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Bucarestinos

Castillos y fortificaciones de Rumanía (II): del paso de los búlgaros (s. VII) a la llegada de los húngaros (s. X)

Castillos y fortificaciones de Rumanía (II): del paso de los búlgaros (s. VII) a la llegada de los húngaros (s. X)

A finales del siglo VII, dirigidos por el han Asparuh, los protobúlgaros abandonaron las estepas al norte del Mar Negro, atravesaron la desembocadura del Danubio, atacaron los territorios bizantinos y se asentaron en el noreste de los Balcanes, instalando su primera capital europea en Pliska en el año 681.

A su paso por Dobrogea, en la zona de la actual Niculițel (Tulcea), construyeron una fortificación de tierra aproximadamente circular que formaba una larga colina anular, de 27 kilómetros de perímetro, protegida por una zanja. Este recinto exterior, con forma de ola de tierra que circunvalaba una superficie de 48 Km2, incluía cuatro fortificaciones interiores, protegidas con olas similares a la exterior. No es la única fortificación con características similares en Rumanía, donde se las conoce popularmente con el nombre de “troian”, pues inicialmente fueron atribuidas al emperador Trajano.

Extensión de la fortificación anular de Niculițel

En esa misma época, al otro lado del Danubio, aproximadamente donde hoy se encuentran los territorios de Valaquia y Transilvania y hasta la cuenca de Panonia, se extendía al Jaganato Ávaro, que había acabado localmente con los gépidos en el siglo VI y amenazado al Imperio Bizantino en Oriente e incluso al Imperio Carolingio en Occidente. A finales del siglo VIII, asediado por las tropas francas de Carlomagno y por las búlgaras de Krum, el imperio ávaro fue destruido. Los búlgaros ocuparon entonces Valaquia y el sur de Transilvania, con el objetivo de controlar las valiosas minas de sal o de oro de la región. Más al norte, el lugar de los ávaros fue ocupado por húngaros al oeste y pechenegos al este, por lo que el territorio de la actual Rumanía quedó formado por un crisol de pueblos, que además incluía a las antiguas poblaciones locales dacias romanizadas, eslavos, jázaros y varegos. Todos estos pueblos se dedicaban a la agricultura, la ganadería, la caza y la pesca, adoraban a múltiples dioses y su nivel de vida era parecido al del Neolítico, con una cerámica bastante grosera, utensilios de piedra y hueso y, en muy raras ocasiones, de metal. Habitaban en pequeñas aldeas junto a cursos de agua y disponían de sistema defensivos muy rudimentarios, de los que no ha quedado apenas rastro.

En el año 971, los búlgaros fueron expulsados por los bizantinos de Dobrogea, quienes iniciaron la construcción de varias líneas defensivas, conocidas actualmente como Valul Mic de Pământ (61 Km) – existe quien piensa que esta fortificación la habían realizado, en realidad, los búlgaros anteriormente, lo que no carece de sentido -, Valul Mare de Pământ (54 Km) y Valul de Piatră (59 Km), tres larguísimas trincheras que unían la ciudad marítima de Constanța con dos fortalezas a orillas del Danubio. Las tres tenían una estructura parecida, con una elevada ondulación de tierra precedida por una zanja, aunque las dos últimas disponían también de torres defensivas y la última incluso de un muro de piedra adicional, según se ve en el siguiente dibujo.

Reconstrucción de los tres tipos de "Val" defesivos de Dobrogea

Recuperada Dobrogea, por orden del emperador Juan I Tzimisces, entre 972 y 976, los bizantinos construyeron también un castillo con puerto fortificado en una isla del Danubio llamada Păcuiul lui Soare - encabezando esta entrada, foto actual de los restos del puerto -, cuyo objetivo era garantizar el tráfico fluvial y convertirse en un bastión frente a los ataques de los guerreros varegos de Kiev. Esta fortaleza se abandonó en el siglo XI y, aunque recuperada en el XIII, fue destruida por los otomanos dos siglos después.

 

Reconstrucción de la puerta norte (arriba) y del puerto fortificado (abajo) de la

fortaleza bizantina de Păcuiul lui Soar

Mientras los bizantinos se reforzaban en Dobrogea, los búlgaros penetraban en Transilvania, hasta el curso medio del río Mureș, donde la sal constituía el tesoro más codiciado, debido a su valor como conservante y para la cría de animales. La sal extraída en esta zona se exportaba hacia el oeste por el río Mureș y, por tierra, a través de los Cárpatos, hasta el Danubio. En una de las rutas hacia el sur, en los montes de la comuna Slon (Prahova), se han localizado los restos de un poderoso castillo que controlaba una estratégica ruta comercial, por el paso de Tabla Buții. Esta fortaleza construida inicialmente con madera, fue reforzada a lo largo de los siglos primero con ladrillo y más tarde con piedra, gracias al trabajo de maestros cualificados de tradición bizantina contratados, posiblemente, por las autoridades búlgaras para controlar el comercio de la sal. Esta fortaleza, sin embargo, fue destruida definitivamente por los pechenegos.

Reconstrucción del castillo de Slon (Prahova)

Historias de pastores: la trashumancia en Rumanía

Historias de pastores: la trashumancia en Rumanía

Periódicamente, en el telediario, las noticias nos muestran simpáticas imágenes de rebaños de ovejas cruzando grandes ciudades, ocupando mansamente el espacio de los coches, ante la mirada risueña de los transeúntes, y dejando una huella de bolitas negras y olor a campo sobre el asfalto. Son los estertores de la trashumancia, un acontecimiento milenario y universal que, aunque en decadencia por el abandono rural y el acoso de la modernización del campo, se resiste a desaparecer.

España tiene muchas cañadas por donde todavía transitan rebaños en busca de herbaje, acompañados de un adusto pastor y sus perros, que le ayudan en la tarea de controlar el ganado y evitar el ataque de lobos y algún oso despistado. Europa asiste al mismo tránsito en otros países, pues es el continente que más se ha empeñado en estudiar y conservar esta ancestral costumbre. Por fortuna, España y Rumanía todavía comparten esta vieja tradición.

La trashumancia se realiza para aprovechar al máximo la productividad de forraje de los campos, en lugares y momentos del año diferentes. De este modo, la trashumancia es un movimiento estacional y pendular de rebaños, normalmente entre los valles, donde permanecen los animales en invierno, y los montes, donde pastan en verano. En Europa se concentra en los sistemas montañosos y, en Rumania, tiene en los Cárpatos su principal escenario.

La Gesta Hungarorum, crónica anónima escrita durante el reinado de Bela III de Hungría (1172 – 1196), menciona ya en el siglo X el tránsito de pastores válacos, que se extendería desde las montañas Tatra, en Polonia, hasta el Monte Pindo, en Grecia. Más tarde, en el siglo XVI, se extendieron también desde los Cárpatos hasta el sur de Rusia y las inmediaciones del Cáucaso, convirtiéndolos en un vehículo de la lengua y la cultura rumanas por toda la región.

Durante siglos, este movimiento de rebaños por viejas cañadas – ver mapa 1 y mapa 2 - extendió el área de influencia rumana, más allá de fronteras étnicas o físicas, hasta el Mar de Azov, gobernado por los tártaros, por la Dobrogea turca o la Macedonia griega, los Ródope búlgaros o la vieja Iliria. Muchos pastores transilvanos se alejaron de su tierra natal y fundaron pequeños núcleos de población rumana, con sus propios sacerdotes ortodoxos y sus alcaldes, sus creencias y sus costumbres, su música, su jerga y su característica indumentaria. Hace ahora unos 200 años, con el aumento de las cargas fiscales que las autoridades austrohúngaras impusieron a los pastores transilvanos, muchos de ellos emigraron definitivamente más allá de los Cárpatos, a las vecinas Valaquia, Moldavia y Dobrogea, desde donde continuaron con su actividad.

Año tras año, los pastores rumanos realizaron miles de kilómetros junto a sus ovejas, las guiaron hasta los mejores pastos, las protegieron junto a sus perros de los ataques de las bestias y los robos de los cuatreros, durmieron a su lado al raso, sobre el frío suelo, tapados con una gruesa manta bajo el cielo estrellado, esquilaron su lana y ordeñaron su leche para alimentarse y fabricar queso, al que sus ancestros geto-dacios bautizaron como brânză y ellos exportaron a todos los rincones a los que llegaron, dejando la palabra como un patrimonio universal, que los eslavos adoptaron como bryndza y los alemanes como Brinse. Fueron los años más gloriosos de la trashumancia.

