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Bucarestinos

Excursión al Museo Nacional Militar

Excursión al Museo Nacional Militar

Hace 11 años, cuando llegamos a Bucarest por primera vez como despistados turistas, KLM había perdido nuestras maletas y con ellas la guía de viajes, así que erramos por la ciudad sin destino aparente mientras esperábamos a que nos avisasen desde el aeropuerto de que nuestras cosas estaban en suelo rumano. 

Mucho tuvimos que vagar por la ciudad para topar con el Museo Nacional Militar pues no está precisamente céntrico, sin embargo, ese justamente fue el primer museo que visitamos en Rumania a falta de algo mejor que hacer. Aunque estaba un poco perjudicado debido al abandono y a la falta de visitantes, fue una grata sorpresa pasear por sus salas y especialmente por su patio trasero, un verdadero cementerio de curiosísimos cacharros soviéticos (aviones de combate, tanques de la Segunda Guerra Mundial, misiles, helicópteros, vehículos de transporte, camiones destartalados…).

Tantos años después, las profesoras de la guardería de nuestros enanos les han permitido seguir nuestros pasos y han visitado el museo renovado, aunque han vuelto a casa algo confusos pues, según ellos, se trataba de un museo de piratas.

El Museo Nacional Militar (http://www.defense.ro/muzeumilitar/index.html) es una institución creada en 1923 por el rey Fernando I para explicar la historia de los ejércitos rumanos. El museo ha contado desde siempre con la protección de la Casa Real Rumana, sin embargo, ha contado también con excelsos padrinos como Radu Rosetti,  Vasile Pârvano o Nicolae Iorga, entre otros.

La exposición está principalmente dedicada al arte militar, aunque no exclusivamente. En el edificio se muestran objetos desde el Neolítico hasta la Rumania integrada en la OTAN, según una secuencia cronológica que lo convierte en un verdadero museo de la historia de Rumania (sobre todo considerando la ignominia de que el verdadero Museo Nacional de Historia de Rumania lleve cerrado al público varios años por falta de presupuesto).

Las distintas salas muestran todo tipo de armamento, dioramas históricos, uniformes, cuadros explicativos, mapas y un sinfín de cachivaches de lo más interesantes. Como no podía ser de otro modo, también hay un espacio dedicado a la Revolución de 1989, con interesantes fotos y documentos, que pueden ayudar a comprender un poco mejor la explosión de rabia contra el régimen anterior.

Aunque los museos militares suelan dar una cierta grima al público general, recomiendo sinceramente la visita a este lugar pues permite hacerse una idea bastante precisa de la historia de Rumania a través de sus guerreros pasando, además, un buen rato.

Escalofriante aniversario

Escalofriante aniversario

Es cierto que ahora hace un año que pasó a mejor vida Michael Jackson

También es verdad que el apasionamiento de sus fans puede llegar a niveles insospechados.

A pesar de todo, me cuesta entender que un engendro semejante levante pasiones tales como para comprarle un cuadro a esta buena señora para decorar el salón de su casa.

Aunque, pensando un poco, conozco a alguien que quizás...

 

La parálisis nacional

La parálisis nacional

Leía hace un rato en el periódico que el número creciente de recursos, los problemas con la documentación y el miedo de los funcionarios a la Comisión Nacional Anticorrupción, han llevado este año a la cancelación de tres cuartas partes de las ofertas públicas lanzadas a través del portal de Internet oficial de las administraciones rumanas.

Sólo en los 5 primeros meses de 2010, 15.000 licitaciones, por valor de unos 6.000 millones de euros, han sido canceladas. El  ministro de Comunicaciones ha atribuido esta situación al miedo de los empleados del ministerio a ser investigados por Anticorrupción. 

Es decir, en palabras del propio ministro, Rumania está paralizada por funcionarios que, temerosos de ser cazados en sus corruptelas, prefieren poner el freno al desarrollo del país a trabajar honrada y eficientemente con los recursos que les llegan principalmente desde la UE.

¡Esto se hunde!

¡Esto se hunde!

Cada verano ocurre un curioso fenómeno en la calles de Bucarest. A medida que sube la temperatura, en muchas vías de la ciudad empieza a combarse el asfalto, formando baches más o menos profundos.

A pesar de todo, los coches siguen circulando por encima por lo que en unos días el asfalto empieza a agrietarse y, al cabo de poco tiempo, aparece un socavón. El hoyo suele ser de tamaño variable, desde un palmo de diámetro hasta más de un metro. Lo más desconcertante del asunto es la profundidad que alcanzan estos boquetes y lo desconocido de sus causas (¿el agua subterránea erosiona la base arenosa del terreno y éste acaba cediendo?, esta es mi hipótesis).

