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Bucarestinos

El Museo del Campesino Rumano

El Museo del Campesino Rumano

El mal tiempo del pasado fin de semana nos empujó a realizar una de esas visitas tantas veces planeada y nunca antes realizada: el Museo del Campesino Rumano (http://www.muzeultaranuluiroman.ro/).

 

El impresionante edificio que contiene el Museo fue diseñado por el arquitecto N. Ghika Budesti en estilo neorumano y construido en el añorado período interbélico (entre 1912 y 1941). Con recias paredes de ladrillo, esta construcción tiene grandes ventanales, recias columnas, decoración en piedra inspirada en motivos de la arquitectura tradicional rumana y galerías abiertas de estilo brancovan, de acuerdo con el diseño del Palacio de Mogosoaia.

 

Respecto a la exposición, lejos de apabullar al visitante con atiborradas salas llenas de objetos, el museo mantiene un interesante equilibrio entre modernidad y tradición campesina perfectamente resuelto. Además de mostrar trajes populares, telas, bordados, cerámica, muebles, alfombras y los más variopintos objetos (principalmente de madera), contiene salas con la reproducción de una escuela de pueblo, con una casa de madera completa, típica del campo rumano, con molinos de viento y de agua e incluso con parte de la iglesia transilvana de Bejian, del siglo XVII, junto a su mobiliario y objetos litúrgicos.

 

La verdad es que nos costó tomar la decisión de visitar este museo por miedo a que los churumbitos se aburriesen en seguida pero lo que ocurrió fue todo lo contrario (también ayudaron las rampas que unen las salas, un pasatiempo perfecto para ellos), aunque lo que sin duda más les impresionó fueron la casa de madera y los molinos, posiblemente por su imponente tamaño.

 

El Museo del Campesino Rumano es, sin duda, un lugar recomendable donde ir a pasar un buen rato, donde comprar artesanía popular en las continuas ferias que allí se organizan, donde tomar un refrigerio en la terraza de la parte de atrás para descansar los pies tras el paseo e incluso donde ver alguna película en el cine al aire libre que se monta en primavera.

 

Para más información sobre el Museo y sus salas sobre el comunismo rumano, ver post del 22/06/2009 titulado Otro triplete.

Bucarest: de la Edad Media a la Edad Moderna

Bucarest: de la Edad Media a la Edad Moderna

La primera mención de la ciudad de Bucarest aparece en el siglo XIV en relación con los monasterios de Snagov, Glavacioc, Bolintin y Comana. En el año 1.400, el rey del incipiente reino de Valaquia, Mircea el Viejo (en la imagen), construyó una fortaleza en el lugar en el que se levanta Bucarest llamada a convertirse años después en la corte del más famoso de los reyes rumanos, Vlad Tepes El Empalador. De este modo, a partir de 1.465 la ciudad se conoce como sede real y en 1.492 aparece por primera vez señalada en un libro alemán de mapas.

 

El siglo XV estuvo marcado por la política antiotomana del vecino rey de Moldavia, Esteban el Grande. Vlad Tepes había sido expulsado del trono por el rey húngaro y Esteban lo apoyó para recuperarlo, sin embargo, Vlad fue derrotado por los turcos, quienes separaron su cara y su cabellera del cráneo y lo enviaron como trofeo al sultán en Estambul.

 

Mientras los soberanos de Valaquia aceptaron el vasallaje ante los otomanos se mantuvo la paz pero con la subida al trono de Radu de Afumati la guerra volvió a estallar. A pesar de todo, durante este período Bucarest creció con fuerza. Mircea el Pastor construyó un nuevo castillo y la iglesia de la corte que todavía hoy se conserva en Lipscani. Se estableció allí un importante mercado, aumentó el comerció y empezó a llegar gente de muchos lugares. En 1573, se construyó en Plumbuita la primera imprenta de la ciudad. En 1589, el unificador de Rumania Mihai el Valiente levantó la iglesia llamada de Mihai Voda, cuyo templo todavía hoy puede visitarse, aunque el complejo monástico que lo rodeaba fue despiadadamente destruido por el régimen comunista en 1.985.