A lo largo del siglo XX, la trashumancia rumana fue decayendo, enfrentada al progreso, a radicales cambios sociales y a unas autoridades comunistas poco amigas de los traslados transfronterizos, aunque favorables a evitar colectivizaciones de rebaños y a  la protección fiscal de los pastores. Hasta 1989, los pastores negociaban el paso de sus rebaños con los presidentes de las Cooperativas Agrícolas de Producción (Cooperative Agricole de Producție) y los directivos de las Empresas Agrícolas Estatales (Întreprindere Agricolă de Stat), favoreciendo pequeñas o grandes corruptelas tanto para facilitar el traslado, como para la venta de leche, queso, carne y lana.

Tras la Revolución de 1989, la trashumancia quedó definitivamente limitada al territorio de Rumanía y, en muchas ocasiones, los movimientos de animales se vieron dificultados por la devolución de tierras a sus antiguos propietarios, que multiplicó el número de interlocutores con los que negociar. En 1997, tras la rúbrica de la Carta Europea de la Trashumancia, firmada en Cuenca, se legisló por primera vez sobre la trashumancia en Rumanía, profesionalizando el papel de los pastores, limitando los movimientos de animales, estableciendo controles sanitarios, garantizando la protección de los cultivos, etc. En 2007, con la entrada de Rumanía en la UE, aumentó todavía más la presión contra la trashumancia tradicional. La sombra de la ilegalización amenazó esta vieja costumbre hasta que, al final, se resolvió publicando un mapa oficial con las cañadas permitidas.

Hoy en día, todavía quedan algunas familias de valientes que practican la trashumancia en Rumanía, principalmente instaladas en Transilvania, en una zona conocida como Mărginimea Sibiului. Paralelamente, en los últimos años, se han multiplicado las iniciativas para valorizar este singular patrimonio, promoviendo proyectos que van desde la construcción de un Museo de la Trashumancia en la comuna de Vaideeni (Vâlcea), a la promoción de múltiples estudios históricos o al impulso de hermanamientos con otros grupos de pastores – principalmente, checos, eslovacos, ucranianos y polacos -, que faciliten el traslado transfronterizo de animales y la organización de festivales culturales, que acerquen viejas tradiciones del continente a las nuevas generaciones de europeos, para preservar sus costumbres y, sobre todo, su memoria. 

Sobre librerías de Bucarest

Sobre librerías de Bucarest

Empecé a aprender rumano escuchando un casete en el coche, en el que una voz femenina, lacónica y de escaso entusiasmo, repetía frases en inglés y rumano, más o menos útiles y algunas muy desconcertantes, para ayudar al viajero en sus avatares por la Rumanía de finales de los noventa, tan lejana de la de hoy. Todavía conservo el casete, junto al librito que lo acompañaba, como un gesto de nostálgica lealtad a un fiel compañero de viaje al que no quiero dejar atrás. Años después, además, descubrí que uno de sus autores era Dennis Deletant, el viejo historiador británico, especializado en la Rumanía del siglo XX, que tan buenas lecturas me ha dado, lo que ha reforzado mi apego a ese añejo pedazo de plástico parlante.

Casete que me enseñó mis primeras palabras en rumano

Además de por cuestiones puramente prácticas, el motivo que me empujó a aceptar el reto de aquella locutora trotamundos fue superar la frustración que me producía entrar en el sinfín de librerías que encontraba en mi camino y apenas entender algo de los títulos que ofrecían. A pesar de mi ignorancia, en cada uno de mis viajes veraniegos a Rumanía, compraba algún libro y los atesoraba al volver a Barcelona, en una estantería especial, confiando en que un día podría disfrutarlos.

Ese día, por fin, llegó, aprendí la lengua rumana y las librerías se convirtieron entonces en lugares menos distantes, más amables, que abrían generosamente sus puertas ofreciéndome todo aquello que hasta entonces me había esquivado. Libros de Historia – los más anhelados, pues prácticamente no existe bibliografía histórica sobre Rumanía en castellano -, novelas, poesía, libros para mis hijos, libros de fotografía, arte, sociología, antropología o arquitectura, obras y más obras que fueron ampliando mi exigua biblioteca rumana, que hoy tiene ya una considerable cantidad de volúmenes y que para mí constituye un orgullo poder seguir disfrutando.

Todos esos libros salieron de decenas de librerías dispersas por el país, sin embargo, hoy me gustaría referirme a dos de ellas, situadas en Bucarest, que deben constituir una parada obligada para cualquier visitante.

File:Bucuresti, Romania. LIBRARIA CARTURESTI - VERONA . Noaptea ...

Fachada iluminada de Cărtureşti Verona

Cărtureşti es la primera de ellas, con dos sedes que atesoran miles de volúmenes, también en otros idiomas más asequibles. La sede más antigua está en la calle Arthur Verona, 13-15, en un pequeño jardín en el Bulevar Magheru, rodeada de maltratados edificios que muchos de sus libros me enseñaron a disfrutar, al distinguir las líneas vanguardistas del cercano Cinema ARO – más tarde llamado Patria - o los detalles art decó del Hotel Ambassador o del Edifico ArCub, no muy lejanos.

Carturesti bookstore: fotografía de Gradina Verona, Bucarest ...

El desván de Cărtureşti Verona guarda muchas sorpresas

La librería se sitúa en un palacete construido en 1883 por el alcalde liberal Dimitrie Sturdza, según el estilo de moda de la época, basado en las enseñanzas de la École des Beaux Arts de París. En sus múltiples habitaciones y salones, en un bello desván o en un sótano muy bien iluminado, se celebran encuentros culturales y pequeños conciertos, pero sobre todo se encuentran libros de todo tipo, guías, artículos de regalo, vinos selectos, música, DVDs e incluso juguetes o souvenirs de lo más originales. Además, en los jardines que se abren detrás del edificio, hay una animadísima terraza veraniega donde comer al mediodía a la sombra de una parra o tomar una copa al atardecer.

Galerie – Cafe Verona

La Gradina Verona, un refugio contra el calor bucarestino

En la calle Lipscani, 55, Cărtureşti tiene, sin embargo, su joya de la corona, una nueva librería que se ha alzado con justicia en el podio de las más bellas de Europa: Cărtureşti Carusel. El edificio había sido construido en el siglo XIX y fue adquirido por la familia de banqueros Chrissoveloni a principios del siglo XX. Las autoridades comunistas lo confiscaron, instalaron un lúgubre centro comercial y, poco a poco, cayó en el olvido y en un terrible abandono. En los años 90, Jean Chrissoveloni consiguió recuperar el edificio y realizar un espectacular proyecto de restauración que lo ha convertido en un referente para la ciudad de Bucarest.

Carturesti Carusel / Square One | Plataforma Arquitectura

Cărtureşti Carusel, todo un espectáculo

Entrar en Cărtureşti Carusel corta la respiración, por su amplio espacio abierto, de 4 alturas, espectacularmente iluminado por una claraboya que resalta el color blanco de paredes, escaleras y ornamentos, así como la madera natural del suelo y las estanterías. Como su hermana mayor de Arthur Verona, la librería ofrece multitud de artículos, además de libros, CD, películas, artículos de papelería, vinos y tés, ropa, comida ecológica, etc. También dispone de una magnífica cafetería en el piso superior y de un espacio para exposiciones de arte contemporáneo.

Carturesti Carusel, una lujosa librería que evoca la relación ...

El sótano de Cărtureşti Carusel, fusión de cultura y arquitectura

Más allá de Cărtureşti, en el Bulevar Regina Elisabeta,bajo la sede del Instituto Cervantes de Bucarest, en el renovado Hotel Cișmigiu, se encuentra otra de mis librerías de referencia de la ciudad: Librería Humanitas. En este caso, se trata de una librería más modesta, aunque también dispone de una interesantísima colección de libros publicados por la editorial que le da su nombre – también en inglés, francés e incluso alguno en castellano -, una pequeña oferta de CDs de música, libros ilustrados, algunos artículos de regalo e incluso una pequeña y muy agradable cafetería, que permite ver a los transeúntes del bulevar mientras se degusta un cappuccino en un sofá con un libro en las manos. La Librería Humanitas es más comedida que Cărtureşti Carusel, pero se pueden encontrar joyas que justificarán, sin duda, la visita.

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Fachada de la Librería Humanitas, en los bajos del Instituto Cervantes

Conservo el rumano como un tesoro. Cuando lo aprendí, reemplazó al francés en mis neuronas. Alguno puede pensar que es una lástima, pero yo me resisto a cruzarme con el idioma de Moliere para no recorrer el camino inverso y que me reste una sola palabra del idioma de Cărtărescu.

