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El origen de los nombres de los barrios de Bucarest: Titan-Balta Albă

El origen de los nombres de los barrios de Bucarest: Titan-Balta Albă

Viendo un plano de la ciudad de Bucarest, me preguntaba hace poco sobre el origen de los nombres de los barrios que conforman la ciudad así que me lancé a investigar un poco. Como los resultados han sido sorprendentes, me propongo dedicar más de una entrada a este asunto.

La historia de Balta Albă es bastante tétrica. Entre 1813 y 1814, un brote de peste bubónica asoló la ciudad de Bucarest. La epidemia, bautizada como plaga de Caragea en honor al príncipe fanariota que gobernaba entonces Valaquia, mató a unas 25.000 personas, cuyos cadáveres eran trasladados masivamente a un gran hoyo situado a las afueras de la ciudad y cubiertos de cal. Las fuertes lluvias acabaron por formar un lago en el hueco ocupado por los cadáveres y el agua se tornó blanca debido a la macabra mezcla de cal y cadáveres descompuestos. Este escatológico lago dio el nombre al barrio que allí surgió después, literalmente Poza Blanca (Balta Albă).

En 1912, en esta zona se fundó la modernísima fábrica de cemento Titan (hoy desaparecida), con un enorme horno rotatorio de 2,5 metros de diámetro y 50 de longitud que producía 100 toneladas de cemento diarias. Su impacto para los vecinos de la ciudad fue tal que acabó rebautizando el barrio como Titan-Balta Albă.

Encabezando esta entrada, collage con una fotos propagandísticas del "Barrio de los hombres trabajadores", Titan-Balta Albă, probablemente de los años 60 y 70.

El primer tratado hispano-rumano de la historia (1450): Alfonso V de Aragón y Iancu de Hunedoara

El primer tratado hispano-rumano de la historia (1450): Alfonso V de Aragón y Iancu de Hunedoara

Hace unos días explique cómo, a lo largo de los siglos XIII y XIV, mercaderes catalano-aragoneses establecieron varias rutas comerciales hacia el Mediterráneo oriental. El último impulso del imperialismo catalano-aragonés en el Mediterráneo llegó, ya en el siglo XV, con Alfonso V el Magnánimo (1416-1458) quien consiguió anexionar el reino de Nápoles en 1443, en lucha contra los franceses y las potencias italianas (Venecia, Florencia y el Papa). A partir de entonces, Alfonso V estableció su corte en Nápoles, convirtió la ciudad un gran centro humanístico y se dedicó por completo a la política italiana.

El inicio de la lucha de Alfonso V por el trono de Nápoles se produjo cuando, tras ayudar a Juana II de Nápoles en su lucha contra los franceses, fue nombrado heredero al trono (1421). Juana II era hija de Carlos II de Hungría. Al morir Carlos II, ella aspiró al trono húngaro como legítima heredera, sin embargo, el trono recayó en otra rama de la familia Anjou, a la que había pertenecido Carlos II. A pesar de todo, según una costumbre de la época, Juana mantuvo el título de reina de Hungría como muestra de sus aspiraciones.

Tras muchas vicisitudes, Alfonso V consiguió acceder definitivamente al trono de Nápoles, motivo por el cual la cancillería aragonesa empleó a partir de entonces el título de rey de Aragón, Valencia, Mallorca, Cerdeña, Córcega y Sicilia, conde de Barcelona, Rosellón y Cerdaña, duque de Atenas y Neopatria, además de rey de Nápoles, Hungría y Jerusalén. Como en el caso de Juana II, alguno de estos títulos tampoco eran más que el reflejo de las ambiciones políticas de los reyes de Aragón. Precisamente, Hungría y Jerusalén eran titulaciones tradicionales de los reyes de Nápoles, de las que Alfonso se consideró legítimo heredero, aún sin tener el control efectivo de estos territorios.

Mientras esto sucedía en Occidente, Europa Oriental se enfrentaba al imparable avance turco. Atendiendo al dicho de que en río revuelto, ganancia de pescadores, en el mismo año de la anexión del reino de Nápoles (1443), Alfonso V de Aragón, respondiendo al llamamiento de cruzada contra los turcos realizada por el papa Eugenio IV en el concilio de Florencia (1438), se alió con el rey Vladislao I de Hungría y Polonia. Alfonso aportó poco más que su apoyo moral a la cruzada, así que Vladislao I, junto a Iancu de Hunedoara, voivoda de Transilvania, y al líder militar Skandenberg de Albania, se enfrentaron sólo con sus tropas a Murat II en la batalla de Varna, donde fueron derrotados y el rey húngaro muerto (1444).

