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Sopa transilvana de cerdo (Ciorbă ardelenească de porc)

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En honor a una lectora recientemente incorporada a Bucarestinos y con una especial relación con Transilvania, hoy ofrecemos la receta de la sopa transilvana de cerdo, un plato típico del antiguo principado. Los ingredientes son los siguientes:

1 Kg de lomo de cerdo

2-3 zanahorias medianas

1 chirivía

2-3 cebollas pequeñas

1 pimiento verde

250 ml de crema de leche agria o yogurt

Una cucharada de harina

50 g de arroz

Zumo de un limón

Estragón

Perejil

Para empezar, debemos cortar el lomo en taquitos, más a o menos grandes, a gusto del consumidor, y ponerlo a hervir, a fuego medio, en 1,5-2 litros de agua fría y salada. Una vez empieza a hervir, retirar la espuma. Mientras hierve la carne, se cortan en rodajas pequeñas las zanahorias, se raya la chirivía, se corta la cebolla en juliana fina, se pica el pimiento y se rehogan durante 10 minutos en aceite y se reservan. Pasados 45 minutos de cocción de la carne, se añaden las verduras pochadas y se sigue la cocción durante 15 minutos más. Pasado el tiempo, se añade el arroz.

Mientras continúa la cocción, en un tazón se añade la crema de leche agria, la harina y un par de cucharadas del caldo. Respecto a la crema de leche agria, lo cierto es que es difícil de encontrar en el mercado español, sin embargo, puede hacerse con crema de leche y un par de cucharadas del líquido de un bote de sauerkraut (chucrut), más sencillo de encontrar en nuestras tiendas. Una vez preparada la mezcla, se añade lentamente a la sopa, removiendo lentamente, para evitar que se corte. Añadir una cucharada de estregón seco y el zumo de limón. Mantener la cocción 10 minutos, rectificar de sal y pimienta, añadir una buena ración de perejil y servir caliente.

La sopa suele acompañarse de una guindilla.

24/04/2016 22:54 legiovhispana #. Gastronomía Hay 1 comentario.

Bucarestinos en Radio Romania International

Hace unos días, tuve el placer de participar en el programa Vale la pena visitar Rumania, dirigido semanalmente por Valeriu Radulian en Radio Romania International, en el que me dieron la oportunidad de hablar sobre nuestra experiencia familiar en Rumania y sobre este blog.

Aprovecho la última línea de esta entrada para volver a agradecer a Valeriu la ocasión de participar en su programa.

30/03/2016 19:53 legiovhispana #. Actualidad Hay 2 comentarios.


A favor y en contra de la (re)unión

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El nacionalismo europeo tiene múltiples caras y, mientras en unos lugares clama por la separación, en otros exige la unión; es el caso de Rumania, donde el sector más nacionalista de la sociedad clama por la (re)unión de los territorios de Rumania y su vecina Moldavia. A pesar de ello, el resto de la sociedad rumana observa el problema con poco interés y quienes defienden la unión lo hacen con la boca pequeña, presos de una cierta nostalgia histórica, por temor, principalmente, a las consecuencias económicas de integrar un país más pobre y, en menor medida, por la dificultad de asimilar a minorías no rumanas como rusos, ucranianos, gagauzios o búlgaros.  

Por su parte, en Moldavia, la posición de la sociedad sobre este asunto suele ser más pasional, como han demostrado las manifestaciones, a favor y en contra de la unión, que se celebraron ayer en Chişinău, capital del país, con motivo del 98 aniversario de la unión de ambos estados, tras la Primera Guerra Mundial.

Manifestantes moldavos a favor de la unión con Rumania, reunidos ayer

en el centro de Chişinău. 

Los panrumanistas, que enarbolan la tricolor rumana junto a la bandera de la UE, hablan de los lazos lingüísticos y culturales con sus hermanos de la otra orilla del río Prut – frontera natural y política entre ambos países -, piensan en una reunificación a la alemana y sueñan con circular libremente por la Unión Europea. Por su parte, los opuestos a la unión con Rumania, forman un heterogéneo grupo integrado por nostálgicos comunistas, miembros de las minorías nacionales – que suman una tercera parte de la población moldava – y un grueso de población temeroso del capitalismo salvaje que, en muchas ocasiones, se ha impuesto en Europa del este tras la caída del comunismo, y que se siente más cercano al modelo ruso post-soviético representado por la Comunidad de Estados Independientes. Es indiscutible que ambos bandos oponen modelos económicos, políticos y sociales muy distintos y difícilmente reconciliables.  

