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Bucarestinos

Catedrala Mântuirii Neamului Românesc o el nuevo triunfo de la ortodoxia

Cuando los arquitectos Isidoro de Mileto y Artemio de Tralles guiaron por primera vez a Justiniano por la imponente Catedral de Santa Sofía, en Constantinopla, se dice que el emperador murmuró:

- ¡Salomón, te he vencido!

 Algo parecido estará pensando Daniel III, Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rumana, sobre Ceauşescu ante la visión del proyecto de la futura Catedrala Mântuirii Neamului Românesc (algo así como Catedral de la Salvación del Pueblo Rumano).

La idea de construir una gran catedral no es en absoluto nueva pues, poco tiempo después del final de la Primera Guerra Mundial, el arquitecto Petre Antonescu ya realizó un primer diseño que contó con el apoyo del Patriarca Miron Cristea. La llegada del comunismo en 1947 frenó en seco el proyecto que sólo resurgió en 1989, poco después de la caída del régimen, con una propuesta algo atolondrada que pretendía levantar un gran templo en el centro de la Piața Unirii, uno de los principales nudos de comunicación de Bucarest.

En los siguientes años se discutió mucho sobre el emplazamiento más adecuado para un proyecto de esta naturaleza e incluso se barajó muy seriamente destruir el Monumento a los Héroes del Comunismo del Parque Carol I, sin embargo, el entonces alcalde de la capital y hoy presidente del gobierno, Traian Băsescu, se opuso radicalmente.

De la sistemática destrucción del centro de la ciudad que desarrollaron las autoridades comunistas tras el terremoto de 1977, con el objetivo de desarrollar el faraónico proyecto estalinista de la Casa Poporului y del Bulevard Unirii, hace un par de años apenas quedaban un par de grandes espacios por edificar, uno de los cuales estaba situado a espaldas de lo que hoy se conoce como Palacio del Parlamento (nombre políticamente más correcto que Casa Poporului). Finalmente, en junio del año 2009, la Iglesia Ortodoxa Rumana anunció a bombo y platillo que el complejo catedralicio se iba a levantar precisamente en este terreno, hasta hace poco un espacio prácticamente abandonado, repleto de árboles y malas hierbas (parlamentarios a parte), sin acceso público.

A pesar del impactante anuncio, la construcción de los cimientos de la Catedral no ha empezado hasta hace pocos meses, tras una misa que reunió a la flor y nata de la Iglesia Ortodoxa nacional. El edificio de cemento armado, la mayor construcción ortodoxa de Rumanía, tendrá 120 m de altura (algo más que su vecina, la Casa Poporului, en un claro gesto de victoria sobre el comunismo), 120 m de longitud y 70 m de anchura. Construida en estilo bizantino trufado de elementos neo-rumanos, tendrá un espacio litúrgico principal con capacidad para 5.000 creyentes, dos salas polivalentes en el subsuelo, una galería de exposiciones y estará preparada para resistir un terremoto de 8,5 grados en la escala de Richter. Según su arquitecto, Constantin Amaiei, la Catedral está diseñada para permanecer en pie, al menos, 1.000 años.

El complejo catedralicio tendrá también un aparcamiento para 700 vehículos, un helipuerto y espacio suficiente para que 125.000 fieles sigan la liturgia desde el exterior a través de varias pantallas gigantes. A su alrededor, se levantarán también 4 edificios: la Casa del Apóstol Andrés, con una residencia para peregrinos religiosos, la Casa del Apóstol Pedro, para peregrinos laicos, el Centro Cultural Misionero del Apóstol Pablo y el Centro Social Médico del Apóstol Lucas, destinado a enfermos y abuelos.

Aunque inicialmente el presupuesto de la construcción se elevó a 400 millones de euros, el despacho de arquitectos responsable del diseño del complejo, Vanel Exim, afirma ahora que puede levantarse por la mitad de precio. Sea como fuere, un coste inmenso en un momento de profunda crisis económica, política y social que sufraga mayoritariamente la propia Iglesia Ortodoxa, con algunas aportaciones del Gobierno e incluso de sorprendentes donantes como el Papa Juan Pablo II, que durante su visita a Rumanía en 1999 ya donó 100.000 € para la construcción del santuario.

Para concluir, a modo de curiosidad maliciosa, hoy en Rumanía existen 18.300 iglesias y 4.700 escuelas. 

Postales del Este

Postal 1. El jugador norteamericano del CSS Giurgiu, Chauncey Hardy, de 23 años, eufórico por la victoria de su equipo ante el Dinamo de Bucarest, es apaleado en una discoteca de la localidad sureña cuando intenta bailar con unas chicas que acompañan a un miembro de la mafia local. Hardy es trasladado al hospital de la ciudad en estado comatoso pero el médico de guardia, creyendo que se trata de un coma etílico, lo deja postrado en una camilla y no le hace una sola prueba médica. ¡Qué se le pase la pájara! Cuatro horas después, Hardy no se despierta y es enviado a un hospital en Bucarest en una ambulancia sin médico. Tras 9 horas de espera, muere en la sala de operaciones. El ministro de Sanidad dice que ha habido fallos en el sistema.

Postal 2. La eurodiputada rumana del Partido Popular Europeo, Elena Oana Antonescu, pregunta a la comisión parlamentaria de Medio Ambiente, Salud Pública y Seguridad Alimentaria por las conclusiones de un rotundo estudio de la Asociación Eslovaca de Consumidores según las cuales, algunas grandes marcas como Coca-cola o Nestlé emplean ingredientes de menor calidad en la fabricación de sus productos para los mercados de Europa del Este. Ciertos fabricantes han admitido esta costumbre pero actualmente no existe legislación europea que evite este comportamiento discriminatorio.

Postal 3. La última canguro que nos ayudaba en casa con los niños nos ha dejado sin avisar y sin dar explicación alguna. Buscando deseperadamente a quien la sustituya, contactamos con alguien que se lamenta: El trabajo me interesa pero si lo hubiese sabido hace 10 días no me habría comprado una vaca. Ahora no tengo a quien dejar la vaca, lo siento.

Gara Filaret: la primera estación ferroviaria de Bucarest

Gara Filaret: la primera estación ferroviaria de Bucarest

En 1866, cuando Carol I fue proclamado Príncipe de Rumanía, era más fácil y seguro viajar desde Iaşi hasta Bucarest trasladándose desde la capital de Moldavia hasta Suceava - en aquel momento, situada en la Bucovina austro-húngara -, tomando un tren hacia Budapest y, desde allí, un barco por el Danubio hasta Giurgiu para finalmente alcanzar Bucarest a caballo o en una diligencia, que hacerlo directamente por las peligrosas, mal trazadas y escasamente mantenidas carreteras del Principado.