El reino de Hungría quedó en manos de Iancu de Hunedoara, regente del niño Ladislao, menor de edad, entre 1446 y 1452. La muerte de Vladislao I no podía ser más oportuna así que, en 1450, Alfonso V renovó su acuerdo de alianza con Iancu de Hunedoara, sin embargo, tan escasa implicación en el escenario le impidió realizar su sueño de acceder efectivamente al trono húngaro, que acabó recayendo en el célebre Matías Corvino, hijo de Iancu de Hunedoara.

A modo de curiosidad, otro modo de estrechar sus lazos con el reino húngaro fue la institución de la Orden del Dragón en Nápoles. La Orden del Dragón era una orden de caballería fundada por el rey Segismundo de Hungría en 1408 con el objetivo de defender la santa Cruz y luchar contra los enemigos de la Cristiandad. A la Orden del Dragón pertenecieron mayoritariamente nobles húngaros y, a partir de 1431, entre otros, también el famoso Vlad III Tepeş.

El comercio catalano-aragonés en el Mar Negro durante los siglos XIII y XIV

El comercio catalano-aragonés en el Mar Negro durante los siglos XIII y XIV

Tras la muerte de Pedro II en la batalla de Muret (1213), el reino de Aragón abandonó su política de influencia en el sur de Francia y se orientó hacia el Mediterráneo. A partir de la segunda mitad del siglo XIII, durante el reinado de Jaime I de Aragón (1213 – 1276), tras las conquistas en Valencia y Baleares, el Mediterráneo se convirtió en una nueva vía de expansión para los catalano-aragoneses, situación reforzada por el desarrollo comercial de Cataluña gracias a una incipiente burguesía.

El primer paso en este sentido, la ocupación de Sicilia, lo dio en 1282 el sucesor de Jaime I, el rey Pedro III de Aragón (1276 – 1285). Casado con la heredera de Manfredo I de Sicilia, Constanza de Hohenstaufen, reclamó el trono de la isla frente al rey coronado por el papa, Carlos I de Anjou, vasallo además del Pontífice. Tras un breve conflicto, Pedro III consiguió ser coronado rey de Sicilia lo que inmediatamente lo enfrentó a la Santa Sede y el rey de Francia e incluso provocó un fracasado intento de invasión del principado de Cataluña en forma de cruzada. Más tarde, añadió a sus territorios las islas de Córcega y Cerdeña. Desde bases tan potentes en el Mediterráneo occidental, los comerciantes catalano-aragoneses iniciaron su expansión hacia Oriente.

Los primeros asientos comerciales occidentales en el Mar Negro no fueron establecidos por genoveses y venecianos hasta principios del siglo XIII, pues el Imperio Bizantino había controlado celosamente la región hasta ese momento. Tras la Cuarta Cruzada, auspiciada por Venecia y que culminó con la primera toma de Constantinopla (1204), el gobierno latino de Bizancio permitió el establecimiento de bases comerciales en el Mar Negro, beneficiando especialmente a Venecia. La ayuda genovesa para la recuperación de Constantinopla en 1261 cambió la política proveneciana por otra progenovesa. Sea como fuere, con bastantes dificultades debido a la presencia de los mongoles, se instalaron varias bases comerciales de ambas ciudades en la costa del Mar Negro, aunque hasta 1315 no existió un comercio completamente asentado en la zona.

Una de las primeras naves catalanas que surcaron el Mar Negro fue la San Julià, comandada por Bartomeu de Llovell, en 1289. Cabe decir que los catalano-aragoneses no crearon sus propias centros comerciales pero emplearon, sobre todo, los fundados por los genoveses. Los comerciantes eran principalmente barceloneses o mallorquines y comerciaban con vino, joyas y esclavos asiáticos aunque, al cancelarse el comercio de esclavos, el interés por la zona decayó pues los productos podían encontrarse y venderse en mercados más cercanos.

