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Fundamentos ideológicos del nacionalismo rumano del siglo XIX (I)

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Hace un tiempo, escribí una serie de entradas, tituladas La forja de la nación rumana, en las que realicé un sucinto repaso a los hechos históricos que, a partir del siglo XVIII, desembocaron en la unificación de los Principados de Valaquia y Moldavia. En aquellas entradas, me limité a describir los acontecimientos que se sucedieron hasta la creación de Rumania, sin embargo, a continuación pretendo indagar en los fundamentos ideológicos del movimiento nacionalista rumano y en sus coincidencias y discrepancias con las ideas de la Ilustración y del nacionalismo europeo.

Mientras en el resto de Europa se extendían las ideas de la Ilustración, los intelectuales de los Principados rumanos del siglo XVIII, mayoritariamente pertenecientes a la nobleza boyarda y al alto clero, mostraron escaso interés por las teorías abstractas de reforma política y social, pues su principal preocupación, de carácter mucho más práctico, fue cómo evitar la constante amenaza de dominación política y cultural extranjera.

A pesar de todo, un pequeño número de eruditos, boyardos de segunda y tercera categoría - encabezando esta entrada, una imagen de boyardos de rango inferior y comerciantes rumanos hacia 1825 -, personalidades públicas y algunos miembros del clero y de una incipiente burguesía empezaron a abordar críticamente la realidad social e institucional de los Principados desde una perspectiva constructiva, basada en el autoconocimiento, en la razón y en el bien común, sembrando la primera semilla de la conciencia nacional rumana. Surgieron así críticas a las grandes familias de boyardos por su incapacidad para afrontar problemas económicos, por su ineficacia en el gobierno y por su negativa a compartir el poder. Tampoco el alto clero se vio libre de invectivas, siendo acusado de voracidad fiscal y de colaborar con los fanariotas impuestos desde Estambul. A pesar de todo, los mayores ataques fueron dirigidos contra la soberanía otomana y la administración fanariota, a las que se culpaba del declive de los Principados. Es interesante subrayar que ninguna de las críticas llegó tan lejos como para exigir la desaparición de los boyardos o la sustitución de los paradigmas propios de la iglesia tradicional por la supremacía de la razón.

Boyardos y alto clero estaban imbuidos de un conservadurismo ilustrado basado en la razón, el conocimiento y el orden establecido por lo que, en estas circunstancias, es fácil comprender por qué la Revolución Francesa tuvo pocos apoyos en los Principados. Aunque el principio de soberanía nacional, inspirado por Rousseau, obtuvo un apoyo inicial entre los boyardos por oposición a la soberanía turca, el radical programa político y social desarrollado por los republicanos franceses les causó un profundo temor, de modo que las ideas de igualdad política y equidad económica gozaron de muy poca popularidad. Por otro lado, la burguesía rumana carecía de la fuerza numérica y de la cohesión suficiente para desarrollar una política de interés común, ejercer de contrapeso al poder aristocrático o implementar un programa político-económico de corte liberal.

La mayoría de los pensadores políticos rumanos reconocían el contrato social como origen de la sociedad civil pero no aceptaban que todos sus miembros tuvieran que ser iguales y argumentaban que los boyardos debían ser la única fuerza política dirigente. En consecuencia, la monarquía era la forma más adecuada de gobierno de los Principados. En este sentido, los boyardos se dividieron entre los admiradores del absolutismo ilustrado de Catalina II de Rusia, los que apoyaban una monarquía constitucional con poderes limitados para el hospodar y un grupo reducido de boyardos que defendía la república, aunque organizada como una oligarquía aristocrática.

07/06/2015 19:29 legiovhispana #. Historia No hay comentarios. Comentar.

Sezession transilvana (II)

Tras el Ausgleich de 1867, Hungría adquirió una autonomía igual a la austríaca en el seno de la Monarquía Dual, aunque su posición siguió siendo ambigua, tanto política (la capital se situaba en Viena y el emperador era austro-germano) como culturalmente (la lengua oficial era el alemán y la cultura húngara se sintió amenazada por la hegemonía de Austria). En respuesta a esta situación, las élites húngaras buscaron reafirmar su identidad nacional y los artistas se esforzaron en crear obras que reflejasen aquello que distinguía a Hungría en oposición a las tendencias vienesas contemporáneas.

