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Castillos y fortificaciones de Rumanía (II): del paso de los búlgaros (s. VII) a la llegada de los húngaros (s. X)

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A finales del siglo VII, dirigidos por el han Asparuh, los protobúlgaros abandonaron las estepas al norte del Mar Negro, atravesaron la desembocadura del Danubio, atacaron los territorios bizantinos y se asentaron en el noreste de los Balcanes, instalando su primera capital europea en Pliska en el año 681.

A su paso por Dobrogea, en la zona de la actual Niculițel (Tulcea), construyeron una fortificación de tierra aproximadamente circular que formaba una larga colina anular, de 27 kilómetros de perímetro, protegida por una zanja. Este recinto exterior, con forma de ola de tierra que circunvalaba una superficie de 48 Km2, incluía cuatro fortificaciones interiores, protegidas con olas similares a la exterior. No es la única fortificación con características similares en Rumanía, donde se las conoce popularmente con el nombre de “troian”, pues inicialmente fueron atribuidas al emperador Trajano.

Extensión de la fortificación anular de Niculițel

En esa misma época, al otro lado del Danubio, aproximadamente donde hoy se encuentran los territorios de Valaquia y Transilvania y hasta la cuenca de Panonia, se extendía al Jaganato Ávaro, que había acabado localmente con los gépidos en el siglo VI y amenazado al Imperio Bizantino en Oriente e incluso al Imperio Carolingio en Occidente. A finales del siglo VIII, asediado por las tropas francas de Carlomagno y por las búlgaras de Krum, el imperio ávaro fue destruido. Los búlgaros ocuparon entonces Valaquia y el sur de Transilvania, con el objetivo de controlar las valiosas minas de sal o de oro de la región. Más al norte, el lugar de los ávaros fue ocupado por húngaros al oeste y pechenegos al este, por lo que el territorio de la actual Rumanía quedó formado por un crisol de pueblos, que además incluía a las antiguas poblaciones locales dacias romanizadas, eslavos, jázaros y varegos. Todos estos pueblos se dedicaban a la agricultura, la ganadería, la caza y la pesca, adoraban a múltiples dioses y su nivel de vida era parecido al del Neolítico, con una cerámica bastante grosera, utensilios de piedra y hueso y, en muy raras ocasiones, de metal. Habitaban en pequeñas aldeas junto a cursos de agua y disponían de sistema defensivos muy rudimentarios, de los que no ha quedado apenas rastro.

En el año 971, los búlgaros fueron expulsados por los bizantinos de Dobrogea, quienes iniciaron la construcción de varias líneas defensivas, conocidas actualmente como Valul Mic de Pământ (61 Km) – existe quien piensa que esta fortificación la habían realizado, en realidad, los búlgaros anteriormente, lo que no carece de sentido -, Valul Mare de Pământ (54 Km) y Valul de Piatră (59 Km), tres larguísimas trincheras que unían la ciudad marítima de Constanța con dos fortalezas a orillas del Danubio. Las tres tenían una estructura parecida, con una elevada ondulación de tierra precedida por una zanja, aunque las dos últimas disponían también de torres defensivas y la última incluso de un muro de piedra adicional, según se ve en el siguiente dibujo.

Reconstrucción de los tres tipos de "Val" defesivos de Dobrogea

Recuperada Dobrogea, por orden del emperador Juan I Tzimisces, entre 972 y 976, los bizantinos construyeron también un castillo con puerto fortificado en una isla del Danubio llamada Păcuiul lui Soare - encabezando esta entrada, foto actual de los restos del puerto -, cuyo objetivo era garantizar el tráfico fluvial y convertirse en un bastión frente a los ataques de los guerreros varegos de Kiev. Esta fortaleza se abandonó en el siglo XI y, aunque recuperada en el XIII, fue destruida por los otomanos dos siglos después.

 

Reconstrucción de la puerta norte (arriba) y del puerto fortificado (abajo) de la

fortaleza bizantina de Păcuiul lui Soar

Mientras los bizantinos se reforzaban en Dobrogea, los búlgaros penetraban en Transilvania, hasta el curso medio del río Mureș, donde la sal constituía el tesoro más codiciado, debido a su valor como conservante y para la cría de animales. La sal extraída en esta zona se exportaba hacia el oeste por el río Mureș y, por tierra, a través de los Cárpatos, hasta el Danubio. En una de las rutas hacia el sur, en los montes de la comuna Slon (Prahova), se han localizado los restos de un poderoso castillo que controlaba una estratégica ruta comercial, por el paso de Tabla Buții. Esta fortaleza construida inicialmente con madera, fue reforzada a lo largo de los siglos primero con ladrillo y más tarde con piedra, gracias al trabajo de maestros cualificados de tradición bizantina contratados, posiblemente, por las autoridades búlgaras para controlar el comercio de la sal. Esta fortaleza, sin embargo, fue destruida definitivamente por los pechenegos.

Reconstrucción del castillo de Slon (Prahova)

09/09/2020 18:43 legiovhispana #. Historia Hay 1 comentario.