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El servicio de mantenimiento de las vías públicas de la ciudad deja mucho que desear, por lo que estos baches pueden estar días obstaculizando la calzada sin ser reparados. Los vecinos suelen tener la amabilidad de señalarlos empleando métodos de lo más variopintos: colocar una silla encima, meter unas ramas dentro o, como ha ocurrido en nuestra calle, plantarle un poste de casi dos metros de altura.

 Hace 4 días, un par de policías estuvieron mirando el socavón, sin embargo, nadie ha venido a repararlo.

El gobierno se ha salvado pero, ¿y Rumania?

El gobierno se ha salvado pero, ¿y Rumania?

Así titula hoy el periódico Romania Libera su artículo de primera plana. Finalmente, la presión que ejercían los manifestantes frente a las puertas del Palacio del Parlamento fue insuficiente y la moción de censura no alcanzó los 236 votos necesarios para tumbar el Gobierno Boc. A pesar de su victoria, la situación de Boc es incómoda pues sólo 197 parlamentarios votaron a favor de su gobierno, lo que lo deja en minoría.

 

¿Qué ocurrirá ahora?

 

El gabinete tiene 13 días para aprobar las medidas de recorte pues el 28 de junio Bucarest recibe de nuevo a los representantes del FMI que traerán en la maleta 850 millones de € según el acuerdo firmado con el gobierno rumano en 2009. Si se han hecho los deberes, el dinero se quedará en Rumania, de lo contrario, el asunto quedará en el aire.

 

Por su parte, los socialistas han advertido que hoy mismo presentarán un recurso de inconstitucionalidad ante el Tribunal Constitucional rumano para evitar que se aprueben los recortes de los salarios de los funcionarios y de las pensiones. Si los jueces se pronuncian contra las medidas, el nuevo tramo del préstamo del FMI también quedaría en suspenso.

 

Sea como fuere, el leu empezó ayer una caída libre que continúa esta misma mañana pues la inestabilidad política no beneficia a nadie y mucho menos al pueblo rumano.

¡Al asalto!

¡Al asalto!

¡Se ha acabado la inactividad política!

 

En este preciso momento, unos 15.000 manifestantes (por turnos, pues difícilmente se puede aguantar mucho rato bajo el sol de justicia que cae sobre Bucarest) rodean el Parlamento rumano como medida de presión a los diputados para que voten a favor de la moción de censura contra el gobierno del Primer Ministro Boc y eviten así que se aprueben las drásticas medidas de recorte anunciadas en los salarios públicos y en las pensiones.

 

Entre los que se manifiestan hay jubilados (¡bravo, de nuevo!), sindicalistas, médicos, empleados de los ferrocarriles, funcionarios varios, etc. Hay muchos gendarmes rodeando también el edificio y sorprendentemente no han hecho uso de la fuerza para convencer a un pequeño grupo que quería entrar en el Parlamento al asalto.  

 

Para que la moción de censura se apruebe hacen falta 236 votos sobre un total de 471. Si se unen los votos de socialistas y liberales se alcanzarán los 212 votos, sin embargo, algunos miembros del partido en el gobierno y diputados de las minorías posiblemente votarán a favor de la moción, por tanto, la inestabilidad política está servida.

 

Street delivery

Street delivery

Algo se mueve en Bucarest.

 

Desde hace no mucho tiempo, cada año se celebra en la calle Artur Verona un pequeño festival de tres días llamado Street delivery. La calle se llena de tenderetes donde puedes comprarte chapitas con mensaje, ropa moderna, camisetas reivindicativas pidiendo mejoras para la ciudad, cachivaches varios o libros, aunque también hay otros donde te informan sobre la adopción de alguno de los miles de perros que vagabundean por la ciudad, sobre la última campaña para extender las zonas verdes de Bucarest o sobre las posibilidades del reciclaje casero. Entre unos y otros, para resistir el solano, se levantan puestos donde venden, sobre todo, la típica y refrescante limonada, aunque también otras bebidas como té frío de los más variados sabores.  

 

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Varios DJ’s amenizan el paseo de los transeúntes mientras algunos espontaneos hacen malabares, reparten trípticos sobre las más variadas temáticas o promocionan exposiciones de arte callejero. También hay proyecciones de cine independiente, se reivindica la castigada arquitectura rumana y se organizan talleres para niños. Por la noche, se celebran conciertos multitudinarios en los que el público disfruta de la música sobre la hierba del Parque Icoanei. Normalmente, uno de los platos fuertes de la fiesta es el diseño de un gran mural en la pared exterior del edificio que hace esquina entre Artur Verona y Pitar Mos a cargo de los graffiteros más importantes de la ciudad.

