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Bucarestinos

Una de polis y cacos

Una de polis y cacos

Hemos empezado el año con el pie ligeramente cambiado en la oficina pues, en un momento indeterminado entre el 29 de diciembre y el 2 de enero, unos cacos entraron por la puerta de atrás – que, todo sea dicho, se abría fácilmente con un poco de ganas – y se hicieron con un par de portátiles. Hasta aquí todo normal, dentro de las penosas circunstancias, sin embargo, muchos son los detalles del asunto que vale la pena destacar.

Los rateros se llevaron los ordenadores sin cables ni ratones y, a cambio, nos dejaron el producto del robo en otros pisos, esto es, un par de grifos de acero de un peso extraordinario, un manojo generoso de cables retorcidos y, ¡pardiez!, varias cámaras de seguridad arrancadas de cuajo de su lugar de vigilancia. Abrieron algunos cajones y circularon libremente por las habitaciones del despacho, sin embargo, renunciaron al dinero en efectivo, a otros portátiles, ordenadores de mesa, móviles, impresoras, faxes y muchos otros cachivaches de valor. Posiblemente, algún vecino los vio por las enormes ventanas del patio interior y salieron por piernas, con lo puesto, es decir, con los desafortunados portátiles y dejando atrás el tesoro sustraído en otras viviendas.

El vodevil empezó sin nuestra presencia, aunque afortunadamente siguió con la llegada de la policía. Al poco de descubrir el hurto, llamamos al número de emergencias y raudos se presentaron dos agentes del sector, con tantos años de experiencia como kilos de más en sus espléndidas barrigas, de mirada atenta y perspicaces comentarios. Atendieron a nuestras escasas explicaciones – al fin y al cabo, no estábamos presentes durante los hechos – e inmediatamente llamaron a dos nuevos agentes – esta vez, jóvenes féminas uniformadas – que nos dictaron nuestra propia declaración, escrita de nuestro puño y letra en cinco largas páginas. Tras ellas, llegó el CSI bucarestino y llenó de polvo delator los rincones más insospechados en busca de las huellas de los infractores (temo ser detenido, la verdad).

En estas estábamos cuando el amable administrador subió a nuestro piso y anunció orgulloso la buena nueva: “El edificio tiene circuito cerrado y tenemos grabadas las entradas y salidas durante los días en que pudo cometerse el robo”. Un hilo de esperanza se iluminó en nuestros corazones, quizás los ordenadores pródigos regresarían al fin junto a nosotros, pero la noticia no pareció alegrar a los guardias, que respondieron con un sonoro resoplido:

-          Vaya, bueno, si acaso ya se lo pediremos oficialmente, con una carta oficial y eso… Mientras, pueden ir viéndolo ustedes y, si descubren algo sospechoso, ya nos enviarán la cinta.

No sé qué esperarían que viésemos, quizás algún tipejo vestido con traje de rayas arrastrando una bola metálica encadenada al pie o un enmascarado justiciero, ataviado con capa y espada. Ya aburridos, preguntamos:

-          ¿Qué hacemos con lo que han dejado?

Y, tan cortos como perezosos, respondieron:

-          Tírenlo a la basura, nadie lo reclamará.

El epílogo de la historia es una puerta nueva cuyas dimensiones no coinciden exactamente con el hueco que tiene que cerrar y cuyos espacios vacíos han sido cubiertos por los técnicos con una espuma que debe ser tan aislante como defensiva.

Dios nos pille confesados.

Mititei

Mititei

Las mititei han estado asociadas a la gastronomía rumana desde 1865. En la calle Covaci de Bucarest, existía un popular restaurante llamado La Iordachi reconocido por sus salchichas. Una noche, según cuenta la historia, la cocina se quedó sin existencias de sus famosas salchichas de ternera así que, ante la insistencia de los clientes, los cocineros decidieron mezclar varios ingredientes sobrantes, darles forma de pequeñas salchichas y asarlas a la brasa. Fue tal el éxito de estas salchichas, que los clientes del establecimiento empezaron a demandar “aquellas pequeñitas sin piel” (en rumano, mititei o mici), por lo que acabaron siendo conocidas con ese nombre.

Los ingredientes para preparar las mititei son:

 - 1 Kg de carne de ternera picada (puede ser mezcla de ternera y cerdo)

 - 2 cucharadas de aceite de oliva

- 2 cucharadas de agua

- 3 dientes de ajo, picados

- 2 cucharaditas de bicarbonato

- 1 cucharadita de tomillo

- 1 cucharadita de pimienta recién molida

Poner la carne picada en un bowl y añadir todos los ingredientes según el orden de la lista. Mezclar bien y amasar la carne con las manos no menos de 5 minutos, humedeciendo las manos frecuentemente. Este paso es importante porque el agua se mezcla con la carne y ayuda a mantener las mititei húmedas. Volver a poner la carne en el bowl, cubrir con papel de plata y refrigerar durante 5 horas o toda una noche.

Con una cuchara, tomar cantidades semejantes de carne de la mezcla y darles forma de pequeñas salchichas del tamaño de un dedo.

Cocinarlas al grill o a la barbacoa, dándoles la vuelta para que se cocinen bien por todos lados (al darles la vuelta, hay que procurar no pincharlas para que no pierdan su jugo).

Recomiendo servir las mititei con puré de patatas y acompañarlas de mostaza.

Sociedad e intelectualidad rumana de los años 30: democracia vs nacionalismo (I)

Sociedad e intelectualidad rumana de los años 30: democracia vs nacionalismo (I)

Con esta entrada, tengo la intención de iniciar una serie de artículos breves sobre algunos debates que tuvieron lugar, entre la élite intelectual rumana, en los años inmediatamente anteriores y posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Muchos de ellos tienen un interesante reflejo en la actualidad, asunto que dejo especialmente para la reflexión y el comentario de mis lectores rumanos. Mi interés por este asunto no es casual pues, desde hace semanas, he constatado a través de la televisión, de algunas publicaciones y de varios comentarios en este blog, un renacimiento de ciertas disputas y, sobre todo, una reedición de la virulencia de viejos argumentos cuyas consecuencias fueron, cuanto menos, tétricas. 

En los años 30, como ocurre últimamente, la democracia y el nacionalismo fueron los ejes del debate político rumano y lo cierto es que, entonces como ahora, no se alcanzó una armonía entre ambos conceptos. Para algunos, Rumanía no era suficientemente democrática, mientras que para otros no era suficientemente rumana. Ambas partes tenían razón, desde un punto de vista de la filosofía democrática o en referencia a la filosofía del estado nacional.

Es difícil caracterizar a la Rumanía interbélica como un Estado democrático o no democrático pues era el resultado de una combinación de democracia y autoritarismo. Rumanía era democrática, sin duda, con voto universal masculino, aunque la aplicación de la democracia era, cuanto menos, curiosa: hasta 1937, todos los gobiernos llamados al poder ganaron las elecciones con resultados aplastantes, lo que indica las fuertes presiones desde arriba y la escasa educación política de los de abajo. Democrática era también desde el punto de vista de la libertad de prensa, aunque sólo hasta que se cruzaba la línea en la que intervenía la censura. Nadie se libraba de una cierta supervisión política, ni las personas, ni las organizaciones ni las publicaciones, de izquierdas o de derechas; frecuentemente ocurrían registros, arrestos y confiscaciones de gacetas relacionados con amenazas al Estado o a la integridad territorial lo que, sin duda, indicaba una cota democrática en declive. La democracia social estaba, si cabe, todavía menos avanzada que la democracia política.

