La soplona
La situación de la escuela rumana es caótica, los profesores están muy mal pagados, la falta de recursos es dramática y, consecuentemente, la calidad de la enseñanza cae en picado desde hace años, especialmente en las ciudades.
En estas circunstancias, el actual Ministro de Educación, Daniel Funeriu, ha dado una rueda de prensa para anunciar el inicio del nuevo curso escolar, sin embargo, el buen señor ha subido a la palestra sin haber aprendido la lección por lo que, consciente de sus limitaciones, se ha llevado con él a la Secretaria de Estado de Educación, Oana Badea (la señora con cara de profundo agobio junto al encorbatado ministro).
El Sr. Funeriu no parece ser ningún incompetente pues, según su CV, estudió Química en la Universidad de Estrasburgo y ha trabajó como investigador en universidades y empresas privadas de Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Japón antes de ser ministro, por lo tanto, tras ver las escalofriantes imágenes sólo se me ocurren dos opciones, ninguna buena: se ha vuelto imbécil al cruzar la frontera rumana o su CV es totalmente falso.
Las breves imágenes no tienen desperdicio.
http://observator.antena1.ro/politic/Declaratii-suflate...-Funeriu-cu-lectia-neinvatata_12158.html
El día que robaron la vaca de Top Secret
Los hechos ocurrieron hace ya tres años, sin embargo, la noticia ha saltado hoy a la prensa internacional.
Mioara Fratila vivía feliz con sus animales en la comuna Hinova, en una pedanía llamada Ostrovul Corbului. Un aciago día, tres jóvenes desaprensivos de Burila Mare entraron en su propiedad con nocturnidad y le robaron dos vacas y un cerdo. Para ocultar su delito, acomodaron a las vacas con unas botas, sin embargo, no encontraron calzado porcino adecuado, así que el gorrino tuvo que realizar un largo trecho junto a sus secuestradores en condiciones inhumanas y manchándose las pezuñas.
A la mañana siguiente, Mioara descubrió el robo en su establo y alertó a la policía, quien encontró muchas huellas de botas acompañadas de las del marrano que se perdían en lontananza. Perspicaces, siguieron el rastro durante más de 30 kilómetros, hasta la casa de uno de los cuatreros y así pudieron detener a la cuadrilla, obligando a los captores a responder ante la justicia por sus delitos. Los animales, que estaban a punto de ser sacrificados, cuarteados y vendidos por piezas, regresaron ufanos junto a Mioara, de quien no hemos vuelto a tener noticia.
Top Secret puede parecer una simple película de humor, sin embargo, gracias a Dios, en Rumania vivimos situaciones parecidas a diario que nos alegran el día a día.
Una historia de guerra
Arturo Pérez Reverte,
XLSemanal, 12 de septiembre de 2010.
Alguien escribió en cierta ocasión que si una historia de guerra parece moral, no debe creerse. Y alguna vez lo repetí yo mismo. Pero eso no es del todo verdad. O no siempre. Como todas las cosas en la vida, la moralidad de una historia depende siempre de los hombres que la protagonizan, y de quienes la cuentan. Ésta de hoy es una historia de guerra, y quiero contársela a ustedes tal como algunos amigos míos me han pedido que lo haga. La moralidad la aportan ellos. Yo me limito a ponerle letras, puntos y comas.
Base de Mazar Sharif, Afganistán. Cinco guardias civiles, de comandante a sargento, perdidos en el pudridero del mundo, formando a la policía afgana. Cinco guardias de veintidós llegados hace cinco meses y medio, desperdigados por una geografía hostil y cruel, en misión de alto riesgo, en una guerra a la que en España ningún Gobierno llamó guerra hasta hace cuatro días.
Los cinco de Mazar Sharif, como el resto, eran gente acuchillada, porque lo da el oficio.
Sabían desde el principio que a la Guardia Civil nunca se la llama para nada bueno.
Y menos en Afganistán.
Si lo que iban a hacer allí fuera fácil, seguro, cómodo o bien pagado, otros habrían ido en vez de ellos.
Aun así, lo hicieron lo mejor que podían. Que era mucho.
Atrincherados en una base con americanos, franceses, holandeses y polacos, vivían con el dedo en el gatillo, como en los antiguos fuertes de territorio indio. Igual que en los relatos de Kipling, pero sin romanticismo imperial ninguno. Sólo frío, calor, insolaciones, sueño, enfermedades, soledad. Peligro.