El territorio actual de la República de Moldavia fue parte del principado de Moldavia, estado medieval vasallo de los otomanos a partir del siglo XVI, hasta que, tras la Guerra Ruso-Turca de 1806-1812, quedó anexionado a Rusia. Algo más de un siglo más tarde, durante la Revolución rusa de 1917, Moldavia se declaró independiente y, al año siguiente, su Consejo Nacional votó a favor de la reintegración en Rumania. En los días anteriores a la Segunda Guerra Mundial, alemanes y rusos pactaron un protocolo adicional secreto del Pacto Ribbentrop-Mólotov que reconoció el interés ruso por Besarabia, hecho que se reflejó en 1940 con la ocupación rusa del territorio, que el 2 de agosto pasó a convertirse en la República Socialista Soviética de Moldavia. Únicamente tras el desmembramiento de la Unión Soviética, en 1991, Moldavia pudo recuperar su libertad, declarándose independiente el 27 de agosto del mismo año.

Respecto a la posición de los moldavos sobre la reunificación, aparentemente ha sido cambiante en los últimos años pues, si bien de acuerdo con una encuesta a nivel nacional realizada en el año 2011, un 63 % de la población de oponía total o parcialmente a ella, en otra encuesta de principios de 2014, realizada por el Centro Rumano de Estudios y Estrategia, el 52 % de los moldavos estaban total o parcialmente a favor de ella resultado que, honestamente, me cuesta creer y temo refleja más un deseo del centro que realizó el sondeo.

28/03/2016 21:49 legiovhispana #. Política Hay 1 comentario.

Casa Miclescu o del Coronel

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Tras un año afincado de nuevo en Barcelona, recuerdo con cierta nostalgia las carreras en el taxi de mi amigo George Constantin, desde el aeropuerto de Otopeni a casa, donde me esperaba la familia, impaciente por mi regreso tras alguno de mis frecuentes viajes. Comentábamos siempre con George cómo había ido mi periplo y cada vez desembocábamos en el más reciente escándalo político, refunfuñando ambos, mientras yo miraba distraídamente por la ventana el tráfico de la ciudad.  

En el camino a casa, pasado el imponente Arco del Triunfo, a mano derecha, siempre posaba la mirada en una hermosa ruina del número 33 de la Avenida Kiseleff, los restos de una antaño majestuosa villa en estilo neo-rumano que hoy languidece ante la indiferencia de sus propietarios y muchos de sus vecinos.

Se trata de la Casa Miclescu, conocida también como Casa del Coronel, diseñada por el gran Ion Mincu y construida a principios del siglo XX según el estilo nacional rumano, de moda entonces, como de moda estaba que los monarcas se vistiesen con trajes populares, con aire rural, para hacerse fotografías. Mincu trazó los planos de la casa para el pintor George Demetrescu Mirea, representante del academicismo rumano, sin embargo, la falta de fondos obligó al artista a venderla, antes de poder terminarla, al abogado Jean Miclescu, descendiente de una de las más egregias familias boyardas de Moldavia.

En la imagen, Sandu Sturza, el coronel Miclescu y su esposa, Elsa,en la pista de tenis situada en el jardín posterior de la casa

La casa, cuya cubierta se desmoronó hace años, todavía muestra con orgullo los clásicos elementos del estilo neo-rumano e incluso mantiene una torre lateral que le da un aire de fortaleza medieval. Antaño, su salón principal, hoy cubierto de nieve durante el invierno, acogió las reuniones y los bailes semanales de lo más granado de la aristocracia rumana.  Cantacuzinos, Brâncoveanus, Sturdzas, Carps, Băleanus o Greceanus deambularon por sus estancias, hasta que la Primera Guerra Mundial barrió a aquella despreocupada aristocracia. El hijo de Jean Miclescu, el coronel de caballería, Radu Miclescu, herido durante la Gran Guerra, vivió allí junto a su esposa, Elena Florescu las turbulencias del período interbélico y la Segunda Guerra Mundial hasta que, en 1948, las autoridades comunistas acabaron por confiscar la casa y alquilarla a la Unión de Artistas Plásticos.

Salón de la Casa Miclescu. En la imagen, la madre del coronel Miclescu leyendo.

Tras pasar tres meses en prisión por oponerse al embargo, el coronel Miclescu y su esposa se instalaron en uno de los 7 apartamentos en los que se dividió su antiguo hogar. En 1968, durante su viaje a Rumania, Charles de Gaulle quiso reencontrarse con su antiguo compañero de la Escuela Superior de Oficiales de Saint Cyr, y no dudó en visitar a la pareja. El terrible terremoto de 1977 afectó irreversiblemente al edificio, que fue declarado inhabitable por las autoridades, sin embargo, los dos ancianos decidieron permanecer en su pequeña habitación subterránea, a la que accedían por una escalera con una cuerda a modo de pasamanos. Allí permanecieron, sin perder un ápice de su dignidad, hasta la muerte del coronel, en 1990, pocos meses después de recuperar la propiedad del edificio tras la Revolución que derrocó a Ceaușescu.