Desde la cafetería de la Librería Humanitas

El misterioso bosque de Hoia Baciuc

El misterioso bosque de Hoia Baciuc

Debo confesar que siento cierta debilidad por los temas paranormales. No necesariamente porque crea en lo paranormal, sino porque me gusta pensar que, más allá de nuestras rutinas, existe un mundo nebuloso que, aunque oculto al ojo profano, enriquece la anodina existencia del hombre moderno con seres legendarios, sombrías supersticiones y lugares arcanos todavía por descubrir.

En el bosque de Hoia Baciuc, llaman la atención las caprichosas formas de algunos árboles

En las inmediaciones de Cluj-Napoca, capital de Transilvania, muy cerca de la sección al aire libre del Museo de Etnografía de la ciudad, se encuentra el bosque de Hoia Baciuc, famoso por atesorar gran cantidad historias sobre fenómenos inexplicables, desde bioformas, fantasmas errantes y susurros espectrales a zonas de aterrizaje OVNI. Tales misterios han convertido el lugar en un imán tanto para curiosos como para sesudos estudiosos del más allá, todos en busca de alguna revelación.

Una "bioforma" aparece inesperadamente en la fotografía de este paseante

Los visitantes más entusiastas, quizás sugestionados por la acumulación de enigmas, cuentan que  durante sus paseos sufren mareos, malestar generalizado e incluso arañazos y quemaduras inexplicables, como si el bosque quisiese mantenerlos alejados. Alguno incluso ha perdido la noción del tiempo, creyendo haber estado allí por unas horas cuando, en realidad, ha vagado durante días.

Un imprevisto prado circular en Hoia Baciu cuenta una vieja historia sobre el asesinato en masa de unos campesinos. A pesar de ello, tiendo a pensar en un claro sagrado de los dacios, tan propensos a los espacios místicos naturales

Tantas historias se contaban sobre Hoia Baciuc que, en los años cincuenta, el biólogo Alexandru Sift (1936 – 1993) empezó un estudio científico sobre los fenómenos luminosos, magnéticos y radiológicos que tenían lugar en la zona. A lo largo de los años, Sift tomó centenares de fotografías, que llamaron la atención a otros grupos de investigación, tanto rumanos como extranjeros. De este modo, en agosto de 1968 se atestiguó fotográficamente un objeto no identificado que volaba deslizándose sobre las copas de los árboles. Repentinamente, el objeto empezó a moverse a gran velocidad para subir en línea recta hacia el cielo, donde se le perdió de vista. Sift acumuló una gran cantidad de material de investigación, que fue enigmáticamente robado unos días después de su muerte, para desaparecer definitivamente; solo se salvaron algunas imágenes que lograron ser rescatadas y publicadas en un libro, en 1995, por un amigo de Sift, Adrian Pătruț, profesor de Química de la Universidad Babeș-Bolyai de Cluj-Napoca.

Una de las pocas imágenes rescatadas del archivo de Alexandru Sift (1968)

Sea usted creyente o escéptico, el bosque de Hoia Baciuc es un lugar que invita a un paseo tras visitar la bella ciudad de Cluj y, quién sabe, quizás le ofrezca alguno de sus misterios y consiga atisbar, aunque sea por un momento, el universo escurridizo de lo paranormal.

Hoia Baciu también tiene una cara amable para el paseante

Castillos y fortificaciones de Rumanía: siglos V al VII (I)

Castillos y fortificaciones de Rumanía: siglos V al VII (I)

Uno de lugares más comunes en el imaginario colectivo sobre Rumanía es su condición de tierra poblada de castillos misteriosos que albergan tétricas leyendas, propias de la literatura decimonónica. Como tierra de paso migratorio primero y frontera entre imperios después, Rumanía dispone de una buena panoplia de castillos, aunque menos de los que tendemos a suponer – su número total no alcanza la centena -, especialmente si lo comparamos con los construidos en España, país cuyo turbulento medievo pobló muestro territorio con unos 2.500 castillos.

Los castillos son construcciones que reflejan una jerarquización social del medievo muy determinada, constituyendo centros castrenses pero también residencias fortificadas de la nobleza y los monarcas. La construcción de castillos está así directamente relacionada con el feudalismo y con el inicio desarrollo de los reinos medievales que, posteriormente, constituirían el embrión de las naciones europeas. El retraso en la formación de los Principados rumanos, en comparación con reinos homólogos en Europa occidental, provocó que la mayoría de castillos se construyesen aquí tardíamente, a partir del siglo XII y, principalmente, del XIII, y declinasen como en el resto de Europa, a lo largo del siglo XV, con la aparición de la artillería con pólvora y proyectiles metálicos. Mientras en España se construyeron castillos durante casi 8 siglos, en Rumania solo se construyeron castillos durante unos 3 siglos. Nótese que no hablo de fortalezas – de las que Rumania cuenta con muy buenos y bien conservados ejemplos a los que, posiblemente, dedique futuras entradas -, evolución moderna de los castillos, dotadas de baluartes y adaptadas a las nuevas técnicas de guerra, que aparecieron hacia el siglo XVI.

Tras esta introducción, me dispongo a dedicar una serie de entradas a distintos castillos de Rumanía, distribuidos a lo largo y ancho del país, algunos en muy buen estado e incluso bellamente restaurados y otros en un triste estado de abandono. Sea como fuere, todos tienen su historia y creo que vale la pena contarla para conocer un poco mejor el desarrollo de los Principados rumanos durante la Edad Media.

El siglo V presenció a la caída del Imperio Romano de Occidente. El tramo final del Danubio, la zona de Dobruja (Dobrogea) – antigua provincia de Escitia Menor -, quedó bajo el control de la parte oriental del Imperio y sus ciudades tuvieron que enfrentarse al asedio constante de godos y hunos, con ejércitos trasladados por Constantinopla para enfrentarse a ellos, apoyados por campesinos locales que colaboraban gracias a la promesa de verse dispensados del pago de impuestos.

Reconstrucción de la fortificación de Troesmis

Durante ese período, no se construyeron nuevos castillos, sino que se repararon fortificaciones romanas ya existentes. Una de ellas fue Troesmis (localizada hoy en Tulcea), mencionada ya por Ovidio, antigua fortaleza de legiones como la Legio V Macedónica o la Legio II Herculia, que fue reforzada y ampliada en el siglo V. Troesmis estaba defendida por sólidos muros con torres y albergaba edificios, un gran canal, dos acueductos y un templo dedicado a la diosa Mitra. En la misma Tulcea, la fortaleza de Argamum, ciudad fundada en el siglo VII a.C. por colonos griegos de Mileto en un golfo del Mar Negro, fue refortificada en el siglo V, tras la caída del Imperio, pero no consiguió resistir los ataques marítimos de godos y ávaros, por lo que fue finalmente abandonada.

 Reconstrucción de la fortificación de Argamum

La fortaleza de Ulmetum, situada en el actual departamento de Constanța, en la zona central de Dobruja, fue construida en el siglo IV, durante el reinado del emperador Teodosio (379-395) y abandonada a finales del siglo V debido a los continuos ataques de los hunos. Según Procopio de Cesarea, Justiniano (527-565) la recuperó en el siglo VI para reforzar las fronteras bizantinas. Sus murallas tenían multitud de torres y contenían diversos edificios, como las viviendas de los agricultores que trabajaban sus inmediaciones, cuarteles e incluso una basílica. 

Imagen aérea de la fortificación de Ulmetum

Reconstrucción de la fortificación de Ulmetum

La fortaleza de Capidava - cuya fotografía aérea encabeza esta entrada -, localizada en Constanța, sirvió también como punto de defensa ante los ataques bárbaros. Con planta de cuadrilátero y muros gruesos, tenía imponentes torres, una gran puerta de entrada y un puerto construido sobre terrazas en el Danubio. En su interior había viviendas, unos baños con diversas piscinas, un centro de mando, barracones, almacenes y, a finales del siglo IV, se construyó una basílica, pues Capidava fue sede episcopal de la provincia de Escitia Menor y centro de difusión del cristianismo. En el siglo II, aquí se estacionaron la cohorte I Ubiorum y, más tarde, la cohorte I Germanorum.

 

Reconstrucción de la fortificación de Capidava

Desde finales del siglo III, Capidava sufrió ataques de los godos hasta el punto de que, en el siglo V, tuvo que ser reconstruida en dos ocasiones, empleando materiales como estatuas, relieves funerarios, capiteles o arquitrabes, lo que demuestra la urgencia de las reparaciones. 

 

Fotografía de las excavaciones dirigidas por Grigore Florescu en 1924

En el siglo VI, tras un incendio provocado por los hunos, se redujo su superficie por falta de fondos para reconstruirla completamente y, finalmente, en el siglo VII fue destruida y abandonada después de un devastador ataque de ávaros y eslavos. No fue hasta la reorganización de las fronteras del Imperio Bizantino tras el renacimiento macedónico, en el siglo X, cuando se reconstruyó como fortaleza de stratiotai, guardias de frontera campesinos, que pudieron defenderla hasta finales del siglo XII, cuando fue definitivamente destruida por los búlgaros.