Los únicos cinco españoles de la base, de la provincia y de todo el norte de Afganistán.
Ellos y sus compañeros habían llegado a la misión tarde y mal, aunque ésa es otra historia.
Que la cuenten quienes deben contarla.
Aun así, con la resignada disciplina casi suicida que caracteriza al guardia civil, se pusieron al tajo.
Como era de esperar, no encontraron la mesa puesta.
Quien estuvo por esos mundos con militares norteamericanos, holandeses y franceses, sabe de qué van las cosas.
Sobre todo con los norteamericanos, que tienen a Dios sentado en el hombro como los piratas llevan el loro.
Para hacerse un hueco entre sus aliados, distantes y despectivos al principio, no hubo otra que la vieja receta de Picolandia: aprender rápido, trabajar más que nadie, no quejarse nunca y ser voluntarios para todo.
Y por supuesto, tragar mierda hasta reventar.
Y así, a base de orgullo y de constancia, poco a poco, los cinco hombres perdidos en Mazar Sharif se hicieron respetar.
Un triste día se enteraron de la muerte de sus dos compañeros en Qualinao.
De la pérdida de dos guardias civiles de aquellos veintidós que llegaron hace medio año, y de su intérprete.
Y pensaron que el mejor homenaje que podían hacerles era que la bandera norteamericana que ondea en la base fuese sustituida, aquel día, por la española a media asta.
Eso no se hace allí nunca, aunque a diario hay norteamericanos muertos, los franceses sufrieron numerosas bajas, y también caen holandeses y polacos.
Así que el jefe de los guardias civiles, el comandante Rafael, fue a pedir permiso al jefe norteamericano.
Accedió éste, aunque extrañado por la petición.
Saliendo del despacho, el guardia civil se encontró con el jefe del contingente francés, quien dijo que a él y a sus hombres les parecía bien lo de la bandera.
En ésas apareció otro norteamericano, el mayor James, que nunca se distinguió por su simpatía ni por su aprecio a los españoles, y con el que más de una vez hubo broncas.
Preguntó James si los muertos de Qualinao eran guardias civiles como ellos, y luego se fue sin más comentarios.
A las ocho de la tarde, cuando fuera de los barracones apenas había vida, los cinco guardias se dirigieron a donde estaba la bandera.
Formaron en silencio, solos en la explanada, cinco españoles en el culo del mundo: Rafael, Óscar, Rafa, Jesús y José. Cuando se disponían a arriar la enseña, apareció el teniente coronel francés con sus cuarenta gendarmes, que sin decir palabra formaron junto a ellos.
Luego llegaron el mayor James, el teniente Williams y veinte marines norteamericanos.
Y también los polacos y los holandeses.
Hasta el pequeño grupo de Dyncorp, la empresa de seguridad privada americana destacada en Mazar Sharif, hizo acto de presencia.
Todos se cuadraron en silencio alrededor de los cinco españoles, que para ese momento apretaban los dientes, firmes y con un nudo en la garganta. Y entonces, sin himnos, cornetas, autoridades ni protocolo, el capitán Rafa y el sargento José arriaron despacio la bandera.
Una historia de guerra nunca es moral, como dije antes.
Si lo parece, no debemos creerla.
Pero a veces resulta cierta. Entonces alienta la virtud y mejora a los hombres.
Por eso la he contado hoy.
Haberlas, hailas
Uno de los principales problemas de la economía rumana es la tradicional ineficacia del gobierno para recaudar impuestos, lo que mantiene las arcas del estado en permanente penuria. Empujado por el FMI, el partido del primer ministro Boc se ha puesto a la tarea de reformar el sistema tributario para conseguir el dinero necesario que le permita devolver la deuda contraída y acometer las medidas necesarias de modernización del país.
En este contexto, hace un par de días los diputados del PDL, Alin Popoviciu y Cristi Dugulescu propusieron una medida suplementaria para engrosar el presupuesto estatal: obligar a magos y brujas a emitir facturas por sus servicios, a recaudar IVA y, consecuentemente, a pagar impuestos. La medida puede parecer de chiste pero no debemos olvidar el sarao que se montó en Rumania en las últimas elecciones presidenciales debido a las acusaciones mutuas de embrujamiento y mal de ojo que se lanzaron los candidatos (ver Actividad (política) paranormal del pasado 19 de enero).