Carol I, un personaje con sólida formación académica y militar, comprendió rápidamente la necesidad de facilitar el transporte desde la capital hacia el Danubio para embarcar viajeros o mercancías rumbo al Mar Negro o al centro del continente. Con este objetivo, Carol I se implicó personalmente en la construcción de una línea de ferrocarril, la primera del país, que uniría Bucarest con Giurgiu, el puerto fluvial más cercano a la capital.

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De este modo, sólo tres años después, en octubre de 1869, se inauguró la línea Bucarest-Giurgiu y la nueva estación de tren bautizada como Gara Filaret. La estación, construida con un cierto aire victoriano temprano, tiene en su fachada una sencilla marquesina de madera sostenida por ménsulas de hierro fundido de mediados del siglo XIX. Levantada sobre planta cuadrada, desde el cuerpo central que constrituye la entrada principal se extienden dos secciones que forman con él un gran espacio abierto en el que antaño se disponían tres líneas de vías y los correspondientes andenes. Esta zona, hoy totalmente desdibujada, está cubierta por una imponente estructura metálica original con forma triangular que aparentemente se sostiene sobre arcos ciegos de medio punto.

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En diciembre de 1872, se inauguró la Gara de Nord, nueva estación que conectaba Bucarest con las principales líneas de ferrocarril del país por lo que progresivamente la Gara Filaret fue perdiendo importancia. En 1960 dejó de funcionar como estación de ferrocarril, las vías fueron desmontadas y se convirtió en una estación de autobuses.

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La Gara Filaret languidece hoy en una plaza alejada del centro de la ciudad, oculta bajo una bien intencionada capa de pintura que no le hace justicia. Se habla de que algún día se convertirá en un Museo del Ferrocarril, de que la cubierta será restaurada y de que sus antiguos andenes albergarán viejas locomotoras, fotografías, esquemas y mapas pero, de momento, sólo aloja a algunos perros callejeros, un par de puestos de pipas, a viajeros despistados y un evocador aire nostálgico que nos habla de sus buenos y viejos tiempos.

Centinela de Oriente

Centinela de Oriente

Postal publicada por la Editorial Militar en fecha indeterminada

Ion Mincu, padre del estilo neo-rumano en arquitectura

Ion Mincu, padre del estilo neo-rumano en arquitectura

Ion Mincu, nacido en Focşani en 1852, fue uno de esos personajes excepcionales que escasean en nuestros tiempos y, por desgracia, especialmente en Rumania. Prestigioso hombre de cultura, involucrado en la política de su tiempo, periodista y profesor, proporcionó un ímpetu vital a la Ilustración con tites nacionalistas que impregnó la cultura rumana entre los siglos XIX y XX.

Mincu se graduó primero en Ingeniería en la Escuela Nacional de Carreteras y Puentes de Bucarest (1875) y después en Arquitectura en la famosa École des Beaux Arts de París (1884); primero como fundador y más tarde como Presidente de la Asociación Rumana de Arquitectos, Mincu contribuyó definitivamente a la elaboración de la estética y los cánones constructivos del conocido como estilo neo-rumano.

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Su Casa Lahovary, diseñada en 1886, está considerada como el manifiesto de la nueva corriente arquitectónica. Entre 1889 y 1892, mediante el diseño del Buffet en el Parque Kisselev (que hoy alberga el restaurante Casa Doina), Mincu elaboró admirablemente la reinterpretación de los distintos elementos espaciales de las típicas casas rurales rumanas, como las verandas, los arcos de medio punto, etc.

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Basado en el plano que Mincu realizó para el pabellón-restaurante de la Exposición Universal de París de 1889, el Buffet es la más exitosa expresión de su lenguaje, gracias a su sabio empleo del efecto pintoresco, de la composición asimétrica y de las suntuosas decoraciones, donde las innovaciones y los materiales tradiciones se combinaron en formas extremadamente originales hasta alcanzar un perfecto equilibrio.

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En otra de sus creaciones, la Escuela Central para Chicas de la calle Icoanei, construida en 1890, Mincu elaboró de nuevo una reinterpretación los cánones de la arquitectura religiosa de finales del siglo XVII en clave moderna.

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El edificio, de planta rectangular, contiene un patio interior cerrado inspirado en las premisas arquitectónicas monásticas mientras que las fachadas están divididas en dos registros conectados por un cinturón trenzado y decoradas con paneles de cerámica vidriada. Estos paneles contienen los nombres de mujeres famosas en la Historia de Rumanía y están escritos con una caligrafía inventada por el propio Mincu para decorar el Buffet y que se convirtió en la habitual de la arquitectura neo-rumana. En cualquier caso, Mincu asoció los motivos decorativos de la tradición local con pedimentos, capiteles y elementos ornamentales clásicos denticulados.

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Mincu reunió sus obras como un compendio de innovaciones estéticas y edilicias, con un acentuado carácter romántico. Su esfuerzo de innovación se desarrolló como una búsqueda incesante de valores y elementos espaciales capaces de trazar una línea de continuidad con la cultura arquitectónica nacional. De acuerdo con Mincu, uno de los arquetipos culturales era la Iglesia Stavropoleos, construida en el centro de Bucarest a principios del siglo XVIII y cuya restauración dirigió él mismo.

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Mincu fue reconocido como un maestro por los arquitectos de su generación, como Petre Antonescu, Nicolae Ghika-Budesti o Cristofi Cerchez, y desarrolló su labor como tal en la Escuela de Arquitectura de Bucarest donde, no sin cierta falsa modestia, afirmó que todo lo que había ideado lo había aprendido en realidad corrigiendo los trabajos de sus alumnos.

¡Terremoto!

¡Terremoto!

La noche pasada, a las 5:40 h, la tierra ha temblado en Bucarest.

Hasta la capital ha llegado con fuerza la onda expansiva de un terremoto de intensidad 4,8 en la escala de Richter que ha tenido lugar a 134 Km de profundidad en Vrancea, un departamento a 180 Km de Bucarest.

Lo curioso del asunto es que el movimiento de la cama me ha despertado. No he dudado ni un segundo de que se trataba de un terremoto, sin embargo, he caído profundamente dormido al instante. Y es que para terremotos, los que tengo en casa.

El 552 cumpleaños (oficial) de Bucarest

El 552 cumpleaños (oficial) de Bucarest

Hace tres días, Bucarest celebró el 552 aniversario de su primera mención escrita, que no de su nacimiento, según veremos.

En una carta fechada el 20 de septiembre de 1459 (imagen que encabeza esta entrada), firmada por el mítico Príncipe de Valaquia, Vlad III Drăculea o Ţepeş El Empalador, se menciona Bucarest por primera al referirse a su fortificación, aunque la antigüedad de la ciudad parece mucho mayor.

En el texto de 1459, Vlad III se dirige a tres personajes llamados Andrei, Iova y Drag disculpándoles del pago de sus obligaciones (el diezmo y los derechos aduaneros por el comercio con ovejas, cerdos, abejas, grano y vino) con el objetivo de fortalecer su relación y asegurar sus haciendas de Ponor, en Oltenia. En el texto del documento, escrito sobre pergamino en lengua eslava – oficial en la cancillería del Principado de Valaquia –, se menciona que fue “escrito el 20 de septiembre en la fortaleza de Bucarest en el año de 6968” (1459), lo que confirmaría la existencia de la ciudad.

El 13 de junio de 1458, desde las orillas del río Damboviţa (iuxta fluvium aque Domboviche), Vlad III se dirigió en otra misiva a los ciudadanos de Braşov sin mencionar castillo alguno, sin embargo, sólo dos años más tarde, en 1460, escribió de nuevo “desde el campamento cercano al río Damboviţa”, lo que nos permite suponer que la fortificación fue levantada entre los años 1458 y 1459 – quizás sobre las ruinas de otra construida medio siglo antes por el abuelo de Vlad III, Mircea El Viejo - con la intención de dificultar un posible ataque de las tropas turcas por el camino hacia Târgovişte, sede de la corte principesca.

El pavo real en la simbología de la arquitectura neorumana

El pavo real en la simbología de la arquitectura neorumana

Uno de los motivos más repetidos en la decoración de las villas de estilo neorumano de Bucarest es el pavo real, un ave con una profunda carga simbólica.

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El pavo real es, en casi todas las culturas, un símbolo solar relacionado con la belleza, la gloria, la inmortalidad y la sabiduría. Originario de la India, se trasladó a Occidente junto a su significado simbólico a través de Babilonia, Persia y Asia Menor, alcanzando Grecia en el Período Clásico. Su simbolismo solar está, sin duda, relacionado con su larga cola de colores y sus manchas en forma de ojos que, debido a su forma circular y a su brillo, conectan también con el ciclo vital y eterno de la naturaleza.

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En la Grecia Clásica se relacionó al pavo real con el mito de Hera, esposa de Zeus y la más importante de las diosas del panteón olímpico. Según cuentan, Hera encargó a Argos que vigilase a una de las amantes de su infiel esposo pero, por orden de éste, cayó asesinado por Hermes. Cuando la diosa se enteró de la muerte de Argos, tomó sus cien ojos y los puso en la cola del pavo real, dándole así el aspecto que tiene actualmente. En Roma, Juno tomó el relevo de Hera y las princesas y emperatrices tomaron el pavo real como su símbolo personal. De este modo, el pavo real pasó al simbolismo cristiano fuertemente relacionado con la Gran Diosa por lo que no es difícil comprender su conexión positiva con la Virgen María y las delicias del Paraíso. Por otro lado, según Aristóteles, la carne del pavo real es incorruptible por lo que los cristianos, a través de San Agustín, lo relacionaron la resurrección de Cristo y con la promesa de inmortalidad. Por su parte, en el folclore musulmán el pavo real era el guardián de las puertas del Paraíso.

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Las representaciones de pavos reales bebiendo de un cáliz o de una fuente (Fuente de la Vida) simbolizan un renacimiento espiritual, asociado con los ríos del Paraíso, con el bautismo y con la eternidad del alma.

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En muchas representaciones de estilo neorumano, el pavo real está acompañado de las hojas y los sarmientos de una vid y picotea las uvas que brotan de ella, escena con un profundo simbolismo en el contexto del Evangelio. Jesús empleó la alegoría de la vid para indicar a los creyentes (sarmientos) la necesidad de que permaneciesen unidos al tronco (Jesús) para recibir la sabia que los mantendría vivos: “Yo soy la vid vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada" (Juan 15, 1-8). Finalmente, la elección de la uva para acompañar al pavo real no es tampoco casual pues refleja la importancia de la viticultura en la idiosincrasia de los lugareños desde hace 2.500 años.

 

Casa Macca

Casa Macca

Tras el paréntesis vacacional, retomo la serie de arquitectura de Bucarest con uno de los más bellos ejemplos de la ciudad, la Casa Macca, sede actual del Instituto de Arqueología “Vasile Pârvan”.

Esta maravilla bucarestina fue construida en 1891 para la familia del coronel Petre Macca – imagen, a continuación -, un héroe de la Guerra de Independencia herido gravemente en la batalla de Griviţa, que convivía allí con su mujer Elena (hoy es posible contemplar un retrato de los esposos en la Iglesia de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo de Miroşi, en el departamento de Argeş) y sus dos hijos, Ioan y Mihai, ambos licenciados en derecho en la Universidad de París.

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Diseñada por el arquitecto J. Berthet  en un ecléctico estilo con influencias barrocas y Art Nouveau, tiene 4 plantas (sótano, primer y segundo piso y buhardilla) y una fachada profusamente decorada con motivos vegetales y rostros barbados en los frontones sobre las amplias ventanas, con ángeles, cornucopias, caras de mujer y cabezas de león, medallones y elementos heráldicos. La entrada se hace por el lateral, a través de una majestuosa puerta con frontón sobre el que dos enormes atlantes sostienen un imponente balcón. Para embellecer, más si cabe, todo el conjunto, a ambos lados de esta fachada lateral se levantan dos preciosas galerías de hierro forjado de estilo modernista.

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Si el exterior es impresionante, el interior no desmerece. Se accede por un vestíbulo cubierto con una bella pintura alegórica con una mujer rodeada de querubines.

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Una vez en traspasado, se entra en una gran sala a cuyo alrededor las habitaciones se disponen simétricamente en un eje imaginario que la conecta con la buhardilla, a través de un hueco central con forma de elipse, creado en el primer piso, que actúa como balcón y permite el paso de la luz natural que entra por una claraboya.

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Una escalera de mármol, sostenida por otros dos atlantes, permite acceder al primer piso.

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Las paredes están decoradas con estuco y paneles pintados, entre otros, con un sereno paisaje fluvial, con motivos vegetales y escenas de ángeles jugando. Sobre los marcos de las puertas del primer piso hay medallones con los bustos de algunos prohombres romanos.

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A la muerte de Elena Macca, en 1896, la casa pasó a manos públicas y en 1932 se convirtió, gracias al esfuerzo del político e historiador Nicolae Iorga – por aquel entonces, primer ministro de Rumanía -, en el Museo Nacional de Antigüedades. Pocos años después y hasta la actualidad, el edificio ha albergado el Instituto de Arqueología “Vasile Pârvan”, que desde 1924 publica ininterrumpidamente la prestigiosa revista Dacia, sobre Arqueología e Historia Antigua.

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Esta semana hemos entrado en la Casa Macca como Pedro por su casa, sin que ninguno de los residentes que se han cruzado con nosotros nos preguntase ni nuestros nombres. Lo primero que impresiona es su jardín repleto de estelas funerarias y conmemorativas, estatuas, restos de pedimentos y frisos, sarcófagos y columnas, grabados tanto en griego como en latín, producto de las excavaciones arqueológicas en yacimientos repartidos por toda la geografía rumana (suficientes para hacer un museo dignísimo sobre el pasado griego y romano del país). Tanto la fachada como el interior del bellísimo edificio requieren de una rehabilitación urgente, sin embargo, a pesar de la suciedad, las grietas y los desconchados, todavía es posible disfrutar de su antigua opulencia.

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Hemos paseado por la biblioteca - una maravilla de pasillos estrechos y polvorientos repletos de estanterías inalcanzables que albergan miles de tomos sobre Arte e Historia Antigua en Rumanía y sus alrededores -, por el vestíbulo, los salones y las habitaciones, alguna de las cuales mostraba tras descuidadas vitrinas preciosos ejemplos de cerámica de Cucuteni.

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Mención a parte merece nuestra visita a la buhardilla, un increíble espacio abierto y luminoso con un espectacular entramado de tablones que sostiene las cúpulas de la mansión.

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He leído que en los últimos años ha habido muchas promesas de restauración de la Casa Macca por parte del ayuntamiento, sin embargo, hoy languidece en una calle secundaria cerca del centro de la ciudad a la espera de que un nuevo terremoto o la codicia inmobiliaria acaben con su glorioso pasado.

Recuerdo de Vama

Voronet

Voronet

 

Stâlpul lui Vodă (Vama)

Stâlpul lui Vodă (Vama)

En la relación entre rumanos y turcos no todo fueron batallas y caras de perro pues la clase dirigente boyarda dio también muestras de colaborar con la Sublime Puerta cuando creyó que defendía mejor sus intereses frente a austríacos y rusos.

Un ejemplo de ello lo tenemos en Vama, donde se levanta el llamado Stâlpul lui Vodă, una estela erigida por el boyardo Mihai Racoviță en 1717 en recuerdo de su campaña en Transilvania contra los austríacos. Mihai Racoviță fue escogido Príncipe de Moldavia por el sultán en tres ocasiones, entre 1703 y 1705, entre 1707 y 1709 y entre 1716 y 1726. También fue Príncipe de Valaquia entre 1730 y 1731 y entre 1741 y 1744, circunstancia bastante habitual pues la Sublime Puerta no solía dejar que un príncipe se eternizase en su cargo para evitar que le cogiese gusto al poder o que sus súbditos le tomasen demasiado cariño.

Durante la guerra austro-turca de 1716-1718, las tropas del emperador Carlos VI de Habsburgo invadieron Valaquia para arrebatársela al sultán. En noviembre de 1716, las tropas austríacas ocuparon Bucarest y con ayuda de algunos ciudadanos, tomaron prisionero al Príncipe Nicolás Mavrocordato y lo enviaron a una prisión en Sibiu.

Tropas imperiales entraron entonces en Moldavia y, acompañadas por tropas moldavas opuestas a Racoviță, avanzaron de forma aplastante hasta Neamț, donde tomaron sin problemas la imponente fortaleza. En enero de 1717, una pequeña parte del ejército imperial, dirigida por el capitán belga François Ernau, entró en Iași para detener al Pírncipe moldavo. Temiéndose sufrir la misma suerte que su homólogo válaco, Mihai Racoviță se refugió en el Monasterio de Cetățuia, en Iași, que fue inmediatamente asediado. La suerte de Racoviță cambió cuando en ayuda de sus tropas acudieron 2.000 jinetes tártaros que conjuntamnete derrotaron a los austríacos, prendieron a Ernau y lo decapitaron frente a la Corte Principesca.

Tras la victoria, el Príncipe Racoviță, al frente de los moldavos leales y los jinetes tártaros, persiguió a los derrotados austríacos hasta Transilvania, donde por orden del sultán debía dar su apoyo a Francisco Rákóczi II en su lucha por la independencia de Hungría del Imperio de los Habsburgo. La firma del Tratado de Passarowitz entre el Imperio Otomano y Austria, en julio de 1718, pilló a las tropas de Racoviță en el sitio de Bistrița que, ya sin enemigo, lo abandonaron retirándose a Moldavia.  

En su regreso, el Príncipe Mihai Racoviță decidió construir un monumento en Vama - antigua frontera entre Moldavia y Transilvania, de ahí su nombre - que recordase sus hazañas, por lo que levantó esta columna monolítica de 3 metros de altura, grabada en rumano escrito con caracteres cirílicos,  que todavía nos recuerda los hechos de aquella campaña.

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La desmembración de la Gran Rumanía

La desmembración de la Gran Rumanía

Desde años antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, Rumanía jugó un peligroso juego de equilibrios que consistió en mantener su alianza con Francia y la Pequeña Entente mientras realizaba inequívocos gestos de acercamiento al Eje. A pesar de ello, a partir de septiembre de 1939, ya no cupieron las ambigüedades, la garantía franco-británica a la independencia de Rumanía ya no servía y el país estaba rodeado de enemigos que reclamaban grandes parcelas de su territorio.

La dictadura del rey Carol II tenía, además, en los fascistas de la Guardia de Hierro a su enemigo interior. Tras el asesinato del francófilo, Armand Calinescu, se organizó una campaña de represión que dejó desarticulada a la Guardia de Hierro. El nuevo jefe de Gobierno, Gheorghe Tătărescu, intentó mantener la neutralidad de Rumanía en el combulso escenario europeo aunque, en un claro gesto al Eje, liberó a los legionarios que habían sido detenidos durante la campaña. A pesar de ello, en marzo de 1940, los alemanes no dudaron en amenazar con invadir Rumanía si no se admitían sus pretensiones y de este modo consiguieron el derecho de paso en caso de intervención en los Balcanes y un ventajoso “pacto del petróleo”, que permitía al Reich extraer y obtener crudo a bajo precio en territorio rumano. A cambio, Carol esperaba el apoyo alemán contra la URSS, sin embargo, cuando los soviéticos reclamaron la anexión de Besarabia - de acuerdo con el pacto secreto Ribbentrop-Molotov - y Bucovina (en rojo en el mapa adjunto), el Ejército Rojo pudo ocupar cómodamente ambas regiones con el consentimiento de Berlín y Roma.