Algunas bases se instalaron en el bajo Danubio para comerciar con productos locales. En estas centros y en otros del Mar Negro se instalaron comerciantes de la Corona de Aragón, Montpellier y Provenza, donde se creó una cierta organización político-económica. Detrás de los mercaderes llegaron también grupos de religiosos, varios médicos e incluso algún embajador enviado por la corona de Aragón. A pesar de todo, no es posible afirmar que la llegada de catalanes y mallorquines al Mar Negro fue la respuesta a una deliberada política real sino sólo el producto de iniciativas particulares.

La etapa de máximo esplendor del comercio occidental en el Mar Negro se extendió en 1313 y 1343, durante la llamada Pax Mongólica, permitiendo la tranquilidad en las rutas comerciales entre China y el norte del Mar Negro. La presencia catalana en la zona terminó cuando los tártaros de Tamerlán aparecieron en escena, a finales del siglo XIV.

Hispanos en la conquista de Dacia

Hispanos en la conquista de Dacia

Entre el 84 y el 44 a.C., el rey dacio Burebista había creado un imperio que, con los Cárpatos como espina dorsal, incluía Transilvania, Banato, Oltenia y el centro y sur de Moldavia. Hasta tal punto era un reino poderoso que, durante la guerra civil que se desató entre Pompeyo y César por el control de la República Romana, el primero buscó infructuosamente el apoyo del rey dacio. Cuando Burebista cayó asesinado en 44 a.C. debido a un complot de la aristocracia tribal dacia opuesta a su poder, el reino dacio se dividió y su poder se eclipsó.

En el año 85, un caudillo denominado Dirpaneo consiguió consolidar de nuevo el poder dacio alrededor de la ciudad de Sarmizegetusa y, mediante un ejército reorganizado, empezó a atacar la fortificada Mesia romana, provincia situada en el norte de Bulgaria y noreste de Serbia. Como respuesta, en el año 87, el emperador Domiciano envió contra los dacios un ejército que, tras sufrir una hábil emboscada, fue diezmado frente a la ciudad dacia de Tapae. Tras esta victoria, Dirpaneo cambió su nombre por otro habitual entre los guerreros dacios, Decébalo, cuyo significado era "Fuerte como diez (hombres)". Decidido por la victoria, en el año 89, Decébalo pactó con los germanos atacar la frontera romana a la altura del Rin, por lo que Domiciano se vio obligado a pactar una humillante paz con él a cambio de un tributo y del envío de un equipo de arquitectos e ingenieros romanos que deberían embellecer Sarmizegetusa.

Cuando, en el año 98, Trajano ascendió al trono imperial, la política contemporizadora de Roma con los dacios llegó a su fin. El emperador César Marco Ulpio Nerva Trajano Augusto había nacido en Itálica (Santiponce), junto a la actual Sevilla, el 18 de septiembre de 53 y gobernaría el Imperio Romano desde el año 98 hasta su muerte en 117, siendo el primer emperador de origen no itálico y el primero de la dinastía Antonina.

Trajano desarrolló dos campañas en Dacia que le permitieron derrotar totalmente a los dacios y conquistar su reino. En la 1ª guerra de Dacia (101-102), fueron movilizadas siete legiones (I Adiutrix, II Adiutrix, III Flavia, VII Claudia, I Italica, V Macedonia y XIII Gemina), alguna de las cuales era de origen hispano o contaba en sus filas con legionarios hispanos.

Así, por ejemplo, a Legión VII Claudia, junto con la VI, VIII y IX, había sido fundada en Hispania por Pompeyo en el 65 a.C., todavía en tiempos de la República, constituyendo una de las más antiguas unidades del ejército imperial. Durante el triunvirato de Pompeyo, César y Craso (60 – 53 a.C.), la Legión VII Claudia luchó junto a César contra los galos y participó en la invasión de Britania, todo ello bajo un emblema con la figura de un toro que, con algo de imaginación, puede resultarnos incluso familiar.

Banderas

Tiberius Claudius Maximus, el soldado romano que decapitó a Decébalo y entregó la cabeza a Trajano (106), servía en la Legión VII Claudia, aunque no era de origen hispano pues había nacido en  Grecia. Luchó toda su vida militar junto a Trajano y murió el mismo año que el emperador.

