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El famoso "Puente de Pipera"

El famoso "Puente de Pipera"

Uno de los despropósitos más sonados en el campo de las nuevas infraestructuras civiles de Rumania lo constituye el inacabado puente de Tunari-Pipera. El viaducto proyectado debía sortear la vía del ferrocarril, mejorando la fluidez del tráfico en un paso a nivel que siempre provoca largas colas de vehículos en el lugar.

 

La idea, presupuestada inicialmente con 6,2 millones de euros, era buena, sin embargo, alguna mente maravillosa diseñó un puente con una altura de 8 metros, exactamente la misma que la de la catenaria del ferrocarril que pasa por debajo. De resultas, el presupuesto ha ascendido a 11,4 millones de euros y la obra está parada (en la situación que se observa en la fotografía).

 

El ayuntamiento de Voluntari (a un lado de la malograda estructura) culpa del error a las empresas que prepararon la documentación técnica para la licitación (Ove Arup & Partners y Expert Proiect 2002) y el ayuntamiento del Sector 2 de Bucarest (al otro lado) culpa al ganador de la licitación y diseñador del mamotreto (S.C. Betarmex Consult S.R.L. Bucureşti).

 

Sea como fuere (y la cerrada defensa de uno u otro me huele en cualquier caso a chamusquina), ninguno de los implicados en el asunto (Ove Arup & Partners, Expert Proiect 2002, S.C. Betarmex Consult S.R.L., Ayuntamiento de Voluntari, Ayuntamiento del Sector 2 de Bucarest o, ni mucho menos, algún técnico de la Unión Europea, pagadora de 5 millones de euros) tuvo la decencia de mirarse con detenimiento los planos o de visitar el lugar de la obra y, si lo hicieron, debían ir hasta las trancas de orujo local. ¿Y qué decir de los operarios o del director de obra mientras se colocaban las grandes vigas de hormigón?, ¿no veían que algo no acababa de cuadrar? Más orujo, supongo. ¿Y había alguna empresa de supervisión de obras? 

 

Los beneficiarios dicen ahora que cuando se resuelva el problema buscarán responsabilidades. ¿Por qué no empiezan ya?, ¿a qué esperan? Imagino que más de uno cree que el asunto caerá en el olvido y que así no le buscarán demasiado las cosquillas.

Denuncia como puedas

Denuncia como puedas

Tras el robo de la radio, he ido a un taller oficial de Dacia a arreglar el estropicio y a instalar una alarma. Mi compañía de seguros me confirma que estoy cubierto en lo que a sustitución del bombín reventado se refiere, sin embargo, a la factura del arreglo debo añadir una denuncia en la policía. ¡Horror!

 

Temiéndome lo peor, me acerco a la comisaría más cercana del Sector 5. El edificio cochambroso me impresiona. En la puerta, un policía muy amable me pregunta el motivo de mi visita y tras explicarle la situación, me dice: “Sí, ahora los ladrones vienen de fuera muy preparados, ni las alarmas sirven – de nuevo, ¡horror! -. Suba al tercer piso”. Me ahorro los comentarios, aunque asiento.

 

Unas escaleras a oscuras me llevan a un pasillo lleno de habitaciones sin señalizar. Guiado por el sonido de una televisión, entro en la única sala con la puerta abierta. Un hombre en ropa de calle mira un capítulo de Colombo – para aprender, imagino – y cuando entro se levanta como un resorte y empieza a trastear papeles de un armario. “Tome asiento”, dice en un tono quizás demasiado autoritario teniendo en cuenta que soy a quien han robado.

 

Mientras sigue con la cara metida entre papeles, inocente de mi le comento que el robo se produjo el sábado por la noche, frente a mi casa. Detiene inmediatamente su actividad, se gira muy serio y pregunta: ¿Cómo?, ¿y por qué no ha venido hasta hoy? En mi mente se repite “En realidad he venido porque mi compañía de seguros dice que necesito una denuncia, no confío nada en ustedes ni en su capacidad para resolver este “caso”. Sólo hay que ver su aspecto aburrido y sus instalaciones para confirmar mi intuición”, sin embargo, prefiero decirle que tengo una vida familiar algo complicada con tres enanos y que hasta ese momento no he tenido un momento libre. ¡Ah, qué error!

