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Bucarestinos

El fantasma del hotel Cișmigiu

El fantasma del hotel Cișmigiu

El Hotel Palace abrió sus puertas en 1912, en pleno Bulevar Regina Elisabeta. Diseñado en estilo ecléctico por el arquitecto Arghir Culina, autor de otros edificios emblemáticos de Bucarest como el Hotel Ambasador, pronto se convirtió en un punto de referencia para los visitantes y un símbolo de la ciudad por su privilegiada situación y la belleza de su arquitectura. En la planta baja del Hotel Palace se situó, a partir de 1941, la popular cervecería Gambrinus, heredera de la inaugurada en 1901 por el dramaturgo Ion Luca Caragiale y cuya localización original había sido destruida durante los bombardeos que sufrió la ciudad durante la Segunda Guerra Mundial. El propio hotel sufrió las consecuencias de los bombardeos e incluso una bomba atravesó su cubierta hasta el tercer piso, aunque felizmente no estalló.

Tras unos años de esplendor, en 1948, el Hotel Palace fue expropiado por el régimen comunista a sus propietarios, la familia Pissiota, sustituyendo su nombre por el de Hotel Cișmigiu, de connotaciones menos regias. A partir de entonces, el edificio entró en una triste decadencia hasta que, en un estado tétrico y descuidado, fue finalmente cerrado en 1970. En 1989, con la Revolución en ciernes, el antiguo hotel fue reconvertido en una residencia para los estudiantes de la cercana Academia de Teatro y Cine, aunque siguió manteniendo su aspecto lúgubre y desaliñado debido a su inadecuado mantenimiento.

Un fin de semana de primavera, una estudiante de la República de Moldavia paseaba aburrida por los siniestros pasillos de la residencia. Aún teniendo vacaciones, no había regresado a su casa debido a su ajustado presupuesto, así que permaneció en un edificio prácticamente vacío. Sin que nadie que explique todavía el motivo, la chica se precipitó por el hueco del ascensor desde el segundo piso y permaneció tres horas agonizando en el oscuro fondo de la caja del montacargas, profiriendo gritos de ayuda cada vez más apagados y delirantes mientras la vida se le escapaba por la boca. Poco después del misterioso accidente, la residencia cerró de nuevo sus puertas y el edificio fue abandonado.

Se cuenta que, hasta hace poco, todavía se escuchaban gritos agonizantes de un alma atormentada en los pasillos del antiguo hotel, sin embargo, tras la excelente rehabilitación del edificio que ha realizado la empresa española Hercesa, propietaria del inmueble, la reinauguración del Hotel Cișmigiu y la apertura de la flamante sede del Instituto Cervantes, temo que el fantasma de la estudiante haya abandonado el lugar en busca de una localización más adecuada a sus fúnebres lamentos. 

Imagen extraída de la web The Vandalist Coolhuntin’

El origen de los nombres de los barrios de Bucarest: Aviației, Aviatorilor y Baneasa

El origen de los nombres de los barrios de Bucarest: Aviației, Aviatorilor y Baneasa

A principios de los años 80, durante la agónica recta final del período comunista, se construyó al norte de Bucarest un nuevo barrio en el que Ceaușescu pretendía alojar a familias de policías, militares y aviadores del ejército rumano, que acabaron dando nombre al barrio (Aviației o de la aviación). Como recuerdo de las intenciones del tirano, en el emplazamiento del antiguo aeropuerto de Pipera, hoy puede visitarse el interesantísimo Museo de la Aviación, en cuyos jardines languidece el famoso helicóptero que sacó precipitadamente a Ceaușescu de la sede central del Partido Comunista Rumano durante la Revolución de 1989.

Muy cerca del barrio de la Aviación se encuentra el barrio llamado Aviatorilor, es decir, el de los aviadores, cuyo nombre proviene de la preciosa estatua de estilo Art decó dedicada a los Héroes del Aire. El monumento fue realizado por los escultores Iosif Fekete y Lidia Kotzebue y erigido en 1935 para recordar a los aviadores rumanos fallecidos durante la Primera Guerra Mundial, en accidentes, en pruebas de aviación, etc.

El barrio de Baneasa, conocido hoy por su enorme centro comercial y su antiguo aeropuerto (actualmente en proceso de reforma y con vuelos muy limitados), se sitúa en el lugar que antaño ocupó un pueblo llamado Carstinesti, cuyos habitantes eran bien conocidos en Bucarest por la calidad de la leche de sus vacas y por los quesos que producían y vendían en la ciudad. En el año 1761, el pueblo pasó a formar parte de las propiedades de Ecaterina Vacarescu, esposa del ban Stefan Vacarescu. Por aquél entonces, el título de ban era el más alto rango nobiliario otorgado por los príncipes válacos y la mujer del ban solía ser conocida como baneasa, designación que acabó dando nombre al territorio de su propiedad y, finalmente, al barrio que hoy allí se levanta. 

Gettysburg

Gettysburg

Este año se celebra el 150 aniversario de la batalla de Gettysburg.