La Legión I Adiutrix, formada por el gobernador de la Tarraconense y después emperador, Servio Sulpicio Galba, estaba integrada exclusivamente por hispanos, mientras que la Legión XIII Gemina, fundada por Julio César en el 57 a.C., en tiempos de Trajano contaba con una cohorte de auxiliares de Hispanorum. Tras la conquista de Dacia, la Legión XIII Gemina quedó definitivamente estacionada en Apulum (Alba) y allí permaneció hasta principios del siglo V, momento en el que se fechó su último registro.

Por último, en el año 105, con el objetivo de participar en la 2ª guerra en Dacia (105 – 106), Trajano formó la Legio XXX Ulpia Victrix, formada exclusivamente por hispanos. La XXX Ulpia Victrix tuvo su primer campamento en Dacia, aunque unos años después fue trasladada a Germania.

La agresiva política de Trajano en Dacia y, más tarde, en Partia, obligó a un importante esfuerzo militar que recayó, en buena parte, en Hispania, lo que provocó una cierta despoblación de varones en la Península en los primeros años del siglo II y la consiguiente queja de las autoridades locales. Tras licenciarse del ejército, muchos de los soldados que sirvieron en Dacia recibieron como recompensa tierras que trabajaron como colonos, estableciéndose así en el territorio conquistado y dando lugar a una comunidad de origen hispano en la futura Rumanía. Pero no sólo fueron soldados los hispanos que llegaron a la Dacia conquistada ya que, según atestiguan unas tablillas encontradas en Alburnus Maior (Roşia Montana) y fechadas entre 131 y 167 d.C., decenas de hispanos y sus familias, especialmente del norte peninsular, llegaron también a Dacia para trabajar en las minas de oro de la región, fundadas por Trajano, ampliando la comunidad de origen ibérico en la zona.

Hristos a înviat!

Hristos a înviat!

Adevărat a înviat!

Formula empleada en Rumanía para saludarse y felicitarse durante la Semana Santa ortodoxa. Literalmente quiere decir: "¡Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente, ha resucitado!

Conferencia: Rumanía y España, momentos compartidos

Conferencia: Rumanía y España, momentos compartidos

Tengo el placer de invitar a lectores y simpatizantes a asistir a la conferencia que ofreceré en próximo viernes, 20 de abril, entre las 17 y las 19 h, en el Instituto Cervantes de Bucarest.

Desde que Trajano puso sus pies en la Dacia de Decébalo hasta que Santiago Carrillo o el príncipe Juan Carlos se reunieron con Ceauşescu para facilitar la Transición, Rumanía y España han compartido muchos momentos de su Historia y su Cultura que permanecen más o menos ocultos tanto para el público español como para el rumano.

Durante un par de horas, haremos un repaso por la Historia y la Cultura de ambas naciones, conoceremos cómo se asentaron en tierras rumanas los legionarios hispanos que acompañaron hasta Dacia al emperador de Itálica (Santiponce), sabremos por qué los visigodos dejaron la tierra rumana para establecerse en España, explicaremos cómo una herejía oriental caló profundamente en tierras catalanas y cómo su final afectó a la política del reino de Aragón en el siglo XIII , descubriremos las aspiraciones de Alfonso V a gobernar sobre Transilvania, nos adentraremos en la historia de la última defensa de Constantinopla, en la que participaron castellanos y catalanes, a través de los frescos del monasterio de Moldovita, veremos lo que comparten la arquitectura mudéjar y el estilo moldavo, conoceremos a los soldados rumanos de la Guerra Civil española y muchos otros episodios curiosos que iremos desvelando a lo largo de la sesión.

Los interesados en asistir, encontrarán más información y el imprescindible formulario de inscripción en el siguiente link:

http://bucarest.cervantes.es/imagenes/File/BONOCERVANTEShistoria.pdf

¡Os espero a todos!

Monumento a las víctimas del Holocausto en Rumanía (Bucarest)

Monumento a las víctimas del Holocausto en Rumanía (Bucarest)

En una superficie de casi 3.000 metros cuadrados se levanta, desde octubre de 2009, el Monumento a las víctimas del Holocausto en Rumanía o, lo que es lo mismo, a los 300.000 judíos y romi (gitanos) asesinados en Rumanía durante la Segunda Guerra Mundial.