En 1896, Hungría celebró los 1.000 años del asentamiento del pueblo magiar inaugurando la Exhibición del Milenio en el parque más grande de Budapest. El más importante de los edificios de la exposición, conocido como Castillo Vajdahunyad, diseñado por Ignác Alpár – inicialmente construido con materiales perecederos y, 10 años después, con materiales definitivos – se convirtió en un compendio de la arquitectura tradicional húngara. Por su parte, el arquitecto Lechner Ödön, uno de los más renombrados de su tiempo, que diseño para la misma exposición el Museo-escuela de Artes aplicadas (Iparművészeti Múzeum), trabajó con el objetivo de crear un estilo nacional inspirado en el Art Nouveau y en sus referencias orientalistas pues, de hecho, Ödön creía que la singularidad húngara residía, especialmente, en sus raíces asiáticas.

Museo-escuela de Artes aplicadas (Budapest)

De este modo, el arquitecto usó elementos decorativos inspirados en Persia, Asiria y las artes hindúes, motivos de la artesanía popular húngara y de la arquitectura medieval y nuevos materiales como azulejos y cerámicas policromas en las fachadas con la intención de crear un nuevo estilo que sintetizase todo aquello que era propiamente húngaro.

Vista interior y claraboya del Museo-escuela de Artes aplicadas (Budapest)

Lo cierto es que el nuevo estilo de Lechner no fue demasiado apreciado por las autoridades, por lo que la mayor parte de los edificios construidos en Hungría entre 1880 y 1920 siguieron un estilo historicista. A pesar de ello, Lechner levantó dos nuevos edificios en Budapest que marcarían a toda una generación de arquitectos: el Instituto de Geología y la Caja de Ahorros Postales. Otro de sus proyectos más emblemáticos fue la casa que construyó en Cluj para su hermano, Károly Lechner, cuya fachada asimétrica refleja la disposición interna de los espacios y cuya puerta monumental es una réplica de las típicas puertas de madera talladas de los székely, etnia de habla húngara y rumana que, desde el siglo VIII, ocuparon las tierras transilvanas del sureste de Hungría.

Casa de Károly Lechner (Cluj, Rumania)

La importancia del idioma en la construcción nacional hizo que muchos intelectuales se interesasen especialmente por las lenguas vernáculas, especialmente en las áreas rurales, guardianas tradicionales de cualquier esencia patria. Este interés tuvo su reflejo también en la arquitectura pues, como Lechner afirmó, los arquitectos húngaros “debían establecer un idioma autónomo en arquitectura que debía corresponderse con el idioma hablado por los magiares”. Para las élites intelectuales húngaras, de entonces y de ahora, la más auténticamente húngara de las tierras es, sin duda, Transilvania, especialmente las zonas aisladas de Kalotaszeg (Țara Călatei), región habitada por los székely. En su opinión, la autonomía que mantuvo Transilvania a lo largo de los siglos XVI y XVII permitió que la población húngara autóctona no sufriese las influencias de otomanos o austríacos, por lo que pudo conservar su autenticidad.

La denominada Țara Călatei, formada por unas cuarenta villas entre Cluj y Huedin (actual Rumania), causó tal fascinación entre los intelectuales húngaros del momento, que hacia 1880 fue detalladamente estudiada por Zsigmond Gyarmathy, que recopiló piezas de tela y artefactos que fueron exitosamente expuestos en el Exhibición del Milenio. Por su parte, hacia 1892, el pintor János Jankó publicó una serie exitosa de ilustraciones etnográficas de  Țara Călatei que tuvieron una profunda influencia entre artistas contemporáneos como Kriesch Aladár (12863 – 1920), que trabajaría en la decoración del Palacio de Cultura de Târgu Mureș.