Castillos y fortificaciones de Rumanía: siglos V al VII (I)

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Uno de lugares más comunes en el imaginario colectivo sobre Rumanía es su condición de tierra poblada de castillos misteriosos que albergan tétricas leyendas, propias de la literatura decimonónica. Como tierra de paso migratorio primero y frontera entre imperios después, Rumanía dispone de una buena panoplia de castillos, aunque menos de los que tendemos a suponer – su número total no alcanza la centena -, especialmente si lo comparamos con los construidos en España, país cuyo turbulento medievo pobló muestro territorio con unos 2.500 castillos.

Los castillos son construcciones que reflejan una jerarquización social del medievo muy determinada, constituyendo centros castrenses pero también residencias fortificadas de la nobleza y los monarcas. La construcción de castillos está así directamente relacionada con el feudalismo y con el inicio desarrollo de los reinos medievales que, posteriormente, constituirían el embrión de las naciones europeas. El retraso en la formación de los Principados rumanos, en comparación con reinos homólogos en Europa occidental, provocó que la mayoría de castillos se construyesen aquí tardíamente, a partir del siglo XII y, principalmente, del XIII, y declinasen como en el resto de Europa, a lo largo del siglo XV, con la aparición de la artillería con pólvora y proyectiles metálicos. Mientras en España se construyeron castillos durante casi 8 siglos, en Rumania solo se construyeron castillos durante unos 3 siglos. Nótese que no hablo de fortalezas – de las que Rumania cuenta con muy buenos y bien conservados ejemplos a los que, posiblemente, dedique futuras entradas -, evolución moderna de los castillos, dotadas de baluartes y adaptadas a las nuevas técnicas de guerra, que aparecieron hacia el siglo XVI.

Tras esta introducción, me dispongo a dedicar una serie de entradas a distintos castillos de Rumanía, distribuidos a lo largo y ancho del país, algunos en muy buen estado e incluso bellamente restaurados y otros en un triste estado de abandono. Sea como fuere, todos tienen su historia y creo que vale la pena contarla para conocer un poco mejor el desarrollo de los Principados rumanos durante la Edad Media.

El siglo V presenció a la caída del Imperio Romano de Occidente. El tramo final del Danubio, la zona de Dobruja (Dobrogea) – antigua provincia de Escitia Menor -, quedó bajo el control de la parte oriental del Imperio y sus ciudades tuvieron que enfrentarse al asedio constante de godos y hunos, con ejércitos trasladados por Constantinopla para enfrentarse a ellos, apoyados por campesinos locales que colaboraban gracias a la promesa de verse dispensados del pago de impuestos.

Reconstrucción de la fortificación de Troesmis

Durante ese período, no se construyeron nuevos castillos, sino que se repararon fortificaciones romanas ya existentes. Una de ellas fue Troesmis (localizada hoy en Tulcea), mencionada ya por Ovidio, antigua fortaleza de legiones como la Legio V Macedónica o la Legio II Herculia, que fue reforzada y ampliada en el siglo V. Troesmis estaba defendida por sólidos muros con torres y albergaba edificios, un gran canal, dos acueductos y un templo dedicado a la diosa Mitra. En la misma Tulcea, la fortaleza de Argamum, ciudad fundada en el siglo VII a.C. por colonos griegos de Mileto en un golfo del Mar Negro, fue refortificada en el siglo V, tras la caída del Imperio, pero no consiguió resistir los ataques marítimos de godos y ávaros, por lo que fue finalmente abandonada.

 Reconstrucción de la fortificación de Argamum

La fortaleza de Ulmetum, situada en el actual departamento de Constanța, en la zona central de Dobruja, fue construida en el siglo IV, durante el reinado del emperador Teodosio (379-395) y abandonada a finales del siglo V debido a los continuos ataques de los hunos. Según Procopio de Cesarea, Justiniano (527-565) la recuperó en el siglo VI para reforzar las fronteras bizantinas. Sus murallas tenían multitud de torres y contenían diversos edificios, como las viviendas de los agricultores que trabajaban sus inmediaciones, cuarteles e incluso una basílica. 

Imagen aérea de la fortificación de Ulmetum

Reconstrucción de la fortificación de Ulmetum

La fortaleza de Capidava - cuya fotografía aérea encabeza esta entrada -, localizada en Constanța, sirvió también como punto de defensa ante los ataques bárbaros. Con planta de cuadrilátero y muros gruesos, tenía imponentes torres, una gran puerta de entrada y un puerto construido sobre terrazas en el Danubio. En su interior había viviendas, unos baños con diversas piscinas, un centro de mando, barracones, almacenes y, a finales del siglo IV, se construyó una basílica, pues Capidava fue sede episcopal de la provincia de Escitia Menor y centro de difusión del cristianismo. En el siglo II, aquí se estacionaron la cohorte I Ubiorum y, más tarde, la cohorte I Germanorum.

 

Reconstrucción de la fortificación de Capidava

Desde finales del siglo III, Capidava sufrió ataques de los godos hasta el punto de que, en el siglo V, tuvo que ser reconstruida en dos ocasiones, empleando materiales como estatuas, relieves funerarios, capiteles o arquitrabes, lo que demuestra la urgencia de las reparaciones.