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Bucarestinos

El rey Carol I en la Exposición Nacional Rumana de 1906

El rey Carol I en la Exposición Nacional Rumana de 1906

El artífice de la Exposición Nacional Rumana de 1906 fue el rey Carol I, que en esta imagen vemos llegando al parque que lleva su nombre para inaugurar el evento.

Esta imagen está tomada del libro Modern Romania 1859 - 1949, publicado recientemente por la editorial Noi.

El Palacio de las Artes durante la Exposición Nacional Rumana de 1906

El Palacio de las Artes durante la Exposición Nacional Rumana de 1906

En la entrada que dediqué hace unos meses a la Exposición Nacional Rumana, celebrada en Bucarest en 1906, indiqué erróneamente que el Palacio de las Artes había sido destruido por los comunistas, tras su llegada al poder en 1947, por considerarlo de un estilo “demasiado burgués”.

Lo cierto es que este bonito edificio, levantado en estilo neorumano de acuerdo con los planos de los arquitectos Ştefan Burcuş y Victor Ştefănescu y que, entre 1923 y 1938, albergó las colecciones del Museo Militar Nacional, fue demolido en el año 1942 a causa de los daños que sufrió durante el terremoto de 1940.

Sea como fuere, la foto que encabeza esta entrada demuestra lo espectacular de su diseño y nos permite comprobar dónde se situaban originalmente los dos gigantes del escultor Dimitrie Paciurea que, junto a otra estatua, formaban una fuente monumental. Ambas esculturas todavía pueden contemplarse hoy, alejados de su lugar original, en el Parque Carol I.

Esta fotografía pertenece al excelente libro titulado Modern Romania 1859 - 1949, publicado recientemente por la ediorial Noi. 

Piaţa Amzei (Bucarest, 6 de febrero de 2012, 14:12 h)

Piaţa Amzei (Bucarest, 6 de febrero de 2012, 14:12 h)

Calea Victoriei (Bucarest, 6 de febrero de 2012, 09:25 h)

Calea Victoriei (Bucarest, 6 de febrero de 2012, 09:25 h)

¡Qué le corten la cabeza!

¡Qué le corten la cabeza!

Esta mañana ha rodado una de las cabezas más esperadas del gobierno, la de Emil Boc, primer ministro de Rumanía.

Los manifestantes de Piaţa Universitate, centro simbólico de esta segunda revolución, y del resto del país pueden sentirse satisfechos pues, por primera vez en la Rumanía democrática, la presión de la calle ha conseguido que un político dimita, aunque le haya costado tanto tomar la decisión. Ni la nieve, ni las bajas temperaturas ni los vientos helados los han devuelto a casa durante estos durísimos últimos días y, finalmente, han obtenido su recompensa.

¡Bravo!

La coalición opositora entre el Partido Social Demócrata (PSD) y el Partido Nacional Liberal (PNL) se ha apresurado a celebrar la dimisión, aunque poco o nada haya tenido que ver su lamentable actitud tabernera de boicotear el Parlamento.

Hasta aquí la historia bonita, la que reflejan ya las portadas de todos los periódicos, incluso los españoles, que por una vez echan la vista hacia la derecha en el mapa de Euorpa y se acuerdan de Rumanía. La realidad es que esta es una victoria a medias pues la cabeza más deseada es la de Basescu. Emil Boc, antiguo alcalde de Cluj, es un político con experiencia que en su ciudad supo demostrar una gran capacidad de gestión pero que, una vez en Bucarest, se encontró un país ingobernable dirigido por un despótico Basescu que, aunque compañero de partido, ha sido su peor enemigo.

Los manifestantes están contentos y tienen motivos para estarlo, sin embargo, debemos ser honestos y reconocer que no han sido ellos los que han condenado a Boc, sino la necesidad de Basescu de sacrificarlo para perpetuarse en el poder, al menos, hasta las elecciones de noviembre. El antiguo capitán de la marina mercante rumana, reconvertido en corsario, ha prescindido de un grumete para salvar su puesto de timonel y seguir con su enloquecida carrera totalitaria hacia el hundimiento definitivo de su partido, hoy a 40 puntos de distancia de la coalición antinatura formada por socialistas y liberales.

En unas horas sabremos a quién designa Basescu como nuevo primer ministro.

Dios nos pille confesados.


Tregua climática

Tregua climática

La meteorología nos ha dado un respiro. El mercurio ha escalado posiciones y se ha acercado a los 0 ºC e incluso los ha superado. Ayer llovió y el frío de la noche nos ha dejado una bonita estampa de árboles helados.

Las calles se han convertido en pistas de hielo y hoy, más que nunca, son necesarios los neumáticos de invierno. Frenar el coche es casi una utopía y pasear es imposible, sólo se puede patinar.