Visitando el campo de batalla y el correspondiente museo, he comprobado con tristeza cuánto recorrido nos falta a los españoles hasta alcanzar la grandeza de los nortemericanos para aceptar la propia historia y no limitarse a hablar de buenos y malos.

Creencias y supersticiones rumanas sobre... Año Nuevo

Reconozco el retraso de una entrada dedicada al Año Nuevo en Rumania, sin embargo, no me resisto a escribirla.

La entrada de un nuevo año es aquí indisoluble a la celebración de San Basilio, un santo del siglo IV, obispo de Cesarea, de salud frágil y fama de optimista y vivaracho. De mano de San Basilio, las celebraciones religiosas de la iglesia ortodoxa se mezclan con otras más antiguas, de carácter pagano, cuyo origen se remonta a los orígenes agrícolas y a las prácticas mágicas del pueblo daco-rumano.

En la madrugada del día de san Basilio, cada profesional debe utilizar tres veces su herramienta habitual de trabajo - sea un ordenador, una aguja, un lápiz o un arado - para garantizarse la faena y, más tarde, beber vino tinto a barba regada pues renueva la sangre y la prepara para el nuevo año que amanece. El clima del primer día del año nos ofrece también sus augurios pues si hace frío, nieva en abundancia y, a pesar de ello, de noche podemos ver las estrellas, es señal de que nos esperan días felices en los que no faltarán las bodas.

De buena mañana, se recomienda echar espigas de trigo por el suelo y retirarlas a última hora del día para lanzar la mayor parte al camino más cercano en el día de San Juan y reservar un puñado almacenado para protegernos de los dolores de cabeza.

A lo largo del día, los niños rumanos van de casa en casa cantando los Sorcova o villancicos de San Basilio - Semanatul o La siembra, Plugusorul o El pequeño arado, etc. - cuyos textos son una invocación a la salud, el amor, la prosperidad y el trabajo. Sorcova se llama también a un ramito que porta uno de los niños, originalmente hecho con tallos de árboles frutales (manzano, peral, ciruelo…) y rosas, pero que ahora puede ser un simple bastón adornado con hilo de lana de colores, albahaca, oropel y una pequeña campana. Por su parte, grupos de gitanos, que antaño portaban un cráneo de cerdo adornado con cintas de colores y abalorios, hacen la competencia a los pequeños cantando sus Villancicos con Vasilica y, con las propinas conseguidas, terminan el día las cuadrillas compartiendo cena.

Tradicionalmente se dice que según si los invitados a nuestra casa en el día de San Basilio son ricos o pobres, así será nuestra fortuna a lo largo del nuevo año. Sea como fuere, en ninguna mesa rumana faltarán los manjares tradicionales, colocados en abundancia sobre un lecho de ramas de abeto, que dejarán a los comensales satisfechos y con un gesto de felicidad en la cara que será también de buen agüero para el año que se inagura.

Estudio para una composición sobre Vlad Țepeș

Estudio para una composición sobre Vlad Țepeș

Carboncillo acentuado con tiza blanca sobre papel gris

Autor: G.D. Mirea (1900)

Ion Heliade Rădulescu

Ion Heliade Rădulescu

Olio sobre lienzo

Autor: Sava Henția (1880)

Palatul Victoriei

Palatul Victoriei

Creencias y supersticiones rumanas sobre… Dientes

Creencias y supersticiones rumanas sobre… Dientes

Cuando a un bebé le salen los primeros dientes de leche, el padre debe frotarlos con una moneda de plata, que le regalará después, para evitar que sufra halitosis durante su vida.

Si un bebé ve su imagen reflejada en un espejo antes de cumplir un año, le crecerán los dientes con dificultad.

Si un bebé llora durante el bautizo, no es bueno balancearlo entre los brazos pues, de lo contrario, se le caerán pronto los dientes.

Si un hombre frota con un dedo los dientes de un muerto y después los propios con el mismo dedo, no sentirá malestar alguno en su dentadura jamás.

Quien come pan roído por ratones, nunca sufrirá dolor de dientes.

El mejor remedio para el dolor de dientes es colocar sanguijuelas en las encías.

Fuente: Credinţe şi superstiţii româneşti, După Artur Gorovei şi Gh. F. Ciauşanu (Ed. Humanitas, 2012)

La cultura política de los rumanos (y III)

La cultura política de los rumanos (y III)

Los conceptos de izquierda y derecha son relativamente recientes en Rumania pues, tras la Revolución, la población se autodefinía básicamente como comunista, reformadora o anti-reformadora. Desde principios de los años 90, con pocas variaciones, alrededor del 50 % de los rumanos se autodefinen como de centro, un 30 % de centro-derecha o de derecha y, siempre por debajo de un 20 %, de centro-izquierda o izquierda.  El bajo porcentaje de los rumanos que se consideran públicamente de centro-izquierda o de izquierda es debido a la identificación general de estas tendencias políticas con el comunismo, opción política realmente ausente del panorama electoral rumano. Un estudio realizado en el año 2005 por el Institutul de Cercetare a Calităţii Vieţii indica que, en una escala del 1 (izquierda) al 10 (derecha), la población de Rumania tiene una media de autoubicación de 6, es decir, se sitúa en posiciones decididamente decantadas hacia la derecha.

