Facebook Twitter Google +1     Admin

Literatura medieval rumana

20141022105446-141022-biblia-de-bucarest.jpg

Cuando uno se adentra en el estudio de la literatura medieval rumana, en seguida comprueba que estuvo profundamente condicionada por las particulares características del contexto socio-político en el que se desarrolló y sorprende por la inexistencia de algunos de los más característicos géneros de la literatura medieval romance.

No hay duda de que Rumania forma parte de la Europa latina por ser uno de los países donde se habla una lengua romance, el rumano, que junto al italiano, al francés, al provenzal, al catalán, al castellano y al portugués constituyen un vasto territorio conocido como Romania.

Tanto Rumania – en rumano, România - como Romania proceden del término romanus, que a su vez deriva de Roma. Los rumanos, hablantes de la lengua rumana, se denominan a sí mismos romani, término latino que, durante el Imperio romano, designaba a las clases dominantes pero que, tras el edicto de Caracalla del año 212, se extendió a todos los habitantes del Imperio al conseguir la ciudadanía. Cuando los bárbaros irrumpieron en el territorio romano, se impuso la necesidad de crear otro término para definir el Imperio romano por lo que, a partir del año 330, empezó a emplearse el término Romania, extendiéndose su uso hasta época merovingia e incluso después.

El latín fue introducido en la zona que hoy ocupan el Banato, Oltenia y Transilvania, por colonos de origen itálico, tras la conquista romana de Dacia en el año 106 d.C., convirtiéndose en la lengua de la administración y del comercio en la nueva provincia romana. Durante los 165 años que duró la ocupación romana, el latín vulgar posiblemente se vio influido por la lengua dacia, hablada por los autóctonos vencidos, pudiendo haber formado el protorrumano, hipótesis discutida por algunos autores.

Tras la retirada ordenada por el emperador Aureliano, en el año 271, debido a la presión de los godos y los dacios libres, se produjo un cierto aislamiento geográfico de los daco-rumanos que posiblemente provocó que el rumano se convirtiese en la primera lengua escindida del tronco latino. La palabra empleada en rumano para designar la lengua rumana, român, también procede del término romanus. Entre los siglos VIII y XII, el latín vulgar hablado en los Balcanes se dividió en 4 lenguas - el dacorrumano (rumano moderno), el arrumano, el meglerrumano y el istrorrumano – lenguas de parecida estructura gramatical pero con un vocabulario diferente debido a influencias distintas, como el eslavo o el griego.

De acuerdo con la Chronographia de Teófanes el Confesor, durante una campaña de los bizantinos contra los ávaros en las montañas búlgaras, en el año 587, un soldado gritó a sus compañeros la frase “Torna, torna, fratre!” – es decir, ¡Regresa, regresa, hermano! -, frase que historiadores como Gheorghe I. Brătianu han identificado como la primera constancia escrita del rumano que se hablaba en los Balcanes en el siglo VI. Al margen de algunos fragmentos inconexos, el primer documento conservado en lengua rumana es una carta escrita en 1521 por Neacşu de Câmpulung y dirigida a un juez de la ciudad de Braşov, Hanăş Beagnăr, en la que le alertaba de movimientos militares turcos por el Principado de Valaquia.

A partir de ese momento, la lengua rumana escrita se hace más frecuente, aunque las primeras impresiones y manuscritos iluminados se escribieron en lengua eslava eclesiástica, como el Evangelio del Monasterio de Neamţ, de 1429, o el Misal del monje Macario, de 1508. A pesar de ello, los predicadores de la Reforma en Transilvania escribieron algunos textos en rumano para acercarlos a los religiosos autóctonos, como el Códice de Voroneţ o el Salterio de Schei. De este modo, progresivamente, se fue creando una literatura religiosa que, en principio, era una traducción al rumano de salterios, Evangelios, Biblias, libros de oraciones, etc.

El punto culminante de la literatura eclesiástica rumana se alcanzó con la publicación de la Biblia de Bucarest, del Príncipe de Valaquia Șerban Cantacuzino, de 1688, destinada al todo el territorio nacional de “rumanos, moldavos y húngaro-vlacos”.