Aunque pueda parecer obvio que cualquier trabajador, por paranormal que sea su actividad, debe responder a sus obligaciones fiscales, el Senado de Rumanía ha rechazado el proyecto legislativo de Popoviciu, quien lo ha defendido afirmado que muchos parlamentarios han tenido miedo de las maldiciones de las brujas (sic).
En estas circunstancias, una de las adivinadoras más famosas de Rumanía, Maria Câmpina (cuya imagen vemos en el salón de su casa, muy alejado de las imágenes lúgubres que nos vienen a la mente de las chozas de las hechiceras de los cuentos y las películas), ha declarado en la televisión que, al fin y al cabo, recaudar impuestos entre magos y brujas es muy difícil debido a las “caóticas” sumas de dinero que reciben.
Desde luego, nadie podrá decir que Rumania es un país cuya política es insubstancial.
Se admiten sugerencias
Hoy nos hemos topado con esta desconcertante señal de tráfico, recordándonos que Bucarest tiene todavía mucho que ofrecer.
Hasta donde tengo entendido, las señales cuadradas con fondo azul informan al conductor sobre circunstancias de su interés. En la imagen, la señal inferior indica que allí existe un aparcamiento de pago, la central muestra que hay puestos especiales para minusválidos – cosa, evidentemente, que todo conductor bucarestino que se precie se pasa por el forro de la bolsa escrotal, aparcando donde le plazca aunque tenga todos sus miembros en perfecto estado de revista -, sin embargo, la superior me ha dejado algo confuso. ¿Acaso existen también plazas para conductores ciegos?, ¿deben usar bastón?, ¿son imprescindibles las gafas oscuras?, ¿fruncir el ceño es necesario mientras conducen, mientras aparcan o en todo momento?
Agradeceré cualquier opinión al respecto.
Traslado de la iglesia del monasterio de Mihai Vodă
Ceauşima
La palabra Ceauşima, mezcla de Ceaușescu e Hiroshima, fue acuñada sarcásticamente por los rumanos, a principios de los años 80, para calificar la destrucción generalizada del centro histórico de la ciudad que llevó a cabo el tirano con el objetivo de impulsar la “edificación de la sociedad socialista multilateralmente desarrollada” de acuerdo con el concepto leninista de la lucha entre “lo viejo y lo nuevo”.
El programa de sistematización – que así se llamaba – se inició en el año 1974 e implicó una terrible campaña a nivel nacional de demoliciones, reasentamientos y reconstrucción. Durante sus primeros años, el régimen comunista destruyó entre el 80 y el 90 % de las construcciones de 29 pueblos y mutiló otras 37 ciudades.
El gran terremoto que asoló Bucarest en el año 1977 fue el desencadenante de la aceleración del programa de sistematización de la capital y provocó la destrucción de miles de edificios construidos antes de la Segunda Guerra Mundial como prueba de la superioridad del comunismo frente a cualquier régimen anterior. En el diseño de la nueva ciudad participaron, con más o menos entusiasmo, 400 arquitectos e urbanistas – entre ellos, algunos condenados por desafección como el arquitecto Andrei Pandele, que ha dejado testimonio escrito de su experiencia - bajo las órdenes del Director de Instituto de Arquitectura, Cezar Lăzărescu. Desgraciadamente, el arrebato de se Lăzărescu se truncó cuando vio su propia casa sucumbir bajo la excavadora y murió fulminado por un accidente cerebrovascular. Lo sustituyó la niña bonita de Elena Ceaușescu, la joven arquitecta Anca Petrescu, que se entregó con pasión a los delirios del matrimonio de tiranos, incómodos inspectores de obras que cambiaban caprichosamente el proyecto en cada visita.
El objetivo principal fue construir la gran Avenida de la Victoria del Socialismo, que dividiría la ciudad en dos y superaría, en amplitud y longitud, a los Campos Eliseos de París y construir una Casa del Pueblo con materiales y mano de obra exclusivamente rumana que se convertiría en sede del gobierno, residencia ocasional de la familia Ceaușescu y, de paso, en el mayor edificio civil del mundo. También se proyectaron edificios como la Academia Rumana, el Hotel Marriot, algunos ministerios y edificios residenciales para los miembros destacados de PCR.