En estas circunstancias, Tătărescu fue sustituido por el pronazi Ion Gigurtu en un Gobierno que, además, incluyó al nuevo jefe de la Guardia de Hierro, Horia Sima. De poco sirvió el gesto pues muy poco después, Gigurtu fue llamado a la residencia de Hitler en Berghof donde sufrió las presiones de alemanes e italianos para entregar el norte y centro de Transilvania (en verde en el mapa adjunto) hasta el punto que, el 19 de agosto, el Gobierno aceptó el arbitraje de Viena, por el que las potencias del Eje entregaron el norte y el centro de la región a Hungría. En septiembre, Bulgaria, otra aliada del Reich, exigió la devolución de la Dobrudja meridional (en lila en el mapa adjunto), entregada poco después por Bucarest mediante el acuerdo de Craiova.

La Rumanía resultante de estas amputaciones (en amarillo en el mapa adjunto) no tenía ya el peligrosísimo problema de las nacionalidades, sin embargo, la población recibió de forma traumática el final del sueño de la Gran Rumanía. En un ambiente de protestas populares contra el rey y el Gobierno, la Guardia de Hierro intentó dar un golpe de Estado por lo que Carol II colocó al frente del Gabinete al general Ion Antonescu, que secretamente simpatizaba con los legionarios. Apenas llegado al poder, Antonescu obligó a abdicar al rey en su hijo Miguel I y pasó a encabezar como Conducator al Statului una dictadura militar que, apoyada en la Guardia de Hierro, proclamó en septiembre de 1940 el Estado Nacional Legionario, cuya suerte quedó unida a la del Reich mediante su adhesión al Pacto Tripartito, sólo un mes después.

Cazando florones

Me refería hace unos días a los originales florones que coronan muchos de los edificios neo-rumanos de Bucarest. Hoy, paseando por los alrededores de Gara de Nord, he atesorado unos cuantos más que añado a la colección que inicié en aquel momento.

Muchos de los florones que he visto eran cónicos. El siguiente, muy simple y sostenido por una alta base con medallones y un entrelazado típico del estilo neo-rumano, no ha soportado el duro clima de Bucarest y se eleva, mutilado, a la espera de una difícil restauración.

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Otro, en mejor estado, se levanta gallonado sobre una base esgrafiada.

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Otro curioso florón simula una llama sobre un pebetero, sostenido por una pedestal trapezoidal sencillamente ornamentado con motivos geométricos noe-rumanos.

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Dos torres gemelas son coronadas por dos florones en forma de maza con puntas, en recuerdo de un pasado violento en el que los rumanos tuvieron que enfrentarse a múltiples invasores y, por encima de todos ellos, a los turcos.

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Unos metros más allá, otra casa muestra en su punto más alto una maza simple o quizás el extremo de un cetro.

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Otro florón, menos agresivo, tiene forma de campana.

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Y al casi al final de mi paseo, un gran descubrimiento. Un florón enorme, de madera, sostenido por una robusta base octogonal, con una cornisa decorada y una cúpula gallonada y escamada de inspiración bizantina, que no puedo evitar me recuerde también a la cúpula del crucero de la catedral de Zamora.

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Arquitectura mestiza

Arquitectura mestiza

Bucarest está repleta de bellísimos ejemplos de cada uno de los estilos que he ido desglosando en el blog a lo largo de los últimos meses, sin embargo, el repertorio arquitectónico no acaba en los ejemplos más puros de cada uno de ellos pues existe también todo un conjunto de edificios, muchas veces mestizos, de aspecto original y sorprendente.

La calle Ion Puşcariu, muy cerca del Parque Carol I, alberga algunos de las más hermosas villas de la ciudad. Nada más entrar en la calle, a la derecha, nos topamos con un edificio de estilo Art Deco perfectamente restaurado, propio de los años 20-30. Su aspecto compacto recuerda el producto de un juego de construcción con los que los niños hacen sus primeros ensayos arquitectónicos, levantando casas o castillos con piezas cúbicas y cilíndricas más o menos hábilmente amontonadas. Esta villa, de decoración bastante simple, destaca por sus grandes ventanales y por reflejar el espíritu geométrico propio del Art Deco a través del juego de horizontales y verticales establecido mediante las cornisas, la marquesina de la entrada y la moldura de baquetones que decora la fachada.

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 Un poco más allá se levanta uno de los ejemplos más interesantes de arquitectura mestiza de la ciudad, edificio de transición entre la casa anterior y la última que comentaré. Se trata de una casa unifamiliar que combina elementos neo-rumanos, otros modernos y motivos decorativos propios del Art Deco. Su estructura es básicamente racionalista - una de las corrientes de la arquitectura moderna – pero su diseñador tuvo la habilidad de combinar de manera muy armónica elementos ajenos a este estilo. Sobre la puerta de entrada, una sencilla marquesina, típica del estilo neo-rumano, protege al visitante de las inclemencias del tiempo mientras espera que le abran la puerta.

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Un largo friso rodea la casa combinando motivos romboidales y estrigilos, mientras que las numerosas ventanas que alimentan de luz las estancias están rodeadas de un alfiz con relieves vegetales, propio de la arquitectura tradicional válaca. Las ventanas, elaboradas como un tríptico metafórico de la Santísima Trinidad, se inspiran directamente en la arquitectura religiosa del sur de Rumanía. Sobre una de ellas, un festón bastante críptico decora la fachada principal.

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En las esquinas de los muros, aparentemente reforzando el ángulo aunque con un simple objetivo decorativo, unos aristones Art Deco, con la recurrente forma escalonada, embellecen todavía más, si cabe, el conjunto.

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Avanzando unos pocos pasos encontramos una villa de estilo puramente neo-rumano que destaca, además, por la cerca labrada que la rodea. De nuevo encontramos aquí las ventanas-tríptico propias de la arquitectura religiosa y, sobre ellas, un alfiz conopial de inspiración otomana. El visitante es recibido aquí por una marquesina sostenida por una columna de fuste muy corto y capitel muy decorado, típica del estilo Brancovan. Un sencillo friso bajo la cornisa embellece también la fachada.

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Una galería abierta, cuyo techo aparentemente se sostiene por una curiosa estructura de madera propia de la arquitectural rural, invita a sentarse y a pasar la tarde viendo pasar a los transeúntes mientras se disfruta de una buena novela y del olor de las rosas que la envuelven.

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Mención aparte merece la valla, labrada con motivos vegetales y curvos, propios del sur de Rumanía y el norte de Bulgaria y alejados de la decoración geométrica más utilizada en las zonas montañosas del país.

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Si el lector tiene un momento, puede acercarse a contemplar estos tres bonitos ejemplos de arquitectura bucarestina en la calle Ion Puşcariu, a dos minutos andando desde la parada de metro de Tineretului.