Parece evidente así que en los Principados rumanos no se desarrolló una literatura caballeresca semejante a la occidental debido a un contexto histórico excepcional. Los Principados rumanos fueron durante siglos “territorio de frontera”, en el que los señores locales se enfrentaron a fuerzas cuyo principal objetivo era el botín. Cabe señalar, por ejemplo, que la última invasión tártara tuvo lugar entre 1717 y 1758, durante el período de la Ilustración en Occidente. Por este motivo, en la sociedad rumana no se consolidó una cultura cortesana que cultivase el amor cortés o reflejase los ideales caballerescos.

Por otro lado, entre los siglos XIV y XVI, en una época de graves conflictos bélicos, cuando un cierto espíritu caballeresco impregnó la sociedad rumana, éste no fue reivindicado por la élite cultural, que prefirió ceñirse a la descripción histórica de los hechos, y sus valores nunca fueron vistos como una alternativa de vida, a diferencia de lo que ocurrió en Occidente. En consecuencia, la literatura medieval rumana nunca cultivó los poemas épicos, la poesía trovadoresca, el género alegórico-didáctico o la dramaturgia, tan característicos en el otro extremo de la Romania.

Nota: El texto de esta entrada constituye mi primera aportación a Wikipedia, que puede consultarse bajo el título Literatura medieval rumana

22/10/2014 10:54 legiovhispana #. Historia Hay 4 comentarios.

Barcelona

20140916175253-140915-al-perez-iborra.jpg

Ya estamos de nuevo en casa.

No puedo decir todavía que estamos instalados. Nuestro apartamento es pequeño para todos los que hemos vuelto y los trastos se agolpan hasta en el último rincón. Nuestra enorme librería, que se me antojaba enorme - ¡y todavía lo es! -, prácticamente se ha llenado con las obras que hemos comprado en estos años, convirtiéndose en un símbolo de lo demás. Todo lo que hemos atesorado en Bucarest durante años ha encontrado su lugar, sin embargo, todavía queda por colocar lo que dejamos en un trastero en Barcelona, así que tenemos mucho más de media vida encerrada entre cuatro paredes, a la espera de que la recuperemos.

A pesar de todo, los enanos se divierten en una habitación abigarrada en la que dos literas se han convertido en la perfecta plataforma de juego. Ningún juguete o libro está demasiado lejos y siempre encuentran algún lugar para desparramarlo todo y montar alguna batallita.

En medio de todo este caos, hemos encontrado un lugar para compartir las horas de estudio, todos juntos, muy juntos, en escritorios vecinos, formando un tettris que encaja a la perfección. Debo decir que en esto hemos mejorado.

Pero la vida continúa y hay muchas cosas que retomar. Familia, amistades, tradiciones, costumbres y rutinas. Ayer los niños empezaron en su nuevo colegio, la Escuela Pérez Iborra, donde conocieron a sus nuevos maestros y compañeros y tuvieron su primer encuentro serio con la lengua catalana. De momento, ¡ningún problema!, están contentos por aprender un nuevo idioma, así que regresaron a casa eufóricos.

- Me lo he pasado teta – me dijo Matilda desde el otro lado de la pantalla de mi iPad.

Pues yo miro la mayor parte de este cambio desde la distancia, a caballo entre Bucarest, Sofía y Barcelona, con mucha nostalgia y ganas de que llegue el viernes para reunirme con María y los niños.

El tiempo pasa volando y sé que un día, sin darme cuenta, ya no tomaré el angustioso avión del domingo por la tarde que me aleja de mi casa y de esa adorable rutina.

16/09/2014 17:52 legiovhispana #. En familia Hay 4 comentarios.

Retirada bucarestina

20140624184259-img-6651.jpg

Dicen los libros de historia que, en el año 271, el emperador Aureliano tomó la decisión de abandonar Dacia, territorio que se extendía en la expuesta ribera septentrional del Danubio, pues era demasiado cara de mantener y difícil de defender. Como Aureliano hace ahora 1743 años, la Legio V Hispana - que más propiamente debería denominarse Legio VI Hispana – ha decidido retirarse a sus cuarteles de invierno en la antigua y radiante colonia Iulia Augusta Faventia Paterna Barcino, donde disfrutará con placidez de las mieles de una peleada y merecida victoria.