 

 

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La edición de 2010, celebrada entre el 11 y el 13 junio, se ha organizado bajo el título “La mineriada de terciopelo” en recuerdo del asalto a Bucarest que protagonizaron los mineros del valle de Jiu hace 20 años (13-15 de junio de 1990).

 

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El principal objetivo de la fiesta es devolver temporalmente la ciudad a los peatones y, sobre todo, según dicen sus organizadores, proporcionarles alegría, sin embargo, existe también un motivo reivindicativo de mayor calado: persuadir a las autoridades municipales para transformen la calle Arturo Verona en una zona peatonal que, con el tiempo, una el Parque Icoanei con el Parque Cismigiu. Para conseguirlo, la organización defiende la ampliación de las aceras, la construcción de un paso subterráneo peatonal para el cruce de Boulevard Magheru y la renovación de 25 monumentos históricos.

  

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Sea como fuere, la Street delivery de este año ha estado cargada de ambiente, buen rollo general y, sobre todo, se ha organizado muy bien, demostrando que cuando quiere, Bucarest puede situarse a la altura de Londres o Berlín en lo que a festivales alternativos se refiere.

 

Dactilografía

Dactilografía

Existen en Bucarest unos lugares anunciados con modestos carteles en los que se lee: “Dactilografia”. Suelen ser salas a pie de calle, con escasa decoración y menos intimidad,  algunas mesas, un par de sillas por mesa y encima de cada una de las mesas, una máquina de escribir. Nunca hay demasiados papeles sobre las mesas, sólo algunos folios imprescindibles para el escribidor, un señor normalmente mayor que teclea encorvado a gran velocidad, concentrado en plasmar lo que le dice el cliente que se sienta junto a él o en rellenar el formulario que tiene enfrente.

 

El cliente también suele ser un anciano, alguien que no tiene máquina de escribir en casa, al que los ordenadores le pillaron ya mayor pero que mantiene intacta la buena costumbre de respetar una correctísima presentación en todo aquello que deba presentar a las autoridades, en las cartas que envía a sus familiares, en peticiones, actas, etc.

 

Es curioso echar una ojeada a estos lugares pues los que están dentro suelen levantar la vista y mirarte con curiosidad, mucha más que la que tú muestras cuando los miras, completamente seguros de que quien está fuera de lugar eres precisamente tú.

Petrache Poenaru

Petrache Poenaru

Hace un tiempo, la administración del Metro de Bucarest cambió el nombre de la estación llamada Semănătoarea (llamada así por el nombre de una antigua fábrica de maquinaria agrícola cercana) por el de Petrache Poenaru, nombre que no había escuchado nunca antes, por lo que me decidí a investigar un poco y me llevé una sorpresa.

Petrache Poenaru nació en 1799 en Banesti, en el condado de Valcea. En 1821, Rumania estaba gobernada por los griegos fanariotas, leales y corruptos servidores del sultán turco. La situación había llegado a ser tan insostenible que Tudor Vladimirescu, un militar con experiencia de combate que había luchado contra los turcos en las Guerras Ruso-Turcas de 1806-1812, organizó un ejército de soldados de Oltenia llamados panduri y se dirigió hacia Bucarest para expulsar a los gobernantes extranjeros. Petrache Poenaru se unió a los panduri, sin embargo, tras la primera refriega sus jefes quisieron castigarlo por su incapacidad para la lucha armada, pero Vladimirescu quedó impresionado por su formación y lo nombró su asistente personal. Desde esta posición, Poenaru diseñó la bandera de los panduri que hoy es la bandera nacional de Rumania.  

Cuando la situación política se calmó, Poenaru obtuvo una beca para estudiar en Viena (1822), donde estudió ingeniería, griego, latín, francés, italiano e inglés. Cuatro años después y tras una breve estancia en Valaquia donde trabajó como profesor, se trasladó a la Escuela Politécnica de París donde estudió Topografía y Geodesia. En estas circunstancias, Poenaru inventó una herramienta que le facilitaba tomar apuntes ahorrando tiempo: la primera pluma estilográfica. En 27 de mayo de 1827 el Ministerio de Interior francés registró el invento de Poenaru con el código 3208 y la siguiente descripción: “Plume portable sans fin, qui s’alimente elle-meme avec de l’ancre”.

En octubre de 1831 se trasladó a Inglaterra y fue el primer rumano de la historia que empleó un tren para trasladarse: “Realicé este viaje – entre Liverpool y Manchester - con un nuevo medio de transporte que constituye una de las maravillas de nuestro siglo. Veinte vagones conectados entre sí, cargando con 240 personas y moviéndose a la vez gracias al impulso de una máquina de vapor”.