 

A partir de ahí, bronca a gritos, que si la ley me obliga a denunciar inmediatamente (¿hay una ley que me obliga a ir corriendo a una comisaría rumana – jajaja -  a las 10 de la noche para denunciar que me han robado la radio?), que cómo van a coger a los ladrones si pasan tantos días (si denuncio inmediatamente, ¿los atrapan seguro? Jajaja), que si ha llovido y las huellas dactilares se han borrado (ya, que si no, las tomáis en plan CSI y las metéis en la base del datos del ordenador que todavía no he visto…), que no entiende la excusa de los niños (…vaya, ahora soy sospechoso…), que yo no estoy por encima de la ley (ya, ni usted, ni nadie aquí, sin embargo, la ley en este país es de cachondeo). Al discursito, se añaden miradas de desconfianza y finalmente una pregunta, ¿Puede escribir una declaración en lengua rumana? Y aunque podría intentarlo, después del discurso pienso “Hágalo usted, que para eso le pagan”, aunque simplemente respondo que no puedo. “Ah, entonces, tiene usted que venir con un traductor autorizado”. Le respondo que me cuesta más venir con un traductor que el valor de la radio y el buen policía me da de plazo hasta mañana por la mañana para hacer mi declaración. Ya le advierto: “No volveré”. Más gritos sobre el cumplimiento de la ley. Ante mi mirada atónita, se encoge de hombros y vuelve a mirar a la televisión.

 

Antes de levantarme y marcharme sin haber podido poner la denuncia pienso que el capítulo de Colombo debía estar en su momento más interesante y que he interrumpido a este abnegado funcionario, tan preocupado por el cumplimiento de la ley.

Adiós a la radio

Adiós a la radio

El sábado por la tarde, con el coche aparcado frente a nuestra casa, nos robaron la radio-CD. ¿Quién lo iba a pensar? ¡Pero si está hasta pasado de moda!

 

Rumania está tan anticuada que hasta los delitos son anacrónicos. Reconozco mi sensación de rabia e impotencia cuando vi los cables cortados colgando del hueco donde debería estar el aparato (aunque la foto no es de nuestro coche, el desolado aspecto es el mismo). Además, se llevaron el CD de Najwa Nimri.

 

Posiblemente, si hubiésemos ido a la mañana siguiente al mercadillo de Drumul Taberei, la hubiésemos encontrado entre los miles de cachivaches que allí venden. Cuando se lo comenté a nuestro vecino, me dijo convencido: “Es que en Bucarest no se puede dejar la radio en el coche aparcado sin quitar el frontal”.

 

Obvio, pensé, aunque tarde.

Sobre la construcción de Casa Poporului

Interesante y breve documento sobre la construcción del edificio más emblemático de Bucarest y de la dictadura comunista: Casa Poporului (La Casa del Pueblo).

 

Equipaje voluminoso

Equipaje voluminoso

En una de las entradas de la estación de metro de Gara de Nord existen varias advertencias para el viajero, aunque una es especialmente desconcertante: “Prohibida la entrada con equipaje voluminoso”.

 

El concepto de equipaje voluminoso puede ser muy amplio pero, ¿podríamos incluir un barril de ron, un cofre del tesoro – con llave y todo – y un saco de arpillera? Es más, ¿qué tipo de personajes entran habitualmente en el metro con semejantes bultos? Hay algo, eso sí, que me queda claro: los piratas no pueden viajar en el Metro en Bucarest.

 

 

El Hombre Más Fuerte del Mundo

Nunca nos hubiésemos perdonado enterarnos tarde así que la suerte quiso que entrásemos en el Hotel Radisson un par de días antes del evento del siglo en Rumania: las Súper Series del Hombre Más Fuerte del Mundo.

 

¡Tantos años siguiendo el evento por la televisión sin poder enterarnos del lugar del siguiente campeonato y resulta que la montaña ha venido a Mahoma! Años haciendo planes sobres el día que acompañaríamos a los forzudos en sus retos - fuese en las Cataratas Victoria o en la cima del Monte Fuji -, tantas ilusiones frustradas al no acompañarlos en directo y, al final, todo arreglado gracias a la casualidad.

 

Una hora antes hemos llegado al Radisson para tomar el mejor lugar desde donde contemplar alucinados míticas pruebas como Las Piedras del Atlas o El paseo del Granjero. Una cervecita fría en las manos y a disfrutar.

 

¡Qué alegría! Y todavía algunos se atreverán a criticar Bucarest. Ha venido a la ciudad El Hombre Más Fuerte del Mundo, ahora ya nada podrá superarlo.

 

Siesta de riesgo

Siesta de riesgo

Sin duda hay auténticos maestros de la siesta, sin embargo, estos dos obreros darían lecciones al mayor entendido.  

 

Hacia las 2 de la tarde, después de unas horas de arduo trabajo, se han tumbado en el andamio y se han echado un sueñecito de más de media hora. Poco ha importando que nada les separase de una caída de cuatro pisos. Ellos tenían sueño y qué mejor lugar que el andamio que tanto les ha visto sudar.

 

En Rumania, la seguridad y salud en el trabajo es una cuestión de principios.