 

En la primera mitad del siglo XVII Bucarest siguió creciendo y ganando importancia a pesar de las luchas por el poder que periódicamente protagonizaron los voivodas y en 1659 fue declarada capital de Valaquia. A partir de entonces, bajo el gobierno de voivodas como Serban Cantacuzino (1.678 – 1.688) o Constantin Brancoveanu (1688 – 1714), Bucarest asistió al crecimiento de los poderosos gremios artesanales, a la construcción de grandes posadas para acoger a los continuos visitantes y a la apertura de la primera imprenta real. También se levantaron otros edificios emblemáticos como la futura Iglesia Metropolitana, los monasterios de Cotroceni, Antim y San Sava (junto a su Academia). La corte se extendió también y se levantaron varias fortalezas y palacios alrededor de la ciudad, como el bello Palacio de Mogosoaia al que ya dediqué un post hace un año (ver De paseo por Mogosoaia del 15/03/2009)

El delito de aprender

El delito de aprender

En Afganistán todavía hay escuelas sólo para niñas. No se trata de una elección libre y más o menos aceptable de la familia, se trata de separarlas forzosamente de los niños. Desgraciadamente, el concepto de la mujer como ser impuro y decadente no sólo lo defienden los barbudos fanáticos del Kalashnikov, sino también una sociedad a la que la Democracia le viene todavía demasiado grande y que debe empezar por conceptos más básicos.

 

Sea como fuere, los afganos más despiertos consideran que sus hijas deben recibir educación y, por tanto, en un gesto aparentemente normal pero realmente valiente las envían cada día a la escuela para que aprendan matemáticas, lengua, algo de su atormentada historia y a convivir con otras niñas. Posiblemente los recursos sean escasos, la formación que reciban insuficiente y seguro que la comunidad internacional debería prestarles más atención y dinero, sin embargo, hay que valorar el esfuerzo de todos.

 

Pero también hay otros afganos menos despiertos, cualquiera diría que los campos de amapolas que abundan en el país les han nublado el cerebro pero no es así, simplemente son malos, una pandilla de hijos de puta (con perdón).

 

En la última semana, tres escuelas de niñas han sido atacadas con gas tóxico. No pretendían asustarlas para que dejasen su formación - eso habría sido poco -, pretendían matarlas junto a sus maestras por cometer el delito de aprender y enseñar respectivamente. Los descerebrados talibanes temen a la escuela, actitud normal, al fin y al cabo, pues quizás algún día una de esas mujeres se niegue a aceptar sus repugnantes imposiciones y ese será el verdadero principio del fin de su hegemonía.

 

Mientras tanto, para aquéllos que se preguntan qué hacemos en Afganistán: ¡Pues eso, entre otras cosas, acabar con tanto cabrón suelto!

Bucarest: de la Prehistoria a las grandes invasiones

Bucarest: de la Prehistoria a las grandes invasiones

Bajo los bloques de hormigón y el bullicio de Bucarest se esconden siglos de historia que hoy son difíciles de identificar en medio del caos. A pesar de todo, el varios posts intentaré esbozar la centenaria historia de esta ciudad para ayudar al visitante a apreciar un lugar demasiado maltratado y poco comprendido.

 

Las riberas del Dambovita y del Colentina y las colinas que los circundan comenzaron a poblarse en el Paleolítico Medio (85.000 – 35.000 a.C.) y los restos de los poblados que se construyeron entonces se han localizado hoy en lugares como Herastrau o en el menos bucólico barrio de Pantelimon. Ya en el Neolítico (7.000 – 3.500 a.C.) se desarrollaron en esta zona las culturas Cris, Dudesti y Gumelnita, de la que se ha conservado la Diosa de Vidra (en la foto adjunta), diosa de la fertilidad que representa también el ciclo vegetal tan importante para esta cultura de agricultores y ganaderos.

