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Bucarestinos

Orígenes y evolución del alumbrado público de Bucarest

Orígenes y evolución del alumbrado público de Bucarest

Por pura deformación profesional, no puedo evitar fijarme siempre en el alumbrado público que ilumina las noches de las ciudades que visito y Bucarest no podía ser una excepción. Actualmente, el sistema de alumbrado público de Bucarest se asemeja al de cualquier ciudad europea. Lejos quedan aquellos días de oscuridad de finales de los años 80, cuando el tirano Ceaușescu sumió a la ciudad en las tinieblas en un vano intento de recortar costes de un régimen en franca decadencia.

No fue hasta principios del siglo XIX cuando los bucarestinos vieron por primera vez un espacio público iluminado por algo más que la luz de la luna y las estrellas. La petición fue formulada por un grupo de boyardos que, en una carta dirigida al príncipe fanariota de Valaquia, Ioan Gheorghe Caradja (1812 – 1818), solicitaban: “… que entre el puente de Mogoșoaia y la Corte Vieja, a ambos lados de la carretera y a una distancia de cada siete casas, se levanten postes con un farol que contenga una luz que se encienda cada noche”. A pesar del indudable avance que supuso esta nueva vía iluminada, los vecinos pronto protestaron al recibir una factura mensual de de 32 parales (1 leu de la época estaba dividido en 40 parales, aunque esta medida no fue establecida oficialmente hasta mediados de siglo) para mantener las nuevas instalaciones.

Para iluminar el resto de caminos por los que transitaban, los boyardos empleaban un método tan ancestral como rudimentario. Un grupo de gitanos corría frente al lujoso carruaje (butca) de su señor, portando en sus espaldas una especie de parrilla metálica (masalaua) en la que se colocaban unas antorchas untadas con aceite. A lo largo del camino, iban reponiendo las antorchas que se consumían mientras corrían frente los caballos “dejando una estela de luz roja y humo negro”, según escribió el diplomático Gheorghe Cruţescu, en su libro Podul Mogoşoaei.

Otro método rústico de iluminación lo constituían las pantallas hechas con piel de oveja o de cabra que “bien seca y extendida, proyectaban la luz de una lámpara de sebo” colocada en las puertas de la ciudad. En otras puertas se utilizaban unas teas denominados “poponeți”, constituidas por un manojo de trapos, untado en aceite y colocado colgando en el extremo de un poste, bajo el cual se instalaban grandes recipientes con tierra (cenace) para evitar incendios.

Posteriormente, todas estas tecnologías tradicionales fueron sustituyéndose progresivamente por linternas de cristal, que empleaban aceite de colza como combustible. La introducción del petróleo como fuente de energía, a mediados del siglo XIX, convirtió a Bucarest en una ciudad sumida en la penumbra en una urbe pionera en el uso de nuevos métodos para iluminar sus calles.

En 1861, un año antes de convertirse en la capital de los Principados unidos de Moldavia y Valaquia, Bucarest disponía ya de una red de alumbrado con lámparas de gasolina, adelantándose a ciudades como París o Berlín. Diez años después, las calles se iluminaban con gas y en 1882 llegó la electricidad a la ciudad. A pesar de las críticas publicadas en periódicos como L’Indépendance Roumaine, las primeras instalaciones eléctricas se ubicaron en el Palacio Real - alimentado por una central construida ad hoc, a través de una línea de corriente continua de 2 kV -, en el Palacio de Cotroceni, en el Teatro Nacional y en el Parque Cișmigiu.

Finalmente, todos en Bucarest acabaron sucumbiendo al poder de la electricidad y un tiempo después, el famoso periodista de la época, Mișu Ion Văcărescu, redactor en L’Indépendance Roumaine, escribía: “Por las tardes íbamos a Eldorado, la mejor fiesta veraniega de la ciudad, donde el jardín no tenía suficiente luz natural y la luz eléctrica brillaba con toda su fuerza”.

Kurtos kalacs

Kurtos kalacs

Uno de los ejemplos más deliciosos de la gastronomía rumana son los llamados kurtos kalacs, unas peculiares pastas en espiral, cocinadas sobre brasas en un molde cilíndrico móvil.

Los kurtos kalacs proceden de la región de Covașna, en Transilvania, y deben su origen a una receta elaborada por colonos húngaros y bautizada por su inconfundible forma como “pastel chimenea” -  kurto (chimenea) y kalacs (pastel).

La receta de los kurtos kalacs es uno de los secretos mejor guardados de Rumania. Temprano por la mañana, los pasteleros mezclan hábilmente sus ingredientes pues el proceso de elaboración tiene su miga, sin embargo, la cocción de la pasta resultante, enroscada sobre un molde cilíndrico, toma apenas unos pocos minutos. El producto final puede tener sabor a nueces, canela, almendras, chocolate, coco, avellanas o, simplemente, a azúcar, sin duda, mi sabor preferido.

Durante todo el año, el delicioso aroma de los “pasteles chimenea” envuelve la más inesperada esquina de Bucarest, así que ante la visión de un cocinero callejero, girando con mimo la golosina a la espera de un goloso paseante, es siempre recomendable abandonarse a la tentación.

La forja de la nación rumana (II): Siglo XVIII

La forja de la nación rumana (II): Siglo XVIII

A comienzos del siglo XVIII, Turquía perdió Hungría y Transilvania por lo que los Principados de Valaquia y Moldavia se convirtieron en una prioridad estratégica para los otomanos. Con el objetivo de asegurar su fidelidad, los sultanes entronizaron como hospodares a aristócratas fanariotas, comerciantes griegos provenientes del barrio de Fanar en Estambul que habían amasado enormes fortunas gracias a sus puestos en la administración otomana.

Durante el período fanariota (1711 – 1821), se alternaron en el poder familias griegas – Cantacuzeno, Mavrocordatos o Ipsilanti – con dinastías rumanas pro-turcas – Ghica, Racovita o Callimachi - en reinados tan cortos como débiles y cuyas actuaciones siempre contaron con la aprobación del sultán. Los hospodares de Moldavia y Valaquia se situaron entonces al frente de sendos Consejos (Divanes), integrados por una decena de boyardos cada uno, en las cortes de Iasi y Bucarest.