Rumania sufre un conflicto sociopolítico nacionalista desde que la incorporación de Transilvania a Rumania, tras la Primera Guerra Mundial, inauguró el problema del nacionalismo húngaro. En este sentido, mientras un 87 % de la población de etnia rumana se considera orgullosa o muy orgullosa de su pertenencia nacional, este sentimiento se reduce a un 55 % cuando se consulta a ciudadanos de etnia magiar y el 45 % restante se opone enérgicamente a la integración. El resto de minorías nacionales (judíos, germanos, armenios, turcos, gitanos, etc.) tienen un fuerte sentimiento de pertenencia a su grupo étnico que no entra en conflicto con su nacionalidad. Cabe destacar que, en respuesta a los problemas político-sociales que sufre Rumania, en los últimos años han aparecido movimientos populistas que, enarbolando la bandera del ultranacionalismo y el antisemitismo (en esta tendencia despuntan partidos como Romania Mare y el Partido del Pueblo del periodista Dan Diaconescu), han obtenido un apoyo social considerable y en progresivo aumento.

Tras más de 40 años de comunismo, Rumania disfruta hoy de una democracia joven que está lejos de resultar perfecta. Las frustradas expectativas de la Revolución de 1989, el desmantelamiento de las políticas sociales del comunismo y la acelerada entrada del país en un sistema democrático-capitalista sin los necesarios controles, han provocado un descrédito de la clase política que, sin duda, perjudica a la legitimidad del sistema y lo aleja de los ciudadanos. A pesar de todo, las presiones reformistas de la UE, el retorno de muchos emigrados desde el inicio de la crisis del 2008 y la entrada en escena de una generación sin los antecedentes de sumisión de sus padres, han provocado la reciente aparición de una serie esperanzadora de corrientes sociales que, cada una en su sector, se movilizan por la mejora del sistema democrático y, en definitiva, por elevar el nivel de la cultura política de los rumanos.

Tertuliano

Tertuliano

Por una de esas carambolas que da la vida, a la que este blog no ha sido ajeno, hoy tenido el placer de participar como tertuliano en el programa Fabrica de Realitatea TV que, en plenos fastos por el Día Nacional de Rumania, ha dedicado un espacio a los extranjeros que residimos en Bucarest.

Junto a Doreen Garrigan, profesora de la Escuela Americana de Bucarest, y Naim Barbar, director de la Cambridge School of Bucarest, hemos comentado lo que nos trajo a trabajar a este país, aquello que nos gusta y aquello que nos desespera, sobre nuestra vida cotidiana e incluso sobre la turbulenta escena política.

Ha sido una interesantísima experiencia que, la verdad, no me importaría repetir.

El programa puede verse completo en el siguiente enlace (clickar sobre Astazi, ora 15:15 o sobre Sambata, 1 Decembrie, ora 15:15 si se ve a partir de mañana)

http://www.realitatea.net/emisiuni/fabrica.html

La cultura política de los rumanos (II)

La cultura política de los rumanos (II)

Tras los esperanzadores momentos iniciales, las frustraciones por los resultados de la Revolución de 1989 dieron lugar a una desvinculación de los rumanos de la política, alrededor de un 70 % de los cuales considera, desde principios de los años 90, que la política es poco o nada importante. Por otro lado, la sensación generalizada  de sufrir los efectos de una clase política incapaz, impermeable y profundamente corrupta, incide en unos elevados niveles de ineficacia política, es decir, los rumanos creen mayoritariamente que tienen muy poca capacidad de influir en la arena política y que sus dirigentes son poco sensibles a sus demandas. Todo ello redunda en una baja participación en la vida política  y en un desinterés por controlar a la clase política a través de organizaciones ciudadana. El último ejemplo ha sido el referéndum para la destitución del presidente Traian Basescu, celebrado el pasado 29 de julio. La consulta había sido favorizada por la oposición en bloque y promocionada con una importantísima campaña de los medios críticos con el presidente, sin embargo, no alcanzó el 47 % de participación y, por tanto, fue invalidada.

Un 87 % de los rumanos legitiman la democracia al catalogarla como la mejor forma de gobierno, sin embargo, la consideran imperfectamente desarrollada en Rumania.  Por este motivo, paradójicamente, un 73 % de los encuestados creen que sería bueno para Rumania tener un dirigente fuerte que no respondiese ante el Parlamento ni se sometiese a proceso electoral alguno o que sería positivo un gobierno tecnocrático. En este sentido, destaca la encuesta de la empresa Avangarde, realizada con motivo del 90 cumpleaños del depuesto rey Miguel, según la cual casi un 60 % de rumanos tiene mucha o total confianza en él. Cabe destacar también una encuesta informal, publicada el mes pasado por periódico Adevarul, en la una mayoría de los participantes indicaba que el mejor líder del siglo XX es Nicolae Ceaușescu. Anecdóticamente, un 20 % de la población opina que la calidad de vida aumentaría bajo una dictadura militar. Estos resultados indican que, aunque la percepción a favor de la democracia es amplia, existe todavía una escasa formación en valores democráticos entre la población.

Desde principios de los años 90, la Iglesia y el Ejército han sido las instituciones mejor valoradas por los rumanos, que muestran una gran confianza en ellas en el 85 % y 75 % de los casos, respectivamente. Este apoyo es debido al profundo impacto de los valores religiosos sobre las normas morales de convivencia, especialmente en el ámbito rural, y a la relación que generalmente se establece entre el Ejército y conceptos como la disciplina, la profesionalidad y unos intangibles valores nacionales, que los rumanos no aprecian en su clase política.

En el otro extremo, las instituciones del Estado cosechan un escaso resultado.  Inmediatamente después de la Revolución, la población mostraba una credibilidad en el Parlamento y el Gobierno cercana a la que tenía por la Iglesia y el Ejército (muy valorado por su apoyo a la Revolución contra el régimen comunista), sin embargo, esta sensación ha disminuido dramáticamente, con grandes oscilaciones , a lo largo de los años, hasta situarse alrededor del 20 % (ver gráfico encabezando esta entrada). Una situación similar se ha repetido con instituciones como los partidos políticos o la Presidencia (una encuesta de la empresa CCSB para Antena3 ha situado la credibilidad de la Presidencia en un 19 %, en octubre de 2012). Los enormes vaivenes en la valoración de las instituciones del Estado tiene un claro reflejo en los cambios políticos por los que ha atravesado Rumania en los últimos decenios. El más destacado ocurrió en el año 1996, cuando el antiguo Frente Democrático de Salvación Nacional, perdió la mayoría en el Parlamento frente a la Convención Democrática y cuando el excomunista, Ion Iliescu, fue derrotado en las elecciones presidenciales por Emil Constantinescu. Lo mismo, pero en sentido inverso, volvió a ocurrir en el año 2000, cuando el Partido Socialista Democrático arrebató el poder a la Convención Democrática.

Los motivos para entender el descrédito de las instituciones son muchos y complejos, aunque podemos destacar la violencia empleada como arma política (especialmente durante la mineriada de junio de 1990, estimulada por Ion Iliescu para acabar violentamente con las voces críticas con el Frente Democrático de Salvación Nacional), el caínismo en el seno de los partidos, la corrupción, el nepotismo, las privatizaciones salvajes de empresas públicas, la aparición de opacos grupos de presión, la deficiente separación de poderes, la ausencia de un proceso al régimen comunista o los problemas políticos con la minoría húngara en Transilvania, entre otros.

En la imagen, Dinámica de la credibilidad en las instituciones del Estado rumano: 1990 – 2008 Fuente: Institutul de Cercetare a Calităţii Vieţii. Valorile românilor. Încrederea în instituţii. [en línea] Newsletter 5 (Julio 2009).

La cultura política de los rumanos (I)

La cultura política de los rumanos (I)

Ante la cercanía de las próximas elecciones legislativas en Rumania, me he propuesto hacer una somera descripción de la cultura política de los rumanos a partir de algunos libros de sociología e historia y de los informes que periódicamente publica el Grupo rumano para el estudio de los valores sociales, perteneciente al Institutul de Cercetare a Calităţii Vieţii.

Como en el caso de España y el franquismo, es difícil entender la presente cultura política de Rumania sin hacer una breve referencia a su pasado comunista. El régimen comunista rumano, inaugurado en 1947 y dirigido desde 1965 por Nicolae Ceauşescu, se caracterizó desde finales de los años 70 por implantar un modelo estalinista de socialismo sometido a la única voluntad de su presidente y, en menor medida, de una poderosa Nomenkatura.

Hablar de una cultura política rumana predemocrática requeriría un análisis detenido ante la escasez de encuestas o entrevistas objetivas efectuadas en aquellos años. Sin duda, existía una minoría, impregnada de ideología, perfectamente integrada en el sistema y muy identificada con el régimen de Ceauşescu. Por otro lado, la mayoría de la población, una parte importante de la cual era población rural con escasa formación y poco interés por la política, se mostraba conformada con el régimen, aunque gracias al monopolio ideológico ejercido desde la escuela, respetaba de modo reverencial la autoridad del Partido Comunista Rumano (PCR) y de su presidente y huía de polémicas políticas. Lejos quedaba el ideal marxista de la democracia popular, siendo Rumania un estado asediado por la policía política, la temida Securitate, que convertía la disidencia en un fenómeno marginal urbano, incapaz de organizarse, de influir sobre la vida pública y de oponer una cultura política alternativa.

A lo largo de los años 80, el fracaso de las políticas industriales y económicas, el extraordinario impacto sobre la población de la política de liquidación de la enorme deuda externa de Rumania, los efectos sociales del Plan de Sistematización - que pretendía concentrar la población rural en centros agro-industriales, reduciendo en un 55 % el total de poblaciones de Rumania y trasladando forzosamente a todos sus habitantes -, la emigración forzosa de miles de miembros de las minorías nacionales (sajones, suabos y judíos, principalmente, ciudadanos social y económicamente muy útiles), el desarrollo de proyectos megalómanos, la destrucción sistemática del medio ambiente y una particular revolución cultural, que puso a toda la intelectualidad al servicio del pensamiento del dictador, transformó la apatía de la mayor parte de la población en indignación hacia el régimen, estallando en varias revueltas mineras y estudiantiles y, finalmente, en la Revolución de 1989, movimiento que acabó violentamente con el régimen y que se convertiría en un interesantísimo referente moral para toda la población.

Desgraciadamente, ante los deficientes resultados de la Revolución, muy pronto surgió el desencanto entre la población al imponerse una democracia dirigida y tutelada por exmiembros del PCR, debida a la falta de antecedentes históricos favorables a la democracia, al desconocimiento de los nuevos dirigentes políticos respecto a su funcionamiento y a una transición sin grandes consensos. Se fraguó de este modo una nueva cultura política muy característica que intentaré describir en futuras entradas.

El orfanato maldito de la Strada Franceză

El orfanato maldito de la Strada Franceză

No muy lejos del lugar donde vagan las almas atormentadas de la iglesia de San Antón, en el número 13 de la Strada Franceză, se levanta desde 1895 una preciosa mansión con una de las historias más siniestras de Bucarest.

La leyenda dice que su propietario, Stavrache Hagi-Orman, transformó su residencia en un orfanato, aunque tras su actitud aparentemente altruista se escondía una trama tan sádica como malvada. Mediante engaños, recogía a niños abandonados de las calles de la ciudad y les ofrecía albergue y sustento en su casa, sin embargo, una vez que uno de aquellos desdichados entraba en la mansión, ya nunca volvían a salir. Hagi-Orman condenaba a los niños a extenuantes jornadas de trabajo, sin comida ni agua, y por la noche los encerraba bajo llave en los rincones más oscuros y lúgubres de su enorme residencia.

Sin nadie que los reclamase y olvidados por una sociedad cegada por las luces del Pequeño París, los niños fueron muriendo de hambre y agotamiento y enterrados en algún lugar discreto, lejos de miradas delatoras. En octubre de 2011, Radu Vasile, un vecino de 84 años que ha pasado toda su vida en el número 15, todavía recordaba en las páginas del periódico Ring: “Muchos niños vagabundos eran internados allí y controlados por la familia de Stavrache, con cuyos miembros nadie en la calle se relacionaba… pero todo terminó después de la guerra”.

Posiblemente, más de 200 niños murieron en el número 13 de la Strada Franceză y todavía hoy, tras las puertas tapiadas del edificio, a media noche, algunos lugareños juran oír voces infantiles gritando: ¡Por favor, dadnos agua!

El origen de los nombres de los barrios de Bucarest: Drumul Taberei

El origen de los nombres de los barrios de Bucarest: Drumul Taberei

A propósito de mi última entrada, el nombre de la calle y del barrio llamado Drumul Taberei  - literalmente, el Camino del Campamento – data de 1821, año de la explosión antifanariota dirigida por Tudor Vladimirescu quien, junto a sus tropas de pandurii, acampó en este área antes de tomar Bucarest. Tras la conquista de la ciudad, los pandurii fortificaron una zona cercana al Monasterio de Cotroceni, que a partir de entonces se empleó para realizar ejercicios militares, para la fabricación de armamento y para el acantonamiento de nuevos reclutas.

Desde mediados del siglo XIX hasta principios del XX, la zona se pobló de campamentos militares - estacionándose principalmente regimientos de caballería y artillería - junto a campos de instrucción, depósitos de forraje y viviendas militares (cuyos vestigios todavía pueden observarse junto a la Iglesia Razoare, muy cerca de las instalaciones del 30 Regimiento de la Guardia Mihai Viteazul, el último que se ha mantenido en pie en el barrio). A principios del siglo XX se construyó también aquí un aeródromo desde donde, el 17 de junio de 1910, despegó el pionero de la aviación, Aurel Vlaicu, en un avión construido por él mismo.

En la imagen, una fotografía de Drumul Taberei del año 1964, cuando la mayor parte de los campamentos militares habían ya desaparecido, dando lugar a un nuevo y moderno barrio obrero.

La forja de la nación rumana (III): de Constantin Ipsilanti a la derrota de Tudor Vladimirescu

La forja de la nación rumana (III): de Constantin Ipsilanti a la derrota de Tudor Vladimirescu

Mediante esta entrada me propongo retomar la serie de entradas dedicada al nacimiento de Rumanía, que quedó interrumpida a principios de septiembre con la descripción de los hechos acaecidos hasta finales del siglo XVIII.

Tras decenios de conflictos ruso-turcos y a pesar de que formalmente los hospodares fanariotas seguían gobernando Moldavia y Valaquia, en el último cuarto del siglo XVIII, la influencia rusa sobre ambos Principados fue creciendo. Aprovechando el fin de un nuevo conflicto bélico que había enfrentado a Austria y Turquía desde 1788, en 1791, el Consejo señorial válaco entregó a los diplomáticos austriacos que negociaban con los turcos la Paz de Sistova, una solicitud para que apoyasen su deseo escoger a sus propios hospodares y su intención de independizarse bajo supervisión austriaca y rusa, sin embargo, sus peticiones no fueron tomadas en consideración. A pesar de ello, consciente de que el malestar rumano beneficiaba a Austria y Rusia, el sultán no ignoró completamente esas reivindicaciones y, en 1802, fijó en siete años el período mínimo de gobierno de los hospodares y admitió la condición de que, para destituirlos, fuese necesaria la aprobación del zar.

Cuatro años después, el hospodar rusófilo válaco, Constantin Alexandru Ipsilanti, intentó unir los dos Principados, al tiempo que la nobleza moldava pedía ayuda a Napoleón con el mismo objetivo. En consecuencia, el sultán destituyó a Ipsilanti y el zar respondió enviando tropas a Moldavia y Valaquia, poniendo fin al régimen fanariota.

El zar Alejandro no tenía intención de apoyar la causa nacional rumana por lo que los Principados fueron considerados territorios conquistados con acceso privilegiado a los Balcanes. En 1812, la amenaza de invasión francesa en Rusia convenció al zar de la necesidad de llegar a un acuerdo con el sultán por lo que, mediante el Tratado de Bucarest, devolvió el control de los Principados a Turquía y retuvo la mitad oriental de Moldavia, entre el Prut y el Dniéster, conocida como Besarabia, favoreciendo la inmigración ucraniana para diluir la mayoría étnica rumana.

La ocupación militar rusa de 1806 – 1812 fue considerada por los rumanos como un acto imperialista que permitió a Rusia arrebatar a Moldavia sus tierras más fértiles. Este hecho contribuyó al aumento del apoyo a la causa unionista entre la burguesía y algunos boyardos, críticos con la continua injerencia rusa y con la debilidad de los hospodares frente a Estambul y San Petersburgo.

El primer dirigente político de la causa nacional rumana fue Tudor Vladimirescu (en la imagen, encabezando esta entrada) quien, a partir de 1815 entabló relaciones con el Ministro de Asuntos Exteriores del gobierno ruso y con la Filiki Hetairía, la sociedad secreta de los nacionalistas helenos en el sur de Rusia que ganaba adeptos entre las familias fanariotas establecidas en suelo rumano. En 1820, desde su cargo de gobernador de un distrito de Oltenia, Vladimirescu pactó con Alexandru Ipsilanti – hijo del hospodar válaco depuesto por el sultán – un levantamiento conjunto de griegos y rumanos contra la Sublime Puerta.

En febrero de 1821, Vladimirescu publicó la Proclamación de Padeş, un vago programa que proponía la revolución campesina contra los boyardos, y estableció una Asamblea Popular con representantes del campesinado válaco. A principios de abril, junto a un numeroso ejército de siervos voluntarios, Vladimirescu entró triunfal en Bucarest pero la llegada de Ipsilanti y su milicia hetariota desde Moldavia lo condenó a un papel secundario que no quiso aceptar, por lo que ambos ejércitos rompieron sus relaciones. Acusado de negociar con los turcos, Vladimirescu fue ejecutado por los hetariotas en Tîrgovişte y su ejército fue disuelto. En junio, los otomanos derrotaron a Ipsilanti en la batalla de Drăgăşani y retomaron el control de los Principados.

Conferencia: Momentos compartidos de la historia de España y Rumanía

Conferencia: Momentos compartidos de la historia de España y Rumanía

En el marco de las actividades del Bono Cervantes, organizadas en la nueva sede del Instituto Cervantes de Bucarest (Blvr. Regina Elisabeta, 38), el próximo viernes, 2 de noviembre, entre las 18 h y las 20 h, realizaré la conferencia titulada:

Momentos compartidos de la historia de España y Rumanía

Desde que Trajano puso sus pies en la Dacia de Decébalo hasta que Santiago Carrillo o el príncipe Juan Carlos se reunieron con Ceausescu para facilitar la Transición, Rumanía y España han compartido muchos momentos de su Historia y su Cultura que permanecen más o menos ocultos tanto para el público español como para el rumano. En este curso haremos un repaso por la Historia y la Cultura de ambas naciones, conoceremos cómo los legionarios hispanos de la legión VII Claudia se asentaron en tierras rumanas, sabremos por qué los visigodos dejaron la tierra rumana para establecerse en España, explicaremos cómo una herejía oriental caló profundamente en tierras catalanas, nos adentraremos en la historia de la última defensa de Constantinopla, en la que participaron tropas castellanas, a través de los frescos del monasterio de Moldovita, veremos cómo los autores del Siglo de Oro español reflejaron las hazañas de Iancu de Hunedoara en sus obras de teatro, conoceremos a los soldados rumanos de la Guerra Civil española y muchos otros episodios curiosos que iremos desvelando a lo largo de la sesión.

Para inscribirse, sólo hay que consultar la página web del Instituto Cervantes (http://bucarest.cervantes.es)

La calle Covaci

La calle Covaci

En mi última entrada hice referencia a un vecino de la calle Covaci, muy cercana a la tétrica cruz levantada sobre los restos de la Iglesia de San Antón. El nombre de la calle es el tributo de la ciudad a las habilidades del gremio de herreros, que antaño desarrollaba sus actividades en esta vieja vía. La palabra rumana covaci es una reminiscencia de la palabra eslava kovaci (herrero).

La calle Covaci, aunque breve, tiene una historia egregia. El poeta rumano por excelencia, Mihai Eminescu, trabajó como redactor-jefe en la sede del periódico Timpul, situado en el número 14 de la calle, junto al Viejo Café. Sumido en el ambiente crápula y despreocupado del centro de Bucarest, escribió por esos años sus famosas Cartas, mientras en el número 15 nacía el escritor vanguardista, Ion Minulescu, que con sus obras poéticas revolucionaría el género cultivado por Eminescu.

El número 3 de la calle Covaci debiera ser un lugar de obligada peregrinación para todo rumano de buen yantar pues allí abrió sus puertas el restaurante “La Iordache”, de cuyas cocinas salieron las legendarias mititei, un clásico de la gastronomía rumana.

Los depravados príncipes de la Vieja Corte, de Matieu Caragiale, pasaron sus noches etílicas y de desenfreno en la calle Covaci, mientras contemplaban cómo su mundo se desmoronaba a su alrededor al tiempo que entraban en una de las páginas más gloriosas de la literatura.

Grandes artistas del panorama cultural rumano de finales del siglo XIX y principios del XX se reunían en los restaurantes y los cafés de la calle Covaci. Escritores como Ion Luca Caragiale o George Raneti o músicos como George Enescu disfrutaban del ambiente disoluto de la taberna de Elefterie Ionescu, en el número 11, o se abastecían en el pequeño colmado del griego Papadopoliu. Cuando el bolsillo lo permitía, los bohemios se juntaban en el popular restaurante de Nicolae Rădulescu, abierto en el número 20, que atraía a los paseantes con el olor de su barbacoa, siempre encendida, y los acordes de la música tradicional rumana. En la esquina de la calle Covaci con la Plaza de San Antón, entonces Plaza de las Flores, se levantaba desde 1781 el Viejo Café, emblemático lugar de reunión de muchos bucarestinos, donde disfrutaban de un café humeante y una pipa de agua mientras comentaban las últimas noticias y discutían sobre política.

Después de años de abandono y olvido, hoy la calle Covaci ha recuperado parte de su viejo encanto gracias a curiosos bares como el Atelierul Mecanic, a pinacotecas como el Bruno Wine Bar y a modernos establecimientos como el Absinteria Sextina, que con el reclamo de la bebida bohemia por excelencia, trata de devolverle también aquel entrañable toque tarambana de principios de siglo.

La leyenda de las atormentadas almas de la iglesia de San Antón

La leyenda de las atormentadas almas de la iglesia de San Antón

Los turistas que pasean por el bullicioso centro de Bucarest y, posiblemente, una buena parte de los lugareños, ignoran el origen de una cruz sobre un pedestal, rodeada de un muro bajo de ladrillo, que se alza en la Plaza de Sfântul Anton, muy cerca de la Iglesia Principesca de la Corte Vieja y de Hanul lui Manuc.

En 1735, en el lugar delimitado hoy por la pared, se levantó la Iglesia de Sfântul Anton sobre las ruinas de un antiguo templo destruido por los turcos de Sinan Paşa en 1595. La iglesia era de dimensiones reducidas y, con el paso del tiempo, se la acabó conociendo como Iglesia de la Cárcel, por levantarse junto a los muros de un viejo arsenal reconvertido en prisión por el príncipe Constantin Brâncoveanu (a modo de curiosidad, en un documento de 1770, se denomina a este edificio "Puşcărie Domnească", es decir, Cárcel Principesca, siendo el primer texto en lengua rumana en el que aparece la palabra puşcărie).

El 23 de marzo de 1847, día de Pascua, se declaró un terrible fuego en Bucarest que devastó todo el centro, destruyó centenares de edificios, tiendas, posadas y varias iglesias. La Iglesia de Sfântul Antón tampoco se salvó de la quema. El incendio avanzó tan rápido que pilló desprevenidos a los fieles que asistían al servicio religioso. Las llamas rodearon el templo, pronto alcanzaron el techo y éste acabó derrumbándose sobre el grupo de desdichados. Cuando el fuego se extinguió y pudieron retirarse los escombros, salieron a la luz decenas de cuerpos carbonizados que fueron enterrados en una fosa común en el mismo lugar que los vio morir.

Tras la catástrofe, pronto empezaron a extenderse historias entre los vecinos sobre apariciones espectrales, gemidos fúnebres y espíritus afligidos que vagaban entre las sombras de la plaza. El miedo fue progresivamente en aumento, las visiones se sucedían y el pánico asomó entre la población del Centro Viejo por lo que, en 1860, las autoridades permitieron que se levantase la cruz que hoy todavía puede verse en la plaza de Sfântul Anton para “proteger al lugar de cualquier impureza”. 

Hace exactamente un año, el periódico Ring recogía las declaraciones de Constantin Ghepeca, un anciano vecino de la cercana calle Covaci, que afirmaba que había visto merodear a unos perros vagabundos por la desventurada plaza y abandonar el lugar con huesos humanos en sus fauces.