 

Con la formación de los grandes pueblos de la Antigüedad, el lugar donde hoy se encuentra Bucarest asistió a la formación del reino Geto-Dacio, una rama del gran pueblo tracio a la que Herodoto se refirió en su descripción de la campaña de Dario I contra los escitas. El gran rey dacio Burebista fue el artífice de la creación de una potencia regional que empezó a amenazar a la pujante República romana por lo que, con el paso de los años, el choque se hizo inevitable y a principios del siglo II d.C. los romanos destruyeron por completo el reino dacio de Decébalo y lo ocuparon.

 

La ocupación de la zona de Bucarest duró poco (117 d.C.), volviendo de nuevo a manos de los dacios libres, es decir, aquellos que quedaron fuera de la provincia romana de Dacia, hasta la llegada de los godos. Tras la rotura del limes romano, la población de antiguo Bucarest vio pasar por allí  a hunos, gépidos y ávaros, invasores que dejaron poco y destruyeron mucho, y no fue hasta la creación del Primer Imperio Búlgaro – bajo cuya jurisdicción estuvo - que encontró algo de tranquilidad. Curiosamente, la cultura eslava asociada al poder búlgaro acabó siendo disuelta por la de los pobladores rumanos, dejando algunos topónimos (Ialomita, Snagov, etc.), bastantes palabras en el idioma común y ciertas costumbres.

 

Pechenegos y cumanos acabaron salvajemente con este período de tranquilidad así que los pobladores de la región se vieron obligados a formar núcleos protegidos en zonas abiertas o junto a establecimientos monásticos levantados en las profundidades de la gran zona boscosa del sur de Rumania – que incluía el territorio de Bucarest - conocida como Codrii Vlasiei.

 

Fue posiblemente en este momento cuando la futura capital de Rumania empezó a formarse como ciudad.

Maternologia

Maternologia

En 1880, el doctor I.C. Drăgescu publicó un tratado titulado Maternologia que pretendía ser un compendio de normas de salud y educación y que establecía la idea que se tenía a mediados del siglo XIX de la institución familiar en Rumania, concepto compartido por prohombres como C. A. Rosetti o Nicolae Bălcescu:

 

Femeia este ângerul păzitor al familiei, educătórea societăţii. Fiă-care naţiune atribue femeii mărirea séu decădinţa sa. Dacă bărbatul forméză legile, femeia forméză moravurile, dacă bărbatul guvernéză societatea, femeia o nobiléză.

 

“La mujer es el ángel guardián de la familia, la educadora de la sociedad. Cada nación concede a sus mujeres la grandeza o la decadencia en la que viven. Si el hombre forma las leyes, la mujer forma las costumbres, si el hombre gobierna una sociedad, la mujer la ennoblece”

 

No sé qué diría nuestra ínclita Ministra de Igual da sobre la afirmación del Dr. Drăgescu, estoy seguro de que le encontraría todas las pegas y de que tacharía al profesor de protofascista, sin embargo, personalmente comparto este punto de vista.

¡Leed, malditos!

Terror perruno

Terror perruno

Sales de casa de buena mañana con los ojos todavía demasiado pegados, te acercas al lugar donde dejaste ayer aparcado el coche y te encuentras este panorama.

 

¿Qué hacer? Mejor ir en metro a trabajar.

Ovidio y el fauno

Ovidio y el fauno

Regresando hoy a casa del trabajo he recordado otro de los motivos por los que me gusta Bucarest: si uno está lo suficientemente atento, mil y una sorpresas emergen en los lugares más insospechados.

 

Sobre la cornisa de uno de tantos castigados edificios vanguardistas de Bucarest, colocada como por descuido, se levanta la escultura de un hombre junto a un fauno. Por supuesto, no lo he reconocido a la primera, he tenido que bucear un poco en la memoria y en los libros para recordar Las Metamorfosis de Ovidio, el poeta romano condenado por el emperador Augusto al exilio en Tomis (la actual Constanza, en la costa del Mar Negro), símbolo nacional en Rumania y de su destino trágico.