Se trata de un monumento, cuanto menos, polémico, tanto como el mismo hecho que conmemora pues no podemos olvidar que, hasta el año 2004, todavía había políticos en Rumanía que dudaban públicamente de las matanzas deliberadas ocurridas durante la guerra.

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Situado entre el río Damboviţa y el Ayuntamiento de la ciudad, el monumento diseñado por el escultor rumano Peter Jacobi incluye un memorial, una estrella de David, una Vía Dolorosa, una rueda de los romi – que evoca a la que contiene la bandera romi - y un monolito metálico de 20 metros de altura.

De acuerdo con declaraciones del propio autor, el memorial, una especie de sobrio bunker semienterrado, con una larga placa metálica en su interior que incluye los apellidos de algunos de los asesinados, pretende recordar cómo los judíos y los gitanos tuvieron que resistir ocultos el acoso de las autoridades rumanas. Un par de vitrinas con lápidas judías procedentes del cementerio de Bucarest de la calle Sevastopol, destruido entre 1942 y 1944, y algunas placas con explicaciones rodean este singular edificio. La Vía Dolorosa, formada por placas de granito esculpidas y dispuestas como traviesas de una vía férrea, rememora las deportaciones a los capos de exterminio. Finalmente, la rueda de los roma es una escultura circular de hierro de 2,8 metros de diámetro que pretende inmortalizar la migración de los gitanos desde la India a Europa.

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Independientemente de su discutida estética, el Monumento a las víctimas del Holocausto en Rumanía es un lugar imprescindible para recordar un triste capítulo de la historia del país que no debe ser olvidado y, ni mucho menos, puesto en duda, aunque algunos se empeñen en hacerlo.

Orgullo

Orgullo

Biblioteca nacional

Biblioteca nacional

Los inicios de la comunidad hebrea de Bucarest

Los inicios de la comunidad hebrea de Bucarest

Como ocurre en tantos otros lugares del centro y del este de Europa, tras los años de la barbarie nazi-legionaria y a causa de la masiva emigración a Palestina durante y después de la Segunda Guerra Mundial, pocos son los testigos conservados del pasado judío en Bucarest. La comunidad hebrea, antiguamente numerosa y boyante, apenas es hoy una sombra de lo que fue. A pesar de ello, sólo es necesario pasearse por los enormes cementerios hebreos de la ciudad o visitar la Gran Sinagoga para comprender la enorme contribución de esta comunidad a la historia de la ciudad.

La primera mención a una comunidad judía en Bucarest se encuentra en un documento del príncipe Mircea el Pastor, fechado en 1550, en el que se atestigua la existencia de judíos sefarditas propietarios de algunas tiendas en la ciudad. Los primeros judíos de Bucarest eran así descendientes de los hebreos expulsados de España en 1492 y que inicialmente se instalaron en Salónica y Estambul, formando allí las comunidades más grandes de exiliados. La siguiente referencia a los judíos marca el inicio de una historia tristemente condenada a la tragedia: en una carta del rabino Josef Caro, de Nicópolis (1559), se explica cómo dos hermanos judíos habían sido enviados a Valaquia para recuperar un dinero prestado y cómo habían sido asesinados por sus deudores en la villa de Dridov, cercana a Bucarest.

La imagen de la comunidad hebrea de Bucarest se completa, en parte, con un decreto firmado por el sultán Selim II, en 1568, ordenando al kadi (juez) de Cernova investigar a un judío llamado Istergun, antiguo empleado de Mircea el Pastor, por el robo de seis carros con mercancías. En otro decreto firmado el mismo año, Selim II ordenaba al príncipe válaco, Alejandro II, a proteger a los otomanos del principado de los abusos de los judíos, que prestaban dinero a un elevado interés (práctica, por cierto, extendida también entre los prestamistas griegos e incluso turcos).

Por aquel entonces, Valaquia era un principado vasallo de la Sublime Puerta en el que el príncipe gobernante era escogido por el sultán. Por este motivo, en ocasiones el acceso al trono se convertía en una subasta y quienes pujaban necesitaban de grandes sumas de dinero para alcanzar su objetivo. Con préstamos obtenidos de los judíos se convirtieron en príncipes de Valaquia Petru Cercel (1583 – 1585), Mihai el Valiente (1593 – 1601) y Radu Leon (1664 – 1669).