Un año después Poenaru regresó a Valaquia donde trabajó de nuevo como profesor de física y matemáticas. En 1833 organizó el primer observatorio meteorológico del país, desde donde se empezaron a tomar medidas de temperatura, presión y humedad del aire. En 1838 fue nombrado Director General de las escuelas de Valaquia desde donde realizó un gran esfuerzo para la universalización de la educación. Aprovechando su cargo, introdujo en Valaquia el sistema métrico decimal. Años después entró en política y se convirtió en diputado por el condado de Dolj.

Por si todo esto fuera poco, Poenaru también escribió tratados sobre la cría del gusano de seda, apoyó activamente la introducción del telégrafo en Valaquia y formó a los primeros telegrafistas, diseñó varios puentes, importó de Francia una máquina para limpiar el Dambovita y fue confundador de la futura Universidad Técnica de Construcción de Bucarest. A la edad de 71 años fue nombrado miembro de la Academia Rumana.

Petrache Poenaru murió con 76 años el 2 de octubre de 1875 habiendo realizado un trabajo vital que, sin duda, merece mucho más que el nombre de una estación de metro.

Cuando la crisis arrecia...

Cuando la crisis arrecia...

… regresan los viejos fantasmas y los nostálgicos dan un paso al frente.

Bucarest: verano de 1964

Bucarest: verano de 1964

La revista alemana Der Spiegel dedicó su portada de agosto de 1964 a la ciudad de Bucarest bajo el título “El Bloque del Este se ablanda”.

 

Dos de los símbolos comunistas del momento, el monumento a Lenin y la Casa Scanteii son el escenario en el que unos jóvenes con aspecto rockero montan unas motocicletas y miran a la cámara con actitud desafiante, en plan “Estoy aquí para comerme el mundo”, visten moderno, se peinan a la moda, fuman, son felices. Nada que ver con la típica imagen del bloque soviético ni con la Rumania de Ceausescu de los 80. La imagen pertenece, precisamente, a los años que aquí se conocen como la Epoca de Aur (Epoca de Oro).

 

Sobre el descontento

Sobre el descontento

Ha llegado el 31 de mayo y con él la temida huelga general, pero los autobuses y el metro funcionan, la gente camina hacia sus oficinas, los colegios están abiertos y todo parece igual que cualquier otro día. Por mi parte, escribo esto tomando un café mientras espero para la enésima reunión en el Ministerio, así que los castigados funcionarios también están en su sitio.

 

Basescu anunció hace días drásticos recortes sociales y en los salarios públicos, los sindicatos se revolvieron y anunciaron una paralización del país, sin embargo, nada parece haber ocurrido. No sé si les habrá entrado un ataque de pereza en el último momento o si habrán reflexionado sobre la utilidad de sus protestas, pero el tráfico está hoy tan imposible como siempre.

 

La economía rumana se encuentra en su peor momento desde la derrota del comunismo. El PIB se desplomó durante 2009 un 7,1 % y los datos del primer trimestre de 2010 apuntan a que hay que sumarle una caída adicional del 2,5 %.  Han disminuido el consumo interno, las exportaciones y la producción. La inversión extranjera también ha caído más de un 70 % respecto al año pasado y el problema es que, según coinciden los analistas, no hay ningún síntoma de recuperación a medio plazo.

 

Por su parte, el FMI sigue presionando al Gobierno Boc. Hace unas semanas pronosticó que el crecimiento rumano sería probablemente negativo durante todo este año y alertó de nuevo sobre el elevado déficit que puede poner en peligro el próximo tramo del préstamo que tiene que recibir Rumania para afrontar sus obligaciones financieras más inmediatas.

 

EL FMI cree que el recorte del 25% en los salarios públicos, del 15% en las pensiones y la reducción de cerca del 30% en el número de funcionarios son ya insuficientes (y todavía no se han puesto en práctica!), así que ha propuesto que adicionalmente se eleve el impuesto sobre la renta hasta el 20%, desde el actual 16%, y que se suba el IVA hasta el 25% desde el 19% que se soporta en estos momentos.

 

Leo en algunos periódicos españoles sobre el “descontento social” en Rumania pero no lo veo reflejado en la calle. No sé si es un deseo de los redactores o si imaginan que algo está pasando mientras escriben sentados en sus escritorios de Madrid o Barcelona, sin embargo, valdría la pena que se pasasen por aquí para comprobar la parálisis que aqueja al pueblo rumano ante semejante desastre e intentasen encontrarle una explicación.

 

Tráfico de ajos

Tráfico de ajos

Disculpe el lector de antemano mi apego a los tópicos pero comprenderá enseguida que la noticia vale su peso en oro: el Ministro de Finanzas del país que vio nacer a Drácula, Sebastian Vladescu, ha hecho saltar todas las alarmas al denunciar públicamente el tráfico ilegal de ajo a través de la frontera moldava.