Llegamos siendo una pareja con tres bebés y regresamos siendo una familia cambiada, más formada, más madura. Volvemos con  montones de proyectos e ilusiones en la cabeza, distintos a los que nos propusimos cuando partimos hacia Rumania, pero igualmente emocionantes. Ha llegado la hora de regresar junto a las personas a las que queremos, de retomar una rutina más familiar, de sentirse rodeado de un escenario entrañable y ¡de oler de nuevo el mar! Bucarest siempre será una ciudad fundamental para nosotros, por tantos rincones que dejamos plagados de memoria y a pesar de ese gris que se te mete en el alma.

Ahora toca empaquetar trastos y recuerdos, echarse la manta a la cabeza e iniciar una nueva aventura.

¡Estamos preparados!

24/06/2014 18:42 legiovhispana #. En familia Hay 6 comentarios.

Artistas

20140524165933-mosca.jpg

Hace un par de semanas, se celebró en el colegio de los niños la Semana del Arte, durante la cual se organizaron diversos concursos para estimular la creatividad de los enanos y enfrentar sus obras en una sana competición. Coincidió el certamen con unas semanas durante las cuales los alumnos estudiaron diversos países del mundo y cada clase se dedicó especialmente a uno.

Tras la artística contienda, llegaron un par de premios a casa. Sofía, cuya clase había prestado especial atención a Camerún, pintó una camiseta con los colores de la bandera nacional del país africano - estrella incluida -, lo que le valió el Premio al mejor diseño de camiseta.

Por su parte, Claudio participó en el Concurso de dibujo de mascotas con su inseparable Dr. Mosca, personaje al que dedica horas mientras crea viñetas con sus aventuras y desventuras, plagadas de monstruos, laboratorios, persecuciones, gases tóxicos y explosiones que provocan inenarrables mutaciones. Por razones obvias, Claudio se llevó el gato al agua.

24/05/2014 16:59 legiovhispana #. En familia Hay 5 comentarios.

Palacio CEC

20140510113037-140509-palatul-cec.jpg

Lipscani, el casco antiguo de Bucarest, alberga el distrito financiero de la ciudad y alguno de sus edificios más emblemáticos.

Entre todos ellos, destaca el conocido como Palacio CEC, acrónimo de Casa de Economii şi Consemnaţiuni (Casa de ahorros y consignaciones), un majestuoso edificio que todavía alberga la que fue primera institución de crédito público de Rumania.

Tras la unificación de los Principados de Valaquia y Moldavia (1861), el ministro de finanzas, Nicolae Rosetti-Bălănescu, comprendió la necesidad de constituir una entidad de depósito y crédito oficial, de modo que presentó una propuesta de ley que fue aprobada por el príncipe Alexandru Ioan Cuza el 24 de noviembre de 1864.

Inicialmente, la Casa de Economii şi Consemnaţiuni funcionó en diferentes localizaciones de la ciudad, sin embargo, debido a su creciente relevancia, en pocos años se hizo evidente la urgencia de establecer una sede propia. El lugar escogido para levantar tan notable institución fue Calea Victoriei, distinguida avenida que se había convertido en la calle más noble de la ciudad. De este modo, en 1875, se demolió la iglesia de San Juan, erigida en 1701 por el boyardo Constantin Brâncoveanu muy cerca del río Dâmbovița, para levantar un edificio cuya capacidad se vería superada por sus necesidades sólo 20 años después de su inauguración. Si el lector tiene curiosidad por la desaparecida iglesia de San Juan, algunos de sus relieves decorativos todavía pueden verse hoy en el lapidario de la cercana iglesia de Stravopoleos.

El nuevo edificio, diseñado por el arquitecto francés Paul Gottereau, se construyó en estilo ecléctico entre 1897 y 1900. La monumental entrada está adornada con un gran arco, sostenido por enormes columnas, que contiene un reloj decorado con relieves junto a las esculturas de Hermes - patrón de comerciantes, viajeros, y ladrones, paradójica elección para la entrada de un banco – y Deméter, que abrazando un haz de trigo junto a una colmena, representa a la tierra dominada y cultivada por el hombre, al que rinde sus frutos. El edificio está coronado en su centro por una gran cúpula de metal y cristal de planta octogonal y cuatro más pequeñas en las esquinas, decoradas con banderas, gabletes y rematadas con espectaculares florones, tan propios de Bucarest.