Fácil acceso

Fácil acceso

La sensibilidad de las autoridades rumanas hacia los discapacitados físicos es de imaginar y, para muestra, un botón.

 

Esta plataforma se encuentra en una de las salidas a la Piaţa Unirii, es decir, en una de las estaciones de metro más importantes de Bucarest. Mi pregunta no sólo es cómo puede alguien en silla de ruedas salir de la estación, sino cómo ha podido llegar hasta allí, pues si bien aquí hay una plataforma automática sin posibilidades de uso, en ninguna otra estación de la ciudad hay ascensor y las escaleras mecánicas escasean (en cualquier caso, serían inútiles para alguien que se mueve en silla de ruedas).

 

Imagino que los responsables de Metrorex tenían el presupuesto (probablemente nunca lo solicitaron, sino que les cayó del Cielo de los Fondos Europeos o de algún programa de integración de discapacitados), hicieron la inversión y ahí quedo todo, es más, apostaría a que nunca se ha utilizado.

 

Otro triplete

Otro triplete

En el número 3 de la Avenida Kiseleff se levanta el impresionante edificio que alberga el Museo del Campesino, un curioso e interesante lugar inaugurado en 1906 donde, a través de la exposición de aperos, textiles, arte popular y cachivaches varios, se demuestra la importancia y la pervivencia del campesinado en la Rumania actual.

 

En su jardín posterior, abandonada, se encuentra una estatua de los tres ideólogos del Comunismo: Marx, Engels y Lenin. La obra, con sus tres protagonistas nasalmente mutilados, nos recuerda que después de la Segunda Guerra Mundial el edificio albergó el Museo de Lenin y Stalin. Pasado el torbellino estalinista, se cambió el nombre por el de Museo de Marx, Engels y Lenin y, finalmente, simplemente se llamó Museo de Historia del Partido Comunista.

 

En 1990, el filósofo y entonces Ministro de Cultura, Andrei Pleşu, decidió reestablecer el uso original del museo, que abrió sus puertas de nuevo en 1993. Actualmente, sobreviven un par de salas dedicadas al comunismo autóctono que bien valen una visita, aunque desgraciadamente todas las indicaciones están sólo en rumano.

Obras

Obras

Bucarest tiene decenas de calles abiertas, con las tripas al aire. Unas veces son producto de faenas más o menos planificadas, otras son agujeros que se crean de manera natural, empiezan como un bache y acaban en una sima de la que no se ve el final. En cualquier caso, las obras suelen eternizarse inexplicablemente y a veces los boquetes se convierten en auténticos vertederos de basura.

 

En muchas ocasiones, las zonas de trabajo acumulan maquinaria y material durante meses. Perfectamente valladas al principio, van perdiendo su buen aspecto inicial y acaban con las zanjas rellenas de todos los materiales inimaginables. Cuando ha sido necesario disponer pasarelas para el paso de peatones, estas acaban convertidas en trampas mortales, con hierros oxidados acechando para transmitir el tétanos al menor despiste y ratas merodeantes del tamaño de un caballo (sólo hay que visitar Lipscani para comprobarlo).

 

Paseando el otro día por una de tantas calles, me encontré este espectáculo. Una zanja recorría la vía de punta a punta, un obrero, armado sólo con una pala, realizaba un trabajo indescifrable aunque a todas luces inútil, mientras unos niños jugaban en la cabina de la excavadora que contemplaba parada la escena. Sin duda, las obras allí iban a durar mucho, mucho tiempo.

Cementerio Bellu

090523_Visita al Cementerio Bellu por ti.

El Cementerio Bellu es, quizás, el más famoso de Bucarest. Debe su nombre al barón que en 1853 cedió los terrenos para su construcción, Barbu Bellu, por entonces Ministro de Justicia y de Cultos Religiosos.

 

Desde 1858, momento en que abrió sus puertas, el cementerio ha albergado a los más famosos escritores, poetas, políticos y actores de Rumania, además de a muchos anónimos ciudadanos. Entre ellos se encuentran el escritor Ion Luca Caragiale, el político C.A. Rosetti, el inventor Aurel Vlaicu o el gran poeta Mihai Eminescu.

 

Hasta el siglo XIX, los bucarestinos pudientes eran enterrados en los jardines que rodeaban las iglesias de la ciudad, mientras que los pobres eran sepultados en cementerios situados en las afueras. A pesar de ello, el terreno ofrecido por el Barón Bellu, entonces fuera de los límites de Bucarest, captó la atención de las grandes familias del momento. El primero en comprar una parcela fue el político C.A. Rosetti para su hija Elena, como así consta en los archivos. A partir de ahí, familias como los Cantacuzino-Rafoveanu (1863), los Scarlat Rosetti (1865), los Vacarescu, los Ghica, los Florescu, los Filitti y otras enterraron allí a sus difuntos, en tumbas y panteones decorados por los artistas más reputados de la época.