De momento, la nieve se aleja. La alerta ha disminuido de naranja a amarilla. Se esperan vientos moderados, algún copo aislado y temperaturas bajas, cada vez más bajas a medida que nos adentremos en la nueva semana, hasta los – 15 ºC, aunque con una sensación térmica de – 22 ºC.

El miércoles será uno de esos días para quedarse en casa.

Código naranja por temporal

Código naranja por temporal

El Instituto Nacional de Meteorología de Rumanía ha emitido una advertencia de código naranja por temporal de viento, nieve y  hielo para este fin de semana. Se prevén nieve en abundancia, vientos de entre 50 y 60 km/h y mucho hielo por las calles. El lunes podría decretarse el código rojo.

Hace frío, es cierto. Desde hace un par de días, al salir de casa camino del trabajo, la temperatura no suele superar los – 15 ºC, lo cual quiere decir que por la noche hemos rondado los – 20 ºC (nuestro coche, en consecuencia, se ha puesto en huelga y, aunque conserva la batería, hoy no se ha querido mover). Durante el día no para de nevar, aunque las nevadas de la semana pasada superaron con creces las de las últimas horas.

Casualmente, mañana se cumple el 58 aniversario de la gran nevada que cayó sobre Bucarest el 3 de febrero de 1954. Aquella mañana, los bucarestinos se despertaron bloqueados en sus casas pues entre 2 y 5 metros de nieve, según las zonas, cubrían calles, plazas, parques y avenidas. En aquella ocasión, los vientos alcanzaron los 126 km/h.

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Veremos qué ocurre mañana y si Enlil, dios de las tormentas, quiere repetir su hazaña.

La ilustre historia de la kula de Budeasa

La ilustre historia de la kula de Budeasa

Sabemos de la insigne leyenda de la kula de Budeasa, nada más y nada menos que por un texto del iluminista francés por excelencia, Voltaire, quien escuchó la anécdota del oficial español Roberto José de la Cerda, conde de Villalonga. El noble español sirvió durante años al rey de Suecia, Carlos XII y, tras su muerte, regresó a España pasando por Francia, donde le contó a Voltaire las peripecias del monarca nórdico. Por aquel entonces, el poder de los monarcas suecos ya se había reducido drásticamente y el parlamentarismo de abría paso con fuerza, por lo que Voltaire consideraba que Suecia era “el Estado más libres del mundo” y quería saberlo todo para comprender los motivos de tanta libertad.

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A principios del siglo XVIII, Europa estaba inmersa en dos enormes escenarios bélicos. Por un lado, las potencias occidentales y centroeuropeas luchaban en España en la Guerra de Sucesión (1701 – 1715) mientras que en el norte, Suecia se enfrentaba con todos sus vecinos por la supremacía del Mar Báltico en la llamada Gran Guerra del Norte (1700 – 1721). Tras ser derrotado en la batalla de Poltava (7 de julio de 1709), el zar permitió a Carlos XII exiliarse a Moldavia, entonces un territorio del Imperio Otomano, por lo que el monarca, acompañado de sus más fieles seguidores – y el conde de Villalonga se contaba entre ellos – puso rumbo a la ciudad de Bender, también conocida como Tighina, hoy situada en la región separatista de Transnistria.

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El desventurado Carlos XII atravesó Europa, cruzó Transilvania y se internó en el territorio de Valaquia, encontrando refugio en una formidable casa que los lugareños llamaban kula. Aquel imponente caserón había sido construido, más de 200 años antes, por el capitán Pană, combatiente de otomanos y nobles húngaros junto a Miguel el Valiente (1558 – 1601). Cuando el rey sueco se alojó allí, la kula pertenecía a alguna familia boyarda local aunque, unos años después, a mediados del siglo XVIII, pasó a manos del Gran Preboste de Valaquia, Şerban Budişteanu, encargado de las finanzas y la justicia del Principado. La gloriosa kula se mantuvo en la familia Budişteanu hasta mediados del siglo XX y, tanto el general Alexandru Budişteanu (1836 – 1919) como su hijo Dimitrie, la modificaron y ampliaron hasta darle el aspecto que hoy tiene.

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Dos grandes S coronadas, junto a la fecha de 1762, decoran la fachada, posiblemente en referencia a su propietario, Şerban Budişteanu. En el centro, un escudo de mármol indica, según afirman los que saben de heráldica, que allí se alojó un rey, posiblemente el desdichado Carlos XII, en su camino hacia el exilio.

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Más modesta, la kula albergó durante años la comisaria de Budeasa y actualmente está en plena reforma, a la espera de la inauguración de un museo que cuente su glorioso pasado y el de la región.

 

Tochitură Moldovenească

Tochitură Moldovenească

Hoy luce un sol espléndido, aunque la temperatura no sube de los – 7 ºC, por tanto, nada mejor que un plato contundente para calentar el cuerpo.

La tochitură es uno de los platos más típicos, consistentes y gustosos de Moldavia y a su favor tiene, además, su sencilla preparación. Los ingredientes necesarios para 4 personas son:

-          400 gr de solomillo de cerdo, cortado en cubos como para un guiso

-          3 cucharadas de aceite de oliva

-          400 gr de salchichas ahumadas en rodajas (alternativamente pueden emplearse 400 gr hígado de cerdo, cortado a cubos)

-          2 dientes de ajo, fileteados

-          2 cucharaditas de sal

-          1 cucharadita de pimiento

-          1 cucharadita de pimentón dulce

-          Polenta. Puede adquirirse en el supermercado de El Corte Inglés (Harina de maíz para polenta express Ferrero, paquete de 500 g)

-          1 cucharada sopera de mantequilla

-          4 huevos

-          150 ml de vino

-          150 gr de queso telemea o, en su defecto, feta

En una sartén, calentar el aceite a fuego medio. Añadir el solomillo de cerdo y freír entre 5 y 6 minutos, dándole vueltas con una cuchara de madera.

Añadir las salchichas, el ajo, la sal, la pimienta y el pimentón. Cocinar otros 5 ó 6 minutos.

Añadir el vino, remover, bajar el fuego y cocinar otros 20 minutos. Mientras tanto, preparar la polenta según indican las instrucciones del paquete de harina de maíz.

Cuando esté todo preparado, freír los 4 huevos.

Para presentar el plato, se coloca la polenta ocupando medio plato y la carne en la otra mitad, junto al queso. Sobre la polenta, se coloca un huevo frito.

Temporal

Temporal

Hace un par de días empezó un temporal de nieve y viento helado en Bucarest que ha dejado, de momento, medio metro de nieve sobre la ciudad. Tras un principio de invierno especialmente seco, se agradece la llegada de la nieve, aunque haya sido de manera tan abrupta.

Como desgraciadamente suele ocurrir cada vez que hay tormentas de este tipo, Rumanía se ha colapsado. En Bucarest se circula relativamente bien porque la mayor parte de los coches se quedan en casa, sin embargo, en el resto del país, las autoridades han cortado la circulación en muchas carreteras y en las dos únicas autopistas. Coches cruzados, camiones volcados, quitanieves, ambulancias, bomberos, policía, gente esperando en sus vehículos a ser rescatados y otros caminando a duras penas, entre ráfagas heladas, en busca de refugio, ha sido la estampa habitual de los últimos dos días.

Ayer, un matrimonio que viajaba desde Bucarest a Giurgiu, a sólo 60 Km. de distancia, quedó bloqueado al poco de salir de la capital y el marido murió congelado dentro del coche mientras esperaba a los servicios de emergencia. Las barreras metálicas que impiden que la nieve invada la carretera habían sido robadas hacía poco y nadie se había preocupado en reponerlas. A pesar de ello, 1.300 conductores fueron ayer rescatados de sus vehículos y 900 permanecen todavía aislados en sus coches. En muchos pueblos, la gente ha salido a recoger a los viajeros a la carretera y los ha invitado a sus casas a pasar la noche. Los que no han querido abandonar el vehículo – por miedo a no encontrarlo por la mañana -, han recibido mantas, comida y un té caliente.

Hoy la nieve ha dejado de caer, sin embargo, ahora se abate sobre nosotros una ola de frío que mañana llevará las temperaturas hasta los - 18 ºC o incluso más.

En la imagen, aspecto de nuestro jardín ayer por la noche, 36 horas después de empezar a nevar.

Ya está aquí la nieve (por fin)

Ya está aquí la nieve (por fin)

Ayer nos fuimos a dormir de vacío pero esta mañana hemos amanecido con un palmo de nieve.

Y sigue nevando fuerte.

Stylish people

Stylish people

¿Empiezan a caer? Y llegó el Ejército...

¿Empiezan a caer? Y llegó el Ejército...

Sólo ha sido un hombre. El teniente Alexandru Gheorghe, de la 71 Flotilla Aérea de Câmpia Turzii, se ha unido hoy a los manifestantes de Bucarest vistiendo su uniforme. Los periodistas han saltado sobre él, preguntándole, y en un discurso perfectamente articulado ha dicho que él no está contra Basescu pero que representa a un grupo numeroso de oficiales y suboficiales jóvenes que, de acuerdo con su juramento, tienen como prioridad defender a la nación rumana.

La algarabía televisiva ha sido inmediata. Los tertulianos han recordado cuando, durante la Revolución de 1989, frente a la librería Dalles, los soldados se unieron fraternalmente (sic) a los manifestantes anticomunistas. A cabo de una hora, el teniente Gheorghe era entrevistado en Antena 3 y sometido a un careo con el Vicealmirante Frătilă, portavoz del Ministerio de Defensa, que ante los argumentos a favor del derecho de los militares a unirse a las protestas y su cerrada defensa de la democracia, sólo ha podido responder con amenazas de arresto y expulsión del Ejército.

Como cada noche desde hace 11 días, los manifestantes siguen exigiendo una regeneración de la clase política y la dimisión en pleno del Gobierno y del Presidente Basescu. Aunque quizás puedan albergar alguna esperanza pues acaba de caer el Ministro de Exteriores, Teodor Baconschi, y ha empezado a rumorearse que hoy también puede haber sido el último día en el poder del Primer Ministro Boc.

Sopa de manzanas

Sopa de manzanas

Esta receta de sopa de manzana proviene del viejo principado de Transilvania, aunque tiene un indudable sabor sajón.

Los ingredientes para prepararla son:

-          400 g de carne de ternera cortada en cubos de 2-3 cm de lado

-          Mantequilla

-          2 pastillas de caldo de verdura

-          1,25 litros de agua

-          1 zanahoria grande, pelada y cortada

-          Perejil picado

-          500 g de manzanas, peladas y cortadas en láminas

-          ½ cucharada de harina

-          2 cucharadas de crema de leche

-          Sal y pimienta

-          Azúcar

En una cazuela profunda se sofríen brevemente la ternera y la zanahoria con un poco de mantequilla. Tras tres o cuatro minutos, se cubren con agua, se añade perejil al gusto, un poco de sal, un par de pastillas de caldo de verduras y se lleva a ebullición.

Tapar la cazuela y cocinar hasta que la carne esté blanda. Filtrar el caldo y reservar la carne y la zanahorias.

Volver a colocar el caldo en la cazuela y añadir las manzanas. Una vez estén bien cocidas, añadir las piezas de carne, la zanahoria y la harina bien mezclada con la crema de leche.

Tras cocer un ratito a fuego lento, poner la sopa en una sopera, añadir una pequeñísima cantidad de azúcar, sal, pimienta y un poco de perejil picado.

¡Ya se puede servir!

Scorniceşti y su “hijo más querido”

Scorniceşti y su “hijo más querido”

Scorniceşti es una localidad del departamento de Olt, en la histórica región de Oltenia, que no tendría más trascendencia si Nicolae Ceaușescu no hubiese sido su “hijo más querido”. En la siguiente fotografía, Ceaușescu junto a su mujer y sus padres en una fotografía tomada en 1968.

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Los pueblos cercanos a Scorniceşti son muy humildes, con casas pequeñas levantadas junto a la carretera, cada una con un pequeño jardín que, en ocasiones, alberga un huerto y un puñado de gallinas que picotean el suelo en busca de comida. La mayor parte de las calles están sin asfaltar, el alumbrado público es escaso y no hay demasiados edificios públicos, apenas un ayuntamiento destartalado, una escuela, la inevitable iglesia y un minúsculo magazin mixt donde proveerse de lo que no da la tierra. Scorniceşti no es así.

En 1979, durante un discurso que ofreció a sus antiguos vecinos, Ceaușescu les habló de su sueño de convertir Scorniceşti en un modelo de ciudad socialista agroindustrial, que serviría de ejemplo para el resto del país. Gracias a la ayuda de su hijo más eminente, Scorniceşti se desarrolló como ninguna otra ciudad o comuna de Rumanía, en el centro se derribaron las viejas casas de estilo olteno y en su lugar se levantaron bloques de tres y cuatro pisos, se canalizó el agua potable y el gas, se construyeron alcantarillas y se pavimentaron las calles. En la imagen, a continuación, fotografía de la ficha policial de Ceaușescu con 15 años de edad, tras ser detenido y acusado de "agitación comunista".

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La población, antes dedicada a una economía agrícola casi de subsistencia, fue masivamente empleada en las veinte hectáreas de invernaderos dedicados a la producción de frutas y verduras, en las granjas de cría de vacas, ovejas y de aves de corral o en una de las fábricas de piezas de automoción PULSOR, de conservas cárnicas, de textiles, de pan, de cerveza o de productos lácteos que se abrieron por aquellos años en la localidad.

Pero no todo era trabajo en Scorniceşti. Se abrió un cine, un centro folclórico para los famosos caluşari de la localidad, un complejo turístico, una biblioteca, varias escuelas, un hospital de neumofisiología, una policlínica, dos gimnasios y se levantó un estadio de fútbol para 18.000 personas en el que jugaba el equipo local, FC Olt Scorniceşti.

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La visión de Scorniceşti se había cumplido por lo que cuando, por motivo de su cumpleaños, Ceaușescu visitaba la ciudad, la población salía feliz a las calles a recibirlo. Las cosas marchaban bien e incluso el equipo local de fútbol subió a primera división.

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En 1989 Scorniceşti fue, por fin, declara ciudad, sin embargo, la Revolución truncó su sueño en poco tiempo. Debido al caos del momento, poco a poco los invernaderos fueron abandonándose y la gente volvió a cultivar en su jardín. Las fábricas se cerraron y la gente perdió su trabajo. Los centros de ocio fueron perdiendo clientes, se degradaron y acabaron por cerrar también. Hoy sólo se conservan la biblioteca, las escuelas, los edificios sanitarios y el estadio de fútbol. Todo lo demás está en venta.

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Prácticamente a las afueras de la localidad, junto al cártel que anuncia el principio del pueblo, se levanta la minúscula casa de los Ceaușescu, construida en el característico estilo olteno. Hace tiempo fue comprada por un sobrino del dictador comunista, Emil Bărbulescu, que la rehabilitó y la dedicó a albergar un memorial en recuerdo a su ilustre familiar. A mediados de 2010, no sin polémica, levantó en su jardín un gran busto que recuerda, aún sin citarlo, a quien gobernó los destinos de Rumanía entre 1967 y 1989.

El busto de Ceaușescu de Scorniceşti es el único homenaje público al tirano que existe actualmente en Rumanía.

 

Las protestas no se detienen

Las protestas no se detienen

Ni el regreso de Raed Arafat a su antiguo puesto ni la anunciada retirada de la privatizadora Ley de Sanidad han calmado los ánimos en Rumanía o han devuelto a los manifestantes a sus casas.

La rabia y el asco de muchos rumanos contra una clase política podrida son profundos, pues su prepotencia, su falta de escrúpulos y el latrocinio al que tienen sometido al país parece no tener límite. Ayer, la coalición antinatura de liberales y socialistas organizó un gran acto político frente a la sede del gobierno en Piaţa Victoriei. En río revuelto esperaban la ganancia de pescadores, así que llevaron a sus incondicionales en autobuses, bocata y banderín en mano, hasta la puerta de Basescu, para gritarle su indignación y reclamarle elecciones anticipadas. Embriagados, cuando terminó el acto, desfilaron hacia Piaţa Universitate, el corazón de las protestas, sin embargo, los que allí estaban los recibieron con gritos y pitidos, incluso la policía tuvo que proteger algún incauto político que intentó mezclarse con los manifestantes que llevan instalados varios días.

Los manifestantes de Piaţa Universitate, como el resto de rumanos – excepto los animales de partido -, no quieren a socialistas, ni a liberales ni a pedelistas, quieren una clase política digna, honesta y a la altura de las circunstancias, quieren una vida mejor, exigen respeto y, sobre todo, el fin del saqueo de Rumanía.

Aún así, en estas circunstancias, todavía queda lugar para el arte y el humor. Una pintada realizada en el centro de la ciudad, que encabeza esta entrada, dice: “Times New Român”, un juego de palabras entre el nombre de la popular tipografía encargada por The Times en 1931 y la palabra român (rumano), indicando que ha llegado el tiempo de los nuevos rumanos, de una nueva Rumanía. Por su parte, en una gran pancarta en inglés, un cachondo pedía ayuda a Chuck Norris: “Chuck Norris, help!

¡Hasta aquí hemos llegado!

¡Hasta aquí hemos llegado!

El gobierno de Basescu lleva casi dos años estirando de la cuerda de la paciencia de los rumanos, abuso que parecía no tener límite. Así, a los brutales recortes en los salarios públicos, al aumento del IVA, a la reducción de la capacidad adquisitiva de los pensionistas, a los despidos de médicos y profesores, al cierre de hospitales, el presidente Basescu añadió impasible la semana pasada el anuncio de la privatización de una buena parte de la sanidad pública. 

En respuesta, el pasado jueves, el reputado viceministro de Sanidad, Raed Arafat, presentó sonoramente su dimisión. Arafat, un médico de origen palestino que llegó a Rumanía en 1981, fue el creador del servicio de emergencias del Condado de Mureş (servicio que empezó financiando de su propio bolsillo) y, años después, del famoso SMURD, un servicio de emergencias móviles que empezó a funcionar de manera eficiente en toda Rumanía. La renuncia de Arafat encendió rápidamente la chipa de las protestas, que se extendieron por muchas ciudades rumanas.

Inicialmente, los manifestantes acusaban al gobierno de querer acabar con el sistema público sanitario que, aunque con demasiadas ineficiencias e irregularidades, permite que todo el mundo tenga acceso a un cierto nivel de sanidad. Ante el cariz que estaba tomando la situación, Basescu anunció el viernes que retiraba inmediatamente el proyecto de ley.

A pesar de ello, para sopresa de muchos que ven a la sociedad rumana demasiado anestesiada, durante el fin de semana las protestas se mantuvieron por todo el país pero. A las proclamas en defensa de la sanidad pública, se añadió una crítica al Gobierno de Basescu en particular y a la clase política en general, a los que se acusaba de practicar una política depredadora sin límites que está aumentando enormemente la brecha entre los rumanos más ricos – muchos de ellos, políticos - y el resto de ciudadanos. Declaraciones como la del senador Iulian Urban, del partido en el gobierno, que afirmó que los manifestantes son “gusanos que merecen la suerte que tienen” reflejan perfectamente la actitud de una clase política canallesca y de escasa catadura moral que no teme a las consecuencias de sus actos o sus afirmaciones.

El clímax de esta situación se alcanzó ayer en Bucarest, cuando unos 1.500 manifestantes se reunieron a protestar en la simbólica Piaţa Universitate, uno de los escenarios principales de la Revolución de 1989 (en la imagen). La manifestación transcurrió en calma hasta que las principales cadenas de televisión conectaron en directo con la plaza, momento en el cual, un pequeño grupo empezó a increpar a la policía, alguien lazó un cóctel molotov y las fuerzas del orden respondieron con cargas y gases lacrimógenos (oportuno, ¿no?). Hubo decenas de detenidos y heridos en ambos bandos. Uno de ellos, un señor de avanzada edad, gritaba a la cámara mientras se tocaba la cabeza herida: ¡Todos roban, del primero al último, vivimos en un país de ladrones!

Y, desgraciadamente, tiene razón.

 

Kulas

Kulas

Una de las manifestaciones arquitectónicas más curiosas y originales del sur de Rumanía, especialmente de la zona de Oltenia y del oeste de Muntenia, lo constituyen las kulas, unos imponentes edificios semifortificados levantados por los boyardos en el siglo XVIII, que sirvieron de inspiración a los ideólogos del estilo neo-rumano para diseñar sus propias obras a finales del siglo XIX y principios del XX.

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 La nobleza terrateniente válaca, responsable de la construcción de estos peculiares hogares-refugio, posiblemente tomó para definirlos una palabra en la lengua de sus principales enemigos, los turcos, ya que incluso ahora, kula significa torre en lengua turca. Por otro lado, en el sur de los Balcanes - Albania, Bulgaria, Serbia e incluso Grecia -, donde este tipo de edificaciones son comunes aunque ligeramente distintas, se emplea para definirlas una palabra muy parecida, con leves modificaciones.

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La forma de torre de las kulas responde a una actitud de defensa activa y pasiva, dependiendo del lugar donde se construyeron y al contexto socio-político del momento. En Rumanía, la mayor parte de las kulas se levantaron durante asfixiante gobierno de los fanariotas, personajes impuestos desde Estambul para acabar con las veleidades independentistas de los voivodas rumanos. Las presiones de los fanariotas, la rivalidad con otras familias de boyardos y el constante ir y venir de ejércitos y de partidas de bandidos fue el marco en el que nacieron estas mansiones fortificadas.

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 Situadas sobre colinas elevadas y con buenas vistas a su alrededor gracias a sus dos o tres pisos, las kulas eran, al mismo tiempo, residencias y torres de vigía. La fortuna de su dueño normalmente determinaba su tamaño y forma, así como sus características defensivas, sus elementos decorativos y la atención a los detalles. Proporcionales al tamaño de las familias que residían en ellas y a sus posesiones, las kulas son edificios prismáticos de planta prácticamente cuadrada con, como mínimo, 12 metros de lado. Sus muros están hechos de piedra o de ladrillo, tienen más de un metro de espesor y suelen estar reforzados con troncos de roble.

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 La planta baja incluye una gran bodega abovedada, con acceso directo al exterior. Suele tener una o dos cámaras y, ocasionalmente, dispone de un pozo excavado en el centro para asegurar el suministro de agua en caso de un largo asedio. El acceso a la primera planta puede hacerse por el mismo lugar que a la bodega o por un lado. Algunas kulas tienen una escalera de madera, fija o móvil, que da acceso a la primera planta. Las puertas, con una o dos hojas que se abren hacia el interior, son macizas y están normalmente reforzadas con piezas metálicas que las atraviesan y un complejo cerrojo. En muchas ocasiones, el piso superior tiene un balcón con columnas de albañilería o de madera que soportan varios arcos trilobulados, en otras, balcones de madera asoman por los lados del edificio. El tejado, a cuatro aguas, originalmente tenía tejas de madera – algunas de las cuales todavía se conservan -, amplios aleros y, en ocasiones, una ligera cornisa.

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 En ningún caso hay más de tres habitaciones en la primera planta, normalmente son bastante pequeñas, tienen suelos de tarima y el techo con las vigas a la vista o con bovedillas de cañón en el piso superior para protegerlas de un fuego en el tejado. Algunas kulas tienen en sus habitaciones paredes estucadas y elaboradas sovas cerámicas para dar calor. Las habitaciones más pequeñas se empleaban como cocina y una estrecha galería abovedada conducía a la letrina. Las ventanas, cubiertas con una fina membrana de vejiga de pavo tratada con cal y taninos para hacerla transparente, eran estrechas y estaban reforzadas con barras de acero.

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La escasa decoración exterior normalmente consiste en paneles rectangulares con las esquinas biseladas y, entre la planta baja y la primera planta, un cinturón de obra. La veranda, que ocupa toda la amplitud de la fachada, con sus arcos trilobulados, es la característica más llamativa de estos edificios y, al mismo tiempo, el punto más vulnerable, especialmente si pensamos en términos defensivos.

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En Rumanía, pueden visitarse todavía casi 20 kulas en los condados de Vâlcea, Gorj, Mehedinţi, Dolj y Argeş, un inestimable patrimonio que muchos luchan por conservar pero que, desgraciadamente, en algunos casos está amenazado por el abandono, los gamberros y los especuladores inmobiliarios.

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Caso (casi) resuelto

Caso (casi) resuelto

Como expliqué hace unos días, el año ha empezado con un robo en nuestra oficina, perpetrado por uno o varios cacos que se llevaron dos portátiles y nos dejaron un montón de chatarra a cambio.

Los policías que nos visitaron, poco predispuestos al esfuerzo físico y mental, prefirieron que nosotros mismos resolviésemos el asunto visionando las cintas de seguridad de la finca “por si veíamos algo sospechoso”. Evidentemente, desistimos antes de empezar, sin embargo, nuestro aguerrido administrador, el Sr. Assad Hussien, un enorme, simpático y bonachón sudanés, se ha pasado desde entonces analizando las grabaciones hasta darnos una respuesta.

El autor del robo, apodado El Lengua - en la imagen, entrando en el edificio para perpetrar su hazaña -, es un sujeto bien conocido en el barrio. Al parecer, se ganó el mote cuando, escapando precipitadamente tras robar una televisión, tropezó y se arrancó la lengua de un inoportuno mordisco. Las cámaras de seguridad del vestíbulo lo registraron entrando en edificio la noche del 2 de enero, algo después de las cuatro de la mañana. Tras abrir la puerta en modo clásico, es decir, con una ganzúa, se le ve entrar tranquilo, vestido con un anorak de color azul cielo, unas bambas a juego y con las manos en los bolsillos.

Intentó primero apagar las cámaras del edificio desde el cuadro eléctrico de la finca, sin embargo, la maraña de interruptores, cables, fusibles y demás zarandajas eléctricas lo desanimaron pues no sabía dónde tocar. Subió decidido las escaleras, tanteó varias puertas y consiguió entrar en algunos pisos, con el resultado que ya conocemos. Salió unos 45 minutos después, abrazando nuestros ordenadores, y se topó con algunos transeúntes madrugadores que lo reconocieron, según le han dicho al Sr. Assad.

La policía ha sido informada por nuestro administrador, quien les ha proporcionado también fotografías, grabaciones y un estudio del tiempo que pasó el caco en el edificio, sin embargo, el Sr. Hussien cometió el error de denunciar el asunto el sábado pasado, día en el que, según los agentes, no se producen detenciones por mucho que conozcan perfectamente el paradero del autor de un delito.

-         Si usted sabe quién es y dónde está, métalo en el maletero de su coche, llévelo al bosque y déle una paliza – sugirieron al Sr. Hussien los custodios de la seguridad bucarestina, apelando a su formidable envergadura y guiñándole convenientemente el ojo.

Ahora sí creo que acaba este episodio, cuyo epílogo los constituyen dos ordenadores en falta, un par de conocidos más – el amable Sr. Hussien, al que no había tenido la oportunidad de saludar, y El Lengua – y un poco menos de respeto hacia la policía de ésta, nuestra ciudad.

Nicolae Titulescu (en el despacho de Rajoy)

Nicolae Titulescu (en el despacho de Rajoy)

Me ha sorprendido leer en la prensa que, sobre una mesita baja situada entre los sofás del despacho del presidente del Gobierno de España, se encuentra un libro ilustrado sobre el ministro de exteriores rumano y presidente de la Sociedad de Naciones, Nicolae Titulescu (1882 – 1941). El libro ha llamado la atención porque, entre sus páginas, asoma un punto con los colores de la bandera rumana que ha sobresaltado a algún periodista al confundirla con una bandera republicana.

Nicolae Titulescu nació en Craiova en 1882, poco después de la independencia de los principados rumanos. De familia de abogados, pasó su infancia en Tituleşti (Olt) y, tras terminar sus estudios en el instituto Carol I de Craiova, se trasladó a estudiar Derecho a París, donde se doctoró con la tesis Essai sur une théorie des droits éventuels.

En 1905 regresó a Rumanía como profesor de derecho en la Universidad de Iaşi, iniciando en seguida su actividad política. Elegido diputado del Partido Conservador Demócrata de Take Ionescu en las elecciones de 1912, acabó siendo nombrado ministro de finanzas en el gobierno liberal de Ion I. C. Brătianu.

En la recta final de la Primera Guerra Mundial, estableció en París junto a Take Ionescu, Octavian Goga y otras personalidades el Comité Nacional Rumano, único órgano de representación de los rumanos reconocido por los Aliados, que presionó internacionalmente para favorecer la unión de Transilvania con Rumanía, arrebatándosela así a la derrotada Hungría.

Durante el turbulento período entre 1927 y 1936, Titulescu ocupó el cargo de ministro de Exteriores en dos ocasiones (1927-1928 y 1932-1936), simbolizando la adhesión de Rumanía a las políticas filofrancesas, la defensa de la seguridad colectiva y el desarrollo de la Sociedad de Naciones.

Desde 1921, Titulescu fue delegado permanente de Rumanía en la Sociedad de Naciones de Ginebra, convirtiéndose en su presidente en 1930 y 1931. Desde este cargo, Titulescu defendió el mantenimiento de las discutidas fronteras establecidas por los tratados de paz de 1919 y abogó por las buenas relaciones y el respeto mútuo entre los viejos y los nuevos países europeos surgidos tras el conflicto mundial. En un escenario donde la derecha conservadora y la más radical ascendían de forma imparable, Titulescu fue muy criticado por su acercamiento a la Unión Soviética y por sus abiertas simpatías hacia la izquierda europea, concretamente durante la Guerra Civil española.

Titulescu navegó en el movido mar de las relaciones internacionales entre las dos guerras mundiales. Consciente del peligro que suponía el nazismo alemán, Titulescu trabajó intensamente para establecer alianzas que limitasen el poder germano y evitasen futuros conflictos regionales, especialmente a través del reforzamiento de los lazos entre Francia y la Pequeña Entente formada por Chescoslovaquia, Yugoslavia y Rumanía (1933) y de la creación de la Entente de los Balcanes (1934), establecida por Yugoslavia, Turquía, Grecia y Rumanía.

La irrefrenable ascensión alemana convenció a Titulescu de la necesidad de establecer un contrapeso que sólo podía provenir de la Unión Soviética, a la que se mostró dispuesto a apoyar para que ingresase en la Sociedad de Naciones a cambio del reconocimiento de la soberanía rumana sobre Besarabia, espinoso tema que enfrentaba a ambas naciones. De acuerdo con esta política de alianzas, en 1935 Titulescu trató de forjar una alianza entre Francia, la Pequeña Entente y la URSS, aún cuando los soviéticos se negaban a reconocer la anexión de Besarabia. La invasión italiana de Etiopía provocó una reacción airada de Titulescu, que defendió la imposición de sanciones a Italia, importante socio comercial de Rumanía, en contra de la opinión del rey y de gran parte de la clase política. El fracaso de las sanciones contra Italia y el desprestigio de la Sociedad de Naciones ante su incapacidad en la crisis de Manchuria de 1932, menguaron la reputación del ministro de Exteriores. La puntilla llegó en julio de 1936, cuando Titulescu y el ministro de exteriores soviético Litvinov lograron alcanzar un acuerdo preliminar sobre Besabaria. El rey Carol II, desconfiando de las intenciones de Titulescu, forzó su caída y le invitó a abandonar Rumanía, decisión que anuló el preacuerdo con los rusos y provocó el exilio de Titulescu primero a Suiza y, más tarde, a Francia.

Aunque Titulescu siguió dando conferencias y publicando artículos a favor de la paz y anunciando los peligros de una nueva guerra, ello no evitó que Rumanía, gobernada por un totalitario Carol II, se deslizase hacia una inevitable alianza con la Alemania nazi. Nicolae Titulescu murió en Cannes, tras una larga y dolorosa enfermedad, en marzo de 1941, aunque su cuerpo descansa en la Iglesia San Nicolás de Braşov.