La espectacularidad de la fachada continúa en el interior, con una espaciosa sala con ventanillas para atender al público, cuyo diseño recuerda el volumen de la nave central de una basílica bizantina iluminada por la luz que deja pasar un formidable techo de cristal. Todo el espacio está profusamente adornado con rocallas, volutas, y hojas colocadas junto a figuras exóticas, máscaras, esfinges y lo que parecen escudos de armas imaginarios. El Hall de honor y la Sala de consejos de la institución están decorados con obras del pintor modernista, Mihai Menelas Simonidi, destacando un fresco titulado La diosa Fortuna repartiendo bonanzas a los rumanos tras la Guerra de Independencia de 1877-1878.

10/05/2014 11:30 legiovhispana #. Bucuresti Hay 1 comentario.

Semana Santa bucovineana

20140427181044-140419-semana-santa-bucovineana.jpg

De nuevo hemos respetado la tradición de viajar a Bucovina en Semana Santa y, para nuestro solaz, de nuevo hemos repetido los rituales de cada año.


Con un tiempo que, en general, ha acompañado, hemos trepado a la empinada colina que se levanta frente a casa y la que cada día contemplamos mientras tomamos el primer café en el porche. Esta vez, sin embargo, hemos subido todos, incluido Pablito, que sólo ha necesitado ayuda los últimos 50 metros de ascenso, cuando ya sólo podía mascullar: “Papá, no puedo más”. Una vez en la cima, todos felices, nos hemos fotografiado, hemos rodado un poco por la hierba y hemos jugado a localizar nuestra casa en la imagen de Vama que se extendía frente a nosotros.


La pequeña excursión ha abierto el apetito de los niños por la montaña, así que también hemos visitado la cima del Monte Rarău, aunque en este caso hemos hecho una buena parte del camino en coche; sólo el último kilómetro y medio, hasta la Cabana Rarău (1520 m), lo hemos hecho a pie, resbalando con la nieve que cubría el camino.


Una vez en la cima, nos hemos acercado a ver las magníficas vistas del valle del Bistriţa desde la Piatra Șoimului. Nada hemos podido tomar en la Cabana para reparar fuerzas pues, debido a la reciente tormenta de nieve, no habían recibido provisiones desde hace días.


No ha faltado tampoco una visita al monasterio de Voroneț, construido en 1488 por orden de Esteban el Grande de Moldavia y cuyos frescos exteriores se mantienen en un estado de conservación incomprensiblemente bien, teniendo en cuenta que llevan expuestos a las inclemencias del tiempo durante unos 500 años.

Allí, sentados frente al Juicio Final, pintado en el muro exterior del exonartex, hemos hablado de todas las imágenes representadas y los niños han copiado sus preferidas. Hemos pasado un buen rato charlando, pintado, leyendo sobre el monasterio y sus frescos y, sobre todo, disfrutando del sosiego del lugar.


Por lo demás, los días han pasado tranquilos. Nos hemos levantado cuando el cuerpo nos lo ha pedido, hemos hecho desayunos reposados, hemos jugado en el jardín, hemos leído y estudiado, hemos hecho buenos ágapes y hemos charlado reposadamente con nuestros vecinos y amigos, Doina y Gica.


Los niños, por su parte, han escrito y dibujado en sus libretas, han jugado a bádminton y a fútbol en el jardín, han leído los libros que compramos para celebrar el día de San Jordi, han pintado algunas de las piedras de la rampa, han visto alguna película, han jugado con sus consolas Nintendo y han visitado la granja de nuestra amiga Lenuța, donde además de montar a caballo han hecho de la persecución de las aterrorizadas gallinas su actividad preferida.


En definitiva, hemos pasado una semana estupenda.

27/04/2014 18:10 legiovhispana #. En familia Hay 1 comentario.


Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris