladera de madera. Mientras estén calientes, quitarles la piel (para evitar quemarse los dedos, es bueno sumergirlos previamente en agua fría). Una vez peladas, cortar el tallo y presionar la carne para que expulse todos los jugos. Con un cuchillo de palo – muy típico en las cocinas rumanas y algo menos en las españolas – o con una espátula de madera, cortar la carne de las berenjenas hasta que queden como una pasta.

Colocar la pasta resultante en un cuenco de madera, porcelana o cristal e introducirlo en la  nevera hasta que se enfríe.

Una vez fría, añadir sal al gusto. Batir la pasta con un tenedor a medida que se añade el aceite lentamente. Añadir el zumo de limón (al gusto, ¡cuidado con este paso!), también lentamente, y seguir removiendo un par de minutos.

Para presentarlo en la mesa, se coloca junto a la ensalada de berenjenas un platito con la cebolla picada, de modo que cada comensal añada la que le apetezca. También combina muy bien con unos tomates a rodajas y un queso tipo feta. Hay casas donde a la ensalada se le añade mayonesa, aunque es un "toque" que no me convence.

 

11/12/2011 20:04 legiovhispana #. Gastronomía Hay 1 comentario.

Sociedad e intelectualidad rumana de los años 30: democracia vs nacionalismo (I)

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Con esta entrada, tengo la intención de iniciar una serie de artículos breves sobre algunos debates que tuvieron lugar, entre la élite intelectual rumana, en los años inmediatamente anteriores y posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Muchos de ellos tienen un interesante reflejo en la actualidad, asunto que dejo especialmente para la reflexión y el comentario de mis lectores rumanos. Mi interés por este asunto no es casual pues, desde hace semanas, he constatado a través de la televisión, de algunas publicaciones y de varios comentarios en este blog, un renacimiento de ciertas disputas y, sobre todo, una reedición de la virulencia de viejos argumentos cuyas consecuencias fueron, cuanto menos, tétricas. 

En los años 30, como ocurre últimamente, la democracia y el nacionalismo fueron los ejes del debate político rumano y lo cierto es que, entonces como ahora, no se alcanzó una armonía entre ambos conceptos. Para algunos, Rumanía no era suficientemente democrática, mientras que para otros no era suficientemente rumana. Ambas partes tenían razón, desde un punto de vista de la filosofía democrática o en referencia a la filosofía del estado nacional.

Es difícil caracterizar a la Rumanía interbélica como un Estado democrático o no democrático pues era el resultado de una combinación de democracia y autoritarismo. Rumanía era democrática, sin duda, con voto universal masculino, aunque la aplicación de la democracia era, cuanto menos, curiosa: hasta 1937, todos los gobiernos llamados al poder ganaron las elecciones con resultados aplastantes, lo que indica las fuertes presiones desde arriba y la escasa educación política de los de abajo. Democrática era también desde el punto de vista de la libertad de prensa, aunque sólo hasta que se cruzaba la línea en la que intervenía la censura. Nadie se libraba de una cierta supervisión política, ni las personas, ni las organizaciones ni las publicaciones, de izquierdas o de derechas; frecuentemente ocurrían registros, arrestos y confiscaciones de gacetas relacionados con amenazas al Estado o a la integridad territorial lo que, sin duda, indicaba una cota democrática en declive. La democracia social estaba, si cabe, todavía menos avanzada que la democracia política.

En estas circunstancias, parece razonable pensar en que se produjo un giro a la izquierda, sin embargo, la verdad es que la élite rumana, política e intelectual, se orientaba mayoritariamente hacia la derecha. La sociedad rumana, predominantemente rural, no era todavía demasiado moderna y mostraba una clara dependencia hacia un modelo paternalista. Sólo un 20 % de la población vivía en las ciudades, por lo que el proletariado urbano era escaso. Esto explicaría, quizás, la debilidad de las opciones socialistas y comunistas y, en general, la inexistencia de una izquierda moderna. La democracia estaba atada en corto y tenía una orientación claramente nacionalista, fuertemente arraigada en la conciencia rumana debido al reciente estreno de su Estado nacional unitario. La consolidación del elemento rumano y la limitación de las influencias de las minorías fueron objetivos prioritarios de la clase política frente a la apertura democrática.

Por su parte, las minorías se sintieron más tentadas que los rumanos por los postulados de la izquierda. En el caso de los comunistas el asunto es claro pues fueron ilegalizados, entre otras cosas, por defender la autonomía de las minorías, incluso hasta el punto de obtener la independencia. Es un hecho que, entre las élites intelectuales y políticas, a medida que se avanzaba hacia la izquierda, disminuían los rumanos y aumentaban los miembros de minorías. De este modo, en el año 1930, el Partido Comunista de Rumanía tenía un 26,6 % de húngaros, un 22,7 % de rumanos y un 18,1 % de judíos. Por otro lado, de los miles de informes realizados por la policía de la época sobre elementos radicales – comunistas y de izquierda, en general –, que podían afectar a la seguridad del Estado, la mayoría eran de personas cuyo nombre no era rumano: había judíos, húngaros, ucranianos, rusos, búlgaros… Es difícil que un rumano nacionalista se introdujese en una corriente tan variopinta.

12/12/2011 16:23 legiovhispana #. Historia No hay comentarios. Comentar.

Mititei

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Las mititei han estado asociadas a la gastronomía rumana desde 1865. En la calle Covaci de Bucarest, existía un popular restaurante llamado La Iordachi reconocido por sus salchichas. Una noche, según cuenta la historia, la cocina se quedó sin existencias de sus famosas salchichas de ternera así que, ante la insistencia de los clientes, los cocineros decidieron mezclar varios ingredientes sobrantes, darles forma de pequeñas salchichas y asarlas a la brasa. Fue tal el éxito de estas salchichas, que los clientes del establecimiento empezaron a demandar “aquellas pequeñitas sin piel” (en rumano, mititei o mici), por lo que acabaron siendo conocidas con ese nombre.

Los ingredientes para preparar las mititei son:

 - 1 Kg de carne de ternera picada (puede ser mezcla de ternera y cerdo)

 - 2 cucharadas de aceite de oliva

- 2 cucharadas de agua

- 3 dientes de ajo, picados

- 2 cucharaditas de bicarbonato

- 1 cucharadita de tomillo

- 1 cucharadita de pimienta recién molida

Poner la carne picada en un bowl y añadir todos los ingredientes según el orden de la lista. Mezclar bien y amasar la carne con las manos no menos de 5 minutos, humedeciendo las manos frecuentemente. Este paso es importante porque el agua se mezcla con la carne y ayuda a mantener las mititei húmedas. Volver a poner la carne en el bowl, cubrir con papel de plata y refrigerar durante 5 horas o toda una noche.

Con una cuchara, tomar cantidades semejantes de carne de la mezcla y darles forma de pequeñas salchichas del tamaño de un dedo.

Cocinarlas al grill o a la barbacoa, dándoles la vuelta para que se cocinen bien por todos lados (al darles la vuelta, hay que procurar no pincharlas para que no pierdan su jugo).

Recomiendo servir las mititei con puré de patatas y acompañarlas de mostaza.

13/12/2011 08:51 legiovhispana #. Gastronomía Hay 1 comentario.


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