Los barrios de Urano, Văcăreşti, Dudeşti fueron total o parcialmente arrasados por los piquetes de construcción, la Curtea Arsă (el antiguo palacio de los fanariotas que se levantaba en la Colina del Arsenal), miles de valiosas villas del los siglos XVIII y XIX, comercios centenarios, edificios emblemáticos como el Hospital Brâncovenesc, el Teatro de Opereta, el Estadio de la República de estilo Art Deco, monasterios como el de Mihai Vodă (construido por Miguel el Valiente en el siglo XVI), decenas de iglesias y sinagogas, palacios, todo fue destruido para materializar los ilusiones del dictador y su esposa. Sólo algunos templos fueron trasladados de lugar y se salvaron de la destrucción, como la iglesia del monasterio Mihai Vodă. 57.000 familias fueron desplazas en varios turnos a bloques construidos para la ocasión, sus calles fueron borradas del mapa y sus vidas fueron modificadas al gusto de una clase dirigente borracha de sueños de grandeza.
Epílogo: En el año 2009, la empresa de Anca Petrescu todavía presentó una oferta para el mantenimiento de la Casa del Pueblo, un pastel que le cuesta anualmente 5.000.000 € a las depauperadas arcas públicas rumanas. Como ella dice, ¿quién puede conocer mejor el edificio que su creadora?
El expatriado español y la comida
Una de las conversaciones recurrentes entre los expatriados españoles es su añoranza por la gastronomía hispánica. El tema suele ser protagonista entre gente que se acaba de conocer pues el quorum está asegurado y la crítica a la cocina local, el enemigo común, une mucho (se tenga o no razón).
Pensaba hoy en ello mientras preparo unas patatas a la riojana con unos chorizos traídos desde Monforte de Lemos, en la provincia de Lugo. Los expatriados hacen auténticos malabarismos y obligan a sus parientes a hacerlos para importar una gran variedad de productos que les recuerdan a los sabores caseros.
Sin duda, los embutidos son las grandes estrellas. No que es que Rumanía no haya embutidos, sin embargo, ¡¿cómo van a competir los carnaţi afumaţi y el caşcaval con el chorizo ibérico o con el manchego?! Su facilidad de ocultación entre la ropa del equipaje de cualquier madre o hermano que viene de visita facilita su traspaso ilegal en la frontera rumana. Lógicamente, la inocente ilegalidad llena de orgullo a los delincuentes, sobre todo cuando ven su nevera repleta de jamón ibérico embasado al vacío, chorizo, fuet, manchego, cecina y tantos otros deliciosos manjares.
En nuestra mudanza vinieron cantidades ingentes de garbanzos, lentejas y judías pues como los de la Bañeza no hay otros, señora. También había vino, judías con rabo de toro, ventresca, olivas rellenas, pimientos del piquillo rellenos de codorniz, arroz con denominación de origen y varias cosas más. Sé de algunos que se hacen traer o se traen ellos mismos galletas María para untar en la leche de buena mañana y yo mismo extorsioné a una conocida que iba de vacaciones a Mallorca para que me trajese una ensaimada (cosa que hizo y que yo le agradeceré eternamente). Una mañana, en la oficina, me puse a preparar compulsivamente bocadillos de atún con olivas rellenas, achoas y pan crujiente para todos. ¡Así se desayuna en España!
A pesar de todo, una vez devorados los manjares, queda un regusto amargo, pues aún cocinados con el máximo cariño, los sabores se parecen pero no es lo mismo, oiga. Y es que como en casa, en ninguna parte.
Recuerdo que mi abuelo explicaba que, durante la Guerra Civil, su padre fue a visitarlo al frente y le llevó comida. En este sentido, para los parientes expatriarse es como vivir en el frente.
Tauromaquia
La tauromaquia es un arte documentado en Europa desde la Edad de Bronce. Existen bellos frescos en los propileos del Palacio de Cnossos, fechados hacia el 1.500 a.C., donde ya se muestran escenas de taurokathapsia. Roma también empleó los toros – más bien los uros – en espectáculos donde lo más granado de la sociedad patricia demostraba sus dotes cinegéticas frente a un público entregado. Ya en España, una crónica de 1128 confirma que en las celebraciones de la boda de Alfonso VII con Doña Berenguela la Chica, hija del Conde de Barcelona Ramón Berenguer III, “hubo también fiestas de toros”.