Elsa, en la escalera de acceso al piso superior

En 1994, la casa fue vendida por la familia Miclescu a un antiguo entrenador del Steaua de Bucarest, Dumitru Dumitriu, apodado Ţiţi, y a Ilarian Puşcoci, que decidieron abandonarla a su suerte hasta hoy. El motivo es tan sencillo como impúdico. Con la idea de realizar un pelotazo inmobiliario, los nuevos propietarios tenían intención de demoler la casa y construir un bloque en los 3.000 metros cuadrados de terreno donde se levanta el edificio, sin embargo, el ayuntamiento les negó el permiso y, lo que fue todavía peor para sus planes, acabó incluyendo la villa en la lista de Monumentos históricos de Bucarest, en el año 2004. En estas circunstancias, como ocurre en tantos otros inmuebles históricos de la ciudad, los desaprensivos propietarios simplemente esperan a que la construcción se derrumbe y no haya marcha atrás.

En un intento desesperado por detener la degradación de la Casa Miclescu, en el año 2006, las autoridades municipales intentaron llevar ante los tribunales a Dumitriu y Puşcoci por destrucción premeditada del patrimonio, pero el juez no quiso admitir la demanda por considerar que su actitud no era consecutiva de delito y desde entonces, poco a poco, aquella villa que protagonizó algunos de los momentos más bellos e intensos de la historia de la ciudad, va perdiendo su estructura y, con ella, va desvaneciéndose aquel viejo y atractivo Bucarest que ya nunca recuperaremos.

13/03/2016 20:05 legiovhispana #. Bucuresti Hay 2 comentarios.

Creencias y supersticiones rumanas sobre… Predicción meteorológica (I): Viento, ventiscas, tormentas, frío y nieve.

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Como todo pueblo de hondas raíces campesinas, a lo largo de su historia los rumanos han identificado multitud de señales, muchas veces relacionadas con el comportamiento animal, que les ayudan a afinar el pronóstico del tiempo.

Así, si un paisano observa que una ternera, tras abrevarse, juega con el hocico en el agua, pronostica sin dudarlo una gran tormenta. Lo mismo augurará si, en invierno, crujen los maderos de su casa o si su gato, normalmente ladino y perezoso, brinca y retoza en casa o si las ovejas saltan de alegría, los gorriones pían animados sobre el estiércol o las vacas mugen más de lo habitual y miran inquietas al cielo. Si los carneros se pelean de buena mañana en el establo, esperará un día ventoso y si ha soñado con serpientes o con un día borrascoso, esperará que caiga una buena tempestad.

Si el gato se coloca frente al horno o el radiador, araña la estera o trepa por la puerta de casa es señal de que se acerca el frío. Lo mismo podemos pensar si herrerillos, strixes – una especie de búho, común en tierras rumanas - o gorriones cantan junto a nuestra casa o si las hormigas y las moscas desaparecen antes del día de San Andrés (30 de noviembre). Una helada puede ser anunciada por un sueño protagonizado por peces, si se enrojece más de lo habitual el soporte del caldero sobre la lumbre o si vemos cómo los gorriones buscan cobijo bajo el alero de nuestra casa.

Por su parte, la nieve se anuncia con sueños sobre lucha u ovejas, cuando sudan las ventanas o si revolotean muchos cuervos sobre nuestras cabezas (¡qué inquietante es ver enormes bandadas de pájaros negros sobrevolar Bucarest a finales de otoño, anuncien nieve o no!).

Sea como fuere, desafortunadamente, a los infelices urbanitas, que carecen de establo, caldero, terneras o carneros o que difícilmente distinguen una paloma de una tórtola – no digamos ya un strix o un herrerillo -, apenas les queda el gato y sus sueños para predecir el mal tiempo.

¡Edificio sobre ruedas!

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En 1987, sólo dos años antes de que la Revolución acabase con el régimen comunista, tuvo lugar en Alba Iulia una proeza urbanística que dejó con la boca abierta a quienes tuvieron la suerte de presenciarla.

Las autoridades comunistas decidieron convertir el Bulevar de Transilvania en una gran avenida, sin embargo, sus planes se toparon con el Bloque A2, un edificio de 100 metros de longitud, 17 metros de altura, 12 metros de anchura y de 7.600 toneladas de peso que albergaba a más de 80 familias y se levantaba en medio de lo que debía ser tan importante y central arteria urbana.

Ante el frenesí demoledor del régimen, un ingeniero llamado Eugen Iordăchescu, del Instituto Proiect București, que a lo largo de su carrera se destacó por salvar 29 edificios de la piqueta - incluyendo 13 iglesias y monasterios -, propuso una original solución para evitar la destrucción del inmueble. Iordăchescu dividió el edificio en dos estructuras iguales, apoyó cada una de ellas sobre una gran plataforma de hormigón, dotada de ruedas, que debía trasladarse sobre rieles empujada por dispositivos hidráulicos.