Instalados en la línea de fractura entre los imperios austriaco, otomano y ruso, los aristócratas rumanos se apoyaron alternativamente en cada uno de estos poderes para proteger sus intereses. A finales del siglo XVII, Transilvania pasó a manos de los Habsburgo por lo que Austria aumentó su capacidad de influencia sobre los Principados e incluso se anexionó Oltenia entre 1718 y 1739.

Pero fue Rusia quien, a medio plazo, ganó la partida. En el conflicto ruso-turco, los Principados rumanos se convirtieron en el escenario bélico hasta el punto que, entre 1769 y 1774 y en 1790-91, las tropas zaristas establecieron una administración militar de ocupación que sirvió de base para las operaciones al sur del Danubio. Aunque, tras la guerra, en ambos principados se restableció en sus tronos a hospodares leales al sultán, cada vez estuvieron más influenciados por los rusos y por las esperanzas de unificación de una parte importante de su pueblo.

La conciencia nacional rumana no aparece nítidamente hasta mediados del siglo XVIII de manos de la Iglesia Uniata de Transilvania - vinculada a Austria y enfrentada a los magnates húngaros - y de un grupo de intelectuales integrantes de la Escuela de  Transilvania (Petru Maior, Samuil Micu-Klein y Georghe Sincai). Estos intelectuales de credo uniata y educados en Viena, realizaron una labor historiográfica y lingüística que sentó las bases del nacionalismo rumano, reflejado en el contenido del Supplex Libellus Vallachorum, un memorando enviado a Leopoldo II en 1791 en el que se pedían los mismos derechos para los rumanos que para el resto de minorías transilvanas y una representación en el parlamento regional (Dieta).

En Valaquia y Moldavia, la población vivía la opresión de los boyardos y de los hospodares fanariotas. Los campesinos y los habitantes de las escasas ciudades conformaban una masa muy conservadora y fiel a la Iglesia Ortodoxa – controlada desde el Patriarcado de Constantinopla - que estaba lejos de interesarse por el movimiento de liberación nacional, a lo que tampoco ayudaba la carencia casi absoluta de una burguesía comerciante.

La forja de la nación rumana (I): Introducción

La forja de la nación rumana (I): Introducción

Más allá de la interesantísima historia medieval rumana, a la que quiero dedicar mi atención en un futuro inmediato, mediante esta serie de entradas pretendo dar una pincelada sobre el nacimiento del espíritu nacional del pueblo rumano, que culminó con la formación del Principado de Rumania en 1859.

La etnogénesis del pueblo rumano ha ocupado desde antiguo sesudos capítulos en los libros de historia de Rumania. Sin entrar en detalles, el origen de los rumanos podemos encontrarlo en las comunidades dacias romanizadas que, tras la invasiones eslavas del siglo VI, se refugiaron en las tierras altas y en los valles de difícil acceso de las cordilleras carpáticas. Durante siglos, los vlacos bajaron a las llanuras y se mezclaron con los sucesivos pueblos invasores – eslavos, hunos, ávaros, magiares, pechenegos y cumanos – dando lugar a un pueblo feudal, conformado con elementos culturales diversos pero con la lengua latina como principal aglutinante.

Los rumanos transilvanos, que convivían con elevados porcentajes de población húngara, sajona y székely (habitantes de origen muy discutido aunque próximos a los húngaros), cayeron pronto bajo la dominación húngara. En las regiones de Valaquia y Moldavia, la nobleza boyarda estuvo bajo soberanía búlgara, de los janes cumanos y tártaros y de los reyes de Hungría y Polonia hasta que, a mediados del siglo XIV, pudieron constituir sendos principados. Debido a la imparable presión otomana, Valaquia en 1476 y Moldavia en 1503 acabaron rindiendo vasallaje al sultán.

Tras la caída de Transilvania en manos turcas a comienzos del siglo XVI, los tres territorios se mantuvieron vasallos de Estambul y sólo durante el breve reinado de Miguel el Valiente (1593 – 1601) formaron una entidad política común (encabezando esta entrada, un retrato de Miguel del Valiente). Los príncipes, que recibían el título civil de hospodar y el militar de voivoda, eran teóricamente elegidos por el alto clero y por los boyardos, aunque gobernaban por delegación del sultán. Tanto el alto clero como los nobles boyardos acumulaban un enorme poder y tenían sometida a una dura servidumbre una gran masa campesina. El gobierno otomano vendía los cargos públicos, cobraba impuestos desmesurados, imponía unas relaciones comerciales desfavorables para los rumanos y se aseguraba su presencia militar en la zona a través del control de los puertos fluviales de Braila, Giurgiu y Turnu-Mâgurele, así como en la región costera de Moldavia.

El origen de los nombres de los barrios de Bucarest: 13 Septembrie

El origen de los nombres de los barrios de Bucarest: 13 Septembrie

El nombre del barrio llamado 13 de Septiembre (13 Septembrie) proviene de la fecha de la batalla de la colina de Spirea (Dealul Spirii), que tuvo lugar el 13 de septiembre de 1848, muy cerca de donde hoy se levanta el imponente Palacio del Parlamento.

La batalla de la colina de Spirea fue la última que libraron tropas rumanas contra el ejército otomano en territorio rumano y se enmarca en la revolución nacionalista de corte liberal que estalló en 1848 en los principados rumanos y en Transilvania.

Durante la batalla, entre las tropas rumanas destacó la actuación de una compañía de bomberos dirigida por el capitán Pavel Zăgănescu, que se enfrentó con enorme valentía a la infantería turca del comandante Kerim–Pașa. A pesar de todo, tras casi tres horas de combates, los otomanos vencieron a los rumanos, sepultando así temporalmente sus aspiraciones nacionales.

El 13 de septiembre es el Día de los Bomberos en Rumania y para recordar la hazaña del capitán Zăgănescu, frente al hotel Marriott de Bucarest, en un extremo del barrio 13 Septembrie, se levanta un monumento a los héroes de aquella batalla inaugurado en 1901.

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Copiando, que es gerundio

Copiando, que es gerundio

Hace un par de años escribí sobre unos curiosos lugares, anunciados como “oficinas de copia de documentos”, en los que añosos dactilógrafos teclean apresurados los más variados documentos en vetustas máquinas de escribir.

En una época gobernada por las impresoras, me parecía un oficio caduco, sin embargo, la cola frente a este establecimiento me obliga a corregir mi error. Muchos son los documentos que las precarias autoridades rumanas obligan a presentar mecanografiados en añejos formularios: matriculación y compraventa de vehículos, solicitudes de asistencia al examen de conducir, cualquier solicitud que afecte a modificaciones en el carnet de conducir, solicitudes de patentes, solicitudes para la celebración de una boda civil, registros de nuevas marcas, etc.

Por las largas colas frente a las máquinas de escribir los conoceréis.

Ante la que se nos viene encima...

La crítica hacia la clase política es imprescindible, sin embargo, la historia ha demostrado repetidamente que, cuando la sociedad deja de confiar en sus políticos, la alternativa es la tiranía (o el autoritarismo, en su versión moderna). Lo que hace falta hoy es más política individual, una activa aplicación de la virtud ética en todos y cada uno de los ámbitos de nuestra vida.

¡Menos cinismo y más Aristóteles!

Mocăniţa Bucovineană

Mocăniţa Bucovineană

El rodillo

El rodillo

Desde hace unos días, Rumania vive azotada por un terrible huracán político.

El pasado mes de marzo, tras semanas de presión callejera ejercida por el movimiento de indignados rumanos, el presidente Basescu se vio obligado a sustituir al gobierno Boc por un gobierno de jóvenes tecnócratas encabezado por el Primer Ministro Mihai Razvan Ungureanu. Poco duró la tranquilidad en las filas del PDL pues, previendo la debacle, un gran grupo de tránsfugas y las minorías nacionales - siempre dispuestas a acercarse al ascua que más caliente -, decidieron apoyar la enésima moción de censura presentada por la oposición (USL) y el gobierno Ungureanu cayó antes de poder tomar decisiones de trascendencia. En estas circunstancias, un cachorro de Adrian Nastase, el abogado Victor Ponta, fue proclamado nuevo Primer Ministro de Rumanía.

Desde entonces y hasta las elecciones municipales de principios de mes, el PDL consiguió aguantar el tipo y mantener ciertas cuotas de poder, sin embargo, la arrolladora victoria de la coalición formada por socialdemócratas y liberales (USL) marcó el principio del fin de la supremacía del partido del presidente Basescu y determinó su incierto futuro. Así, mientras el PDL se deshacía en acusaciones fratricidas sobre las culpas de la derrota electoral – sin autocrítica alguna -, la USL puso en marcha una estrategia que previsiblemente culminará esta semana con la recusación de Basescu.

Totalmente por sorpresa, ayer el Parlamento destituyó simultáneamente al Defensor del Pueblo y a los presidentes del Parlamento y del Senado de Rumanía, colocando en el último cargo al líder liberal, Crin Antonescu. La ofensiva ha continuado hoy cuando, de buena mañana, la USL ha presentado un documento que pone en marcha el procedimiento para destituir al jefe de Estado y en el que se le acusa de minar el sistema democrático, de no respetar la separación de poderes, de atacar los derechos y libertades del pueblo rumano y de provocar constantes crisis con el resto de autoridades del Estado, especialmente con el Primer Ministro Ponta.

La Constitución rumana permite que el Parlamento suspenda al Presidente si se considera suficientemente probado que sus acciones subvierten el espíritu de la Carta Magna. Hasta esta mañana, la decisión sobre si el Presidente respeta o no la Constitución de Rumania debía tomarla el Tribunal Constitucional, sin embargo, mediante una ordenanza de urgencia, el Parlamento ha retirado el poder de decisión al Tribunal Constitucional para dárselo a sí mismo. Por otro lado, la modificación legal también impide al presidente Basescu recurrir su posible suspensión. De este modo, cuando el mañana o el viernes se vote la recusación del presidente, éste no podrá hacer otra cosa que empezar a preparar sus maletas, aunque todavía podrá confiar en ganar el referéndum que se celebrará en un mes para corroborar su destitución.

Si, finalmente y como es previsible, Basescu no supera el referéndum, el presidente del Senado, Crin Antonescu, segunda autoridad de Rumania, lo sustituirá temporalmente hasta la celebración de elecciones presidenciales. De acuerdo con este escenario, es muy posible que en octubre o noviembre, en Rumania se celebren simultáneamente elecciones presidenciales y generales.

El rodillo socialdemócrata-liberal se ha puesto en marcha con fuerza y parece que existen pocas posibilidades de detenerlo. A pesar de todo, la comisaria europea de Justicia, Viviane Reding, y el embajador estadounidense en Bucarest, Mark Gitenstein, se han declarado públicamente consternados por los ataques al Tribunal Constitucional.

Si alguien me pregunta qué consecuencias puede tener todo este vodevil político, me veo en la triste obligación de contestar que poco cambiará en Rumania: los rumanos seguirán soñando en tener algún día un gobierno de gente responsable y decente, Victor Ponta seguirá sin dimitir por haber copiado su tesis doctoral, probablemente Adrian Nastase saldrá de la cárcel gracias a una amnistía, los hospitales seguirán sin medicamentos, los jubilados con pensiones miserables, los funcionarios con salarios microscópicos, las escuelas sin recursos, las carreteras con enormes socavones y los propietarios de Ferraris, Maseratis o Lamborghinis serán sustituidos por nuevos propietarios de Ferraris, Maseratis o Lamborghinis adquiridos gracias a la falta de medicamentos en los hospitales, a las miserables pensiones de los jubilados, a los sueldos microscópicos de los funcionarios, a la falta de recursos en las escuelas, a los enormes socavones de las carreteras y a los sueños frustrados de sus compatriotas.

Little brown jug

Ya he comentado en alguna otra ocasión cómo varios canales de la televisión rumana emiten diariamente preciosos dibujos animados de los años 30 y 40, que hacen las delicias de nuestros hijos.

Uno de ellos, quizás el más popular en casa, es el titulado Little brown jug, en el que unos animales del bosque colaboran para destilar un licor de manzanas en un viejo molino. Debido a un accidente, el licor se vierte en el río y, progresivamente, todos acaban emborrachándose al ritmo de la canción, desde las tortugas hasta las perdices. Se trata de una breve película de 1948, cuya bando sonora es una canción de borrachos, compuesta por Joseph Winner en 1869, que hoy no cumpliría ningún estándart de la corrección política. Durante los años 40 y 50, en las salas de Norteamérica, como introducción a la doble sesión de cine o durante el intermedio, se proyectaban estos dibujos para animar a los espectadores a visitar el bar del local y remojarse el gaznate con algún licor. La canción era tan popular que, habitualmente, el público la cantaba alegremente a coro, ayudado por unos subtítulos como si de un karaoke se tratase.

Sea como fuere, cada vez que emiten este corto, los trillizos tararean contentos la canción, de modo que se ha convertido ya, sin duda, en una parte de la banda sonora de nuestra vida en Rumanía.

¡A la cárcel!

¡A la cárcel!

Desde que Adrian Nastase ingresó en el hospital de Floreasca, hace menos de una semana, todo han sido intencionados rumores y comentarios de los medios cercanos a los socialdemócratas sobre la gravedad de su herida, sobre crisis cardíacas que lo situaban al borde del abismo, sobre su necesidad de tratamiento psiquiátrico y sobre la imposibilidad de encarcelar a alguien con un estado de salud tan delicado.

Nada de ello parece haber afectado a los médicos que han asistido al Sr. Nastase durante los últimos cuatro días - – un especialista en cuidados intensivos, un cirujano y un cardiólogo -, pues esta misma noche han firmado todos los permisos para externalizar al enfermo, permitiendo a la policía trasladarlo inmediatamente al Hospital Penitenciario de Rahova.

Nastase ha salido por la misma puerta por la que entró, con la cabeza bien alta, mirando fijamente a la prensa y a un puñado de enfermos que inmortalizaban el momento con las cámaras de sus teléfonos móviles. Como se puede comprobar en la foto que encabeza esta entrada, su aspecto era sereno, tranquilo, incluso ligeramente desafiante.

En Rahova, de seguir el procedimiento habitual, primero lo desinfectarán y le darán un baño, le otorgarán un par de números identificativos y lo instalarán temporalmente en una cama de la sala del hospital, hasta que se incorpore definitivamente a una de las galerías de presos comunes, en una celda individual o compartida con otro recluso. En un régimen semiabierto, con posibilidad de pasearse libremente por la prisión y de participar en actividades culturales, educativas y terapéuticas junto a sus compañeros, pasará Adrian Nastase su estancia entre rejas, período que podría reducirse de dos años a ocho meses de conseguir la libertad condicional en la vista correspondiente.

La prensa amiga se lamenta diciendo que Bruselas se ha cobrado una gran pieza, símbolo injustificado de la lucha contra la corrupción en Rumanía.

Ojalá la cacería continúe.

Adrian Nastase, culpable y mártir

Adrian Nastase, culpable y mártir

Para los que no conozcan al pájaro, hasta hoy mismo Adrian Nastase era un diputado del Partido Socialdemócrata de Rumanía (PSD) que, entre diciembre del año 2000 y diciembre del año 2004, ocupó el puesto de primer ministro del país.

Durante muchos años, las acusaciones contra el Sr. Nastase por financiación ilegal del PSD, corrupción, soborno y chantaje han sido constantes, sin embargo, él nunca ha perdido su eterna sonrisa sardónica ni le han faltado argumentos para defenderse, especialmente el que afirma que todo responde a una torticera cacería política del presidente Basescu.

La estrella del Sr. Nastase comenzó a declinar a partir de 2007, cuando la Agencia Nacional Anticorrupción tomó cartas en los asuntos y acabó llevándolo a juicio. Desde entonces hasta hoy, el pueblo rumano ha asistido, sin demasiadas esperanzas de que se hiciese justicia, a una romería de entradas y salidas de los juzgados, de juicios y recursos, protagonizados por un sujeto impecablemente trajeado y siempre muy seguro de sí mismo.

A pesar de todo, esta mañana, el Tribunal Superior de Casación y Justicia ha condenado definitivamente al Sr. Nastase a dos años de cárcel ejecutables de inmediato y el villano ha acabado por perder la compostura. Cuando la policía se ha presentado en su casa – construida en unos terrenos de lujo, comprados a precio de ganga -, el Sr. Nastase la ha recibido con una pistola de 9 mm en la mano (me pregunto por qué la tendría en su hogar) y, según dicen ahora mismo las noticias, sólo la pericia de un agente ha evitado que se volase la tapa de los sesos. Otras fuentes, menos compasivas, afirman que se ha disparado en el cuello para evitar la vergüenza de entrar en la cárcel.

Sea como fuere, mientras escribo, el todopoderoso Nastase está ahora en la mesa de operaciones y la prensa cercana a los socialistas no para de clamar contra los jueces que lo han condenado y contra el presidente Basescu. De la condena, ni una palabra.

A las puertas del hospital ha aparecido Víctor Ponta, el recientemente elegido primer ministro, cuya carrera política en el PSD se inició a instancias de Adrian Nastase. Por un momento, ha olvidado la acusación confirmada que pesa sobre él de haber plagiado casi íntegramente su tesis doctoral y, muy compungido, ha sollozado que sólo espera que el Sr. Nastase se salve “por el bien de sus hijos”. Todo ha sido tan dramático que nadie se ha acordado de preguntarle por su dimisión.