Ya en el siglo XVII, documentos oficiales mencionan la presencia en Bucarest de grupos de familias judías que vivían sometidas a unas regulaciones judiciales con elementos discriminatorios contra los no cristianos, como las elaboradas bajo el principado de Matei Basarab (1632 – 1654). Paralelamente, a principios de siglo la Iglesia ortodoxa lanzó una intensa campaña de proselitismo que consiguió numerosas conversiones.

La presencia judía en Bucarest en esas fechas está recogida en la famosa Descriptio Moldaviae de Dimitri Cantemir, en la que se indica que entre los extranjeros (sic) que habitaban en las ciudades válacas y moldavas se encontraban numerosos judíos. A mediados de siglo, tras las matanzas judías perpetradas por los cosacos en Ucrania (1648 – 1649), la población sefardí de la ciudad se vio ampliada con gran número de refugiados askenazis. Ambas comunidades se dedicaron intensamente al comercio y se organizaron en una guilda específicamente judía, corporación de comerciantes y mercaderes que elegía unos cargos directivos, se dotaba de reglas específicas que obligaban a todos sus miembros y pagaba una tasa fija al tesoro del príncipe, como indican los documentos del principado de Constantin Brâncoveanu (1688 – 1714). En este período, los judíos de Bucarest habitaban al sudeste de la ciudad, en el barrio de Jigniţa, donde levantaron su sinagoga.

Encabezando esta entrada, el cuadro Judío con oca (1880), del pintor Nicolae Grigorescu

70º aniversario del trágico hundimiento del Struma

70º aniversario del trágico hundimiento del Struma

Con sendas sobrias ceremonias, a las que no asistieron autoridades, ayer se conmemoró en Bucarest y en Estambul el 70º aniversario del naufragio del buque Struma.

Tras el violento final del Estado Nacional Legionario en Rumanía, el mariscal Antonescu atenuó la persecución de los judíos, aunque no la detuvo completamente, manteniendo un extraño equilibrio que todavía hoy es motivo de apasionados debates. La dictadura permitió así que miles de judíos huyeran a través de los puertos rumanos hacia Turquía, con destino final en Palestina, no sin antes desposeerlos de todos sus bienes y sus ahorros.

La misma noche del bombardeo de Pearl Harbor (6-7 diciembre de 1941), 769 judíos provenientes de Bucovina, Moldavia y Besarabia tomaban un tren hacia Constanţa en la estación de tren de Obor en Bucarest. El viaje lo había preparado la organización sionista Alyah y, gracias al permiso de las autoridades militares, el grupo pudo llegar al gran puerto rumano del Mar Negro el día 8 de diciembre. Cuando llegaron a los muelles, los viajeros sufrieron una gran decepción al ver el barco que debía llevarlos a Palestina, el Struma, una ruina flotante construida en Newcastle, Inglaterra, en 1867, matriculada en Panamá y propiedad de la empresa griega Singros. Con el equipaje limitado y sin dinero, tras tres días de controles y verificaciones por parte de las autoridades, el 11 de diciembre de 1941 los pasajeros pudieron embarcar en el Struma. Todos ellos, ciudadanos rumanos, eran formalmente enemigos de los Aliados pues, ese mismo día, Estados Unidos e Inglaterra habían declarado la guerra a Rumanía como aliada de Alemania.

El pasaje era de lo más variado, aunque el elevado precio del billete había obligado a una criba natural entre la comunidad hebrea: la mayoría tenía estudios superiores, eran abogados, médicos, economistas, comerciantes e ingenieros que viajaban con sus familias al completo completas, con abuelos, niños e incluso algunos bebés. El 12 de diciembre, el Struma partió de Constanţa y los pasajeros, esperanzados, cantaron en cubierta el Trăiască regele (Himno real de Rumanía) y el Hatikvah (futuro himno nacional de Israel) mientras veían cómo la pesadilla se alejaba.