 

Ovidio está representado con el semblante serio, casi triste, penando su exilio lejos de Roma. El fauno, con las pezuñas colgando y una flauta de Pan en la mano - el típico nai rumano -, parece reírse de su suerte, como recordándole algún oráculo en el que le advirtió sobre su futuro.

 

Querido peatón, si pasas por el boulevard Eroii Sanitari, en la esquina con la calle Dr. Clunet, levanta la vista del suelo – no te preocupes, no hay socavones por ahí – y encontrarás esta curiosa escultura que bien merece un poco de tu tiempo.

El ataque de los bits


PIXELS by PATRICK JEAN.
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Ion Bârlădeanu

Ion Bârlădeanu

Hace un par de días el Instituto Cultural Rumano organizó una charla-exposición sobre el último fenómeno artístico del país: Ion Bârlădeanu. La reunión fue de lo más sesuda, con un crítico de arte enfrentado a una sala circunspecta que atendía casi reverencialmente a las explicaciones, críticas y disecciones de la obra de este “artista del hambre”. No había sonrisas, ni chascarrillos, ni un solo guiño a la galería, todo fue según el guión del mundillo intelectual bucarestino: aburrido hasta la nausea pero con un gesto de profundo interés.

 

Ion Bârlădeanu 1

 

Ion Bârlădeanu saltó a la fama entre el gran público hace unas semanas gracias a la exposición que inauguró en una afamada galería de París y a que una de sus principales fans es Angelina Jolie, con quien incluso compartió una cena privada. A pesar de todo el espectáculo que se ha montado a su alrededor, lo cierto es que hasta el año 2007 nadie había oído hablar de Bârlădeanu pues vivía como podía en la habitación donde se acumulan las basuras de uno de los típicos bloques comunistas de Bucarest. Precisamente de ahí es de donde este peculiar creador sacaba todo el material para crear sus obras, principalmente collages - a los que él llama películas - hechos con recortes de periódico y revistas pegados sobre cartón en los que ofrece una visión crítica, confusa y algo agresiva de Rumania, la de entonces y la de ahora.

 

Ion Bârlădeanu 2

 

¿Es Bârlădeanu un bohemio en estado puro o quizás un producto del más puro marketing? Posiblemente tiene algo de ambas cosas. Se dice que es la encarnación del mito del éxito de las sociedades capitalistas y democráticas, también que sólo es un producto más de la deriva cultural contemporánea o el resultado de una promoción agresiva y sensacionalista. Por mi parte, sólo creo que es un tipo con suerte al un día un amigo le ayudó a acercarse a una galería de arte de Bucarest en la que encontró alguien que se prestó a exponer su obra. Por lo demás, le ha sonado la flauta y me alegro por él (especialmente por su cena con la Jolie). Sea como fuere, su obra impresiona y difícilmente deja indiferente, así que vale la pena dedicarle un rato.

Excursión a las minas de Slănic

Excursión a las minas de Slănic

El pasado jueves la gradiniţa de los enanos organizó una nueva excursión, esta vez a las minas de sal de Slănic, en el condado de Prahova. En realidad, se trata de dos minas superpuestas: la Mina Mihai, abierta en 1912, y por debajo de ella la Mina Unirea, inaugurada en 1938 y que se sitúa a 208 metros de profundidad.

 

Ambas minas tienen unas salas espectaculares, con techos de más de 30 metros de altura y paredes que alcanzan una inclinación de hasta 60 º (sinceramente, a mi me recuerdan a las Minas de Moria de El Señor de los Anillos). Tras años de durísimos trabajos de acondicionamiento, se abrieron al público como atracción turística y como centro de tratamiento de enfermedades respiratorias en 1970. También tienen canchas de fútbol-sala y de handball, una pista de atletismo y un museo de historia de la mina.