La leyenda de las atormentadas almas de la iglesia de San Anton continúa.

Imagen tomada del periódico digital, Libertatea.

Método sajón de combatir el divorcio

Método sajón de combatir el divorcio

Hace casi tres años, me referí en una entrada a una excursión que realizamos por algunas de las imponentes iglesias sajonas fortificadas, levantadas en varias poblaciones cercanas a Brașov. Aunque disfrutamos a manos llenas de todas las visitas y de las conversaciones con los lugareños, acabo de descubrir una costumbre de la comunidad sajona que tiene su reflejo arquitectónico en los muros de estos templos y que, por aquel entonces, pasé por alto.

Por suerte o por desgracia, los matrimonios de hoy en día no son como los de antes y se rompen con un suspiro, sin embargo, en una comunidad de frontera como la sajona, profundamente tradicional, un hombre o una mujer solteros eran seres incompletos por lo que el divorcio era una costumbre muy mal vista.

Durante la Baja Edad Media, cuando una pareja sajona, harta de discusiones y peleas, se planteaba seriamente el divorcio, la comunidad la encerraba en una pequeña habitación, construida en los muros de su iglesia, en la que el matrimonio debía compartir una cama, una escudilla, un juego de cubiertos, un vaso para el agua y una única ración diaria de alimentos. Durante dos semanas, el desdichado dúo debía replantearse así su drástica decisión siguiendo un método que, según la tradición, consiguió limitar los daños a un único divorcio en 300 años. La tradición no menciona, sin embargo, la cantidad de asesinatos que debieron producirse en estos cubículos durante el mismo período.

En la impresionante la iglesia de Biertan - en la imagen -, cercana a Sighișoara, todavía hoy puede visitarse uno de estos angostos habitáculos contra el divorcio, construido en los muros de una de sus torres.

La tradición vitivinícola de Rumania

La tradición vitivinícola de Rumania

Desde un punto de vista viticultural, Rumania se sitúa entre los más importantes países de Europa, disponiendo de una superficie de vides que alcanza las 190.000 hectáreas. La producción anual de vino rumano - 5 millones de hectolitros en 2008 - sólo se sitúa por detrás de España, Francia, Italia y Portugal aunque, desgraciadamente, más del 90 % se consume en Rumania, convirtiéndose en un delicioso secreto todavía por descubrir en el continente. A partir de este hecho, podría deducirse erróneamente que a los rumanos les gusta empinar el codo más que a sus vecinos, sin embargo, el consumo medio per capita se asemeja al de los españoles, los griegos o los austriacos y es inferior al de los franceses, los italianos, los portugueses y, sobre todo, al de los habitantes del Vaticano, el país con mayor consumo individual de vino del mundo.

El cultivo de la vid y la elaboración de vino se han practicado en los territorios que hoy comprenden Rumania desde tiempos inmemoriales, como así lo atestiguan el hallazgo de vides silvestres fosilizadas, datadas en el 7.000 a.C., y de decenas de aperos procedentes de múltiples excavaciones arqueológicas y actualmente expuestos en el Museo Nacional de Historia y Arqueología de Constanza o en el Museo de la Vid y el Vino en Murfatlar. Ambos museos, por ejemplo, prueban cómo hace 2.500 años ya se producía vino en la región costera de Dobrudja, caldos que probó y elogió el poeta Ovidio, durante su exilio en la zona tras su disputa con el emperador Augusto en el 8 d.C. Por otro lado, algunas de las principales palabras del vocabulario viticultural rumano provienen del antiguo idioma dacio, como butuc (cepa), strugure (uva) o ravac (mosto).

Tras la conquista romana de Dacia, en el año 106 d.C., se produjo un gran desarrollo de la industria del vino en la nueva provincia del Imperio, hecho reflejado en los motivos representados en las monedas acuñadas en la ceca de Tomis, la actual Constanza. Las vicisitudes sufridas por el territorio de Rumania, durante las invasiones que azotaron la zona durante la Edad Media, sin duda afectaron al cultivo de la uva y a la obtención de los caldos, sin embargo, siguieron practicándose sin interrupción a lo largo de los siglos.

En el momento de la unión de los Principados de Valaquia y Moldavia (1862), la superficie de cultivo de vid rondaba las 100.000 hectáreas y había aumentado a 150.000 en 1884, cuando Rumania alcanzó la independencia del Imperio Otomano.  Rumania no se libró de la plaga de filoxera que afectó a toda Europa en la segunda mitad del siglo XIX, crisis que permitió establecer relaciones entre productores rumanos y asesores franceses e introducir nuevas variedades de uva en la región como Pinot Noir, Cabernet Sauvignon, Merlot, Chardonay, Aligoté y Sauvignon Blanch.

Las variedades francesas se añadieron así a las autóctonas – Feteasca Alba, Feteasca Regala, Grasa de Cotnari, Busuioaca de Moldova, Crâmposia, Babeasca Neagra, Feteasca Neagra, etc. – para conformar una excelente tradición vinícola que todavía hoy perdura y que está a la espera de una oportunidad para ser descubierta por los más exigentes paladares.