El viaje hasta Estambul, que normalmente duraba 14 horas, se realizó en 4 días debido al mal estado del Struma aunque, finalmente, consiguió atracar en el pequeño puerto de Büyükdere, a 3 millas marítimas al norte del Bósforo. Sólo 9 personas pudieron desembarcar en Estambul y, automáticamente, se declaró el barco en cuarentena y se iniciaron las conversaciones con las autoridades turcas, británicas, suecas y soviéticas para obtener visados. Las negociaciones se alargaron, las condiciones de vida en el barco fueron empeorando y sólo la ayuda enviada por judíos americanos permitió comprar agua, comida y medicinas para los extenuados pasajeros, que no disponían de dinero ni posibilidades de adquirirlos.

Los británicos, temerosos de la reacción árabe ante la llegada masiva de hebreos, prohibieron que los pasajeros desembarcasen en Palestina con la excusa de que pertenecían a un país enemigo. Durante 9 semanas, la situación fue degradándose, el agua y los alimentos escaseaban, los niños, los abuelos y los enfermos sufrían las consecuencias del hacinamiento y muchos pasajeros amenazaban con escapar, por lo que la policía turca acordonó el barco en el muelle. En aquella terrible situación, el capitán Garabetenko saboteó el motor del Struma para evitar que las autoridades turcas devolviesen la nave a Rumanía, sin embargo, ello no evitó que, el 23 de febrero de 1941, el gobierno turco diese orden de remolcar por la fuerza el Struma al Mar Negro, donde fue abandonado a la deriva.

A las 9:30 h de la mañana, el submarino soviético SC-213 hundió con un torpedo el Struma, matando en pocos minutos a todos los pasajeros y a la tripulación. Sólo hubo un superviviente, el joven David Stoliar, que malherido consiguió llegar hasta la costa turca y, tras muchos interrogatorios, viajar finalmente a Palestina.

En 1991, tras la apertura de los archivos soviéticos, se descubrió que el hundimiento fue realizado, muy posiblemente, a petición de las autoridades británicas de Palestina. Como cínicamente dijo tras el naufragio Walter Guinness, miembro de la Oficina Colonial del Gobierno Británico: “Palestina es demasiado pequeña y está demasiado superpoblada para recibir a los tres millones de judíos que los sionistas quieren enviarnos”.

Walter Guinness fue asesinado en el Cairo el 6 de noviembre de 1944 por dos miembros del grupo terrorista judío, Lehi.

Testigos heréticos de Bucarest

Testigos heréticos de Bucarest

Paseando por Bucarest es fácil toparse con bellos edificios en estilo neorumano, decorados con barandillas, paneles esculpidos y otros elementos arquitectónicos que contienen escenas de animales en lucha cuya simbología hunde sus raíces en el Medievo.

Estas batallas son una representación artística de las tendencias dualistas propias de dos corrientes heréticas que se extendieron por los Balcanes durante la Edad Media: el paulicianismo (siglos VII a XII) y el bogomilismo (siglos X a XV). Ambas coincidían en defender la existencia de un principio del Bien, identificado con la Luz y el Espíritu, eternamente enfrentado al principio del Mal, relacionado con las Tinieblas, la Materia o con el propio Diablo (maniqueísmo). Paulicianos y bogomilios fundaron Iglesias heréticas en los territorios del Imperio Bizantino y, desde la Península Balcánica, los segundos impulsaron las Iglesias Cátaras de Occitania, de acuerdo con las actas del Concilio Cátaro de San Félix de Caraman, celebrado bajo la dirección del Patriarca bogomilo Nicetas.

El estilo neorumano, síntesis y reinterpretación de otros tantos, tomó posiblemente del románico su gusto por los bestiarios en relieve escultórico y adaptó una herejía local, profundamente arraigada entre los campesinos rumanos y en la cultura popular, para incluirla en su característico repertorio iconográfico.