Otra escena de las excavaciones realizadas en 1924

Capidava fue excepcionalmente longeva, pues la mayor parte de las fortificaciones de Escitia Menor, reconstruidas de época romana, fueron arrasadas en el siglo VII. En general, a partir de ese momento, no se realizaron nuevas fortificaciones ni en el territorio de la vieja Escitia Menor, ni en las zonas ocupadas por gépidos o ávaros, localizadas en otros territorios de la actual Rumanía.

La sonrisa del rey

La sonrisa del rey

Frente a las imágenes circunspectas de Carol I de Rumania, no he podido resistirme a compartir con mis lectores esta inusual imagen coloreada del rey sonriendo, gesto tan poco habitual en los retratos de la época.

Voi rezista! (¡Resistiré!)

El Dúo Dinámico y su ya mítico Resistiré, himno de reacción contra la pandemia del coronavirus, han llegado también a Rumania.

En España, Cadena 100 y Warner Music realizaron una popular versión de la canción con artistas actuales, entre los que se encontraban cantantes como Alex Ubago, David Bisbal, Rosana, Mikel Erentxun, Amaral o David Summers, entre muchos otros. Con el mismo propósito y, especialmente, en apoyo al personal de primera línea frente a la Covid-19, artistas folclóricos rumanos como Mădălina Mureșan o Suzana y Daciana Vlad, Cosmin Vocean, Teodora Suciu o Mihai Posteanu, junto a otros, han adaptado la letra para animar a sus compatriotas en estos días de confinamiento.

De nuevo, Rumania y España más cerca de lo que pensamos.

 

Bucarest y su mítico laberinto subterráneo (I)

Cualquier bucarestino que se precie ha escuchado decenas de historias alrededor de los túneles secretos que perforan el terreno sobre el que se asienta la ciudad, un misterioso laberinto con múltiples utilidades, pero principalmente diseñado para permitir escapar a las autoridades comunistas en caso necesario. Sin duda, hay mucha leyenda sobre estas galerías, pero existen también algunas certezas.

Es una realidad incontestable que Bucarest tiene un subsuelo muy perforado, como atestiguan restos bien conservados como la gran bodega del han Șerban Vodă (1685-1883), visible gracias a un cristal que lo protege, en la calle Lipscani, frente al Banco Nacional Rumano.


Restos del han Șerban Vodă, en la calle Lipscani

Antiguamente, Bucarest era una ciudad extensa que combinaba viviendas más o menos ostentosas, según su propietario, iglesias y monasterios, mercados y hosterías con bosques y terrenos de cultivo. Los boyardos, nobles propietarios de mansiones y haciendas, poseían enormes cavas donde solían almacenar alimentos y, sobre todo, barriles y botellas con el vino que producían sus vides. Entre los siglos XVI y XVIII, Bucarest no era el lugar seguro que es hoy y tanto la guerra como los asaltos eran una constante amenaza en el horizonte, por lo que muchas de estas bodegas tenían túneles que permitían a sus dueños, en caso saqueo o asedio, alejarse de su vivienda por el subsuelo, cientos de metros, huyendo así de sus atacantes, según afirma el historiador Dan Falcan.

Uno de estos túneles, probablemente el más antiguo de la ciudad, se localiza en la zona de Piata Unirii, bajo la calle Negru Voda. Se trata de una galería excavada a 10 metros de profundidad, con una longitud de 350 metros y una anchura de 1,5 metros, construida con ladrillo, que conecta bajo la tierra la Curtea Veche, la cercana Iglesia Real y Hanul lui Manuc. Siglos después, la monarquía seguía sintiendo el gusto por los discretos desplazamientos subterráneos, pues otro de los túneles permitía a Fernando I y su familia trasladarse desde la sala de las calderas del Palacio Real (actualmente, Museo Nacional de Arte) hasta el Palacio Știrbei (hoy, sede de la UNESCO), junto al parque Cişmigiu. El túnel fue remodelado y electrificado en 1981, pero fue posteriormente clausurado por orden de Ceaușescu al considerarlo “poco práctico”.

Una de las galerías más importantes de la ciudad iniciaba su recorrido en la Torre Colţei (demolida en el año 1888, tras los desperfectos sufridos en un terremoto) y se ramificaba hacia los viñedos del Barón Barbu Bellu, bajo la iglesia de San Juan el Nuevo y el río Dâmbovița, a lo largo de todo el actual Bulevar Ion C. Brătianu. Piața Unirii e incluso más allá.


Imagen de la Torre Colţei, de 1888, que se alzaba frente al actual Hospital Colțea

Hay también galerías subterráneas en el área de Cotroceni y en la zona del Monasterio Antim, donde se localizó un túnel ramificado, conservado en parte, que unía el monasterio con la escuela secundaria Gheorghe Sincai y en el área del Centro Cívico. El norte de Bucarest alberga otras construcciones de este tipo, pues hay túneles que conectan el Monasterio Plumbuita con el Palacio Ghica, bajo el río Colentina Otras galerías unían los monasterios de Sărindar y Dâmbovița – hoy desaparecidos – o la Casa Dudescului y Zăvoaiele Cioplea, ubicadas cerca de Dudești. Más céntrico, bajo el famoso Magazin Victoria, un túnel se ramifica hacia la colina donde hoy se levanta el mastodóntico Parlamento, hacia el Palacio de Teléfonos y hacia la iglesia de Sfântul Gheorghe. Los cronistas del tiempo del fanariota Ioan Caragea contaban que el voivoda se trasladaba en un carruaje de cuatro caballos, desde su palacio en Cotroceni hasta la corte situada en la colina de Spirii, por una gran galería subterránea. Durante las revoluciones de 1821 y 1848, muchas de estas galerías sirvieron a los patriotas rumanos y a sociedades secretas como Eteria para esconder armas, municiones y provisiones que emplearían contra el invasor.

 

Del desaparecido monasterio de Sărindar partía un túnel secreto al monasterio Dâmbovița

A pesar de todo, la única galería subterránea de la capital, catalogada como monumento histórico, es el túnel de la mansión Golescu-Grant, situada en la calle Tibleș en el margen izquierdo del Dâmbovița, levantada a finales del siglo XVIII. Originalmente construida para poder huir en caso necesario - y posiblemente empleada por Tudor Vladimirescu en 1821 -, tenía varios kilómetros de longitud, pues enlazaba la casa con el monasterio Chiajna y el Palacio Cotroceni. Tras ser parcialmente destruida durante los bombardeos que sufrió Bucarest en 1944, actualmente está en estado de abandono, repleta de desechos y tierra, y solo son parcialmente accesibles 25 metros del recorrido total.

Imágenes de un tramo del túnel de la mansión Golescu-Grant, en estado de abandono

Repasadas las principales galerías bucarestinas de las que existe constancia, en una próxima entrada hablaré sobre los túneles secretos de Ceaușescu y la leyenda que existe a su alrededor.

Hristos a inviat!

Hristos a inviat!

“Adevărat, a inviat!”, responden los rumanos, en estas fechas pascuales, al saludo que da título a esta entrada.

 “¡Cristo ha resucitado!”, “¡Verdaderamente, ha resucitado!”

La Semana Santa en Rumania es, probablemente, la fiesta religiosa más importante, incluso más que la Navidad. Este año, estaba previsto que guiase un segundo grupo a Rumania, organizado por la agencia de la estupenda librería Altaïr, especializada en viajes, sin embargo, el coronavirus nos ha dejado a todos en tierra y encerrados en casa.

A pesar de ello, no quiero dejar de felicitar la Pascua a todos los lectores del blog y, especialmente, a las cuatro aventureras incansables que me acompañaron en mi último viaje a Rumania, Mercè, Agustina, Ángeles y Dolors, con las que pasé unos días fantásticos recorriendo Bucarest y Transilvania.

Sajones de Transilvania (II)

En la segunda mitad del siglo XIV, las ciudades sajonas conocieron un período de desarrollo económico y comercial gracias a los privilegios otorgados por Luís I el Grande de Hungría (1342 – 1382). Los comerciantes sajones desplegaron una red comercial que se extendía desde los vecinos Principados rumanos a los estados de la Liga Hanseática del Mar Báltico o a las ciudades costeras del Adriático. Ciudades como Sibiu o Braşov vieron cómo los mercaderes construían admirables edificios y embellecían la ciudad.