Rumanía, años 30: camino a la perdición (y II)

Rumanía, años 30: camino a la perdición (y II)

Apenas llegado de nuevo al trono, Carol II se enemistó con Iuliu Maniu debido a su oposición a las relaciones sentimentales del rey con su amante, Helena Lupescu, y a la negativa influencia de la intrigante camarilla real. Por este motivo, los nacional-campesinos sustituyeron a Maniu por Gheorgje Mironescu para presidir un gobierno que duró escasamente un año. Desentendiéndose del juego de mayorías, Carol II encargó formar gobierno a su antiguo preceptor, Nicolae Iorga, quien negoció una coalición de partidos conservadores que, aunque logró el triunfo en los comicios de junio de 1931, enseguida se deshizo por las divisiones entre sus miembros.

En estas circunstancias, en 1932 el rey pidió de nuevo a los nacional-campesinos que retornaran al poder. De este modo, Vaida-Voevod convocó unas elecciones que, como de costumbre, dieron mayoría absoluta a su partido, sin embargo, la Asamblea resultante quedó muy fragmentada y la extrema derecha consiguió un peso considerable. La etapa de gobierno de PNC coincidió con el período más duro de la crisis económica – consecuencia del crack del 29 - y con fuertes brotes de conflictividad social, aunque también con un momento de apogeo de la política exterior rumana, de manos de Nicoale Titulescu, que reforzó los lazos de Rumanía con Francia y la Pequeña Entente y estableció un tratado de no agresión con la Unión Soviética a cambio del cual ésta reconoció la soberanía rumana sobre Besarabia.

El desgaste del gobierno nacional-campesino y la enemistad del rey con Maniu llevaron a Carol II a dar el poder a los liberales en 1933. Como primer ministro, Ion Duca organizó así nuevas elecciones y se marcó como uno de sus objetivos fundamentales la eliminación de la Guardia de Hierro. Por este motivo, el 10 de diciembre la Guardia fue puesta fuera de la ley para que no pudiera presentarse a las elecciones y muchos de sus miembros fueron detenidos. En respuesta, los legionarios asesinaron a Duca el día 29.

Aunque a la muerte de Duca se alzó con la presidencia del PNL Constantin Brătianu, su oposición a los manejos políticos del rey le apartaron del Ejecutivo a favor de Gheorghe Tatarescu quien, más dispuesto a acatar las órdenes del monarca, consiguió mantenerse en el gobierno entre enero de 1934 y noviembre de 1937. En este período, la tradicional francofilia rumana cambió hacia posiciones más favorables hacia Roma y Berlín. El crecimiento del comercio y las inversiones del Tercer Reich animaron a muchos financieros y empresarios a adoptar posturas germanófilas, que coincidían con las de algunos dirigentes de la extrema derecha y de los nacional-campesinos, cada vez más proclives a colaborar con la Guardia de Hierro. Paralelamente, el antisemitismo ganaba terreno entre las más diversas capas sociales y los judíos comenzaron a ser excluidos de la sociedad rumana. En las elecciones de 1937, ningún partido alcanzó el 40 % de los votos para gobernar en mayoría, aunque la extrema derecha consiguió el 27 % de los escaños en la Cámara baja.

Los comicios demostraron que el sistema electoral ya no garantizaba la mayoría de alguno de los partidos de notables ante el empuje de los extremistas. El rey, deseoso de acabar con la Guardia de Hierro, se apoyó en medios empresariales y en la derecha radical y entregó al poder al ultraderechista Octavian Goga, quien formó un gabinete filonazi. Alarmado por el germanismo del Gabinete y temeroso de la fuerza de los legionarios de Codreanu, en febrero de 1938, el rey Carol II depuso al gobierno, suspendió la Asamblea Nacional y prohibió los partidos políticos. El rey nombró al dócil patriarca Miron Cristea como primer ministro y a su hombre de confianza, Armand Calinescu (en la imagen), como ministro del Interior. A finales de mes, se aprobó una nueva Carta Magna que reforzaba los poderes del monarca y limitaba la autoridad del Ejecutivo y del poder judicial.

Como dictador, Carol II se apoyó en la camarilla palaciega, en industriales y banqueros leales y en las Fuerzas Armadas. Extremó las medidas de represión contra la Guardia de Hierro, cuyos miembros fueron expulsados de la Administración y el Ejército y recluidos en campos de concentración. El propio Codreanu fue detenido en la primavera de 1938 y ejecutado por agentes del Ministerio del Interior bajo el pretexto de un intento de fuga. Dispuesto a consolidar su régimen, a finales de 1938, Carol II creó el oficialista Frente del Renacimiento Nacional según el modelo fascista. A la muerte del patriarca Cristea, Calinescu pasó a presidir un gobierno de hombres de confianza del rey y, aunque quiso distanciarse del Reich intentando formar un Bloque de Neutrales, la agresividad del Eje le obligó a firmar un acuerdo económico con Alemania que acentuaba la dependencia de Rumanía. En septiembre, un comando legionario apoyado por los nazis asesinó a Calinescu tras acusarlo de la muerte de Codreanu, en respuesta, se desató una extrema represión contra la Guardia de Hierro y muchos de sus miembros fueron ejecutados.

En esas circunstancias, alemanes y soviéticos atacaron Polonia. La Segunda Guerra Mundial había comenzado y el régimen rumano se vio amenazado por los deseos de venganza de sus enemigos exteriores, rusos, húngaros y búlgaros.

Sobre el tráfico de armas en estos lares

Sobre el tráfico de armas en estos lares

Las películas nos han enseñado cómo, tras el desmantelamiento de la Unión Soviética, los malos acuden a supermercados perdidos en las montañas del Cáucaso o en los extensos bosques siberianos para comprar armamento de saldo ofrecido por generales rusos corruptos reconvertidos en mafiosos. Por suerte, los satélites espías del MI6 o de la CIA siempre tienen sus ojos puestos sobre ellos y, en el momento de mayor efervescencia especulativa, aparece James Bond, Bruce Willis o cualquier otro héroe para solventar el entuerto con una ensalada de tiros, algunas oportunas cabriolas y una gran dosis de suerte y adrenalina.
 
En Rumanía andamos escasos de héroes de semejante calibre, así que la prensa y los políticos sólo discuten sobre el misterioso robo que tuvo lugar en un tren que partió desde Brasov a finales de la semana pasada. El convoy llevaba 27 vagones, ocho de los cuales transportaban material militar, por lo que estaba custodiado por 10 gendarmes. Después de pasar la noche del viernes en la ciudad transilvana, el tren se dirigió hacia Giurgiu, camino de Sofía. Poco antes de llegar a la ciudad junto al Danubio, el tren se detuvo ilegalmente para que los conductores cargasen 70 litros de diésel que pensaban pasar de contrabando a Bulgaria mientras los diez oficiales de la policía encargados de vigilar el vehículo se reunieron en el primer vagón para ver la tele. De este modo, cuando el tren llegó finalmente a la frontera, unos operarios se percataron de que uno de los vagones había sido forzado, el sello estaba roto y la puerta no estaba correctamente cerrada.
 