 

Debe advertir quien me lee que, en nuestras circunstancias, aquéllos que vivimos en Rumania queramos estar bien surtidos de esta hortaliza bulbosa incluso a costa de saltarnos la ley vigente, pues sus efectos sobre los muertos vivientes chupadores de sangre está más que probado.

 

Parece ser que unos amables chinos envían ajo hasta Moldavia en cantidades industriales y allí, a través de la permeable frontera con Rumania, saltan los contrabandistas a nuestro territorio con dos o tres cajas por barba.

 

Los últimos desdichados a los que ha pillado la policía habían importado 10 toneladas, sin duda una cantidad suficiente para proteger centenares, ¡qué digo!, miles de inocentes yugulares. Pero ahora los ajos se marchitan custodiados en un almacén de Iasi así que el ciudadano rumano – y los que compartimos su tierra – nos olvidamos por momentos de la crisis ante el temor de una inesperada y violenta transfusión. 

 

La destrucción del patrimonio en Bucarest

La destrucción del patrimonio en Bucarest

Hasta finales de este mes, el Museo del Campesino Rumano acoge una exposición sobre uno de los más dramáticos aspectos del Bucarest de hoy: la despiadada y sistemática destrucción de su patrimonio arquitectónico. Un solo dato pone de manifiesto esta terrible situación: Bucarest es la única capital europea que, tras la revolución de 1989, ha perdido más edificios que durante todos los bombardeos - alemanes y aliados - de la Segunda Guerra Mundial.

 

Los motivos de esta destrucción son tan variados como lamentables. Por un lado, la feroz actividad de las empresas inmobiliarias, por otro, la indiferencia y la corrupción galopante de las autoridades locales y, por último, el desinterés de los bucarestinos por la arquitectura de su ciudad, por su historia y por su memoria cultural.

Destrucción 1

 

La exposición dedica una sala entera a la degradación de la Moara lui Assan, hoy una ruina situada en la zona de Obor-Lizeanu, concretamente en la calle Halmeu nr. 25.  Este edificio, que albergó el primer molino impulsado con vapor en Rumania, fue levantado en 1853. Desde el principio se convirtió en un lugar de referencia para el desarrollo industrial rumano, tanto por la calidad arquitectónica del inmueble como por la maquinaria puntera que allí se empleó, diseñada antes de 1.900 y transportada desde Viena en barco a través del Danubio. Tras la revolución de 1989, este centro industrial entró en decadencia y acabó cerrándose. La destrucción de la fábrica comenzó en 1995. Desaprensivos saltaron el muro, arrancaron los elementos de hierro, zinc y plomo y los vendieron como chatarra, incluyendo bellas rejas de hierro forjado, elementos decorativos y toda la maquinaria austríaca. En un intento de proteger el lugar, fue clasificado en 2005 como monumento histórico de valor nacional y parte del patrimonio industrial, sin embargo, la rapiña continuó, desapareció parte del material constructivo y todo el lugar acabó asolado por un incendio. El antiguo molino languidece hoy rodeado de basuras, perros, ruina y vagabundos.

 

La muestra también enseña los momentos en que magníficos edificios de estilo neoclásico o barroco,  joyas vanguardistas y algunos palacios de estilo brancovan sucumben ante las escavadoras. Tras ellas también han quedado arrasados jardines enteros y arrancados de raíz árboles que llevaban decenios dando sombra a los bucarestinos. Hoy, en algunos lugares, sólo quedan en pie las fachadas de lo que fueron fastuosos edificios, mientras crecen nuevos jardines salvajes a sus espaldas, llenos de ratas y deshechos. Otras edificaciones, todavía ocupadas, asisten impotentes a su degradación, con sus muros deteriorados, sus portales atiborrados de cables y sus paramentos precipitándose en medio de la calle tras no aguantar más los embates de la polución y los terremotos pasados.

Destrucción 3

 

A pesar de esta patética situación, todavía que margen para la esperanza pues el Colegio de Arquitectos Rumanos, el Instituto Cultural Rumano, algunas ONG y decenas de profesionales están empezando a manifestar su repulsa por este expolio e incluso se han organizado manifestaciones que han hecho subir los colores a algunos políticos municipales.

 

Bordello's

Bordello's

El pasado fin de semana Bucarest fue invadida por hordas de extranjeros que iban a participar en el geriátrico concierto de AC/DC, así que Lipscani se llenó como las Ramblas en agosto, las terrazas estaban llenas, las calles abarrotadas y la gente paseaba feliz.