En estas circunstancias, parece razonable pensar en que se produjo un giro a la izquierda, sin embargo, la verdad es que la élite rumana, política e intelectual, se orientaba mayoritariamente hacia la derecha. La sociedad rumana, predominantemente rural, no era todavía demasiado moderna y mostraba una clara dependencia hacia un modelo paternalista. Sólo un 20 % de la población vivía en las ciudades, por lo que el proletariado urbano era escaso. Esto explicaría, quizás, la debilidad de las opciones socialistas y comunistas y, en general, la inexistencia de una izquierda moderna. La democracia estaba atada en corto y tenía una orientación claramente nacionalista, fuertemente arraigada en la conciencia rumana debido al reciente estreno de su Estado nacional unitario. La consolidación del elemento rumano y la limitación de las influencias de las minorías fueron objetivos prioritarios de la clase política frente a la apertura democrática.

Por su parte, las minorías se sintieron más tentadas que los rumanos por los postulados de la izquierda. En el caso de los comunistas el asunto es claro pues fueron ilegalizados, entre otras cosas, por defender la autonomía de las minorías, incluso hasta el punto de obtener la independencia. Es un hecho que, entre las élites intelectuales y políticas, a medida que se avanzaba hacia la izquierda, disminuían los rumanos y aumentaban los miembros de minorías. De este modo, en el año 1930, el Partido Comunista de Rumanía tenía un 26,6 % de húngaros, un 22,7 % de rumanos y un 18,1 % de judíos. Por otro lado, de los miles de informes realizados por la policía de la época sobre elementos radicales – comunistas y de izquierda, en general –, que podían afectar a la seguridad del Estado, la mayoría eran de personas cuyo nombre no era rumano: había judíos, húngaros, ucranianos, rusos, búlgaros… Es difícil que un rumano nacionalista se introdujese en una corriente tan variopinta.

Ensalada de berenjenas (salată de vinete)

Ensalada de berenjenas (salată de vinete)

Un clásico de los entrantes en cualquier mesa rumana, la ensalada de berenjenas se come fría en cualquier momento del año. Los ingredientes de este plato son: 

-  2 berenjenas grandes, más bien largas y delgadas, aunque en cualquier caso deben tener la piel tersa y brillante.

-  1 cucharadita de sal

-  Media tacita de aceite de oliva

-  Zumo de un limón

-  Media cebolla grande, cortada en trocitos pequeños

En primer lugar, se deben pinchar las berenjenas varias veces con un tenedor. Colocarlas sobre una rejilla a cuatro dedos de las brasas en una barbacoa – por razones obvias, el resultado es mejor si hacemos las berenjenas sobre las brasas de una barbacoa - o a 4 dedos de la base del horno.

Asar las berenjenas entre 45 minutos y una hora. Cada 15 minutos, es recomendable girar las berenjenas unos 90 grados para que se asen por todos los lados. La carne debe quedar blanda y la piel suelta y carbonizada.

Retirar las berenjenas del fuego y dejarlas reposar un par de minutos, preferiblemente en una ensaladera de madera. Mientras estén calientes, quitarles la piel (para evitar quemarse los dedos, es bueno sumergirlos previamente en agua fría). Una vez peladas, cortar el tallo y presionar la carne para que expulse todos los jugos. Con un cuchillo de palo – muy típico en las cocinas rumanas y algo menos en las españolas – o con una espátula de madera, cortar la carne de las berenjenas hasta que queden como una pasta.

Colocar la pasta resultante en un cuenco de madera, porcelana o cristal e introducirlo en la  nevera hasta que se enfríe.

Una vez fría, añadir sal al gusto. Batir la pasta con un tenedor a medida que se añade el aceite lentamente. Añadir el zumo de limón (al gusto, ¡cuidado con este paso!), también lentamente, y seguir removiendo un par de minutos.

Para presentarlo en la mesa, se coloca junto a la ensalada de berenjenas un platito con la cebolla picada, de modo que cada comensal añada la que le apetezca. También combina muy bien con unos tomates a rodajas y un queso tipo feta. Hay casas donde a la ensalada se le añade mayonesa, aunque es un "toque" que no me convence.

 

Orígenes e influencias de la gastronomía rumana

Orígenes e influencias de la gastronomía rumana

La cocina rumana es el producto de la suma de una serie de influencias históricas, geográficas y religiosas, cuyo resultado es una rica variedad de especialidades que incluye desde la sabrosa y abundante comida campesina hasta las delicatesen con influencias francesas.

Poco sabemos de los hábitos culinarios de getas y dacios, los antecesores de los rumanos actuales. Estos pueblos habitaban la zona de la actual Rumanía desde dos mil años antes de que los romanos la convirtiesen en una provincia del Imperio a la que denominaron Dacia. Sabemos que hasta finales del siglo VII a.C., los getas cambiaban grano, ganado, pescado y miel por aceite y vinos griegos. En las fértiles llanuras cosechaban cereales mientras que su ganado pastaba a los pies de los Cárpatos. Sus bosques eran una fuente abundante de animales salvajes y de aves y tanto el Mar Negro como los ríos y lagos los surtían de variados pescados. Todos estos alimentos, sin duda, constituyeron la base de la alimentación de los antiguos rumanos.

Los soldados romanos estacionados en Dacia se alimentaban básciamente con un plato llamado pulmentum, una especie de papilla hecha con cereales (mijo o cebada). Mucho después, durante los siglos XVI y XVII, los turcos introdujeron el maíz venido desde el Nuevo Mundo y que, a través de mercaderes venecianos, llegaba hasta Europa del Este. Por aquel entonces, los rumanos, como los italianos del norte de Italia, se iniciaron en el cultivo del maíz y lo emplearon para crear un nuevo plato, evolución del antiguo pulmentum, que en Rumanía se llamaría mămăligă y en Italia polenta. La mămăligă es, todavía hoy, un plato habitual en la dieta de la gente en los pueblos y, al mismo tiempo, se emplea como guarnición en los más sofisticados menús.

Los dacios se convirtieron al cristianismo hacia el año  350 y hacia el año 1000 adoptaron como propios los ritos de la iglesia ortodoxa bizantina. Muchos de los monjes que poblaron los monasterios que se levantaron en Rumanía durante esos siglos, recibieron parte de su educación en Grecia, de donde trajeron los característicos sabores de la cocina griega. Los pueblos nómadas, que atravesaron Rumanía en el período de las grandes invasiones de los siglos IV y V, trajeron consigo las sopas, un manjar se elaboración sencilla y rápida ingesta. Por su parte, las minorías rusa, germana, turca y húngara, que todavía hoy conviven con el pueblo rumano, aportaron a lo largo de la historia su propia impronta a la cocina local.

Durante el período de dominación turca de Rumanía, los boyardos, grandes terratenientes locales, sometieron a los campesinos a un régimen de servidumbre para producir grandes cantidades de grano que exportaban al resto de Europa. En las cocinas de los boyardos, se emplearon gitanos que, de acuerdo con sus hábitos seminómadas, eran expertos en asar la carne sobre brasas. Actualmente, la carne a la brasa es una de las especialidades de muchos restaurantes rumanos, que suelen disponer de un fuego crepitante y montones de carne sobre carbones, envolviendo a los clientes con sus aromas.

A mediados del siglo XIX, tras la unión de los Principados de Valaquia y Moldavia, se convirtió en una moda para la nobleza enviar a sus hijos a París para recibir parte de su educación. De resultas, a las influencias que ya tenía la cocina rumana se añadió el gusto francés. Chefs galos llegaron a Bucarest y abrieron restaurantes, cafés y pastelerías, contribuyendo con su arte a la famosa denominación que recibió la ciudad de “Pequeño París”.