Al comprobar qué había ocurrido, constataron horrorizados que alguien había robado 4 cajas con 64 ojivas de proyectiles de 122 mm para ser usados en lanzamisiles múltiples sobre plataforma móvil Grad, de marca rusa. Las ojivas, compuestas de material explosivo y un detonador, constituyen la parte delantera de misiles o cohetes usados normalmente para destruir vehículos o edificios o para dispersar material químico o biológico y, aunque por sí solas no constituyen un peligro, ensambladas en un misil pueden causar mucho daño.
 
En un primer momento, para tranquilizar al personal, el portavoz de la gendarmería dijo, precisamente, que sin acoplarlas a un proyectil no tenían ninguna utilidad, mientras que el comité de defensa del Parlamento rumano aseguró que, probablemente, los ladrones no tenían ni idea de lo que habían robado y que posiblemente sólo buscaban chatarra. Poco después se anunció a bombo y platillo que las ojivas iban descargadas y, curiosamente, poco después las 4 cajas aparecieron ayer en Gara de Nord, aparentemente intactas.  
 
No es la primera vez que desaparecen armas en Rumanía. En enero del año 2009, el depósito de la Unidad técnica militar de Ciorogarla fue asaltado por unos intrusos que se llevaron un montón de ametralladoras AKM y pistolas Carpati y TT, además de algunas bayonetas y prismáticos. Finalmente se detuvo a los ladrones, miembros de la familia mafiosa Preda, constantemente involucrada en tráfico de drogas y de armas, en robos y asesinatos.
 
Si me preguntan, creo que los cacos no buscaban únicamente metal para venderlo a peso pues del tren en cuestión no se llevaron nada más que las ojivas y fueron directamente al vagón que las alojaba. Posiblemente, cuando comprobaron que estaban descargadas, decidieron abandonarlas en un lugar público para interrumpir la intensa búsqueda de la policía y el Ejército. Sea como fuere, esta vez hemos tenido un final feliz sin la intervención de ningún héroe de acción, sin embargo, también hemos comprobado con un escalofrío cómo unas armas tan potentes pueden ser fácilmente robadas y acabar cayendo en manos de algunos de los muchos desaprensivos que pueblan el mundo más allá de las pantallas de cine.

Florones bucarestinos

Florones bucarestinos

Bucarest es una ciudad para ir con la cabeza bien alta y la mirada atenta. Cada uno de los estilos arquitectónicos que embellecen Bucarest – aún cuando los edificios adolecen de una escandalosa falta de mantenimiento -  presenta unas características que invitan al paseante a no perder detalle y a descubrir montones de originales rincones, aristas, ángulos y remates.

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Entre los más insólitos elementos de la arquitectura bucarestina se encuentran los florones (finiala, en rumano), elementos decorativos inspirados en el Gótico, que adornan las cúspides de torres, cúpulas o tejados de muchos edificios neo-rumanos, otorgándoles un cierto aspecto de fortaleza.

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Los florones bucarestinos, lejos del origen de su nombre, tienen formas de lo más variadas. Muchas se inspiran en el arte otomano, recordándonos los cinco siglos de ocupación musulmana en territorio rumano, otras son más simples, con trazados geométricos, y las hay incluso compuestas, dejando al arquitecto un margen para la extravagancia.

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Existen también florones más raros, inspirados en los remates de los pajares del mundo rural o incluso en armas medievales, como la gran maza que culmina la cumbre del Museo de Geología – encabezando esta entrada - y que nos recuerda también los cinco siglos de resistencia del pueblo rumano contra el ocupante turco.

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Hay un mundo de florones ahí fuera por descubrir y fotografiar, así que invito de nuevo al lector a recorrer las calles de Bucarest con atención y a realizar sus propios hallazgos.

 

Rumanía, años 30: camino a la perdición (I)

Rumanía, años 30: camino a la perdición (I)

Durante los años 20, el sistema parlamentario rumano funcionó razonablemente bien, sin embargo, en la década siguiente se derrumbó debido la inestabilidad de un multipartidismo extremo y muy cambiante, a la celebración de elecciones cargadas de irregularidades y una clase política totalmente incapaz de regenerar la vida pública rumana. También fue determinante la actitud del rey Carol II (1930 – 1940) -en la imagen, encabezando esta entrada -, un admirador de Mussolini que empleó sus poderes constitucionales para someter a los partidos a su voluntad. Al derrumbe del parlamentarismo también contribuyeron las élites económicas e intelectuales que, ante la gran expansión industrial y la fortaleza de comunistas y fascistas, dejaron de creer en la capacidad de los partidos para manipular al electorado y las elecciones y apostaron por un Estado autoritario en el que la burguesía financiera y empresarial mantuviera el control sobre la vida nacional en alianza con la Corona y el Ejército.

A mediados de 1930, el jefe de Gobierno, Iuliu Maniu, enfrentado a la Regencia que representaba al joven rey Mihai, invitó a Carol a retomar el trono de Rumanía. El 8 de junio, Carol retornó a Bucarest y, apoyado por el Ejército y el Partido Nacional Campesino, se proclamó rey como Carol II.

Desaparecido Ionel Brătianu, el Partido Nacional Liberal asistió a la lucha por la jefatura entre su hermano Constantin, Ion Duca y Gheorghe Tatarescu. Ante el retorno de Carol al trono, el PNL se dividió entre un sector mayoritario contrario a la nueva situación y los leales al monarca, los gheorghisti, encabezados por el hijo de Ionel, Gheorghe Brătianu, que acabaron por formar un nuevo Partido Liberal. Los nacional-campesinos también sufrieron una escisión de la que surgieron el Partido radical Campesino y el Partido Agrario mientras que el partido del general Averescu se disgregó en la Liga Agraria de C. Argentoainu, en el ultraderechista Partido Nacional Agrario de Octavian Goga y el Frente de los Labradores de Petru Groza, futuro aliado de los comunistas. Todos estos grupos tuvieron su influencia en la vida política de la época, aunque nunca pudieron competir por el voto campesino que apoyaba a Maniu o con el fascismo rural encarnado en la Guardia de Hierro.

Desde comienzos de la década, la derecha radical y fascista experimentó un gran crecimiento. La ultraderecha alcanzó la presidencia del Gobierno de manos de Goga en 1937, mientras que la Legión de San Miguel Arcángel se convertía en un popular movimiento de masas llamado la Guardia de Hierro. El violento antisemitismo de los legionarios, su aversión por la burguesía liberal y el parlamentarismo y su mística cristiana y nacionalista marcaron su trayectoria y los condenó a la clandestinidad. Su principal adversario era el propio monarca, que hizo todo cuanto pudo para ilegalizar a la Guardia de Hierro. A pesar de todo, la Guardia obtuvo varios diputados en 1932 y rápidamente atrajo a intelectuales y campesinos e incluso a un sector de la burguesía, que veía a los legionarios como un freno a los comunistas.