 

El escultor Iustin Năstase esculpió allí obras como los bustos del emperador Trajano y del rey dacio Decébalo, mientras que una artista local llamada Oană Brezeanu diseñó un bajo relieve de Mihai Viteazu y un busto del gran poeta romántico Mihai Eminescu. Algunas pinturas de temas romanos cubren también las paredes de roca de sal.

 

En 1994 las minas sufrieron unos graves daños debidos a la disolución de la sal por efecto de las aguas freáticas y el filtrado de aguas pluviales. Algunas galerías se derrumbaron por lo que tuvieron que ser cerradas al público hasta que el ingeniero Eugen Scrob inventó un método especial de preservación que permitió reabrirlas en 1998.

 

Parece que los churumbeles quedaron impresionados por el lugar. Llegaron a casa hablando de la visita y de unos dragones, símbolo de los guerreros dacios, que rodean el busto de Decébalo. Estuvieron muy parlanchines hasta que metieron en la cama pues, una vez en horizontal, quedaron rendidos en cuestión de minutos. Esa noche no hubo cantos, ni juegos, ni conversaciones ni carreras.

 

 

 

 

Sobre toneles

Sobre toneles

Hace unos meses comentaba inocente la imposibilidad de que entrasen piratas provistos de barriles de ron en el Metro de Bucarest debido a la prohibición que reza el cartel que adjunto.

 

Ayer, paseando por Piata Matache, entendí a qué se refería.

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El deshollinador (y 2)

El deshollinador (y 2)

Ayer hablé de él y hoy no he podido resistir la tentación de fotografiarle de cerca, al fin y al cabo, su profesión está en peligro de extinción y poder hacerle un retrato ha sido una oportunidad muy especial, algo que pronto será imposible en esta Europa donde ya casi no caben las profesiones manuales.

El deshollinador

El deshollinador

Todos los días veo al deshollinador cerca de la puerta de mi oficina. Suele rondar la esquina de la calle, saludando amablemente a los que pasan, a veces, incluso intercambia dos palabras con alguien. Imagino que su constancia le ha hecho conocer las caras de los que cruzamos diariamente por aquí así que nos saluda con una sonrisa de esas que sólo se dedican a aquéllos que conoces de toda la vida.

 

El deshollinador lleva todas sus herramientas al hombro: cepillos, un largo alambre enrollado con una bola metálica en uno de los extremos que sirve de contrapeso y una escoba circular en el otro, muchos paños y esa sonrisa con la que ofrece sus servicios.

 

En Bucarest todavía hay muchas chimeneas que escupen humo negro y ceniza cuando hace frío pues el gas no ha podido con las viejas sobas de porcelana, así que el deshollinador aún tiene trabajo que hacer aquí. 

Nacer en Rumania

Nacer en Rumania

Debo empezar este post admitiendo que el sistema sanitario rumano tiene muchas y buenas excepciones y que hay médicos que se comportan según el código deontológico más estricto, sin embargo, para desgracia de las madres rumanas, el proceso de dar a luz hoy en Rumania es un auténtico despropósito.

 

Lógicamente, tras la buena nueva de un embarazo y los regocijos correspondientes, lo primero que hace la futura madre es contactar con un médico de familia. Puede ir recomendada – la mejor y la más barata de las opciones – o a pelo, en cuyo caso deberá inaugurar la relación con su doctor con el conveniente regalo, en metálico o en forma de materia prima; de no cumplir con esta tradición, lo más probable es que el médico la trate con cara de perro durante toda la gestación, la haga esperar hasta tratar al último paciente del día de visita, le dedique apenas unos minutos, etc. También puede ocurrir que el médico, a pesar de estar encuadrado en la Seguridad Social Rumana, la transfiera a su consulta particular con peregrinas excusas, de forma que la sufrida madre deberá abonar todas las visitas (25 €), ecografías (100 €) y pruebas varias (que pueden alcanzar precios superiores a los 150 €).