La evolución del pensamiento europeo desde la Edad de Bronce hasta hoy ha permitido la introducción del tan incorrecto como bienintencionado concepto de los derechos de los animales. Por mucho que les pese a los abolicionistas, los animales no tienen derechos porque no tienen obligaciones, ahora bien, el hombre sí tiene el deber de respetar a los animales.
La obligación de respetar a los animales es compatible con el arte del toreo mediante la introducción de cambios legislativos que permitan un mejor trato al toro de lidia, evitando así la prohibición de un arte secular y, por tanto, el consiguiente empobrecimiento de la cultura europea. Un ejemplo de ello lo tenemos en Portugal, donde matar al toro es una práctica prohibida desde 1928 (excepto en la localidad de Barrancos, situada en el Alentejo).
La prohibición de la lidia que votó ayer el Parlament de Catalunya constituye un paso más en el proceso de ingeniería social iniciado allí hace unos años, mediante el cual las autoridades conforman a golpe de decreto una realidad ideal mientras cierran los ojos ante un pasado incómodo y tozudo: a principios del siglo XX, debido al elevado número de aficionados, Barcelona tenía tres plazas de toros (El Torín, Las Arenas y La Monumental), siendo la única ciudad del mundo con tres recintos para practicar el toreo.
Filantropia (y III)
Filantropia (II)
Filantropia (I)
Buscando a Hittler
Esta mañana he tenido una de esas reuniones pesadas y algo tensas de las que uno sale con la cabeza como un bombo y con ganas de morder a alguien. Cuando he puesto un pie en la calle, he recordado que muy cerca de allí estaba el Cementerio Filantropia, así que he caminado un poco para despejarme y me he dispuesto a visitar el recinto.
¿Puede haber mejor lugar para despejar la cabeza pausadamente que un cementerio?
En el Cementerio Filantropia se encuentran enterrados miles de judíos askenazís, cuyos antepasados se asentaron en la Europa Central y Oriental en el siglo X. Los que hoy reposan en Filantropia hablaban el yídish, una lengua surgida de la combinación de los dialectos germanos de la región con influencias eslavas y hebreas.
La primera mención documental de los judíos de Bucarest está fechada en 1550, durante el reinado de Mircea V El Pastor, momento en que se constata la presencia de 8 judíos en la ciudad. La población judía fue creciendo a lo largo de los siglos, aunque especialmente durante el siglo XIX cuando muchos judíos de Galizia (evidentemente no la del pulpo a feira y el Alvariño, sino la ucraniana) se trasladaban periódicamente a Moldavia y Valaquia para participar en las ferias.
El primer y más antiguo cementerio hebreo de la ciudad, inaugurado en el siglo XVII, se situaba en la calle Sebastopol pero fue desmantelado durante la Segunda Guerra Mundial (hoy sólo quedan para el recuerdo algunos dibujos del pintor Lazar Zin).
Durante la primera mitad de los años 40 del siglo XX, la política de rumanización llevada a cabo por el Mariscal Antonescu empujó a la clandestinidad a los judíos de la ciudad y entre 1942 y 1944 fueron expropiados 1042 inmuebles comunitarios tales como templos, sinagogas, escuelas, hospitales, asilos, orfanatos, baños e incluso cementerios, que empezaron a ser desalojados. Hasta tal punto llegó el antisemitismo de las autoridades que iniciaron labores de exhumación de cuerpos sospechosos de ser judíos que reposaban en cementerios cristianos. Por otro lado, para evitar nuevos enterramientos por el rito judío, el Ministerio del Interior obligó a que todos los cadáveres de hebreos fuesen incinerados. A pesar de los esfuerzos de los fascistas, el Cementerio Filantropia se ha mantenido como firme recuerdo de una sociedad bucarestina, rica y variada, en la que cabían todas las creencias.
Pasear entre las tumbas es una lección de historia de Rumania. Aquí y allá encuentras, entre muchos otros, el sepulcro de un coronel que fue secretario personal de la reina Elisabetta, el del vicepresidente del Banco Nacional de Rumania, el del escritor Mihail Sebastian (ver Mihail Sebastian, post del 12/11/2009) o los de los soldados hebreos que dieron su vida por Rumania en la Primera Guerra Mundial. También, como curiosidad, puede verse la tumba del sombrerero Adolf Hittler, aunque recomiendo preguntar por ella a los cuidadores del cementerio, quienes por una módica suma os llevarán directamente hasta ella ya que no es fácil encontrarla.