 

Hacía tiempo que esperábamos cenar en Bordello’s, un pub situado en el número 9 de la calle Selari, aunque por la densidad de viandantes teníamos limitadas las espectativas de hacerlo la noche del sábado. Bordello’s ocupa dos pisos de un edificio construido en 1714 que fue lugar de descanso y recreo de los nobles y gobernantes de entonces, pues la Corte Principesca estaba cercana. En 1795 el gobierno se trasladó cerca de donde hoy se alza la Casa Poporului, así que el barrio entró en una lenta decadencia hasta convertirse en el distrito rojo de la ciudad. Años más tarde se construyó allí el Hotel Fieschi, uno de los mejores de la ciudad y hacia 1874 se abrió allí un restaurante. Bordello’s recuerda su momento como reputada casa de citas de Bucarest.

 

A pesar de las pocas esperanzas que teníamos de encontrar mesa, quedamos allí con nuestros amigos Alfredo y Forentina para celebrar oficialmente la llegada de Pilar, al acercamos a la terraza confirmamos nuestros temores. Bueno, los esperaremos tomando una cervecita. Y en esto que quedó libre una mesa en la misma terraza, el escaparate perfecto desde donde disfrutar de la animación de un Bucarest en plenas celebraciones por haber entrado en el circuito de una vieja banda de rock.

 

Bordello’s no nos defraudó. La carta es extensa y está muy bien surtida de los platillos más variados a los que el menú llama Tapas: hummus, palitos de mozzarella, tabbouleh, jalapeños con queso, patatas muy bien fritas, calamares, gambas fritas, paella valenciana (no nos atrevimos), chorizo al vino, chili con carne, albóndigas con salsa de almendras, pollo tandori, alitas de pollo, costillar con salsa barbacoa, filetitos de ternera con rúcula, weiswurst y mucho más en una fusión de cocinas hispánicas, árabes, americanas e italianas, como mínimo. La carta de cervezas y vinos, igual de extensa y bien surtida. En fin, un lugar muy recomendable para el veranito que se avecina.

 

Cenamos como auténticos tragaldabas, así que después no nos quedó más remedio que ir a bailarla al Club Mojo para quemar calorías. Primero en la discoteca del sótano, donde movimos el esqueleto y remojamos el gaznate, después al karaoke, donde Pilar hizo una memorable actuación que sin duda será más recordada que el concierto de los vetustos AC/DC. Nunca Bucarest asistió a tanta entrega y pasión.

 

Bucarest: desde principios del siglo XVIII hasta la batalla de la colina de Spirea (1848)

Bucarest: desde principios del siglo XVIII hasta la batalla de la colina de Spirea (1848)

Siguiendo con la serie de post dedicados a Bucarest, retomo el hilo de su historia a principios del siglo XVIII, un momento decisivo para la ciudad en particular y para Rumania en general.

 

El asesinato en Estambul del voivoda Constantin Brancoveanu y de toda su familia marcó el inicio de la Época Fanariota en Rumania. Durante demasiados años los estados vasallos de Moldavia y Valaquia se habían levantado ante el Imperio Otomano, normalmente aliados con el Imperio Ruso y ocasionalmente con el Imperio de los Habsburgo, así que los turcos decidieron poner al frente del gobierno de ambos reinos a gobernantes de origen griego cuyas familias tenían gran influencia ante la Sublime Puerta, apartando así del poder a los nobles locales.

 

La época fanariota se caracterizó inicialmente por políticas fiscales excesivas, debidas a las necesidades otomanas y a las ambiciones de algunos de los gobernantes, sin embargo, sus efectos negativos se vieron en ocasiones compensados por logros y proyectos como la abolición de la servidumbre promulgada por Constantine Mavrocordatos (1749) o la moderna ley de control de los funcionarios públicos de Alejandro Ypsilantis que consiguió minimizar la corrupción.

 

Bucarest sufrió en aquellos años el hecho de ser una ciudad en el frente de batalla entre austriacos, rusos y turcos. Fue ocupada por tropas habsbúrgicas en los años 1716, 1737 y 1789 y otras tantas veces por ejércitos rusos antes de 1806. Los pillajes e incendios a los que se vio sometida durante la guerra convirtieron la vieja Corte Principesca de Vlad Tepes en un lugar prácticamente abandonado y en ruinas, aunque ello no impidió que en la ciudad también se levantasen bellos edificios como la iglesia Stavropoleos o la iglesia Kretulescu.

 

El 28 de mayo de 1811 se firmó en la posada de Hanul lui Manuc (hoy en proceso de rehabilitación) el tratado de paz entre Rusia y Turquía que abrió un breve período de tranquilidad para los bucarestinos. Tras la nueva guerra ruso-turca de 1829, la ciudad quedó bajo administración rusa y su gobernador, Pavel Kiseleff (aquél que da nombre al parque al que solemos ir con los niños, uno de los más bonitos y mejor dotados de columpios de Bucarest), realizó un gran esfuerzo para impulsar su reconstrucción y mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos. Así, en 1831 se promulgó el Estatuto Orgánico a partir del cual se trazaron y pavimentaron nuevas calles, se levantaron bellos edificios, se perfeccionó el sistema de canalización de agua y se mejoró la higiene pública (medida que evitó la reaparición de enfermedades como la Plaga de Caragea, que había causado unos 25.000 muertos en 1813).