 

Llegado el día del nacimiento, la parturienta no sólo deberá haber pensado en su ajuar y en la canastilla, sino también deberá ir bien pertrechada de gasas, vendas, hilo esterilizado, guantes, jabón, pinzas hemostáticas, tijeras, jeringas, agujas esterilizadas, medicinas varias y, sobre todo, anestesia pues de no llevarla nadie le surtirá de ella (de hecho, sé de un caso en el que aunque una madre se ofreció a darle parte de su anestesia a otra que estaba sufriendo en la sala de preparto, la enfermera no lo aceptó y dejó a la pobre desdichada allí gritando como alma que lleva el diablo). Al margen de todo esto, el coste del parto en un hospital público rumano es de unos 600 € si todo va bien – cantidad que se da de tapadillo al médico – y de unos 700 € si hay que hacer una cesárea de urgencia. Una vez el bebé está junto a la madre, alguien deberá proveerlos de comida pues las raciones suelen ser escasas o simplemente inexistentes.

 

Finalmente cabe recordar, como corolario, que con este panorama hospitalario el último ministro de Sanidad acudía diariamente al Ministerio con su flamante Ferrari rojo.

Corneliu Coposu

Corneliu Coposu

Tras el ábside de la iglesia Kretzulescu y justo frente a la estatua a Iuliu Maniu, en la Plaza de la Revolución, se levanta el busto de Corneliu Coposu. Su ubicación no es casual pues Coposu fue uno de tantos encarcelados por el régimen comunista y tuvo el honor de ser el secretario de Iuliu Maniu, del que estará eternamente separado sólo por Calea Victoriei.

 

Coposu nació en Bobota, un pueblo de Transilvania durante los últimos años del gobierno austro-húngaro (1914). Estudió Derecho y Económicas en la Universidad de Cluj, donde se involucró políticamente con el Partido Nacional Campesino y especialmente con Iuliu Maniu, uno de los artífices de la unión de Transilvania con Rumania tras la Primera Guerra Mundial.

 

Durante el régimen fascista de Antonescu, Coposu se vio obligado a vivir en la clandestinidad y ya empezada la Segunda Guerra Mundial participó en las negociaciones con Inglaterra para que Rumania abandonase a las potencias del Eje y se uniese a los Aliados. Tras el golpe de Estado del rey Mihai contra Antonescu, Coposu alcanzó la subsecretaría del Partido Nacional Campesino desde donde organizó el partido como primera fuerza opositora de los comunistas de Petru Groza antes de las elecciones generales de 1946.

 

Haciendo gala de lo que los comunistas entienden por buena lid democrática, en julio de 1947 lo detuvieron junto al resto de los líderes del Partido Nacional Campesino cuando intentaba huir del país hacia Occidente. Sin juicio alguno, estuvo 9 años en arresto preventivo y en 1956 fue condenado a cadena perpetua por “alta traición contra la clase trabajadora” y por “crímenes contra las reformas sociales” (aunque suene rocambolesco, cito textualmente a la acusación). Hasta 1962 estuvo recluido en régimen de aislamiento en la prisión de Râmnicu Sărat y finalmente, tras 17 años de reclusión, fue liberado en abril de 1962. Tras salir de prisión, fue empleado como obrero no calificado en un taller de carpintería mecánica.

 

El 22 de diciembre de 1989, durante la Revolución, leyó el manifiesto que devolvió a su partido a la legalidad, rebautizado como Partido Nacional Campesino Cristiano Demócrata. Desde entonces, Coposu se convirtió en la principal voz de la oposición al Frente de Salvación Nacional de Ion Iliescu lo que casi le costó la vida durante la mineriada de 1990.

 

Coposu apoyó siempre el retorno de la monarquía de manos de Mihai I y personalmente promocionó a Emil Constantinescu hasta el puesto de Presidente de Rumania. Murió en Bucarest en 1995 tras un largo cáncer y a su entierro en el cementerio Bellu asistieron unas 100.000 personas.

 

Valga este breve post como homenaje a un hombre que, junto a su colega Iuliu Maniu, trabajó incansable para reinstaurar un verdadero régimen democrático en Rumania.