Otros políticos socialistas se agolpan en las puertas del Hospital de Floreasca pero ni un solo miembro de la familia ha pasado a visitar al herido.

Hoy, volviendo a casa

Hoy, volviendo a casa

Iancu de Hunedoara en el teatro clásico español del Siglo de Oro

Iancu de Hunedoara en el teatro clásico español del Siglo de Oro

El Teatro Clásico español se desarrolló entre los siglos XVI y XVIII a través de unas 10.000 obras, aunque vivió su cénit en la primera mitad del siglo XVII, de la mano de autores como Lope de Vega, Pedro Calderón de la Barca, Tirso de Molina y muchos otros.

Tan enorme producción fue la respuesta a la gran demanda del público español de la época, siempre ávido de novedades, por lo que los dramaturgos se sirvieron de una amplísima variedad de temas para satisfacerlo, introduciendo en sus piezas cuestiones históricas, mitológicas, literarias, religiosas, políticas, folclóricas, etc.

Muchos personajes históricos, tanto españoles como extranjeros, formaron parte de algunos de los dramas del Teatro Clásico, desde el Cid al emperador Carlos I de España y desde el rey Francisco I de Francia hasta la reina Juana de Nápoles o el príncipe ruso Demetrio, hijo de Iván IV el Terrible. Entre todos ellos, destaca el voivoda de Transilvania y regente de Hungría, Iancu de Hunedoara, cuyas victorias sobre los turcos le valieron una gran popularidad en toda Europa a mediados del siglo XV, hasta el punto que los archivos municipales de Girona dan fe de una celebración popular callejera para celebrar su victoria en la batalla de Belgrado de 1456.

El primero en escribir de forma laudatoria sobre Iancu de Hunedoara fue el humanista e historiador español, Pedro Mejía (1497 – 1551) que, años después de su triunfo en Belgrado, todavía recordaba su impacto entre los europeos. El mismísimo Lope de Vega (1562 – 1635) publicó en 1625 la obra titulada El rey sin reino, sobre las turbulencias y el estado anárquico que vivió Hungría durante la regencia de Iancu de Hunedoara y hasta la coronación como rey de su hijo, Matías Corvino (1457). Otro dramaturgo, Antonio de Zamora (1665 – 1727), escribió la comedia El custodio de Hungría, San Juan Capistrano, sobre la regencia del voivoda válaco, su triunfo sobre los turcos en la batalla de Belgrado y la ayuda que recibió del fraile italiano, Juan Capistrano, que encabezó una hueste de campesinos húngaros contra los infieles.

No hay duda que Iancu de Hunedoara, voivoda medieval que se enfrentó y venció al infiel, dejó una profunda huella tanto en sus contemporáneos como en los europeos del Renacimiento y, entre todos ellos, los españoles, que aplaudieron sus gestas en los Corrales de Comedias durante siglos.

Debo toda la información contenida en esta entrada a la excelente historiadora e investigadora Oana Sâmbrian, autora del interesantísimo libro Historia ornata. La construcción de la (ir)realidad en el teatro histórico español en el Siglo de Oro.

Encabezando este texto, una imagen del Corral de Comedias de Almagro, construido en 1628, perfectamente conservado y en el que anualmente se celebra el prestigioso Festival de Teatro Clásico de Almagro.

Y Nicusor tomó su fusil

Y Nicusor tomó su fusil

No lo tenía fácil Nicusor Dan cuando decidió enfrentarse en las urnas a los mastodontes políticos de la USL (Unión Social-Liberal) y del PDL (Partido Democrático Liberal), pues ni tenía el mismo acceso a los medios de comunicación ni mucho menos el presupuesto de campaña de sus competidores (nutrido por el latrocino constante al pueblo rumano), sin embargo, ha conseguido convertirse en la tercera fuerza política de la ciudad y un escaño como concejal en el ayuntamiento.

Desgraciadamente, la alcaldía de la ciudad permanecerá en manos del balbuceante Sorin Oprescu, aunque con Nicusor Dan, ¡por fin!, han entrado aire fresco y, sobre todo, sentido y sensibilidad (perdonen la cursilería) en el consistorio de Bucarest. Las futuras trapacerías municipales y la destrucción especulativa del patrimonio cultural encontrarán un enemigo en casa y los que apreciamos Bucarest albergamos la esperanza de que la ciudad recupere algo del antiguo esplendor que le permitió disfrutar del sobrenombre de Pequeño París

Por lo demás, los resultados oficiales publicados ayer a cuentagotas confirmaron que el PDL del presidente Basescu ha sufrido el peor descalabro electoral de su historia, resultado que agrava su situación política tras su expulsión el mes pasado del Gobierno central, después de la enésima moción de censura de la oposición al completo. Sin duda, sus severísimas y arbitrarias políticas de austeridad han pasado factura al PDL, pero principalmente la gente ha votado contra la prepotencia de Basescu, contra la rampante corrupción e incompetencia de sus ministros y, especialmente, contra Elena Udrea, Ministra de Desarrollo Regional y Turismo y principal dirigente del PDL en Bucarest, cuyo mayor mérito de los últimos meses ha sido salir enfundada en un traje de látex en la portada de una revista.

Desde un punto de vista estrictamente democrático, los contundentes resultados de la USL, que la colocan al frente de la mayoría abrumadora de los poderes provinciales y locales de Rumanía, no son una buena noticia para los sufridos ciudadanos de este país pues, teniendo en cuenta su historia reciente, la corrupción no disminuirá y es fácil deducir que esta alianza antinatura se romperá en el plazo aproximado de un año - posiblemente aguantará unos meses después de las elecciones legislativas de otoño –, dando lugar a un gobierno en minoría o a nuevas elecciones. ¡Ojalá me equivoque! 

Por mi parte, sólo puedo aplaudir la organización electoral del colegio al que asistimos a votar y la ayuda que nos ofrecieron los interventores.