Todas estas influencias contribuyeron, en mayor o menor medida, a configurar la actual cocina rumana, una curiosa mezcla que vale la pena descubrir. Con esta entrada, doy inicio a una nueva sección de gastronomía rumana, en la que pretendo presentar a los lectores recetas fáciles que les permitan introducir una parte importante de la cultura rumana en su propia cocina.

¡Feliz Día Nacional de Rumanía!

¡Feliz Día Nacional de Rumanía!

¡Desde Bucarestinos, os deseamos a todos un feliz Día Nacional de Rumanía!

Los voluntarios rumanos de las Brigadas Internacionales durante la Guerra Civil española

Los voluntarios rumanos de las Brigadas Internacionales durante la Guerra Civil española

Hace unos días, me refería a la esperpéntica intervención de un reducido número de voluntarios legionarios, a favor de las tropas nacionales durante la Guerra Civil española, por tanto, creo que es obligatorio mencionar también qué ocurrió en el bando republicano.

Según las fuentes, entre 500 y 615 voluntarios lucharon durante la Guerra Civil a favor de la República española, encuadrados en las Brigadas Internacionales. Una parte de ellos llegó a España directamente desde Rumanía pero otros lo hicieron desde Francia, Bélgica, Inglaterra, Estados Unidos o México. El primero en llegar, en agosto de 1936, fue el doctor Andrei Tilea “Ceapaev” que, a principios de 1936 se enfrentó a las tropas nacionales en Irún. Tras la caída de la ciudad, se echó al monte con los partisanos, aunque acabó cayendo en manos de los franquistas y fue ejecutado.

El primer grupo numeroso de rumanos, mayoritariamente procedente de Francia, llegó a España a primeros de octubre de 1936. Tras pasar unos días en Figueras, se trasladaron a Albacete y, después de una breve instrucción, fueron integrados en las Brigadas Internacionales XI y XII. A finales de año y principios de 1937, otros rumanos llegados desde Rumanía se unieron a ellos y juntos participaron en las primeras batallas para la defensa de Madrid, sufriendo las primeras bajas.

La primera unidad militar puramente rumana, asociada a la Brigada XI, fue la división de artillería “Ana Pauker”, comandada por Valter Roman y compuesta, inicialmente, de dos baterías. En febrero de 1937, tuvo su primera acción en el frente del Jarama, donde se produjo una potente ofensiva nacional para tomar Madrid. Un mes después, la división “Ana Pauker” bombardeó a las tropas italianas que luchaban junto a Franco en la carretera nacional Zaragoza-Madrid, a la altura de Guadalajara, consiguiendo incluso arrebatarles algún tanque, cañones y munición.

Inmediatamente después, la división rumana se transformó en un regimiento motorizado de artillería, asociado a la 35 División Internacional. Como tal, luchó en las batallas de Brunete, Quinto y Belchite. En la primavera de 1938, en el frente de Aragón, la 35 División internacional, de la que formaba parte el regimiento rumano, quedó totalmente rodeada, sin embargo, gracias a la ayuda de la población civil, consiguió romper el cerco y retirarse. En verano de 1938, la batería “Tudor Vladimirescu”, comandada por Nicolae Cristea, fue de las primeras en cruzar el río y enfrentarse al enemigo, recibiendo por ello una mención.

Otro grupo de artilleros rumanos, bajo el nombre de “Gheorghe Gheorghiu-Dej”, formó parte de una división de artillería pesada constituida en Almansa junto a voluntarios búlgaros, checoslovacos y polacos. Este grupo luchó en los frentes de Andalucía y Extremadura entre 1937 y 1938, desde allí fue trasladado a Valencia y más tarde, tras la quiebra del frente republicano en Cataluña, fue enviado en barco hasta Barcelona.

El 23 de septiembre de 1938, de acuerdo con la decisión del Gobierno republicano, los artilleros rumanos, junto al resto de internacionales, se retiraron del frente aunque, en enero de 1939, los voluntarios artilleros rumanos entraron de nuevo en combate en Llers, al norte de Figueras, para cubrir la retirada de los civiles españoles que huían de las tropas franquistas.

Entre los voluntarios rumanos para la República española no sólo hubo artilleros. Inicialmente, los voluntarios rumanos quisieron formar una subunidad rumana de infantería, pero fueron finalmente repartidos en distintos batallones de las Brigadas Internacionales, como el Batallón 9 de la Brigada XIV, que luchó en el frente andaluz, o el Batallón “Dombrowski”, que lo hizo en el Jarama.

Mención aparte merece el Batallón “Djakovici”, dirigido por los rumanos Petre Borilă y Mihai Burcă y del que formaban parte, junto a soldados españoles, ciudadanos de distintos países balcánicos. En julio de 1937, participó en la ofensiva republicana de Brunete y en septiembre del mismo año, luchó en el frente del Aragón. Más tarde, en enero de 1938, una compañía de ametralladoras rumana de este batallón participó en la batalla de Teruel. En febrero, al batallón se le unió la compañía rumana “Griviţa” y, transferido a Extremadura, fue integrado en la Brigada Internacional 129. Entre marzo y abril de 1938, las compañías rumanas, en el marco de la Brigada 129, se enfrentaron a los franquistas en Aragón y Levante.

Un último grupo de lucha rumano se integró en una compañía de origen balcánico, formada en febrero de 1938 en Albacete. Estos soldados participaron en las luchas defensivas que tuvieron lugar desde Caspe hasta Mora de Ebro. También combatieron en Tortosa y participaron en la batalla del Ebro, situándose en la Sierra de Pandols y en la Sierra de Caballs.

Cabe mencionar también que entre los voluntarios rumanos hubo un grupo de veinte médicos y enfermeras que desarrolló sus servicios encuadrado en las Brigadas Internacionales, tanto en la retaguardia como en el frente, a lo largo de toda España. También hubo voluntarios con formación química, ingenieros y técnicos que se integraron, según sus especialidades, en distintas unidades militares.

Como epílogo a su intervención en España, muchos voluntarios rumanos participaron en el emocionante desfile militar de despedida de las Brigadas Internacionales, que tuvo lugar por la Diagonal de Barcelona el 28 de octubre de 1938 y durante el cual fueron ovacionados por la población.

Opera bufa en el Senado rumano

Opera bufa en el Senado rumano

Desde que, en un tan ajustado como discutido resultado,  Mircea Geoană perdiese las elecciones frente al inefable Traian Basescu, su posición en el Partido Socialdemócrata rumano (PSD)  había quedado en entredicho. Tampoco ayudó a su futuro político su denuncia sobre unos supuestos ataques paranormales lanzados,  durante el debate electoral, por misteriosos personajes cercanos al reelegido presidente Basescu . Desde entonces, el todopoderoso expresidente de Rumanía y presidente de honor del PSD, Ion Iliescu, lo había puesto en su punto de mira y esta semana, por fin, se ha cobrado su silenciosa venganza tras la derrota de 2009.

Después de su fracaso en las elecciones presidenciales, Geoană tuvo que conformarse con ocupar la posición de líder del Senado rumano. A medida que Victor Ponta, nuevo líder del PSD, ascendía en el seno del partido – bajo la sombra alargada de Iliescu, que prefería un líder blandito y maleable -, Geoană iba perdiendo apoyos hasta que, tras largas noches de cuchillos largos y fratricidas, el PSD decidió expulsarlo de sus filas y, por consiguiente, apartarlo del cargo de Presidente del Senado.

El pasado miércoles, su propio partido presentó a la Oficina Permanente del Senado una moción para cesar al Sr. Geoană. Pero, ¡ay!, el Sr. Geoană era quien debía convocar de urgencia a la Oficina Permanente del Senado y, como era de esperar, se negó a hacerlo, acusando a los senadores de seguir un procedimiento no incluido en el reglamento de la cámara.

En estas circunstancias, Geoană tomó de nuevo asiento y apremió a los senadores para que se pusiesen inmediatamente a trabajar, debido a lo apretado de la agenda. Perplejos, muchos de los presentes se levantaron de sus poltronas, mirándose entre ellos sin saber qué hacer. Pronto algunos empezaron a postularse, en voz alta, como nuevos presidentes del Senado. Primero un nacionalista húngaro - por lo del río revuelto, imagino -, después un miembro del PDL de Basescu. Atónito, el Presidente del Partido Nacional Liberal dijo a voz en grito:

-          ¿Por qué no llama alguien al teléfono de emergencias para que desalojen al Sr. Geoană?

Tras un buen rato de incertidumbre y discusiones y, a pesar de las protestas del todavía presidente del Senado, finalmente los miembros de la Oficina Permanente del Senado votaron a favor de la destitución, seguidos del Senado en pleno que, como era de esperar, votó por  mayoría abrumadora a favor del cese. Geoană optó por ausentarse de la sala mascullando maldiciones (a la espera, supongo, de que tuviesen el mismo efecto sobre sus enemigos políticos que el que tuvo sobre él durante el famoso debate de 2009).

Nada ha podido hacer Geoană para mantener su cargo y ha dejado el PSD amenazando con formar un nuevo partido que, según él, a principios de 2012 estará en posición de arrebatar el poder al resto de partidos políticos.

Dios nos pille confesados.

¿Nuevo holocausto perruno?

¿Nuevo holocausto perruno?

Tras varios meses de discusiones y aplazamientos – gracias a las presiones de los grupos animalistas y de algunos ciudadanos –, el parlamento rumano aprobó ayer una ley que, ¡por fin!, legaliza la eutanasia de los miles de perros callejeros que viven en ciudades de todo el país y que, sin duda, constituyen un gravísimo problema de salud pública y seguridad ciudadana.

A pesar de todo, la nueva ley no supone un inmediato holocausto perruno en el país. De acuerdo con el texto aprobado, las autoridades locales deberán capturar primero a los perros callejeros, alojarlos en la perrera municipal, esperar un plazo de 30 días por si son reclamados por sus hipotéticos dueños y, finalmente, en caso de no ser requeridos por nadie, aplicarles una inyección letal. Es importante destacar que la eutanasia canina sólo tendrá lugar en caso de que los habitantes de cada ciudad aprueben, mediante referéndum, tan categórica solución. En caso de que los ciudadanos no la aprueben, los perros podrán permanecer en las perreras o ser devueltos a las calles, previa esterilización.

En 2001, durante el mandato de Basescu como alcalde de Bucarest, se eliminaron 50.000 perros sólo en las calles de la capital, aproximadamente el mismo número que vagabundea hoy en día por las calles de la ciudad. Según la prensa, sólo entre 2009 y 2010, 24.000 personas fueron atendidas en hospitales de la capital por mordeduras de perros callejeros.

Ante la nueva posibilidad que se abre gracias a esta ley, tengo curiosidad por saber si Brigitte Bardot volverá a Bucarest para defender a la jauría que amenaza diariamente a los bucarestinos.

La controvertida historia de Nicolae Paulescu, descubridor de la insulina

La controvertida historia de Nicolae Paulescu, descubridor de la insulina

Nicolae Paulescu nació en Bucarest el 30 de octubre de1869 y, ya desde muy pequeño, destacó en la escuela por sus habilidades. Muy pronto aprendió francés, latín y griego clásico, idiomas que hablaba de forma fluida junto con el rumano, su lengua materna. Era un gran pintor e incluso se atrevió a componer algunas piezas musicales, además se sentir una inclinación natural hacia las ciencias naturales, especialmente hacia la física y la química.

Tras graduarse en la Escuela Mihai Viteazul, en 1888 marchó a París para iniciar sus estudios de medicina. En 1897 alcanzó el grado de Doctor en Medicina y en seguida entró a trabajar como ayudante de cirugía en el Hospital de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de la capital francesa. Tres años después, regresó a Rumanía, donde trabajó como Director del Departamento de Fisiología de la Universidad de Medicina de Bucarest.

En 1916, Paulescu consiguió desarrollar un extracto acuoso pancreático que, inyectado en un perro diabético, consiguió normalizar los niveles de azúcar en la sangre, es decir, puso la primera piedra en sus investigaciones para sintetizar la insulina. La Primera Guerra Mundial le alejó del laboratorio y lo llevó al frente, sin embargo, a su regreso a la actividad científica logró aislar lo que él bautizó como pancreína – conocida después como insulina -, una hormona pancreática antidibética. Su investigación fue publicada en 1921, en varios artículos en la sección rumana de la Sociedad de Biología de París y, el 10 de abril de 1922, Paulescu patentó en el Ministerio rumano de Industria y Comercio su método de fabricación de la pancreína .

Hasta aquí la historia es simplemente asombrosa, sin embargo, también tiene su parte oscura. Ocho meses después de la publicación de los resultados de las investigaciones de Paulescu, los canadienses Frederick Grant Banting, Charles Best, James Collip, y J.J.R. Macleod, de la Universidad de Toronto, en un trabajo en el que citaban incorrectamente a Paulescu, hicieron público su descubrimiento de la insulina.

Por las mismas fechas, Paulescu desarrolló una intensa actividad política en una Rumanía presa de las turbulencias de la época. En 1922, junto a Alexandru Cuza, fundó la Unión Nacional Cristiana, partido que tuvo el dudoso honor de ser el primero en Europa en incluir la esvástica como su símbolo oficial, que situaban sobre la bandera tricolor rumana. Paulescu y Cuza escribieron incendiarios artículos contra los judíos rumanos, que hicieron las delicias de los miembros de la fascista Guardia de Hierro y de los sectores más antisemitas del país. Paulescu fue mentor de Corneliu Zelea Codreanu e incluso sirvió de testigo de la defensa durante el juicio contra Codreanu, celebrado en marzo de 1924, y durante el cual realizó un exaltado alegato contra las “fuerzas ocultas”, dirigidas por hebreos, que pretendían gobernar el mundo.

Tan radical candidato al Premio Nobel debió, sin duda, incomodar al tribunal que otorgaba los premios, por lo que no es difícil entender la razón por la que, en 1923, Banting y Macleod recibieron por sus estudios el Premio Nobel de Fisiología o Medicina.

Sea como fuere, al Ministerio de Desarrollo Regional y Turismo rumano no se le han caído los anillos al utilizar la figura de Paulescu para promocionar Rumanía por el mundo, de modo que recientemente ha publicado un anuncio en la prensa internacional – anuncio que encabeza esta entrada – en el que afirma: “Diariamente, un rumano salva 180 millones de vidas en todo el mundo.

 

De elecciones, incompetentes y malintencionados

De elecciones, incompetentes y malintencionados

Como bien sabrán mis lectores, el próximo domingo se celebran en España elecciones generales. Como también es de dominio público, esta lid electoral se produce en un momento de profunda crisis no sólo económica, sino también política y social, por tanto, depositar el voto en la correspondiente urna se convierte casi en una obligación para cualquier ciudadano responsable.

En estas circunstancias, gracias a las noticias de TVE que casualmente pude ver en la televisión de un hotel de Sofía, poco antes de tomar el vuelo de regreso a Bucarest, me he enterado que ni María ni yo podremos ejercer nuestro derecho al voto en estas decisivas elecciones.

Al parecer, el pasado enero, el gobierno socialista publicó con alevosía una nueva normativa electoral según la cual, todos los expatriados debíamos solicitar explícitamente y por escrito a la Junta Electoral Central (es decir, a una institución situada ¡en España!) nuestra intención de votar en las elecciones.

Hasta ahora, ante cualquier convocatoria electoral, recibíamos en casa una carta con las papeletas, el sobre donde colocar la escogida y unas instrucciones sobre dónde y cuándo votar. Era muy simple porque, una vez inscritos como residentes en Rumanía, el censo electoral se modifica automáticamente y ya no constamos en el de España (es decir, no es posible realizar un segundo voto fraudulento). Ahora, de acuerdo con el nuevo procedimiento, tras realizar la solicitud expresa de voto, deben seguirse una serie de pasos burocráticos complicadísimos que, según la prensa, no siempre han terminado de manera exitosa pues la Junta Electoral Central ha denegado algunas solicitudes y Correos ha hecho el resto al retrasar los envíos de la documentación a los solicitantes. La consecuencia es que la participación en las elecciones de 2011 disminuirá un 65 % respecto al 30 % que hubo en 2008.

La embajada de España en Bucarest, pródiga en envíos sobre saraos patrios y festivales de cine español, no ha dicho ni mu a la comunidad de residentes sobre un cambio tan importante y, por tanto, son pocos los que han cumplido con los requerimientos para  poder votar.

Curiosamente, las noticias han dicho también que muchos de los 136.000 inscritos para poder votar en todo el mundo, son "nuevos españoles" (cito textualmente) que han obtenido su nacionalidad gracias a la Ley de Memoria Histórica, es decir, hijos y nietos de exiliados republicanos españoles que, informados puntualmente por las organizaciones que han facilitado su obtención del pasaporte español, han realizado todos los trámites para votar y ahora, lógicamente agradecidos, apoyarán a quienes les han dado la oportunidad de participar en estas elecciones.

La gira de Franz Liszt por los Principados rumanos

La gira de Franz Liszt por los Principados rumanos

Este año se cumple el 200 aniversario del nacimiento del pianista y compositor, Franz Liszt (1811 – 1886), y el 165 aniversario de la exitosa gira que realizó por los territorios que unos años después conformarían Rumanía. En todos los conciertos que realizó interpretó un programa similar, con algunas variaciones dependiendo de la sala, incluyendo arreglos para piano de obras de Donizetti, Rossini o Bellini, obras de piano de Beethoven, Chopin, Karl Maria von Weber o Schubert y piezas compuestas por él mismo como la Marcha Rákóczy o la Fantasía húngara.

El primer concierto que ofreció Liszt para el público rumano tuvo lugar en Timişoara, el 2 de noviembre de 1846, por aquel entonces una ciudad más del Imperio de los Habsburgo. Dos días después realizó un nuevo concierto y el éxito que cosechó fue también rotundo. El público lo abordó con numerosos ramos de flores, una corona de laurel y varias poesías escritas ad hoc. Repitió su éxito en Lugoj, sin embargo, la aclamación que le esperaba en Arad fue todavía mayor. Ya a unos kilómetros de la entrada en Arad, cientos de personas esperaban su carruaje para recibirlo entre aplausos. Al entrar en la urbe, recibió el diploma de honor de la ciudad, pasó por debajo de un arco del triunfo levantado para la ocasión y fue honrado con un gran coro que interpretó varios himnos.

En Arad realizó dos conciertos, cosechando un triunfo tal que cada día fue recibido en la sala de conciertos por una orquesta militar y un coro que cantaba himnos en su honor. Incluso a la puerta del lugar donde se alojaba, lo esperaba cada día otra orquesta que interpretaba para él varias piezas de música popular. Lo cierto es que Liszt quedó muy impresionado por la música popular rumana, hasta el punto que durante aquellos días y los que siguieron compuso la Rapsodia rumana, una pieza basada en las doinas (canción popular, propia de los campesinos rumanos, aunque original de Oriente Medio), baladas y cantos de fiesta y duelo que escuchó durante su gira. La rapsodia fue encontrada por el compositor Bela Bartok 85 años después de ser compuesta y fue estrenada en el Ateneo de Bucarest en 1931, con Aurelia Cionca al piano.

Volvió después a Timişoara, donde realizó un concierto benéfico cuya recaudación permitió repartir 400 florines entre los pobres de la ciudad, 200 florines para la Asociación de músicos de la ciudad y dedicar 100 florines más para la construcción de una nueva escuela.

A finales de noviembre, Liszt entró en el Gran Principado de Transilvania, territorio que entonces formaba parte del reino húngaro. Ofreció conciertos en Sibiu y Cluj, donde según la prensa el músico fue acompañado a casa "por una multitud presa del delirio (sic), con velas encendidas y que prorrumpía frecuentemente en aplausos". También allí Liszt realizó un concierto benéfico gracias al cual se repartió dinero entre los pobres del lugar, el Conservatorio de Música de Cluj y una guardería.

Desde allí se trasladó a principios de diciembre a Aiud, donde también lo esperaba una multitud a las afueras de la ciudad, encabezada por una delegación de notables e intelectuales. Tras el concierto, se celebró un gran banquete durante el cual un coro de niños interpretó una canción compuesta especialmente para Liszt. Del dinero que recaudó, Liszt regaló 100 florines a una escuela.

Desde Aiud, Liszt tomó junto con dos amigos húngaros un carruaje tirado por ocho caballos hacia Bucarest, capital del Principado de Valaquia. Su intención era llegar lo antes posible pero el viaje duró 8 largos días. En el camino, en cada uno de los albergues donde se alojó, pudo escuchar la música popular que, sin duda, le inspiró en su composición de la Rapsodia rumana. Ya en Bucarest, Liszt se alojó en el palacio del Príncipe Mihail Ghica y interpretó tres conciertos, en el último de los cuales incluso se atrevió a tocar una pieza compuesta durante el viaje y que causó una profunda admiración entre el público de la ciudad, incluidos personajes ilustres como C.A. Rosetti, con quien conversó apasionadamente sobre sus ideas liberales.

Ya en enero de 1847, Liszt se trasladó a Iaşi, en el Principado de Moldavia, para terminar su gira con el mismo éxito con el que la había empezado. Poco después de abandonar los Principados rumanos, a finales de mes, Liszt escribió: “Ni en sueño me esperaba un éxito así. He sido elogiado como ningún artista podría llegar a soñar”.

Los voluntarios rumanos de Franco

Los voluntarios rumanos de Franco

Cuando estalló la guerra civil en España, en Rumanía gobernaba Gheorghe Tatarescu bajo la atenta mirada del rey Carol II. Desde el asesinato del primer ministro, Ion Duca, el régimen había intensificado el acoso contra los legionarios de Corneliu Zelea Codreanu quienes, desde la semiclandestinidad, seguían haciendo gala de un fanatismo político y una actitud violenta sin precedentes. A pesar de todo, durante esos años Rumanía fue abandonando progresivamente su actitud francófila para acercarse a los regímenes totalitarios de Roma y Berlín. Muchos financieros y empresarios se mostraron cada vez más proclives al fascismo, por lo que algunos dirigentes de la extrema derecha y del Parido Nacional-campesino se mostraron abiertos a colaborar con la proscrita Guardia de Hierro.

En estas circunstancias, impresionados por la resistencia numantina del general Moscardó en el Alcázar de Toledo, un grupo de legionarios solicitó a Codreanu formar una delegación que viajase a España para regalar un sable de honor al militar español. Codreanu aceptó la propuesta e invitó al general Cantacuzino-Grănicerul a conducir el equipo quien, emocionado, ofreció como regalo su propio sable, providencialmente hecho con acero toledano. Se formó así una delegación de 8 personas, incluyendo al general, un cura y el príncipe Alexandru Cantacuzino. En la despedida que el Capitán – apodo que los legionarios usaban para referirse a Codreanu –ofreció a los viajeros en Gara de Nord el 24 de noviembre de 1936, les invitó a unirse a la lucha “por la fe y por la Cruz” y les regaló un fardito con tierra rumana y un pequeño icono del Arcángel Miguel.

Ya en Lisboa, el embajador español recibió con todos los honores a la comisión rumana y, antes de partir hacia Salamanca, los invitó a una comida donde se escucharon discursos patrióticos y de hermandad, cargados de emoción y testosterona. En la capital salmantina, los legionarios fueron recibidos por un nutrido grupo de representantes del gobierno de Franco encabezados por el Secretario de Relaciones Exteriores, Francisco Serrat y Bonastre. Como todo no iba a ser lucha y sacrificio, el pequeño grupo de rumanos dedicó también un tiempo para el turismo en Salamanca, donde visitaron la catedral y la universidad antes de partir en coche hacia Soria, ciudad en la que se encontraba el general Moscardó.

El recibimiento soriano fue espectacular. Paisanos curiosos salieron a las calles a recibir a los recién llegados, rodeados de banderas rumanas y españolas que decoraban el camino hacia el Palacio del gobernador provincial. Allí, una guardia de honor los recibió mientras el general Moscardó y su estado mayor los esperaba al pie de las escaleras Sonó estruendosa una banda de música militar, políticos, militares, periodistas, miembros de asociaciones culturales e incluso un grupo de la Asociación de Mujeres Españolas se regocijaron con la llegada de sus invitados. Con la emoción del momento, sable en mano, el general Cantacuzino-Grănicerul se regaló con un discurso a Moscardó en el que, entre otras lindezas, dijo:

"(…) He traído este sable que no es un juguete. Es un sable de verdad que me acompañó en la Gran Guerra y con el que, gracias a su acero de Toledo, podéis atravesar a miles de comunistas. Lo he traído para que os traiga suerte en la lucha para derrotar al comunismo y para que os ayude a levantar, todavía más alto, la cruz de Cristo y a eliminar a los destructores de su Iglesia. Os presento a 7 jóvenes, todos ellos oficiales del Ejército rumano. Todos héroes. Han venido a luchar y a morir por la España nacional (…)”

La perorata terminó con un viva España. Moscardó agradeció el gesto, se abrazó al general rumano, lo tomó del brazo y, tras un vinito de la tierra para calentar el espíritu - más si cabe -, salieron al balcón, donde la multitud los ovacionó. En la comida posterior se llegó a la fase de exaltación de la amistad, se brindó de lo lindó y se gritaron vivas a España, a Rumanía, a Moscardó, a Codreanu e incluso, ignorante de la situación política rumana, el general español aulló un viva al rey Carol II, cosa que hizo torcer el gesto a más de uno en la delegación balcánica. Después, hubo también tiempo para el turismo y todos juntos visitaron la catedral, el Museo de Antigüedades de Soria - donde Moscardó firmó un autógrafo para Codreanu en el folleto informativo de la institución – y se tomaron otro vino en la sede de los jóvenes falangistas de la ciudad. Por la noche, los 8 rumanos se fueron a la cama henchidos de orgullo y emoción.

Al día siguiente marcharon todos a visitar las ruinas del Alcázar de Toledo, sin duda el momento más emblemático del viaje y, desde allí, partieron a Talavera de la Reina, donde se integraron en la 21 Compañía del Tercio del coronel Yagüe. Tras diez días de instrucción - que no sé para qué necesitaban si todos eran oficiales y héroes -, partieron hacia el frente de Madrid.

El 19 de diciembre de 1936, los 8 rumanos recibieron el bautismo de fuego en Boadilla del Monte y, unos días después, participaron en el ataque a Las Rozas. ¡Pero, ¡ay!, la guerra es muy mala y no entiende de visitas de cortesía!, así que el 13 de enero de 1937, en Majadahonda, un obús acabó con el turismo de guerra, los brindis, los gritos patrióticos y la testosterona de los legionarios Ion Moţa y Vasile Marin. Los cuerpos fueron trasladados, con todos los honores, a la Capilla del Hospital Militar de Toledo a la espera de su repatriación pero, ante las trágicas noticias, Codreanu escribió al general Cantacuzino para que volviesen todos juntos, vivos y muertos, de modo que con un automovil y una camioneta viajaron hasta la frontera francesa donde, a finales de enero de 1937, abandonaron España tras una guerra que apenas había durado un mes y medio.

Lo curioso de esta lamentable historia es que todavía hoy se levanta en Majadahonda un enorme monumento, coronado por una cruz, en recuerdo de Ion Moţa y Vasile Marin, los legionarios rumanos que cayeron, según reza, por Dios, España y Rumanía el 13 de enero de 1937. Anualmente, grupos de nostálgicos rumanos y españoles – con el incombustible Blas Piñar a la cabeza – se reúnen allí para homenajearlos y soltar sus habituales matracas. 

Dovleci felinare

Dovleci felinare

Hace un par de días, recibí el mensaje de un amable lector, Constantin Luiceanu, a raíz de mi breve entrada sobre Halloween. Con su permiso, lo copio aquí mismo pues es una  muestra de cómo la tradición de esculpir calabazas (dovleci sculptati ) no es únicamente anglosajona y un emocionante testimonio de un recuerdo de juventud en un pueblo de Muntenia.

“Yo también tengo dos hijos.

Daniel va cumplir esta semana 17 años y mi hija Ana cumplió 11 la semana pasada.

Hace unas semanas que Ana insistía en conseguir una calabaza (dovleac) para esculpirla.

Tengo 44 años y recuerdo que desde siempre he hecho lo mismo que hacen hoy en día los niños. En la casa de mis abuelos, nos traían del huerto calabazas y cada nieto hacía su obra de arte. Con la ayuda de los abuelos o con nuestra imaginación, salían caras de terror o de alegría. Al acabarlas, poníamos unas velas dentro y todas las calabazas se colgaban esperando la noche. La casa de mis abuelos, como todas las casas de los pueblos de Muntenia, tenía un porche alrededor, todo hecho de madera. Por allí andábamos descalzos, vestidos con camisetas de lino que nos llegaba hasta los talones. Era el vestido de noche para dormir, como el pijama actual.

A medida que se acercaba la noche, se encendían las velas de las calabazas, una a una, iluminando en lo alto de los porches o en las ventanas. Pasábamos por debajo todos los enanos, asustados por las proyecciones que la luz hacía en el suelo o en las paredes. ¡Qué alegría y que gritos los de los 12 nietos que llenaban la casa de unos pobres paisanos!

Más tarde, marchábamos por la calle para ver las otras casas y las caras de las calabazas de los vecinos. Hasta muy tarde, corríamos, bailábamos y gritábamos con las cabezas iluminadas. Todo un espectáculo alrededor de un gran fuego vigilado por los adultos.

Son costumbres que se perdieron en el tiempo y que sin duda nos dejaron más pobres de espiritu (…).

Duele que celebremos Halloween y San Valentín olvidándonos de nuestras fiestas, “Dovleci sculptati” y “Dragobete” que, al fin y al cabo, significan lo mismo (…)

 Un abrazo y todo mi respeto para vosotros”

Nota: en la imagen, una casa tradicional de Muntenia.

Rumanía durante la Segunda Guerra Mundial (II)

Rumanía durante la Segunda Guerra Mundial (II)

Como habíamos visto en la primera entrada dedicada a la historia de Rumanía durante la Segunda Guerra Mundial, la consolidación del régimen de Antonescu supuso el total alineamiento de Rumanía con las fuerzas del Eje. En la imagen, parada militar en honor a Antonescu, realizada en la Piața Universității de Bucarest en 1941.