Billete sencillo

Billete sencillo

Continuando con el tema de los autobuses, aquí adjunto un billete sencillo con dos viajes de preciosa estética retro. Bucarest tendrá cosas que mejorar pero nunca el diseño de sus billetes sencillos de autobús, trolebús y tranvía.

 

Como se comprueba en la imagen, el precio de cada viaje es de 1,30 lei, es decir, 0,32 € por trayecto, lo que los sitúa en el rango de los más baratos transportes públicos de Europa.

 

Para adquirir estos billetes, junto a tarjetas multiviaje y abonos, deberéis localizar un kiosko con las siglas RATB (tarea no siempre sencilla, aunque suelen estar cercanos a las principales paradas) donde podréis hacer todas las gestiones necesarias. Desgraciadamente no pueden comprarse los billetes una vez subido al autobús y, para los que piensan en colarse, lo cierto es que suele haber revisores mucho menos flexibles que los de Barcelona.

 

Para consultar los trayectos que mejor se ajusten a las necesidades de cada uno, la página web de la Regia Autonoma de Transport Bucuresti (www.ratb.ro) ofrece una herramienta de esas que te permite seleccionar dónde estás y a dónde vas, ofreciéndote una gama de resultados para trasladarte.

Autobuses

Autobuses

La red de autobuses de Bucarest no está nada mal, lo cierto es que puedes llegar hasta al último rincón de la ciudad si conoces qué autobús debes coger y dónde cogerlo. Desgraciadamente, la mayoría de las paradas de autobús pasan bastante desapercibidas, aunque últimamente están instando bonitas marquesinas que indican donde esperar y qué autobuses pasan por ahí. En ningún lugar existe indicación alguna sobre la ruta que sigue cada coche, eso debe saberlo de antemano el usuario.

 

Sobre el coste del transporte, al igual que el metro es francamente barato. Puedes comprar un solo billete, una tarjeta con varios viajes, un abono mensual ilimitado para una línea de autobús, un abono para varias líneas e incluso un abono combinado con el metro. La última opción, al más cara, cuesta 74 lei (18 €). Ayer me compré un abono mensual para una sóla línea de autobús – que me deja casi frente a mi oficina partiendo de muy cerca de mi casa – por 30 lei (7,3 €).

 

Los autobuses suelen pasar con regularidad (algunos con más regularidad que otros) y, aunque normalmente van bastante llenos, sueles viajar cómodamente. En el viaje de regreso a casa de ayer tuvimos una sorpresa pues un chucho vagabundo viajó algunas paradas con nosotros. Imagino que estaba demasiado cansado para caminar así que decidió tomar el autobús. No sé que abono tenía el animal pero una chica bastante malhumorada acabó sacándolo a patadas. El bicho se lo tomó con malas pulgas aunque con resignación.

 

Ciudadanos de honor

Ciudadanos de honor

Mircia Gutău, exalcalde de Râmnicu Vâlcea, tiene el honor de encabezar uno de los pocos expedientes por corrupción que se han cerrado con una condena en Rumania, sin embargo, esta no es la única distinción que disfruta tan egregio personaje: también es el primer condenado por recibir sobornos, actualmente en la prisión de Colibaşi, que recibe el título de Ciudadano de Honor de su ciudad, la misma que él esquilmó.

 

La historia de Mircia Gutău no es nada original: lo trincaron cuando recibía 50.000 € de manos de un empresario para recalificar unos terrenos. Con el objetivo de otorgarle semejante título, el Consejo Local ha cambiado incluso los criterios de atribución para que el sufrido exfuncionario pueda recibir este reconocimiento aún estando entre rejas. 20.000 ciudadanos a los que les gusta que les roben han apoyado con su firma esta noble iniciativa.