En la imagen, mi DNI con la pegatina que coloca el Presidente de tu mesa electoral, una vez han votado en unas elecciones en Rumanía

Yo votaré a Nicusor Dan

Yo votaré a Nicusor Dan

El próximo domingo, 10 de junio, se celebrarán elecciones locales en Rumanía por lo que, desde hace semanas, Bucarest se ha llenado con infinitos carteles y otras tantas caras y mensajes de la gañanería política autóctona.

A pesar de mi escepticismo general hacia la clase política rumana, me he interesado profundamente por estas elecciones pues como miembro de un país de la UE, mayor de edad, con domicilio en Rumania y llevando aquí más de tres meses, tengo derecho a voto y he decidido ejercerlo.

No quiero votar a ciegas, así que he pedido a mis compañeros de oficina que, antes de condenarla al fondo del cubo de basura, me traigan cuanta propaganda electoral caiga en sus manos. De este modo, tengo ahora un montón de papeles de colorines sobre la mesa que diariamente estudio para formarme un criterio útil que me ayude a decidir mi voto.

Una de las primeras sorpresas ha sido que, al vivir en Bucarest, dispondré de cuatro papeletas de voto para elegir al Alcalde general, al Consejo General del Municipio de Bucarest, al Alcalde del sector 5 y al Concejo local del sector 5, comprendiendo así la cantidad de candidatos que se presentan a estas elecciones.

Mentiría si negase que la propaganda electoral me ha ayudado a decidir, pues después de analizar detenidamente los distintos folletos, flyers y revistillas, ahora tengo claro a quien no votaré. Desde que socialistas (PSD) y liberales (PNL) se uniesen para derrocar al lamentable gobierno del Partido Democrático Liberal (PDL), han formado una coalición (USL) para participar también en estas elecciones, sin embargo, se trata de un acuerdo antinatura al que no le doy más que unos meses de vida y, por tanto, no puedo apoyar. Por otro lado, sus mensajes electorales se basan sólo en ataques al antiguo partido de gobierno, en vagas promesas con escaso contenido y el tirón de personajes como Piedone, el enorme y popular alcalde del sector 4 (fotografía, a continuación).

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La ineficiencia y la cleptocracia impuesta por el PDL en los últimos años me alejan sus candidatos, que se postulan al ayuntamiento de Bucarest con propuestas como podar los árboles de los jardines particulares de los bucarestinos, imponer cubiertas verdes en los edificios al estilo de lo que se ha hecho en Dubai – un obsesivo ejemplo para los demócratas-liberales -, eliminar señales de tráfico “inútiles” (en una ciudad sometida a un caos de tráfico brutal) o “poner una sonrisa en la boca” de los bucarestinos (será, más bien, una mueca de repugnancia ante sus continuos desmanes). A continuación, la imagen de campaña del candidato del PDL, Mihai-Marian Bazgan, un antiguo jugador de rugby cuyo mensaje es: "Soy un candidato con el físico de un jugador de rugby y el alma sensible de un amante de las flores"

Bazgan

Por su naturaleza más que dudosa, la Unión Nacional para el Progreso de Rumanía (UNPR), formada en 2010 por tránsfugas socialistas y liberales para apoyar al tan insigne como incompetente y autoritario presidente Basescu, se ha autoexcluido desde su nacimiento para recibir mi voto. Lo mismo ocurre con el Partido del Pueblo – Dan Diaconescu (PP-DD), cuyas propuestas son inexistentes y basa todo su programa en el ataque al resto de candidatos y en el populismo del controvertido periodista que da nombre al partido.

Estando así las cosas, he decidido dar mi voto a Nicusor Dan - en la fotografía que encabeza esta entrada -, un joven independiente, con sólida formación universitaria, que lleva años al frente de la asociación  Salvati Bucurestiul (Salvad Bucarest), que se ha enfrentado con éxito al ayuntamiento en numerosas ocasiones para preservar el riquísimo patrimonio de la ciudad y evitar sus desmanes urbanísticos y que defiende un Bucarest medioambientalmente más sostenible, con menos coches por las aceras y más transporte público. El Sr. Dan es un candidato que ha demostrado conocer bien la Historia y la Arquitectura de la ciudad – conocimientos que valoro profundamente -, que ofrece soluciones razonables a los problemas habituales de sus ciudadanos (como, por ejemplo, facilitar el acceso de los bucarestinos a los productos agrícolas de los pequeños productores de los alrededores de la ciudad) y que ha recibido el apoyo de las más importantes asociaciones culturales de la ciudad, así como de buena parte de los intelectuales y de la sociedad civil más concienciada y activa de Bucarest.

Alea iacta est.

El origen de los nombres de los barrios de Bucarest: Ferentari y Berceni

El origen de los nombres de los barrios de Bucarest: Ferentari y Berceni

Se dice que el origen del nombre del barrio con peor reputación de Bucarest, Ferentari, proviene de la palabra latina ferentarius, nombre de un soldado romano que, además de disparar con honda, repartía nuevas armas a aquellos que perdían las suyas durante el combate. Para reafirmar esta teoría, se ha escrito que en esta zona de la ciudad se situó un campo de entrenamiento de los ferentarios del ejército del voivoda Mihai el Valiente, a finales del siglo XVI, sin embargo, la realidad es que, durante la Edad Media, no hubo ningún cuerpo militar integrado exclusivamente por ferentarios y que la propia palabra ferentarius fue un préstamo literario que no apareció hasta el siglo XIX.

Como en el caso del barrio de Berceni, el nombre de Ferentari proviene de un curioso episodio de la historia de Transilvania. A principios del siglo XVIII, el noble húngaro Francisco (Ferenc) Rákóczi II, príncipe de Transilvania, lideró junto a su leal amigo, el conde Miklós Bercsényi, una sublevación para conseguir la independencia de Hungría de los dominios de los Habsburgo. La guerra se complicó con los dos grandes conflictos bélicos que asolaron Europa en esos años, la Guerra de Sucesión Española y la Gran Guerra del Norte, y terminó con la derrota de los independentistas húngaros en la batalla de Trencín (1708). Francisco Rákóczi II se exilió primero a Polonia – donde se le ofreció la corona del país -, después a Francia para, finalmente, aceptar la invitación del Imperio Otomano a instalarse en Tekirdag, una ciudad junto al Mármara.