En Bucarest existe también un cementerio sefardí en la salida de la ciudad, en dirección a Giurgiu, junto al City Mall, en el que se han colocado algunas de las lápidas recuperadas del viejo cementerio de la calle Sebastopol.
Como ocurre en tantas otras ciudades europeas, la visita al Cementerio Filantropia es una experiencia sobrecogedora que recomiendo vivamente a mi amable lector.
Del famoso sombrerero de Bucarest, Adolf Hittler
Adolf Hittler nació en 1832 en el seno de una familia judía de Bucovina, región que entonces pertenecía al Imperio Austro-Húngaro. Por aquel entonces, Rumanía todavía no existía como un estado independiente y la hoy capital del país era sólo una ciudad de Valaquia bajo la administración rusa del general Kiseleff. Un año antes del nacimiento de Hittler, se había promulgado el Estatuto Orgánico a partir del cual se mejoraron las vías de la ciudad, se construyeron modernos edificios y se mejoró la higiene pública gracias a un nuevo sistema de canalización de agua, con lo que la calidad de vida de los bucarestinos era un valor en alza.
En algún momento indeterminado de su vida, Adolf Hittler se trasladó a Bucarest y abrió una tienda de sombreros y un taller de reparación en la calle Real, una lujosa travesía perpendicular a la prestigiosa Calea Victoriei que en unos años vería pasear a lo más granado de la burguesía bucarestina. Poco más se sabe de la vida de Hittler, excepto que está enterrado en el cementerio hebreo Filantropia (Bd. Ion Mihalache, nr. 91-93, sector 1).
La tumba de Hittler también tiene su propia historia. El sepulcro ha sido redescubierto por el historiador Marius Mircu, especializado en la judería rumana y autor del libro Filantropía, un cementerio lleno de vida. Mircu escribe que en los años 40, en pleno régimen filonazi del Mariscal Antonescu, un empleado del cementerio descubrió la inscripción con el nombre de Aldolf Hittler y, asustado por las consecuencias de tal hallazgo, decidió borrar el texto en rumano, dejando sólo el texto hebreo.
En 1987, el rabino Moses Rozen ordenó la reconstrucción de la lápida, en la que trabajaron artesanos judíos según una foto que se conservaba del original. El texto dice: “Aici se odihnesc remasitele mortuare ale raposatului Adolf Hittler incetat din viata la 26 octombrie 1892 in etate de 60 de ani. Rugati-va pentru dansul” (“Aquí descansan los restos mortales del difunto Adolf Hittler que dejó esta vida el 26 de octubre de 1892 a la edad de 60 años. Rueguen por su alma”).
Descubriendo a Hummel
El blog de un buen amigo me ha hecho recordar que un día le hablé de mi afición por escarbar en las enciclopedias de la música para encontrar a todos aquéllos que, como el Salieri de Amadeus, quedaron sepultados bajo la grandiosidad de Mozart, Beethoven y otros magníficos y más mediáticos compositores.
Fueron muchos los sacrificados por la gloria de sus contemporáneos y el nivel de sus obras sólo ha empezado a resurgir cuando intérpretes como Howard Shelley lo han reivindicado en sus conciertos.
Recomiendo a los lectores que, antes de acercarse a la tienda de CDs más cercana (y lo harán, a buen seguro que lo harán), escriban en el buscador de Youtube los nombres de Johann Nepomuk Hummel, alumno de Mozart y amigo de Beethoven, Giovanni Paissiello, el preferido por Catalina la Grande Rusia y por Napoleón Bonaparte, Friedrich Kalkbrenner, temido por Liszt y Chopin, Clara Schumann, la amantísima esposa del egregio Robert Schumann, Ignaz Moscheles, el profesor de música de Mendelssohn, o John Field, el irlandés que recorrió Europa con su piano a cuestas.
Escuchen, por favor, lo que Youtube les ofrece y después, con los bolsillos llenos, tomen al asalto la sección de música clásica de la tienda de CDs que más les plazca.
¿Qué fue de los monumentos comunistas?