 

Más cachondo es el exconsejero de Biled, Lucian Torj (en la foto, desencajado llegando al tribunal), condenado por proxenetismo y blanqueo de dinero, que lloriqueó hace unos días ante el tribunal para que lo liberasen de la prisión de Timisoara porque su celda no tiene ventilación y el pobre hombre sufre de asma. No pidió que lo cambiasen a una celda mejor acondicionada, ¡no!, pidió directamente que lo liberasen.

 

 

En el banco

En el banco

Hoy estreno oficina bancaria, así que entro con los pies de plomo, al fin y al cabo, no me conocen. En principio, no sé donde debo colocarme para hacer un cambio de moneda y pagar un par de facturas, así que me coloco en la cola más cercana a la puerta y a distancia prudencial del último usuario. Mi primer error es evidente: más y más clientes llegan al banco y, como si fuera invisible, se colocan delante de mí, amontonándose entre un servidor y la persona que estaba frente a mí. Paciente – no quiero montar el numerito el primer día – espero a mi turno. Finalmente, le explico a una empleada aburrida y con el pelo brillante debido a la falta de champú mis intenciones y rápidamente farfulla que debo ir a las mesas del fondo de la oficina.

Llegado al lugar, todas las mesas están ocupadas, así que inauguro una cola. Pronto se me arriman desconocidos que insisten en preguntarme si allí es dónde pe paga no sé qué o donde se cobra no sé cuántos. ¡Me toca!, sin embargo, antes de dar un paso una mujer entrada en años y en carnes me adelanta al grito de “Será sólo un minuto”. Pongo cara de fastidio pero, insisto, no quiero montar un espectáculo el primer día, así que espero paciente. El minuto se convierte en muchos pero por fin llega mi momento. Urmator! Me siento frente a la nueva empleada, le explico lo que quiero mientras voy sacando papeles y tras resoplar, ¡me envía a hablar con la señora que se sienta justo al lado de la que me ha enviado aquí – sí, sí, la del pelo brillante -! Ya estoy nervioso.

Vuelvo sobre mis pasos y compruebo que durante los minutos perdidos se ha formado una cola impresionante. La nueva empleada que debe atenderme grita malhumorada a los clientes, les lanza formularios a la cara mientras les ordena que se sienten, o que guarden cola, o que se vayan a otra oficina. Atemorizado, espero de nuevo mi turno. Cuando consigo llegar hasta ella han pasado 40 minutos desde que entré en el banco.

Amablemente le pongo mi mejor sonrisa y le explico qué operaciones deseo realizar. Pero, ¿quién es usted? ¡La Virgen!, pienso, ¿tanto tengo que explicarle? Poco a poco voy dándole todas la explicaciones que necesita, aunque temo el momento en que me pida algún documento identificativo. Estoy en su sistema, tienen mi firma, mi sello, lo saben todo sobre mi, pero cuando debo entregarle mi DNI y mi CNP (documento nacional de identidad rumano) sólo obtengo un resoplido por respuesta. Todos me miran. Ella fija su mirada en la pantalla, comprueba el ejemplar que tiene de mi firma (¿Esta es su firma? Pues sí, ya lo ve en la pantalla). Resopla. Cierra la pantalla. Se pasea por varios programas bancarios que le ofrece su ordenador. Vuelve a mi firma. Vuelve a preguntar lo mismo (¿Esta es su firma?). Resopla. Pregunta a sus compañeros. Uno tras otro acuden a mirar mi firma. Comentan la jugada. Varios resoplan.

Sé que me voy a ir sin cambiar moneda y sin pagar las facturas (que, por cierto, en Rumania no se pueden domiciliar en todos los bancos), sin embargo, algo imperceptible ocurre. No sé qué es. Debería pensar como un malhumorado empleado de banco para entenderlo, pero la mujer finalmente acepta mis credenciales y realiza todas las operaciones. Bueno, no todas, pues algún número falla en una de las facturas y decide no pagarla. Yo se lo agradezco de nuevo con una sonrisa y ella me dice que ya nos iremos conociendo (¿a qué se refiere?).

Cambiar moneda y pagar una factura: 83 minutos de mi vida.

Un precio muy alto.