Cuando en junio de 1941, la Wehrmacht atacó a la URSS en el marco de la famosa Operación Barbarroja, el Ejército rumano tomó parte activa en la ofensiva junto a los alemanes. 473.000 soldados rumanos participaron en el ataque, encuadrados en el 3º y 4º Ejércitos rumanos. En un asalto fugaz, las tropas rumanas atravesaron el río Prut, recuperaron la Besarabia cedida a los rusos, conquistaron Odesa y alcanzaron incluso Sebastopol.

Entre 1941 y 1942, las 26 divisiones de los ejércitos rumanos se fueron adentrando cada vez más profundamente en el territorio de la URSS hasta que el Ejército rumano, que ocupaba los flancos de Stalingrado y protegía al VI Ejército alemán, fue objeto directo de la ofensiva del Ejército Rojo. El envite soviético logró desbaratar la resistencia de los ejércitos rumanos y, a finales de noviembre de 1942, consiguió rodear al VI Ejército alemán que sitiaba la ciudad. Los rusos conocían el deficiente armamento de los ejércitos rumanos y contaban, además, con una superioridad de tres a uno en material, tanques y armamento. El centro del III Ejército, al mando del general Lascar, logró resistir varios días la acometida soviética, perdiendo más de un 90% de sus efectivos antes de ser derrotado.

Antonescu trató de refutar las quejas germanas sobre el desempeño de las tropas rumanas en la batalla apelando al inadecuado armamento de su Ejército, a la longitud excesiva del frente a su cargo y a la falta de las necesarias reservas que hubiesen podido permitir un repliegue o un contraataque, pero la realidad era que sus tropas adolecían de falta de instrucción, particularmente entre los suboficiales, y sufrían los efectos de un deficiente cuerpo de oficiales. Finalmente, en febrero de 1943, debido a la rendición en Stalingrado del VI Ejército alemán de Friedrich Paulus y a las graves pérdidas sufridas en los distintos ataques del Ejército Rojo, el Ejército rumano quedó diezmado y las tropas restantes iniciaron la retirada.

Mientras, en el interior de Rumanía, la resistencia rumana – formada básicamente por miembros del débil Partido Comunista-  apenas pudo realizar algunas acciones aisladas y sabotajes contra el régimen fascista de Antonescu. Cuando, en la primavera de 1944, las vanguardias del Ejército Rojo alcanzaron las fronteras rumanas, el rey Miguel, temeroso de que el país cayese en la órbita soviética, propuso algunas iniciativas de paz por separado a los anglo-americanos, sin embargo, acabaron cayendo en saco roto por los acuerdos alcanzados en las conferencias interaliadas de Teherán y Moscú. Por su parte, la oposición se organizó en el Frente Democrático Nacional, formado por los liberales de Gheorghe Brătianu, los nacional-campesinos de Iuliu Maniu, los socialistas de Titel Petrescu y los comunistas de Lucretiu Patrascanu.

 

¡De la que se han librado algunos!

¡De la que se han librado algunos!

Aunque sea políticamente incorrecto afirmarlo, estoy convencido de que algunos descerebrados no deberían tener hijos. Gracias a Dios, la ley pone cada vez más complicaciones a sus fechorías.

El artículo 84 del nuevo Código Civil de Rumanía ha establecido que para nombrar a los recién nacidos no podrán emplearse “nombres indecentes, ridículos y otros que afecten al orden público, las buenas costumbres o los intereses del niño”.

En 2010 existían en Rumanía 611 desgraciados llamados Toronegro (Bounegru), 581 Muerto (Mortu), tres Cojón (Coi), un Tonto (Prostu), varios Culo (Curu) e incluso algún Agrio (Acru). Padres institucionalizados llamaron a sus hijos Justicia (Justitia), Policía (Politia), Gendarmería (Jandarmeria), Bombero (Pompierul) y a alguna pobre niña, Ambulancia (Ambulanta). Esperando ser proféticos y que el chaval sacase a la familia de pobre, hay quien ha bautizado a su churumbel como Presidente o Ministro.

El fútbol también causa estragos por estos lares, de modo que la cantera de futbolistas ricos y famosos es también otra fuente de inspiración, destacando los Beckham, Figo y Zidane. Los más generalistas han empleado con sus vástagos el bonito nombre de Joaca-Bine (Juega bien).

Algunos rocambolescos nombres tienen incluso justificación y, de este modo, un pariente reconocía ante la prensa hace unos días: “Querían ponerle Ion pero, al verle vestido de blanco nada más nacer, pensaron que le sentaba muy bien el color y decidieron ponerle Doctor”.

Otros nombres que empleados en Rumanía y de los que deja constancia el Anuario Estadístico del país para el año 2010 son Hitler, Basura, Pezón, Paracetamol, Vitrina y Semáforo.

Curiosamente, la limitación del uso de ciertos nombres ha generado críticas entre algunos padres, que todavía guardan la esperanza de poder dar rienda suelta a su originalidad – o a su mala leche – tras escuchar a un miembro del Consejo Superior de la Magistratura afirmar que, en caso de duda, escucharán a los afectados ya que el Código Civil “no define qué significa indecente o ridículo”.

Confío en que la nueva norma limitará este despropósito y pondrá coto a padres tan extravagantes.

El discurso del Rey

El discurso del Rey

Ayer, con motivo de su 90 cumpleaños y 64 años después de su destronamiento por parte de los comunistas, el rey Miguel I se dirigió al pueblo rumano desde la tribuna de los oradores del Parlamento.

Con una dignidad y un estilo impropios de la política rumana, el rey Miguel, acompañado en todo momento de su hija Margarita, empezó su discurso con un homenaje a los caídos en la defensa del Rumanía, reivindicó la importancia de la monarquía para la historia del país, repasó los éxitos de la democracia, habló de recuperar la dignidad y el orgullo y, sobre todo, lanzó duras críticas a las “malas costumbres” de la casta política que ocupa las bancadas del Parlamento, a su falta de ética, a su demagogia y a su deseo de aferrarse al poder. A pesar de todo, cuando terminó su discurso, los parlamentarios ovacionaron al rey durante varios minutos, puestos en pie.

El acto de ayer en el Parlamento rumano fue el punto final a un enconado debate que ha durado varias semanas. En un primer momento, el rey fue invitado por el Partido Nacional Liberal a hablar en el hemiciclo, sin embargo, el gobierno tumbó la iniciativa en una primera votación. Basescu, un personaje zafio, corrupto y prepotente, había desatado hacia poco una gran polémica al acusar al rey de ser “vasallo de Moscú” - por aceptar el chantaje al que fue sometido para renunciar al trono, hecho al que me referiré en una próxima entrada - y culpable del Holocausto en Rumanía. Ante semejantes acusaciones, solo propias de alguien que ignora la historia del país o de un ser infame, el rey Miguel guardó un digno silencio y enfrió una querella que Basescu quería emplear para distraer la atención de su manifiesta mala gestión. En estas circunstancias, el diputado del PDL – es decir, del mismo partido que Basescu -, Theodor Paleologu, inició una campaña dentro del partido para que algunos diputados cambiasen el sentido de su voto y, finalmente, en una segunda votación, la presencia del rey Miguel en el Parlamento fue aprobada. Atrincherado en su ignominia, Basescu no asistió ayer al Parlamento, como tampoco lo hizo ninguno de los ministros - excepto el de Justicia, Cătălin Marian Predoiu - que forman su gobierno, ausencia que es de agradecer pues sólo hubiesen degradado un acto solemne.

Por la noche, en el Palacio Nacional de la Opera, se celebró un concierto al que asistieron miembros de otras casas reales europeas, entre ellos, la reina Sofía, que fue sorprendida a su llegada por la multitud apostada frente a la sala de conciertos con una gran aclamación. El público recibió al rey cantando la versión rumana del cumpleaños feliz y se escucharon lemas como el Trăiască Regele! (¡Viva el Rey!) o el famoso Monarhia salvează România! (¡La monarquía salva a Rumanía!), generalizado entre los sectores más monárquicos durante la revolución de 1989.