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De este modo, por ejemplo, en un largo friso que embellece la fachada de una villa de la zona de Kiseleff, contemplamos la lucha entre un perro y un águila, rodeados de sarmientos, hojas de vid y separados por un racimo de uvas (ver imagen, encabezando esta entrada). En este caso, el perro se asocia al mundo inferior y a la muerte, Cerbero protector de los valores subterráneos. El águila, la más poderosa y temida de las aves, fue considerada por los primeros cristianos como símbolo de la resurrección debido a la renovación periódica de su plumaje. De acuerdo con el antiguo mito del águila pirófora, en cuanto a ave solar, el águila sería la portadora del fuego y de la luz del cielo. Posteriormente y en este sentido, el cristianismo estableció la equivalencia águila-Cristo, pues el Mesías se había proclamado a sí mismo Luz del mundo. Por su parte, el racimo de uvas es el símbolo de la Tierra Prometida (Núm., 13, 24) y de la eucaristía, mientras que los sarmientos y las hojas de vid, motivos agrarios muy generalizados en el estilo neorumano, hacen referencia a los ciclos de la naturaleza y, por extensión, al paso del tiempo.

En otra casa muy cercana, bajo las ventanas, un panel muestra a dos canes enfrentándose a sendos dragones en un escenario muy parecido al anterior.

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En este caso, el perro tiene un significado totalmente opuesto al del relieve anterior, pues representa los valores de fidelidad y colaboración con el ser humano, aunque también de vigilancia, ante el influjo del Mal, que está representado aquí por el dragón con cuerpo de serpiente, animal por excelencia relacionado con el pecado original (Gén., 3) y las fuerzas subterráneas. También aquí vemos los símbolos relacionados con la Tierra Prometida, la eucaristía y el devenir.

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No son estos los únicos ejemplos de batalla maniquea que decoran las fachadas bucarestinas, así que invito a los lectores a buscarlos y, sobre todo, a disfrutarlos.

La población de Rumanía

La población de Rumanía

El pasado otoño encontramos, colgada en la puesta de la oficina, una nota en la que se nos avisaba de la cercana visita de uno de los miles de censores que, puerta a puerta, debían confeccionar el más reciente censo de Rumanía.

Los resultados preliminares de su trabajo se han conocido este mes y, en lo que a caída de población se refiere, son dramáticos. La emigración del sector más joven y productivo del país ha supuesto que la población rumana haya disminuido en 2,6 millones de habitantes entre 2001 (21.680.974 de habitantes) y 2011 (19.043.000 de habitantes). Esta situación ha provocado que, actualmente, en Rumanía el número de jubilados receptores de pensión supere con creces al de trabajadores, lo que irremisiblemente condena al sistema de protección social a la ruina. Las previsiones tampoco son halagüeñas pues, según The Economist (ver gráfico), la población seguirá disminuyendo en los próximos años.

Del estudio se desprende también que la población que habita en ciudades se sitúa, aproximadamente, en el 50 %, mientras que el otro 50 % vive en comunidades rurales.

Respecto a las minorías étnicas de Rumanía, se destaca que las más numerosas las conforman los húngaros y los gitanos, representando el 6,5% y el 3,2% de la población, respectivamente. Este dato desmiente la idea que tienen muchos españoles sobre Rumanía, al creer que la población es mayoritariamente romaní. Por otro lado, existen también dos condados en los que los rumanos no son mayoría, Harghita y Covasna, con un 84,8 % y un 73,6 % de magiares, respectivamente, es decir, una imponente mayoría húngara en el corazón de Rumanía que constituye un problema político de gran magnitud. La mayoría de los romaníes viven en el condado de Mures (8,8 %), mientras que en Calarasi, Salaj y Bihor la población romaní alcanza un 6 %.

Otras minorías étnicas significativas son los ucranianos (51.700), los alemanes (36.900), los turcos (28.200) y  los rusos (23.900).

 

La gran nevada (y VI)

La gran nevada (y VI)

La gran nevada (V)

La gran nevada (V)

La gran nevada (IV). Equipo de limpieza

La gran nevada (IV). Equipo de limpieza

La gran nevada (III)

La gran nevada (III)

La gran nevada (II)

La gran nevada (II)

iPreot

iPreot

Y luego dirán que la Iglesia no es moderna...

La gran nevada

La gran nevada

Estábamos avisados, sin embargo, la nevada que ha caído hoy nos ha dejado con la boca abierta.

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Más de 40 centímetros de nieve se han acumulado sobre Bucarest en un solo día.

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Las calles se han colapsado de nuevo, ha cerrado el colegio de los niños, las quitanieves no daban abasto y la gente caminaba a duras penas, sin embargo, la ciudad lucía preciosa.

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En nuestro jardín, la nieve casi alcanza la ventana.

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