Ya mencioné en un antiguo post el triste destino de la estatua de Lenin que, en tiempos del comunismo, se levantaba frente a la Casa Scânteii (A vueltas con Lenin, 13/11/2009). Muchos me preguntan por los monumentos que se erigieron en aquella época, normalmente de impresionante factura, y cuya ausencia en Rumania salta a la vista (por paradógico que parezca).
Mientras países como Hungría prefirieron juntar todas las estatuas en el Parque de las Estatutas de Budapest (lugar que, por cierto, recibe cientos de miles de visitas anuales), Rumania procuró eliminar toda señal de aquel régimen en tiempo récord, así que hoy resulta un interesante ejercicio para frikies como un servidor encontrar recuerdos en ferias de viejo, paredes desconchadas de antiguos edificios oficiales o kombinats en estado de descomposición (Kombinat, 15/01/2009).
Casa Poporului, el mamotreto de los Ceauşescu que hoy alberga el Parlamento Rumano, es uno de los monumentos más visitados del país, sin embargo, poco más queda que nos recuerde a la tiranía. Especialmente interesante es la estatua del dramaturgo y escritor Ion Luca Caragiale que se levanta hoy en la Plaza Maria Rosetti. En el año 1953, el escultor Constantin Baranschi presentó a concurso una estatua de Lenin poco ortodoxa pues, a diferencia de lo habitual, esta no tenía el dedo acusador extendido, sino una mano en el bolsillo y otra agarrándose la solapa de la chaqueta. Las autoridades comunistas no entendieron a ese Lenin tan campechano, así que Baranschi plantó la estatua en su jardín durante años y, finalmente, decididó decapitarla sustituyendo la cabeza de Lenin por la de Caragiale, cuyo carácter iba más con la pose del cuerpo. Tras años de moverse aquí y allá, hoy la estatua puede verse cerca de la casa donde vivió el homenajeado en Bucarest.
En Iaşi, la gran capital moldava, el monumento a los soldados soviéticos se fundió transformándose en el caballo de Miguel el Valiente, el efímero rey de la Rumania unida de principios del siglo XVII. En el Parque Carol de Bucarest, el "Momuento a los héroes de la lucha para la libertad del pueblo y de la patria, por el socialismo" ha sido vaciado de los esqueletos de los líderes del régimen, despojado de todo símbolo comunista y, sobre todo, de un nombre tan rimbombante para llamarse, simplemente, "Memorial de los Héroes de la Patria", y quedar a salvo de la piqueta. En el extremo opuesto, la Iglesia de la Santa Cruz de Oradea se levantó sobre unos cimientos hechos con los restos de todos los monumentos comunistas de la ciudad.
Mucho queda por descubrir, así que seguiremos informando.
Escatología a la rumana (2)
Hoy todas las televisiones de Rumania han retransmitido en directo la exhumación de los cadáveres del matrimonio Ceauşescu.
La versión oficial dice que, tras el juicio y la ejecución sumarios al que sometieron a la pareja dirigente rumana inmediatamente después de la Revolución de 1989, ésta fue rápidamente enterrada en el cementerio militar de Ghencea. Aunque el hastío hacia el sistema totalitario comunista se había hecho patente en las calles de las principales ciudades rumanas en aquellos días, el gobierno del FSN (Frente de Salvación Nacional), integrado principalmente por comunistas de segunda fila y repudiados debido a su actitud aperturista de corte gorbachovista, prefirió un entierro discreto para evitar aglomeraciones de nostálgicos en un acto público que podía resultarles incómodo y, sobre todo, contraproducente. Los cadáveres salieron de escena rápidamente y los dirigentes del FSN respiraron tranquilos.
En el año 2005, la hija de los Ceauşescu inició una batalla legal contra las autoridades rumanas para comprobar si los restos de sus padres estaban en la tumba de Ghencea, sin embargo, murió en el intento. El relevo lo recogió su hermano, Valentín, y su marido, quienes han conseguido que la justicia dé la orden de exhumación.
A media mañana, todas las cadenas de televisión mostraban la tumba abierta, sesudos contertulios hablaban sobre si son galgos o podencos, los nostálgicos se indignaban a las puertas del cementerio y el yerno lloriqueaba públicamente, algunos afirmaban que habían visto huesos y restos de ropa con agujeros de bala, las imágenes de la Epoca de Aur y del juicio en Technicolor se sucedían, aparecían encuestas sobre lo bien o mal que se vivía entonces y ahora (por cierto, muy igualadas) y se lanzaban rocambolescas hipótesis sobre qué ocurrirá si los restos que han encontrado no son los de los tiranos (estoy seguro que, en ese caso, empezará una inacabable teoría de la conspiración y que la familia Ceauşescu aprovechará para ampliar su capital a base de solicitar daños y perjuicios al estado rumano).