Ayer fue un día histórico para Rumanía. 

Rumanía durante la Segunda Guerra Mundial (I)

Rumanía durante la Segunda Guerra Mundial (I)

El golpe de Estado que provocó la abdicación de Carol II en su hijo Miguel consagró la dictadura del Conducator Antonescu y de la Guardia de Hierro, rebautizada como Movimiento Legionario y convertida en partido único. Pero esta alianza duró poco. Antonescu era un conservador que se apoyaba en el Ejército, la Iglesia ortodoxa y los medios empresariales mientras que los legionarios defendían un fascismo radical, totalitario y anticapitalista. Al alcanzar el poder, los legionarios desataron una violenta campaña que costó la vida a muchas personalidades políticas, como Nicolae Iorga, y a numerosos intelectuales y empresarios judíos. Antonescu, consciente de que los nazis preferían como socios a dictaduras conservadoras que a fascistas de izquierda, pactó con los alemanes una actitud pasiva y, en enero de 1941, dio la orden al Ejército de desarmar a los camisas verdes. La represión fue implacable y sólo Horia Sima y un puñado de legionarios consiguieron escapar a Alemania. 

Libre de rivales, Antonescu mantuvo el Estado fascista y vinculó su suerte con la de las armas del Eje mediante su adhesión al Pacto Tripartito. En verano de 1941, Bucarest declaró la guerra a la Unión Soviética. El ejército rumano tomó parte en el ataque a Ucrania y llegó hasta Stalingrado. Como recompensa, Rumanía recuperó Besarabia y pasó a administrar una franja de tierra entre el Dniester y la ciudad de Odesa, llamada Transnistria. En la imagen, el mariscal Antonescu junto al joven rey Miguel I.

Como en el caso de otros países aliados del Eje, Rumanía puso su economía al servicio del esfuerzo de guerra alemán. Las exportaciones de petróleo y trigo fueron controladas por las autoridades económicas alemanas, que los adquiría a precio de saldo. Muchas empresas locales pasaron a manos de capitalistas germanos, miles de trabajadores fueron enviados al territorio del Reich y otros tantos jóvenes al frente. Los artículos de primera necesidad empezaron a escasear y en 1943 empezó el racionamiento. En esas circunstancias, la inflación se desbocó y floreció el mercado negro. Paralelamente, los nazis presionaron a Antonescu para establecer una legislación antisemita, actitud que cayó en terreno abonado, por lo que se excluyó a los judíos de muchas profesiones liberales y se les prohibió conducir o tener radios. Tras el período de barbarie legionaria contra los judíos, las autoridades evitaron en la medida de lo posible las deportaciones masivas a los campos del Reich, si bien continuaron el acoso en la propia Rumanía.

La fueza del destino

La fueza del destino

Rumanía, Rusia y el escudo antimisiles de EEUU

Rumanía, Rusia y el escudo antimisiles de EEUU

Tras la llegada del estigmatizado George W. Bush a la Casa Blanca, EEUU puso en marcha un carísimo programa de defensa llamado Escudo Antimisiles o, en la jerga militar, Sistema ABM. Sin entrar en detalles, se trata de un sistema de defensa diseñado para interceptar misiles enemigos antes de que lleguen a su destino. Mediante este escudo protector, EEUU afirma proteger a sus aliados europeos de los ataques de los bautizados como estados terroristas, es decir, Irán y Corea del Norte. Por su parte, desde que se produjeron los primeros movimientos de EEUU para formalizar su escudo - entre ellos, pedir apoyo a Rumanía para instalar parte del sistema en su territorio -, Rusia ha alzado la voz en su contra y ha lanzado graves amenazas que alertan con la reedición de la temida Guerra Fría.

¿Por qué?

Rusia, Bielorusia y Kazajstán han llegado, no hace demasiado tiempo, a un acuerdo para la creación de un mercado común e incluso se han planteado tener una sola moneda. Ucrania, más inestable políticamente, con una lucha encarnizada entre pro-rusos y pro-occidentales, ha mostrado también su interés por participar en este proyecto, lo que podría acabar resucitando una estructura parecida a la de la Unión Soviética. A pesar de todo, todos estos países, ricos en materias primas, necesitan la tecnología y el capital de la Unión Europea y, más concretamente, de Alemania (el miembro más capaz y solícito), para invertir las divisas producto de la venta de sus recursos naturales en crear un tejido industrial potente y unas infraestructuras modernas.

Por su parte, Alemania, harta de la Unión Europea y especialmente de sus socios más díscolos, mira hacia Rusia para proveerse de lo que necesita (principalmente, energía) y reencauzar su maltrecha economía. Paralelamente, el declive demográfico alemán puede acabar arruinando la infraestructura industrial alemana pues la escasez de mano de obra, combinada con una población envejecida, garantiza el desastre económico. En este contexto, en Rusia puede encontrar un excedente de mano de obra barata e incluso terreno abonado donde trasladar parte de su producción. Además, Alemania quiere distanciarse discretamente de Estados Unidos, sobre todo después de que reclamara su apoyo en la impopular y atascada guerra de Afganistán.

Estando así las cosas, si Alemania y Rusia siguen alineándose, los países que se encuentran entre el Báltico y el Mar Negro serán indispensables para la política norteamericana. Polonia es el más grande de ellos y el situado más estratégicamente y, aunque le beneficia claramente ser miembro de la Unión Europea, le aterra quedar bajo la influencia de sus enemigos históricos. Por su parte, EEUU necesita limitar la entente ruso-alemana o, al menos, crear un contrapeso en la región. Por este motivo, cuando Washington empezó a desplegar el sistema ABM, escogió Polonia para instalar las primeras baterías de misiles. Rusia se opuso enérgicamente pues sabía que los sistemas estratégicos de este tipo necesitan ser protegidos y se temía, por tanto, un despliegue de tropas norteamericanas cerca de su frontera. Todo ello se pone todavía más de manifiesto cuando se tiene en cuenta que ni Irán ni Corea del Norte tienen capacidad para lanzar misiles de un alcance de hasta ocho mil kilómetros ni los tendrá en un futuro próximo.

Algo parecido ocurre con Rumanía. Para Estados Unidos es imperativo reforzar sus relaciones con el gobierno rumano, apoyarle económicamente y ayudarle a modernizar sus fuerzas militares (lo mismo ocurre con el eslovaco y el húngaro), es decir, crearle la necesidad de ser pronorteamericano. En consecuencia, el mes pasado la administración Obama llegó un a un acuerdo con el gobierno de Basescu para instalar una base de interceptores de cohetes de medio alcance SM-3 en Rumanía.

En este tablero de ajedrez, la derrota de Georgia frente a Rusia en 2008, ante la pasividad de los norteamericanos, incrementó la incertidumbre política en Rumanía y el resto de países del cinturón defensivo frente a Rusia pero la realidad es que EEUU sólo sacrificó un incómodo peón – al fin y al cabo, su aliado en la zona para contener a Rusia es Turquía - para obtener otras concesiones puntuales de Moscú, especialmente en el escenario centroasiático. Toda esta política tiene un cierto medioplacismo pues, en el fondo, EEUU espera que Rusia acabe hundiéndose de nuevo. Su dependencia de las exportaciones de mercancías le permite llenar sus arcas pero no está fortaleciendo su economía, lo que unido al fuerte declive demográfico que empieza a padecer y a una estructura geográfica incómoda, la condena a un futuro incierto, especialmente si no obtiene el apoyo alemán que tanto necesita.