Por su parte, los comunistas continuaron siendo una fuerza marginal y proscrita, aunque en 1931 consiguieron representación en la Cámara baja. No obstante, la crisis económica facilitó una mayor presencia comunista en los sindicatos y las huelgas de 1933 permitieron que una generación de militantes del interior como Lucretiu Patrascanu, Vasile Luca o Gheorghe Gheorghiu-Dej se impusiera a los líderes en el exilio.

Recuerdos de la Exposición Nacional Rumana de 1906

Recuerdos de la Exposición Nacional Rumana de 1906

En lo que hoy es el espacio ocupado por el Parque Carol I, en el año 1906 se celebró la gran Exposición Nacional Rumana para conmemorar el 25 aniversario de la proclamación del Reino de Rumanía, el 44 aniversario de la coronación de Carol I y el 1800 aniversario de la conquista romana de Dacia. La idea de realizar una exhibición de semejante magnitud conectaba con el fenómeno de las Exposiciones Universales que periódicamente se celebraban en los países de Europa occidental y en Estados Unidos desde mediados del siglo XIX y que jugaron un importante papel en la elaboración de la identidad nacional de los países participantes: cada uno se presentaba a sí mismo mediante un pabellón que debía recoger las esencias de la nación (clickar en las imágenes para aumentar su tamaño).

Exposición Nacional Rumana vista general

La exposición se concibió como la representación de toda la nación rumana, incluyendo los rumanos que vivían fuera de los límites de Rumanía, por lo que para evitar una situación política que podía ser incómoda, se invitó también a participar a Austria y Hungría. Adicionalmente, Francia e Italia fueron invitadas por el origen latino que compartían con los rumanos. Bucovina tuvo su propia sección dentro del pabellón austríaco, aunque disponía de dos espacios separados de exposición, una réplica del Monasterio de Putna y una típica casa campesina, mientras que los rumanos de Transilvania también tenían su pabellón, independiente del de Hungría. Además, a los pabellones nacionales se añadieron otros dedicados a la industria, el comercio, la agricultura, la silvicultura y la minería. A continuación, fotografía del pabellón de Austria.

Pabellón Austria

Los arquitectos escogidos para diseñar los pabellones fueron Ştefan Burcuş y Victor Ştefănescu, quienes emplearon todo el vocabulario del recién estrenado estilo neo-rumano, dándole reconocimiento oficial a nivel arquitectónico y demostrando su utilidad para todo tipo de programas arquitectónicos. De este modo, si hasta el momento se había empleado un lenguaje historicista para los edificios oficiales, a partir de ese momento se construyeron en Bucarest en estilo neo-rumano edificios administrativos, bibliotecas, museos, bancos e incluso casas particulares. A continuación, una imagen del rey Carol I.

Carol I

 De aquel importantísimo evento quedan recuerdos que todavía pueden disfrutarse y que ayudarán al visitante a hacerse una idea del impacto que tuvo en el futuro perfil urbano de la capital de la Rumanía de principios de siglo. Un primer y curioso ejemplo lo encontramos en el puente que sortea un pequeño lago muy cerca de la entrada de la calle Lânăriei y bajo el que se sitúa la terraza de un bar. Diseñado en 1906 en estilo neo-rumano por el ingeniero Gogu Constantinescu (1881 – 1965), fue uno de los primeros puentes de cemento armado levantados en el mundo. Se da además la circunstancia que, trabajando para el Reino Unido, Constantinescu fue también el inventor de sincronización de las ametralladoras con las hélices de los aviones, lo que sin duda otorgó una gran ventaja a la fuerza aérea inglesa frente a la alemana y contribuyó a la victoria de los Aliados durante la Primera Guerra Mundial.

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 En la cima de la colina que encabeza la avenida central del Parque Carol I, al final de una amplia escalinata construida a imagen de las famosas escaleras de Odessa que inspiraron a Sergéi Eisenstein en su Acorazado Potemkin, se levanta el imponente monumento antaño dedicado a los Héroes del Comunismo – mausoleo reservado a los líderes del PCR – y que hoy homenajea al Soldado Desconocido. En 1906 albergaba el Pabellón de las Artes de la Exposición, sin embargo, cuando los comunistas alcanzaron el poder lo derribaron por su estilo excesivamente burgués (así consideraban el estilo neo-rumano) y lo sustituyeron por el presente panteón.

Palacio de las Artes ayer y hoy

Muy cerca de allí, aunque fuera de los límites del parque, se levanta el llamado Castillo de Agua, una reconstrucción muy libre de la fortaleza de Poenari, en Argeş, que fue residencia del temido Vlad Tepeş El Empalador (imagen, a continuación).

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De entre los edificios originales de la exposición, también se conserva el edificio llamado Arene Romane, un anfiteatro al aire libre para 5.000 espectadores, construido en estilo dórico, que en ocasiones ha sido considerado como el primer verdadero parlamento de Rumanía al reunirse allí el rey Fernando I con todos los representantes públicos de Rumanía al inicio de su reinado. Actualmente, Arenele Romane se emplean como escenario de conciertos.

Arenele Romane 3

También con motivo de la múltiple conmemoración, el arquitecto Nicolae Ghika-Budesti construyó la Iglesia del Cuchillo de Plata, inspirada en la Iglesia de San Nicolás de Iaşi, en un estilo moldavo, con pinturas exteriores y decoración cerámica, que todavía hoy podemos disfrutar.

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La Exposición también tuvo espacio para obras de menor tamaño pero de igual monumentalidad, como las fuentes, en especial la construida por el alcalde George Grigore Cantacuzino, en estilo neo-rococó, con una gran arcada con la efigie de San Demetrio, patrón de Bucarest, columnas jónicas y un estanque lobulado. También se conservan dos estatuas de gigantes – una de ellas obra del escultor Dimitrie Paciurea - que durante la muestra flanqueaban una cascada de agua.  

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Otra curiosidad que pasa hoy casi inadvertida es una montaña de cemento armado que surge entre los árboles. En aquel momento, el hormigón armado era una novedad en el país y con aquella montaña artificial pretendían los organizadores dar a conocer un nuevo material que supondría una revolución en la construcción de los futuros edificios de la ciudad. Paralelamente, la forma escogida pretendía emular las montañas de Transilvania y mostrarlas a un público poco acostumbrado a viajar.

Falsa montaña