Reconstrucción de la ciudad de Braşov 

A pesar de ello, a finales de siglo, los turcos se convirtieron en los dominadores de los Balcanes y obligaron a Valaquia a pagar tributo, por lo que el peligro otomano alcanzó la frontera transilvana, que a partir de entonces fue constantemente hostigada. El primer ataque del ejército turco se produjo en 1420 y devastó la próspera región de Braşov, incluyendo varios pueblos y la propia ciudad, cuya población fue convertida en esclava. A pesar de los esfuerzos del emperador Segismundo de Hungría y el voivoda de Valaquia, Dan II, de recolocar el frente en el Danubio, los turcos siguieron presionando y, a partir de 1438, el sultán Murad II inició una destructiva campaña que logró someter Sebeş, Mediaş y Alba Iulia, aunque fue detenida a las puertas de Sibiu.


El sultán Murad II

En este turbulento escenario, en 1437, estalló en Transilvania una revuelta de campesinos húngaros y rumanos, que se oponían a la servidumbre, los elevados impuestos y los privilegios señoriales. La respuesta fue el establecimiento de la Unio Trium Nationum ("Unión de las Tres Naciones"), un pacto de ayuda mutua, sellado en 1438 por los tres estamentos más poderosos de Transilvania, es decir, la nobleza (mayoritariamente) húngara, los burgueses sajones y los székelys, cuyo objetivo era mantener al campesinado fuera de la vida política y social del principado.​ ​

En 1440, las esperanzas antiotomanas se renovaron con el ascenso del trono de Transilvania de Iancu de Hunedoara (Juan Hunyadi), que logró rechazar a los trucos hasta el otro lado de los Cárpatos. Los sajones aprovecharon este período de relativa paz para reforzar sus defensas y, aunque en 1457 Sibiu sufrió un nuevo asedio, consiguió no ser capturada. Se estableció entonces un sistema de comunicaciones entre sajones y szekelys, que empleaban cornetas, tambores y grandes fogatas para advertirse a largas distancias. También se establecieron alianzas entre los sajones y los príncipes de Valaquia y Moldavia, especialmente con Esteban el Grande. La colaboración entre todos los grupos étnicos en Transilvania consiguió derrotar a los turcos en la Batalla del Campo de Pan de 1479.


Acceso a la ciudad sajona de Sighişoara

Los sajones recibieron del rey húngaro, Matías Corvino, hijo de Iancu de Hunedoara, el privilegio de la Universitas Saxonum, una autoridad administrativa y judicial propia que podía recaudar impuestos y tomar decisiones en importantes cuestiones públicas. Desafortunadamente, la derrota húngara en la batalla de Mohács (1526), en la que murió el propio rey Luis II, marcó el final del estado feudal húngaro, aunque animó a los transilvanos a unirse en la defensa de su tierra.

Los otomanos no conquistaron Transilvania, permitiendo el normal devenir de las comunidades sajonas, sin embargo, a principios del siglo XVI, la población había descendido notablemente y algunas ciudades habían sido abandonadas, tras la destrucción provocada por las guerras, y repobladas con campesinos rumanos. La guerra desencadenada en 1527, tras la muerte de Luis II de Hungría, entre los candidatos al trono, el archiduque Fernando de Habsburgo y el voivoda de Transilvania, Juan Zápolya, causó nuevos tormentos a la población sajona. En 1541, gracias a un acuerdo entre las partes forzado por la intervención otomana, Juan Segismundo Zápolya, hijo de Juan, obtuvo el trono del principado de  Transilvania, que se convertiría en una monarquía electiva entre la nobleza húngara hasta que, en 1699, Leopoldo I de Habsburgo reunificó el reino húngaro.

Juan Segismundo Zápolya, voivoda de Transilvania

Sajones de Transilvania (I)

Sajones de Transilvania (I)

Transilvania (palabra derivada del latín, “la tierra más allá del bosque”)-, también conocida como Siebenbürgen (del alemán, “siete fortalezas”) por la minoría alemana del país y Ardeal por los rumanos, es una enorme llanura rodeada por los Cárpatos y los Montes Apuseni que ha sufrido múltiples invasiones desde que los dacios fueron derrotados por los romanos entre el 101 y el 106 d.C. hasta la llegada de los húngaros a finales del siglo IX. En el siglo X, allí se instalaron entonces los székelys (sículos), un grupo de habla húngara pero origen desconocido, cuya misión era la defensa de la frontera húngara frente a la presión de pechenegos y cumanos.

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Géza II de Hungría (Chronica Hungarorum, siglo XV)

Con el mismo objetivo y por sus conocidas habilidades mineras, en el siglo XII, el rey Géza II de Hungría (1141-1162) favoreció la inmigración a Transilvania de colonos germanos procedentes de las regiones del Rin-Mosela y de Flandes, siendo definidos por la cancillería húngara como sajones. El centro de gravedad inicial de la colonización fue Sibiu (Hermannstadt), ciudad fundada entre 1188 y 1191. En una segunda fase, colonos de Turingia, Baviera e incluso del norte de Francia se establecieron alrededor de la ciudad de Nösen, posteriormente rebautizada como Bistritz (Bistriţa), mientras que otros se asentaron en la ciudad de Mühlbach (Sebeş) y de Mediasch (Mediaş).

En el año 1211, el rey Andrés II de Hungría invitó a los Caballeros Teutónicos a su reino para que se asentaran y defendieran el Burzenland, una zona del sudeste de Transilvania, controlando los pasos montañosos de los montes Cárpatos y evitando las incursiones de los cumanos. Los caballeros construyeron numerosas fortalezas, como la de Rasnov, y ciudades, incluyendo la gran ciudad de Kronstadt (Braşov). Sin embargo, alarmado por el creciente poder de los caballeros, en el año 1225 Andrés II expulsó a la Orden Teutónica de su reino, aunque permitió que los campesinos étnicamente alemanes, establecidos allí por la Orden, permanecieran en la región con una cierta autonomía administrativa y religiosa, si bien sometidos directamente al rey.

Caballeros teutónicos

Las invasiones mongolas (tártaros) que tuvieron lugar entre 1241 y 1242 devastaron Hungría y, por supuesto, también Transilvania. Tras la retirada, dejaron muchas ciudades sajonas destruidas, comunidades arrasadas, hambre y enfermedades. En estas circunstancias, el rey Bela IV impulsó una nueva colonización y nuevos privilegios económicos y comerciales que favorecieron su desarrollo. Este florecimiento provocó que en el siglo XIV se empezasen a construir bellas iglesias fortificadas en estilo románico y se levantasen murallas en sus siete principales ciudades:

-          Bistritz (Bistriţa, Beszterce)

-          Hermannstadt (Sibiu, Nagyszeben)

-          Klausenburg (Cluj-Napoca, Kolozsvár)

-          Kronstadt (Braşov, Brassó)

-          Mediasch (Mediaş, Medgyes)

-          Mühlbach (Sebeş, Szászsebes)

-          Schässburg (Sighişoara, Segesvár)

En estas circunstancias, tras las derrotas cristianas en Kosovo (1389) y Nicópolis (1396), el peligro turco empezó a asomar desde la otra orilla del Danubio.

Sobre Bram Stoker y el nacimiento de Drácula

Sobre Bram Stoker y el nacimiento de Drácula

Es indiscutible que la figura popular más universal de Rumania es Drácula, protagonista de la famosa novela del mismo nombre, escrita por el irlandés Abraham (Bram) Stoker y publicada en Londres en 1897.

Stoker no viajó nunca a Transilvania, en aquellas fechas una región más del Imperio Austrohúngaro, sin embargo, llevado por su atracción por las ciencias ocultas y el vampirismo, se empapó de cuanta literatura al respecto encontró en la biblioteca del British Museum. Su relación con los vampiros empezó cuando todavía estaba en Irlanda y mientras trabajaba como crítico de teatro en el Dublin Evening Mail, propiedad del escritor Sheridan Le Fanu, que había publicado la novela vampírica titulada Carmila (1872), que le influyó notablemente. Ya en Londres, Stoker devoró el relato de viajes de una escritora escocesa casada con un soldado de caballería húngaro, Emily Gerard, titulada La tierra más allá del bosque (1888) – literalmente, del latín, Transilvania -, que mencionaba las leyendas sobre vampiros que existían en aquella remota región de Europa o la existencia de la Scholomance (en rumano, Şolomanţă), una escuela de magia negra situada en las montañas al sur de Sibiu y dirigida por el mismísimo Diablo. El estudio antropológico sobre magia y religión de James Frazer, La rama dorada (1890), llevó de nuevo a Stoker a recoger más material sobre vampiros en Transilvania, sin embargo, el germen definitivo para la concepción de la idea de Drácula fue su encuentro con el orientalista húngaro Arminius Vambery, un aventurero que había viajado por el Imperio Otomano hasta Asia Central, quien le habló de la historia de su país y le mencionó por primera vez la figura de Vlad III Țepeș, voivoda de Valaquia.  No era la primera vez que oía hablar de aquel personaje pues el libro Gerard incluía a Vlad entre los alumnos de la Scholomance.