 

Desgraciadamente, el 23 de marzo de 1847 se declaró un incendio en Bucarest que destruyó 2000 edificios y dejó una tercera parte de la ciudad en ruinas. Sólo un año después, la ciudad volvió a sufrir una sacudida cuando estalló la Revolución de 1848. La batalla de la colina de Spirea (lugar donde hoy se levanta la Casa Poporului) acabó momentáneamente con las aspiraciones nacionalistas de los rumanos, sin embargo, la revuelta puso las bases a un movimiento que culminó con la elección del príncipe Alexandru Ion Cuza como rey de moldavos y válacos en 1859. A pesar estas turbulencias políticas, en 1850 se diseñó el Parque Cismigiu, el preferido hoy por los habitantes de la ciudad, y se construyó el Teatro Nacional (ver post del 25/04/2009 titulado El antiguo Teatro Nacional de Bucarest).

Ilustrando este post, una imagen de Bucarest en 1837.

Rebelión geriátrica

Rebelión geriátrica

Las draconianas medidas que ha tomado el gobierno Boc (de quien, por cierto, ya se dice que va a dimitir en breve debido, precisamente, a su desacuerdo con el presidente Basescu sobre la aplicación de éstas) han levantado ampollas entre los afectados. Se habla de movilizaciones de maestros, personal de la administración y conductores del transporte público, entre otros, sin embargo, los que se han movilizado primero han sido los jubilados.

 

En ciudades como Galati, Iasi o Bucarest, los abuelos han formado piquetes, han cortado calles y se han manifestado airados en lugares estratégicos para protestar por la bajada anunciada de un 15 % de su pensión. Al grito de “Abajo Basescu” o “Respetad a los abuelos del país”, han demostrado su oposición a una medida que, sin ninguna duda, condenará a muchos a la mendicidad, sumándolos a los que desgraciadamente ya se han visto obligados a practicarla.

 

En la capital, los ancianos no se han conformado con gritar pues se han enfrentado a las fuerzas del orden, han roto el cordón policial y han llegado hasta la puerta del Palacio Cotroceni, lugar donde el presidente Basescu suele hacer sus recepciones más importantes. No he visto las imágenes en televisión ni quiero verlas, prefiero imaginarlos en plan la toma del Palacio de Invierno, esgrimiendo sus bastones, al asalto, entre alaridos, dentaduras volando en el fragor de la lucha y mostrando muchas más gónadas que la mayoría de los jóvenes idiotizados que seguirán poblando embobados los malls de Bucarest durante el fin de semana hasta que ya no puedan comprar nada.

 

¡Bravo por los jubilados rumanos!

 

Si el gobierno Boc necesita dinero que lo busque en las cuentas corrientes de todos aquéllos que tienen Ferraris, Maseratis y Hummers, pues detrás de cada uno de esos coches se esconde un delito.

Día de las Fuerzas de Seguridad

Día de las Fuerzas de Seguridad

Regresando hoy del teatro, frente a la antigua sede del PCR, nos hemos encontrado con una muestra los equipos de las Fuerzas de Seguridad rumanas: helicópteros, tanquetas, camiones, coches, lanchas y todo tipo de armas. ¿Puede haber algo más atractivo para niños? Claudio ha empezado a gritar: ¡Un helicóptero, un helicóptero!, así que nos hemos parado para dar una vuelta.

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Los niños se han subido al camión de los bomberos y se han puesto sus cascos, han entrado en la furgoneta de los SWAT, se han puesto a los mandos de un helicóptero (por cierto que un abuelo le ha preguntado al piloto: “¿Es este el helicóptero del tovarich Basescu?), han trepado a las motos de la policía y se han subido a una lancha de salvamento marítimo.

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¡Menuda experiencia!

 

Todos los policías que había en la muestra eran de lo más guapo, robusto y amable por lo que María sospecha que eran actores contratados para la ocasión.

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Pan y cebolla

Pan y cebolla

Que en Grecia está la cosa muy calentita no lo digo yo, sólo hay que mirar la televisión para darse cuenta. El estricto plan del gobierno heleno, dictado por el FMI y la Unión Europea, ha sacado a medio país lleno de rabia a la calle. Se podrán hacer muchas otras cosas para salir de esta crisis – entre ellas, buscarles las cosquillas a especuladores y banqueros oportunistas que, con la que está cayendo, todavía no quieren bajarse del tren -, sin embargo, también me parece que es la hora de apretarse el cinturón, ahora bien, ¡todos!