En su camino al exilio, el príncipe y su séquito pasaron por Bucarest e incluso levantaron un campamento al sur de la ciudad, durante un muy breve período. Es posible que algunos de los que acompañaban al noble húngaro se instalasen definitivamente aquí y que bautizasen el lugar con el nombre de su señor, Ferenc, de donde derivaría el nombre de Ferentari, o quizás los lugareños, poco acostumbrados a este tipo de visitas, nombrasen de este modo al lugar en recuerdo de tan egregio caballero. Es sólo una hipótesis, sin embargo, se ve reforzada por el hecho que el barrio de Berceni, situado junto a Ferentari, recibe su nombre del campamento de húsares que allí levantó al mismo tiempo el conde Bercsényi, inseparable compañero de armas de Francisco Rákóczi II, en su travesía a tierras turcas.

Encabezando esta entrada, una imagen del barrio de Ferentari en 1953.

Atardecer en la colina

Atardecer en la colina

A modo de ejemplo, copio la traducción del poema de Mihai Eminescu, Atardecer en la colina, publicada por Rafael Alberti y María Teresa León en 1973 (Nota: la toica es un trozo de madera o metal que se golpea para llamar a la oración en los monasterios ortodoxos):


El cuerno quejoso suena en la colina,

suben los rebaños, brillan las estrellas,

las aguas responden, gimiendo en las fuentes;

bajo las acacias, querida, me esperas.


La luna atraviesa clara y santa el cielo,

tus ojos contemplan el raro follaje,

las estrellas húmedas nacen en lo alto,

tú estás de ansias llena y de amor tu seno.


Las nubes resbalan, sus rayos se estrían,

levantan las casas sus techos vetustos,

la roldana al viento chirría en el pozo,

el valle es de humo, las flautas murmuran.


Hombres fatigados, la hoz sobre el hombro,

vuelven de los campos; la toica resuena,

la campana llena con su voz la noche,

y mi alma se quema de amor en tu fuego.


¡Ah!, pronto en el valle el pueblo se duerme,

¡ah!, pronto mis pasos hacia ti me llevan.

Cerca de la acacia pasaré la noche

e incansablemente te diré: te quiero.


Las cabezas juntas, una contra otra,

bajo la alta acacia nos adormiremos

¿Quién la vida entera no la entregaría

por una tan bella, tan dichosa noche?

 

Encabezando esta entrada, una imagen de las montañas que rodean Vama, en Bucovina.

Iancu de Hunedoara, voivoda de Transilvania y regente de Hungría

Iancu de Hunedoara, voivoda de Transilvania y regente de Hungría

Uno de los personajes más importantes para la historia de Rumanía y Hungría fue, sin duda, el voivoda Iancu de Hunedoara, conocido por los húngaros como János Hunyadi y por los españoles como Juan Hunyadi. A él nos referíamos hace unos días al hilo del primer tratado hispano-rumano de la historia pero, ¿quién fue Iancu de Hunedoara?

Tras la muerte de Luis I de Hungría (1342 - 1382), lo sucedió su hija María, casada con el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Segismundo de Luxemburgo, al que la dieta húngara reconoció como rey. Durante el reinado de Segismundo, el padre de Iancu, Voicu, un caballero de origen válaco - y, por tanto, rumano -, destacó en su lucha contra los turcos, por lo que en 1409 obtuvo el dominio del castillo de Hunedoara (de donde proviene el sobrenombre de Hunyadi). Como hiciera su padre, Iancu se distinguió también luchando contra los turcos y, en 1430, entró al servicio del propio rey Segismundo. La lealtad con la que Iancu sirvió a Segismundo y a su sucesor, Alberto II de Habsburgo (1437 – 1439), le valió el nombramiento de gobernador o voivoda de Transilvania (1441), región que por entonces formaba parte de Hungría.

La temprana muerte de Alberto II colocó al reino en una difícil situación pues su heredero, Ladislao, era menor de edad y la amenaza turca obligaba a disponer de un poder central suficientemente fuerte. En estas circunstancias, la nobleza escogió como monarca al hijo del rey de Polonia que, coronado como Vladislao I (1440 – 1444), organizó junto a Iancu de Hunedoara una exitosa campaña contra los turcos en los Balcanes. Vladislao y Iancu obtuvieron tantas victorias frente a los turcos que despertaron en toda Europa la esperanza de que los otomanos podían ser expulsados del continente.

A pesar de todo, en 1444, los turcos derrotaron estrepitosamente a los húngaros en la batalla de Varna (1444), en la que murió el rey Vladislao y Iancu fue apresado por el voivoda de Valaquia, el célebre Vlad Dracul, que sólo lo liberó por las presiones que ejerció la nobleza húngara. Con la monarquía húngara descabezada, las miradas volvieron al hijo de Alberto II, Ladislao V (1444 – 1457) subió al trono siendo menor de edad, por lo que la nobleza se apresuró a nombrar como regente a Iancu, que ejerció eficazmente plenos poderes entre 1446 y 1452, cuando Ladislao tomó las riendas del reino.

Iancu nunca abandonó la lucha contra los turcos, a los que derrotó en varias ocasiones y frente a los que obtuvo la gran victoria junto a las murallas de Belgrado (1456). Desgraciadamente, poco tiempo después, falleció afectado por la peste y el caos se adueñó de Hungría cuando también murió el rey Ladislao V. Con el trono vacante, la dieta húngara escogió como monarca al hijo de Iancu, Matías Corvino (1458 – 1490), otro de los grandes reyes de la historia de Hungría.