Sea como fuere, yo me pregunto, ¿a quién demonios le importa dónde está enterrada semejante pareja de carcamales con la que está cayendo?
Pan y circo, aunque cada vez más de lo segundo y menos de lo primero.
Escatología a la rumana
Cristian Capatanescu era el hombre más gordo de Rumania. El buen señor había superado los 400 kilos de peso, algo así como un Miura pero en plan despanzurrado. Capatanescu pasaba los días en un hospital de Bucarest a la espera de una milagrosa operación de estómago que lo redujese a un tamaño más práctico, sin embargo, la Parca lo alcanzó antes de entrar en quirófano.
Hasta aquí todo dentro de una normalidad relativa pero, ¡ay, qué su señora fue a iniciar los trámites del sepelio cuando la obligaron a contratar el servicio con ataúd reforzado y de talla XXXXL! A la mujer le hicieron los ojos chiribitas cuando vio el precio de la caja, así que hizo sus números y ha decidido hacerle una liposucción al cadáver del marido para que se ajuste a un féretro de tamaño normal.
Lo ha pensado todo la mujer e incluso ha declarado a la prensa – pues los periodistas la persiguen debido al deceso de su magnífico esposo – que piensa dar ortodoxa sepultura a su pareja adelgazada e incinerar lo sobrante en la intimidad. Otros parientes, más prácticos pero con poca visión espacial, proponen cortarlo en pedazos para que quepa en la caja.
Dispuesto a decir barbaridades, por mi parte, propongo que hagan una gran barbacoa, que inviten a los vecinos y que los huesos los repartan entre los chuchos vagabundos de la zona. La familia se ahorrará un dineral y quedarán como unos señores.
Semana de los Museos
La semana pasada fue la Semana de los Museos en la guardería de los enanos, así que además del Museo Nacional Militar, visitaron el Museo de la Técnica y el Museo de Geología.
El Museo de la Técnica (Str. Candiano Popescu nr. 2, cerca del Parque Carol) fue fundado en 1909 por el ingeniero Dimitrie Leónida (1883 – 1965) a imagen y semejanza del Museo de la Técnica de Munich, institución que Leonida había visitado durante su estancia en la Universidad Politécnica de Charlottenburg, cerca de Berlin.
A pesar de su antigüedad, el museo está pensado didácticamente para que los visitantes puedan accionar mecanismos, comprobar el funcionamiento de la electricidad y ver los efectos del magnetismo. Entre las 5.000 piezas del museo hay motores a vapor, motores sónicos, esquemas e imágenes de las primeras instalaciones de alumbrado público de Bucarest – que alumbraban las cercanías del Palacio Real, el Teatro Nacional, el Parque Cismigiu y el Palacio Cotroceni -, motores a reacción, vetustos generadores de la época de Thomas Alba Edison, automóviles, aviones y muchos más artilugios que seguro hicieron las delicias de Claudio, pues las enanas ni hicieron mención del asunto.
Otra historia fue la visita al Museo de Geología, de donde los tres volvieron diciendo que habían visto “dinosaurios malos”. El Museo Nacional de Geología se sitúa en la calle Kiseleff nº 2 y está emplazado en un precioso edificio de estilo neobrancovan del arquitecto Victor Stefanescu. A principios de siglo, el Instituto Geológico de Rumania, fundado por el rey Carol I, desarrolló aquí sus actividades y se convirtió en una institución de gran importancia debido al descubrimiento de yacimientos de petróleo y gas natural que facilitaron el gran progreso de Rumania que desembocó en el añorado Periodo Interbélico.
El museo tiene un patrimonio de casi 80.000 piezas en salas dedicadas a la mineralogía, la dinámica interna y externa de la Tierra, la paleobotánica, la paleontología, la estratigrafía, la hidrogeología, la tectónica de los metales, el petróleo, los minerales fluorescentes, etc. Llamadme freak pero a mi me apasiona el asunto, aunque todavía me pregunto qué vieron los churumbeles allí para volver tan impresionados por los monstruos.