 

¿Qué ocurre mientras en Rumania? Ante su difícil situación económica y para evitar un inminente colapso de la economía, a mediados del año pasado recibió un préstamo de 20.000 millones de euros del FMI y de la Unión Europea (muy lejos de los 110.000 millones de Grecia) y, a cambio, se comprometió a poner en marcha un plan de medidas para reducir el déficit público hasta el 5,9 % del PIB.

 

Varias veces han venido los técnicos del FMI a ver cómo andaban las cosas por estos lares y a cantarles las cuarenta a los miembros del gobierno de Emil Boc, así que según anunció ayer el presidente Basescu, a partir de junio las pensiones bajarán un 15 %, los sueldos de los funcionarios un 25 %, la prestación de paro se reducirá un 15 %, el IVA subirá hasta el 24 %, se revisarán las subvenciones a la agricultura, se reducirán las ayudas a la energía térmica y se eliminarán algunos programas sociales.

 

Vamos, que aquí sólo le aprietan el cinturón al ciudadano rumano. De reducir los sueldos de los políticos (que rondan los 7.000 € mensuales - pingües comisiones ilegales a parte – cuando el sueldo medio ronda los 400 €), de controlar sus propiedades (pisos en la Costa Azul, Ferraris, Maseratis, terrenos, joyas…), de meterlos en cárcel por la cantidad de dinero que se han llevado calentito (mucho entrar y salir del juzgado con grandes sonrisas pero de acabar en la trena, nada de nada), de reducir el número de diputados y senadores (se anunciaron despidos de funcionarios, sí, pero ninguno de políticos) o de controlar el gasto inútil (como regalarle millones de euros a la República de Moldavia o gastar a espuertas en la campaña electoral), no se ha dicho ni palabra.

Orient Express

Orient Express

Como todo lector de Agatha Christie que se precie, escuchar el nombre del Orient Express me remueve algo dentro. En mi post del pasado 2 de febrero (Visita al Museo del Ferrocarril Rumano) mencioné que el famoso tren había dejado de dar su exclusivo servicio, sin embargo, hoy me alegro de poder confirmar que estaba equivocado. El Orient Express sigue vivo y todavía une las ciudades de París y Estambul a través de Bucarest una vez al año.

 

Hubo un tiempo en que no existían los vuelos low cost y que cruzar Europa era casi una aventura surcada de paisajes magníficos y pueblos extraños. A mediados del siglo XIX, el belga Georges Nagelmackers imaginó un viaje en tren hasta los confines del continente y tuvo la osadía de fundar la Compagnie Internationale des Wagons-Lits años después conocida como Orient Express.

 

El 5 de junio de 1883, los vagones del mítico tren alojaron por primera vez a príncipes, aristócratas, empresarios y a algún aventurero y juntos contemplaron el corazón de Europa a través de las ventanillas de sus compartimentos, desde París hasta Viena. Pocos meses después, la ruta se amplió y los viajeros pudieron viajar hasta Giurgiu, en la frontera entre Rumania y Bulgaría, desde donde cruzaban el Danubio y tomaban otro tren hasta el puerto de Varna para allí embarcarse hasta Estambul, que por entonces todavía conservaba el legendario nombre de Constantinopla. No fue hasta el 1 de Junio de 1889 cuando el Orient Express realizó el primer viaje directo entre París y Estambul. Reyes y monarcas utilizaron el Orient Express en sus desplazamientos, entre ellos la reina-poeta Elisabeth de Rumanía (o Carmen Sylva) y el atolondrado Boris III de Bulgaria, a quien le gustaba hacer las veces de maquinista.  

 

Hoy, como entonces, los viajeros tienen a su disposición su propio mayordomo que sirve puntualmente el desayuno y el té de la tarde, que se encarga de las formalidades aduaneras y que prepara con esmero el camarote en estilo Art Decó con madera de caoba para acogerlos por la noche. El viajero, además, puede disfrutar de la gastronomía en los tres vagones restaurante, donde la comida se sirve a la vieja usanza y se respetan escrupulosamente las formas.

 

Actualmente, el Orient Express une diversas ciudades a través de otras tantas rutas de forma que realiza 66 salidas anuales pasando por lugares como Londres, París, Venecia, Cracovia, Viena, Dresde, Praga, Budapest, Bucarest o Estambul, recorriendo Europa, lenta y elegantemente, como antaño.

 

Para los interesados, la próxima salida del Orient Express desde París será el 27 de agosto (http://www.orient-express.com) y viajará hasta la antigua Constantinopla con paradas en Budapest, Sinaia y Bucarest, además de breves excursiones guiadas. El trayecto dura 6 días y 5 noches y el precio por persona es de 6.580 €.