Mihai Eminescu

Mihai Eminescu

Así como los españoles loamos a Cervantes, los italianos a Dante, los ingleses a Shakespeare, los franceses a Moliere y los rusos a Pushkin, los rumanos consideran que su más glorioso representante literario es Mihai Eminescu.

Mihai nació en Ipoteşti (Botoşani), el 15 de enero de 1850, siendo el séptimo de los once hijos del matrimonio formado por Gheorghe Eminovici, un cultivado administrador de fincas, y Raluca Iurăscu, descendiente de una antigua familia aristocrática moldava.

Entre 1858 y 1866, Mihai asistió a la escuela en Cernăuţi – entonces capital de la Bucovina austríaca, hoy en tierras ucranianas -, donde tras la muerte de su profesor de rumano, junto a sus compañeros, publicó su primera obra, un librito titulado Lăcrămioarele invăţăceilor gimnaziaşti (Las lágrimas de los estudiantes del Instituto) para el que escribió el solemne poema La mormântul lui Aron Pumnul (A la tumba de Aron Pumnul). En 1866, el eminente académico Iosif Vulcan incluyó su poema De-aş avea (Si tuviera) en la revista literaria Familia, cambiándole el excesivamente eslavo sufijo –ici de su apellido por el más rumano, -escu, de modo que a partir de entonces se le conocería como Mihai Eminescu.

Entre 1866 y 1869, Eminescu viajó desde Cernăuţi hasta Bucarest, recorriendo las regiones históricas de la futura Rumanía – por entonces, Transilvania pertenecía a Hungría y Moldavia y Valaquia eran dos principados unidos pero sometidos al Imperio Otomano -, empapándose de las tradiciones y costumbres rumanas, de las diferentes hablas del rumano y de los problemas de un pueblo dividido, lo que despertó en él un profundo sentimiento nacionalista que reflejó en poemas como Ce-ţi doresc eu ţie, dulce Românie (Que deseo para ti, dulce Rumanía). Durante esos años, trabajó como apuntador y copista en la compañía de teatro del dramaturgo Iorgu Caragiale y, más tarde, en la del actor y director Mihail Pascaly, gracias al cual consiguió un empleo en el Teatro Nacional, donde conoció al célebre escritor y periodista Ion Luca Caragiale. Siguió publicando en Familia, escribió poesías, dramas como Mira e incluso intentó escribir alguna novela que quedó inacabada. 

En 1869, fundó con otros jóvenes escritores el círculo literario Orientul (El Oriente), uno de cuyos principales propósitos era recopilar cuentos y poesías populares así como documentos concernientes a la historia y la literatura de Rumanía. Durante el verano de ese año, paseando por el parque Cismigiu, Mihai se encontró casualmente con su hermano Iorgu, oficial en el ejército rumano, quien le convenció para visitar a sus padres durante su siguiente gira por el norte del país. Una vez allí, su padre le prometió dinero para estudiar en Viena, donde se habían trasladado la mayoría de sus antiguos compañeros de Cernăuţi, por lo que en octubre de 1869 entró en la Facultad de Filosofía de la capital austríaca. 

En Viena, Eminescu conoció al escritor Ioan Slavici y, junto a otros estudiantes rumanos de Transilvania y Bucovina, entró en la sociedad estudiantil România junǎ (La joven Rumanía). Durante sus años universitarios, Mihai leyó a Confucio, Spinoza, Hegel, Schopenhauer, Schiller, Kant y muchos otros autores universales cuyos conocimientos reflejó tanto en sus obras literarias como en sus artículos periodísticos. En 1872, se inscribió en la Universidad de Berlín, donde completó su formación, sin embargo, a pesar de los consejos de su familia y sus amigos – entre los que destacaba el crítico literario y ministro de Cultos e Instrucción Pública, Titu Maiorescu -, se negó a obtener ningún diploma influenciado, sin duda, por las corrientes románticas.

Durante esos años, Eminescu defendió con pasión la necesidad de unión cultural y política de todos los rumanos – incluidos los de Transilvania -, llegando incluso a redactar un ensayo sobre el desarrollo económico del nuevo Estado rumano, establecido en 1859 por Alexandru Ion Cuza y gobernado desde 1866 por el príncipe Carol I.

En 1874, Eminescu regresó a Rumanía, trabajando como en Iaşi como director de la Biblioteca Regional y como redactor del periódico Curierul de Iaşi. Hasta 1877, siguió publicando sus obras en la revista Convorbiri literare (Conversaciónes Literarias) y trabó amistad con Ion Creangă, uno de los cuatro autores clásicos de la literatura rumana. En 1877 se trasladó a Bucarest, donde hasta 1883 fue redactor-jefe del periódico Timpul (El Tiempo), el periódico oficial del Partido Conservador, de que Eminescu formaba parte. Su intensa actividad periodística de esos años, así como la redacción de sus poemas más significativos - Scrisori (Cartas) y Luceafărul (El lucero) - debilitaron su salud física y psíquica hasta el punto que, en 1883, cayó gravemente enfermo y fue ingresado en un hospital. Con diversos altibajos, Eminescu fue de sanatorio en sanatorio (Viena, Odessa, Monasterio de Neamț) hasta que falleció en Bucarest en junio de 1889.

Sobre sus últimos años de vida, existe también una versión conspirativa que defiende que el poeta cayó víctima de un complot político orquestado por aquellos que habían sido acusados de corrupción desde su periódico y por los que recelaban de su supuesta actividad en una sociedad secreta que luchaba por la liberación de Transilvania de la ocupación austro-húngara y por la unión de todos los rumanos en un solo Estado.

Mihai Eminescu fue, sin duda, la principal voz poética de la literatura rumana, un artista influenciado por el Romanticismo europeo de los siglos XVIII y XIX que lideró un tardío Romanticismo rumano impregnado de interés por el pasado, de pasión por la historia nacional, de nostalgia de la niñez, de melancolía y de exaltación de la naturaleza.

La tumba de Mihai Eminescu, en la que nunca faltan flores, puede visitarse hoy en el Cementerio de Bellu de Bucarest.