A partir de esas conversaciones y lecturas, Stoker se encerró en la librería del British Museum para documentar su narración, centrada en un personaje inspirado en Vlad III de Valaquia, apodado El Empalador por su costumbre de empalar a sus enemigos. Producto de esta labor es la conversación que Drácula y Jonathan Harker mantienen durante la noche de 11 de mayo, en la que el transilvano describe las glorias de sus antepasados, los Drácula. A pesar de todo, la descripción es algo confusa pues relaciona al personaje tanto con el propio Atila, como con la misteriosa minoría székely, de origen desconocido aunque de habla húngara, con Vlad III de Valaquia o incluso con Miguel El Valiente (Mihai Viteazul).


Insignia de la Orden del Dragón de Segismundo de Hungría (1408)

¿Por qué Drácula? El padre de Vlad III El Empalador, Vlad II, formó parte de la Orden de caballería del Dragón, fundada por el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Segismundo de Luxemburgo, en 1408, por la que se ganó el sobrenombre de Vlad II Dracul. En realidad, la palabra dracul fue el resultado de una mala interpretación de las fuentes válacas de la palabra latina draco (dragón), pues en rumano dragón es baluar o zmeu. De hecho, de acuerdo con el excelente diccionario rumano-español de Calciu y Samharadze, originalmente drac significa diablo, demonio, maligno, etc. y solo popularmente tiene el significado de dragón. De este modo, Vlad III fue llamado Drăculea porque se trata del genitivo en su forma eslava de Dracul, es decir, hijo de Dracul.

Respecto a la apariencia del personaje, desde 1878 Bram Stoker trabajaba como representante del actor Henry Irving, a quien admiraba hasta la idolatría y cuya presencia sirvió al irlandés como inspiración para la figura del noble transilvano de su novela.

Henry Irving

Henry Irving

Finalmente, en referencia al castillo de Drácula, Stoker lo situó en el desfiladero del Borgo, también llamado paso de Tihuța, un puerto de montaña localizado en los Cárpatos orientales que comunica las ciudades de Bistriţa y Vatra Dornei, sin embargo, en ese lugar nunca ha habido ninguna fortaleza. Para describir la morada del vampiro y levantarla mentalmente en ese sugerente lugar, posiblemente Stoker se inspiró en una ilustración del castillo de Bran (Törzburg), aparecida en 1865 en un libro de viajes por Transilvania de Charles Boner, o en sus lecturas de Un castillo de los Cárpatos (1892), de Julio Verne, de Los misterios de Udolfo (1794), de Ann Radcliffe, o de Viaje alrededor de los Cárpatos (1875), de Andrew F. Crosse, donde el castillo aparece detalladamente descrito.


Imagen del castillo de Bran de Boner (1865)

Barroco válaco: el estilo brancovan

Barroco válaco: el estilo brancovan

El estilo brancovan, ligado al apellido del que fue príncipe de Valaquia entre 1688 y 1714, Constantin Brâncoveanu, es el resultado de los trabajos de distintos artistas, de las circunstancias económicas, políticas y culturales del momento y, en último lugar, de la determinación de la familia Cantacuzino, de la que descendía Brâncoveanu, quien comprendió la importancia del arte como herramienta de soporte de sus aspiraciones políticas e impulsó la fusión de la memoria del arte bizantino imperial, del decorativismo propio del arte oriental y de la retórica barroca.

Constantin Brâncoveanu

Desde su ascensión al trono, Brâncoveanu mantuvo una complicada política de equilibrio entre las tres potencias que rodeaban su principado: Austria, Rusia y Turquía. Primero se amparó en los turcos para frenar a los austriacos y cuando Pedro el Grande de Rusia entró en guerra con los otomanos (1710), le ofreció el apoyo de Valaquia. Esta jugada acabó costándole la vida pues en 1714 los turcos lo expulsaron del trono, lo detuvieron y lo trasladaron a Estambul.

Torturado por sus captores, fue conminado durante días a abandonar su fe y convertirse al Islam. El 15 de agosto de 1714, en presencia del Sultán, el Gran Visir, algunos pashas y embajadores, Brâncoveanu tuvo que asistir a la decapitación de todos sus hijos. Antes de ser asesinado, su hijo Matei le rogó que apostatase para salvar su vida pero, según la leyenda, Brâncoveanu respondió: “Es mejor morir cien veces que renunciar a tu fe”. Los dos fueron finalmente ejecutados.

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Águila bicéfala, emblema de los Cantacuzino

Dos son los edificios emblemáticos del estilo brancovan, en los que podemos identificar sus principales características: el palacio de Mogoşoaia, residencia principesca y el monasterio de Horezu, proyectado como panteón familiar.

La construcción del monasterio de Horezu - en la imagen, encabezando esta entrada - empezó en 1690 y, en 1693, el Metropolitano Teodosio consagró la iglesia en presencia del voivoda y su familia; el resto de edificios monásticos fueron terminados en 1695. El monasterio consiste en un gran recinto rectangular de dos plantas, comunicadas exteriormente por escaleras monumentales de barandillas talladas con motivos animales y florales así como con el águila bicéfala de los Cantacuzino, con varias torres, celdas, un refectorio, enfermería, una capilla y una preciosa galería porticada, con arcos de medio punto sostenidos con columnas de fuste corto y sobrios capiteles, en cuyo patio central se alza la iglesia dedicada a los Emperadores Santos Constantino y Helena.

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La iglesia, construida según el plano de la iglesia episcopal de Curtea de Argeş, está formada por un pronaos y una nave alargada, con dos absidiolos laterales (ofertorio y sacristía), cerrada con uno mayor. Las fachadas están divididas por un cordón decorado en relieve, encuadrado en dos filas dentadas de ladrillos. La parte superior está decorada con paneles terminados en semicírculos y la inferior con paneles rectangulares interrumpidos por cinco estrechas ventanas con marcos ricamente esculpidos con motivos vegetales variados.

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El pórtico abierto, tan característico de la arquitectura brancovan, está sostenido por diez columnas rematadas con capiteles decorados con hojas de acanto y unidas por arcos de medio punto bellamente pintados. El interior de la iglesia también está ricamente decorado con murales realizados según la temática clásica y el estilo manierista que definió la última evolución de la pintura bizantina, aunque con un claro acento local. En la pronaos podemos contemplar el retrato de toda la familia de Constantin Brâncoveanu e incluso parte de su genealogía, emparentada con los Cantacuzino y los Basarab.

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Detalles de los frescos interiores de la iglesia del monasterio de Horezu

El palacio de Mogoşoaia es la mejor conservada de las construcciones civiles en estilo brancovan. Rodeado de jardines y situada junto a un pequeño lago, recuerda a las viajas kulas válacas, con tiene un plano sencillo rectangular y consta de subsuelo, planta baja y primer piso. Todo el conjunto está construido con ladrillo visto y al primer piso se accede exclusivamente por una escalera de piedra tallada exterior, bellamente decorada en un estilo semejante al de las escaleras del monasterio de Horezu, que termina en una torre cuadrada adosada a la fachada y con ocho columnas que sostienen arcos lobulados, que da acceso a las cámaras de los príncipes.

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Fachada norte del palacio de Mogoşoaia

En la fachada sur, podemos observar una preciosa galería de inspiración veneciana sostenida por seis columnas neocorintias con arcos trilobulares y cuyas basas se apoyan sobre una barandilla ricamente tallada; a ambos lados asoman dos balcones columnados y rematados por un arco de medio punto de ladrillo. Ambas fachadas están divididas por un sencillísimo cordón y mientras que en la inferior apenas se abren algunas ventanas cuadradas, en la superior hay grandes ventanales lobulados, arquillos lombardos y canecillos que simulan sostener el voladizo.

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Fachada sur del palacio de Mogoşoaia

El estilo brancovan se convirtió así en el punto de partida del desarrollo del arte y la arquitectura de Muntenia hasta la penetración masiva, en el siglo XVIII, del neoclasicismo y el neogótico de corte oriental, sin conexiones con la tradición local.

 

Constantino XI Paleólogo Dragases

Constantino XI Paleólogo Dragases

Hoy hace 569 años que Constantino XI Paleólogo Dragases fue coronado emperador de Bizancio, el último de los gobernantes de un imperio con 1000 años de historia.

Desde Bucarestinos, quiero rendir mi particular homenaje al emperador mártir que, 4 años más tarde, cayó heroicamente defendiendo la ciudad frente a las tropas turcas del sultán Mehmed II Fatih.

Más ataques a la separación de poderes en Rumania

Más ataques a la separación de poderes en Rumania

En febrero del año pasado escribí sobre el estallido social que supuso la aprobación de la Ordenanza de Urgencia 13/2017, que modificaba tanto el Código Penal como el Código de Procedimiento Penal, para dificultar la persecución de delitos como el nepotismo o el soborno y facilitar la amnistía de algunos condenados por delitos de corrupción. Tras semanas de protestas en las calles, el Primer Ministro, el socialista Sorin Grindeanu, anunció balbuceante que la ordenanza no entraría en vigor y que se buscarían nuevas soluciones en la lucha contra esta lacra.

Pues bien, tras un año de ímprobos esfuerzos, hace unos días, socialistas y liberales aprobaron en el Senado una nueva reforma legal que reduce la independencia judicial – sometida al poder político - y dificulta la labor de la reputada Fiscalía anticorrupción, la DNA, que desde 2006 ha enviado a juicio a 72 parlamentarios y ha sido el azote del inefable Liviu Dragnea - líder socialdemócrata imputado por malversación de fondos – y del liberal Calin Popescu Tariceanu, presidente del Senado.

De nada han servido las advertencias de la Comisión Europea, que periódicamente controla la implementación de las reformas necesarias en la economía y la justicia rumanas, o del Departamento de Estado de Estados Unidos, que ha manifestado su temor por el ataque perpetrado contra la independencia de los jueces.

En este sentido, cabe recordar que de unos 500 diputados y senadores, 120 tienen serios problemas legales. Aunque la lista es larga, creo que es interesante reproducirla por partidos:

Partido Socialdemócrata (PSD):

Victor Ponta, diputado - demandado

Constantin Adascalita, diputado enviado a juicio

Ecaterina Andronescu, senador - procesada

Radu Babus, diputado - procesado

Niculae Bădălău, senador - procesado

Daniel Bărbulescu, diputado - procesado

Eugen Bejinariu, diputado - denunciante

Dan Bordeianu, diputado - demandado

Florin Constantinescu, senador - procesado

Alexandru Cordos, senador - procesado

Vlad Cosma, diputado - demandado

Liviu Dragnea, diputado - condenado en primera instancia

Mircea Drăghici, diputado - procesado

Sonia Draghici, diputada - demandada

Marian Ghiveciu, diputado - condenado en primera instancia

Vasile Gliga, diputado - condenado con suspensión

Iulian Iancu, diputado - procesado

Ovidiu Isailla, senador - demandado

Sorin Lazar, senador - condenado con suspensión, procesado

Marius Manolache, diputado - procesado

Eduard Martin, diputado - procesado

Alexandru Mazare, senador - procesado

Adrian Mocanu, diputado – su padre ha sido demandado por nepotismo

Victor Mocanu, senador - demandado

Mircia Muntean, diputado- condenado con suspensión

Gabriel Mutu, senador - procesado

Marian Neacsu, diputado – condenado

Florin Pâslaru - condenado

Cătălin Rădulescu, diputado - enviado a juicio

Neculai Răţoi, diputado - procesado

Cornel Resmeriţă, diputado - su padre ha sido demandado por nepotismo

Ilie Sarbu, senador - procesado

Adrián Simionescu, diputado - procesado

Ion Stan, diputado - demandado

Anghel Stanciu, diputado - condenado en primera instancia

Dan Sova, senador - demandado

Lucian Şova, diputado - procesado

Gabriel Vlase, diputado - investigado

 

Partido Nacional Liberal (PNL):

Ion Ariton, senador - procesado

Gigi Chiru, senador - condenado en primera instancia

Tudor Chiuariu, senador - condenado con suspensión

Gheorghe Costin, diputado - enviado a juicio

Grigore Crăciunescu, diputado - condenado en primera instancia

Víctor Paul Dobre, subprocurador - procesamiento criminal bloqueado

Corneliu Dobriţoiu, senador - condenado en primera instancia

Verginel Giread, diputado - condenado con suspensión

Mircea Man, diputado - procesado

Dan Motreanu, diputado - demandado

Corneliu Popescu, senador - investigación criminal

Dian Popescu, senador - condenado en primera instancia

Alin Popoviciu, diputado - procesado

Mircea Rosca, diputado - demandado

Cornel Sămărtinean, diputado - demandado

Raluca Surdu, diputada - su marido está procesado por nepotismo

Cătălin Teodorescu, diputado - procesado

Hubert Thuma, diputado - condenado con suspensión

Ionut Zisu, senador - demandado

 

Unión Nacional para el Progreso de Rumania (UNPR):

Ionel Agrigoroaei, senador - demandado

Marin Anton, diputado - procesado

Marin Burlea, senador – su hijo está demandado por nepotismo

Mario Caloianu, diputado - procesado

Titi Holban, diputado - demandado

Lucian Iliescu, senador - procesado

Ruxandra Jipa, senadora – su esposo está procesado por nepotismo

Şerban Mihăilescu, senador - procesado

Valerian Vreme, diputado - procesado

 

Alianza de liberales y Demócratas (ALDE):

Mircea Banias, senador - demandado

Daniel Chiţoiu, subcomisario de la fiscalía - bloqueado

Bogdan Ciucă, diputado - procesado

Eugen Durbaca, senador - procesado

Ovidiu Silaghi, fiscal adjunto - procesamiento criminal bloqueado

Dorinel Ursărescu, diputado - demandado

Varujan Vosganian, senador - procesamiento penal bloqueado

 

Alianza Democrática de los Húngaros de Rumania (UDMR)

Borbely Laszlo, diputado - acusación penal bloqueada

Kerekes Karoly, diputado - condenado con suspensión

Mate András Levente, diputado - condenado con suspensión

Tanczos Barna, senador - procesado

 

Partidos de las minorías étnicas

Ghervazen Longher, diputado - convicto con suspensión

Adrian Merka, diputado - condenado con suspensión

Nicolae Mircovici, diputado - condenado con suspensión

 

Diputados no afiliados

Sebastian Ghita, diputado - demandado

Florin Popescu, diputado - demandado

Elena Udrea, diputada - demandada

 

Se comprenden así mejor los motivos de la clase política para aprobar esta nueva reforma legal y que la calle siga tomada por los manifestantes contrarios a las medidas de impunidad.

Rumania en la Primera Guerra Mundial (V): Esperanzas y amenazas del contagio ruso. El nacimiento de Moldavia

Rumania en la Primera Guerra Mundial (V): Esperanzas y amenazas del contagio ruso. El nacimiento de Moldavia

Tras la victoria de Mărășești, una desconcertante nube apareció en el horizonte rumano. A finales de verano de 1917, el fracaso de la revolución socialista en Rusia contra el gobierno liberal del príncipe Lvov (julio de 1917), creado tras la abdicación del zar Nicolás II, y el intento de golpe de Estado antibolchevique del general Kornilov (septiembre de 1917) provocaron la inestabilidad del frente moldavo y amenazaron el equilibrio político y social de la región, pues los soldados rusos presentes en la zona se manifestaron públicamente a favor de la firma de un tratado de paz y de la democracia y, en varias localidades, incluso se crearon soviets según el modelo de Petrogrado, lo que sin duda llamó la atención de la población rumana.

Este sentimiento de esperanza provocó también el renacimiento del movimiento social-demócrata rumano, cuyo foco se encontraba en la ciudad de Iași, donde se realizaron diversas manifestaciones exigiendo la paz y elogiando los méritos de la revolución rusa. En la ciudad, Cristian Rakovski, un dirigente de origen búlgaro del Partido Social Demócrata de Rumania aprovechó las circunstancias para revitalizar el movimiento y organizar en el país una revolución al estilo ruso que acabase con el “zarismo rumano”, democratizase el país e impusiese una reforma agraria, aunque sin reclamar una revolución socialista. El grupo de Rakovski fue hostigado por la policía del gobierno y, finalmente, optó por exiliarse a Odessa en verano de 1917.

Cristian Rakovski junto a Trotski en 1920

Paralelamente, la situación más allá del Prut, en Besarabia – por entonces, en territorio ruso -, se había complicado también debido a las manifestaciones de aldeanos y soldados rumanos que exigían la autonomía política de la región e incluso la formación de unidades separadas del ejército ruso, las cohortes moldavas, para el mantenimiento del orden público. Mientras, en Chișinău, un congreso de profesores rumanos de Besarabia exigía la rumanización de la enseñanza y la sustitución del alfabeto cirílico por el latino en los manuales escolares. Por su parte, intelectuales liberales y antiguos boyardos conservadores fundaron el Partido Nacional Moldavo, que reclamaba la creación de una Besarabia rumana y autónoma. Entre la primavera y el verano, se celebraron varios congresos campesinos y se empezaron a ocupar las tierras de los grandes propietarios, formando comités para repartirlas, lo que provocó graves desórdenes en las zonas rurales.

En noviembre, un congreso de oficiales y soldados proclamaron por mayoría la autonomía de la provincia y convocaron un Consejo de País (Sfatul Țării) que debía ratificar su acción. A pesar de las turbulencias socio-políticas, se consiguió formar una asamblea de 138 miembros, representante de un largo espectro de intereses económicos y sociales, así como de las minorías étnicas (el 70 % eran rumanos y el resto rusos, búlgaros, alemanes y hebreos). El Consejo de País de reunió el 4 de diciembre y, tras intensos debates, dominados por la mayoría rumana, el 15 de diciembre se proclamó la República Federal Democrática Moldava, establecida entre los ríos Prut y Dniester.

Palacio Sfatul Țării de Chișinău, postal de 1920.

En respuesta a este movimiento político, fuerzas bolcheviques ocuparon Chişinău a mediados de enero de 1918, disolviendo el Consejo de País, sin embargo, el gobierno rumano decidió enviar una división de infantería que consiguió expulsarlas a finales de mes y reponer el Consejo, que el 6 de febrero de 1918 proclamó la independencia de la República de Moldavia, como preludio a su unión con Rumania.

Trăiască Regele!

Trăiască Regele!

Descanse en paz, majestad

Conferencia en la UAB sobre la represión política en la Rumania comunista

Conferencia en la UAB sobre la represión política en la Rumania comunista

Este blog tiene el honor de haber participado en la organización de la conferencia sobre la represión comunista en Rumania que tendrá lugar esta tarde, entre las 17.30 y las 19 h, en la Facultad de Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Tendremos dos ponentes de lujo, en primer lugar, el Sr. Octav Bjoza - en la foto -, Subsecretario de Estado y exprisionero político, y Lucian Vasile, coordinador del Departamento de Educación y Memoria del Instituto para la investigación de los crímenes del Comunismo y Memoria del exilio rumano.

Tras sus charlas, podremos disfrutar también de la premier del documental titulado Voces del Este, resultado del trabajo de un grupo de estudiantes del Máster de Periodismo de Viajes, en el que he tenido el placer de participar y en el que, junto a otros entrevistados, realizamos una reflexión sobre el concepto de libertad actualmente en Rumania.

Si mis amables lectores tienen un rato libre hoy, ¡no duden en acompañarnos!

Museo del Kitsch Rumano de Bucarest

Museo del Kitsch Rumano de Bucarest

Recientemente, se ha inaugurado en Bucarest el Museo del Kitsch Rumano, un lugar imprescindible para comprender la (sub)cultura del país y una parte fundamental de la idiosincrasia del pueblo rumano, que completa de forma original la oferta clásica museística que la ciudad ofrece.

No es sencillo definir el kitsch. La palabra tiene su origen en la palabra inglesa sketch (bosquejo), empleada por los turistas norteamericanos que visitaban Europa a mediados del siglo XIX y que solicitaban bocetos de los monumentos que visitaban a artistas callejeros, para llevarse un recuerdo barato de su estancia. Actualmente, el kitsch es un concepto estético-cultural que define una serie de obras u objetos de aspecto ostentoso y escasa calidad técnica y estética, cuyo objetivo es popularizar la experiencia artística reduciéndola a efectos de escaso valor, sentimentales y muchas veces dirigidos para el consumo masivo. Lo kitsch es inherente a la modernidad y aparece en el momento en que la belleza en sus diversas formas es distribuida socialmente, igual que cualquier otro producto sujeto a la ley de la oferta y la demanda.

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En este sentido, tratando de abarcar todos los aspectos del kitsch rumano y de ofrecer una explicación global de esta estética tan popular, el museo se divide en diversas secciones, incluyendo desde el kitsch más doméstico, tanto de la época comunista como de la democrática, hasta la malograda figura de Drácula, cuyo (mal)tratamiento en Rumania merecería casi un museo aparte. Hay lugar igualmente para la fauna local, representada por la pitipoanca y el cocalar, la choni y el macarra específicos del país, con su característica imagen.

El kitsch religioso, tan presente en pequeñas capillas caseras, con sus cruces de oropel, sus tapices multicolor, sus tapetes y sus iconos fluorescentes, tiene un espacio destacado en la exposición. También existe una sección para el kitsch gitano, un capítulo fundamental en la estética rumana actual, con imágenes de los imponentes kastel de las familias más pudientes, de su ostentación mostrada en joyas y muebles, su colorido atuendo y su manele, el reggaeton gitano.

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El museo se sitúa en el número 6 de la Str. Covaci, en pleno casco antiguo de Bucarest, y la entrada cuesta 30 lei por persona – los rumanos tienen descuento pues, según el director del original museo, Cristian Lica, ya tienen suficiente con sufrir a diario el kitsch local -, así que no hay excusa posible para no dejarse caer por allí y vivir una experiencia que, sin duda, ayudará al visitante a comprender una realidad mucho más mundana que la que podrá encontrar en otros museos de la ciudad.

A LED light shines inside a plastic rendition of Jesus Christ on the cross at the newly opened Kitsch Museum in Bucharest, Romania, May 5, 2017.

Para más información:

http://kitschmuseum.ro/

¡A disfrutar!

Basarab I, fundador del Principado de Valaquia

Basarab I, fundador del Principado de Valaquia

A principios del siglo XIV, mientras las huestes de Jaime II de Aragón se extendían por el Mediterráneo, los almogávares sembraban el terror en los territorios del Imperio Bizantino, Alfonso XI de Castilla derrotaba a los moros en la batalla del Salado, el estilo gótico se imponía en los templos y el arcipreste de Hita escribía El libro del buen amor, en el extremo opuesto de Europa surgía de entre las sombras medievales la figura de Basarab I El Fundador (Întemeietorul), figura clave en la historia de Valaquia.

En esas fechas, al sur de los Cárpatos y hasta las orillas del Danubio, existía una serie de formaciones políticas rumanas, como el Banato de Severin, los knezatos (ducados) de Ioan o Farcas o el principado del voivoda Litovoi, que estaban sometidos a la autoridad de la corona húngara. La crisis abierta con la desaparición de la dinastía Arpad en Hungría, ocurrida en 1301, facilitó que se relajase el dominio magiar sobre la región y el consiguiente nacimiento de una Valaquia independiente.

Carlos I Roberto de Anjou, en una imagen de la Chronica de gestis Hungarorum (hacia 1360)

Basarab aceptó inicialmente su vasallaje al rey húngaro, Carlos I Roberto de Anjou (1308 – 1342), a quien pagaba periódicamente tributo, lo que en 1324 le valió ser denominado “nuestro voivoda transalpino”, indudable reconocimiento de su control del territorio más allá de los Cárpatos. A la espera de nuevas fuentes históricas, no sabemos si Basarab consiguió este dominio a través de enlaces matrimoniales, imponiéndose por la fuerza a los otros señores feudales de la zona o mediante una combinación de ambas políticas, sin embargo, la realidad es que el rey húngaro lo reconocía como el más poderoso de todos ellos.

Imagen actual de la fortaleza de Severin

A pesar de todo, sólo un año después, las relaciones entre Basarab y el monarca húngaro se habían deteriorado, pues documentos de la corte definían a Basarab como rebelde a la corona. En estas circunstancias, en 1330, Carlos I decidió emprender una campaña militar contra el príncipe rumano, reconquistando primero la fortaleza de Severin y encaminándose después hacia Curtea de Argeș. Tras incendiar la ciudad, las tropas húngaras iniciaron el camino de regreso a Hungría, sin embargo, al pasar por un angosto desfiladero, se produjo la Batalla de la Posada, en la que fueron emboscadas por un ejército formado por caballería, arqueros y campesinos rumanos, comandado por Basarab, que durante 4 días, entre el 9 y el 12 de noviembre de 1330, masacraron al ejército enemigo.

Imagen de la Batalla de la Posada, del Chronicon Pictum (s. XIV)

La terrible derrota de la Posada, en la que pereció buena parte de la élite nobiliaria y eclesiástica húngara, puso fin a las aspiraciones magiares por sobre el territorio al sur de los Cárpatos, lo que permitió que Basarab reforzase el nuevo reino, extendiese sus territorios hacia el este, enfrentándose a los tártaros de la Horda de Oro, y estimulase el comercio con las colonias genovesas asentados en el Mar Negro.

Tras un prolífico reinado, sólo ensombrecido por la epidemia de Peste Negra que asoló Europa a mediados del siglo XIV, Basarab I murió en Câmpulung en 1352 y automáticamente se convirtió en una figura legendaria para la historia de Valaquia y para la futura Rumania.