 

El pasado sábado fuimos con los enanos a visitarlo y lo que más les gustó fue saltar de tumba en tumba, corriendo por encima de ellas. Poco respetuoso, quizás, pero muy divertido.

Crucea de Piatra

Crucea de Piatra

Leyendo Los depravados príncipes de la Vieja Corte, del que pronto espero hacer una pequeña reseña, he sabido de un famoso burdel de entreguerras llamado La Cruz de Piedra (Crucea de Piatra). De hecho, La Cruz de Piedra era el nombre de un pequeño barrio de burdeles aparentemente lujosos, llevados como si de empresas familiares se tratase, situado entre las calles Vitan y Dristor.

 

Las aspiraciones al lujo pronto quedaron atrás y las casas de lenocinio se transformaron en lugares de poca clase, frecuentados por todo tipo de clientes, desde estudiantes hasta hombres ya maduros, escritores como Ion Barbu, sirvientes, porteadores y crápulas en general. No faltaron personajes ilustres entre sus visitantes e incluso en la época se comentó que el rey Carol II tuvo un romance con una famosa prostituta del lugar llamada Hambre Negra (Foamea Neagra), cuyo nombre revelaba su apariencia delgada, débil y con una cara desnutrida, con los pómulos y el mentón muy  marcados.

 

Muchas de las prostitutas del barrio eran jóvenes – incluso menores de edad - especialmente pobres que habían abandonado su casa para ganar algo de dinero. El lugar estaba protegido por la policía, que incluso tenía un edificio propio llamado Casanova, cuyos beneficios compartía con las prostitutas que ejercían allí. Además, la policía se encargaba de evitar altercados y mediar en las relaciones de prostitutas y clientes con los vecinos.

090515_Crucea_de_Piatra_2 por ti.

Aunque la ley establecía que los prostíbulos debían ser cerrados, no concretaba nada sobre la actividad de la prostitución, por lo que el barrio creció ante la mirada pasiva de las autoridades. A los burdeles se los denominó genéricamente “edificios con habitaciones donde se ejerce la prostitución” e incluso en cada una de las puertas del inmueble cada chica colocaba su tarjeta de visita: “Daniela, recibe de 5 a 7”. Los medios de comunicación del momento afirman que por aquél entonces se cerraron 13 prostíbulos, aunque las mujeres siguieron trabajando en habitaciones particulares.

 

La Cruz de Piedra conoció también algún crimen misterioso, como el que afectó a varias prostitutas rusas que aparecieron muertas en las inmediaciones del lugar y que más tarde fueron acusadas de ser espías del NKVD soviético; al parecer, según concluyó la investigación policial, informaban a Rusia de las confesiones de alcoba de muchos oficiales rumanos que las frecuentaban.

Rumba rumana

Un único nombre: Pepe. Su canción: Cine, cine.

 

Freakismo en estado puro.

 

Su vídeo es impagable. Motero-rumbero rodeado de llamas, enfundado hasta las cejas con cuero, se pregunta dolorido: ¿Quién te quiere más que yo?

 

¿Puede afirmarse que la rumba catalana tiene fieles seguidores entre la gañanería rumana? Juzgad por vosotros mismos.

 

Como decimos aquí: Ce tare!

 

Primer semáforo eléctrico de Bucarest

Primer semáforo eléctrico de Bucarest

Esta instantánea fue tomada en 1929 por el fotógrafo Nicolae Ionescu en la confluencia de Calea Victoriei con Regina Elisabeta y representa uno de los adelantos de la época: el primer semáforo eléctrico de la ciudad.

 

Es curioso, sin embargo, que se mantenga la figura del policía, lo que me hace pensar que las autoridades no se fiaban mucho del invento.

Bucarest en la Segunda Guerra Mundial

Bucarest en la Segunda Guerra Mundial

Esta vez, dos fotos históricas, comentadas por mi amigo Luis, auténtica enciclopedia se sabiduría militar. Por un lado, soldados alemanes fotografiándose frente al Círculo Militar de Calea Victoriei. Por el uniforme, Luis data la fotografía en 1942, aunque admite que el cuello de los uniformes podría situarla también en 1941. Me informa que en 1943, los alemanes cambiaron la gorra cuartelera (ganó una visera) y simplificaron el uniforme (los pliegues de los bolsillos) y en algunas unidades se cambiaron las botas de caña por botas atadas y polainas.


Los soldados de la fotografía no llevan insignias ni condecoraciones. El de la derecha, que fuma un cigarrillo, es un Gefreiter (un cabo).  Los otros parecen soldados rasos, posiblemente de infantería. Visten uniforme de faena (no llevan ninguna insignia) y parece que son los chóferes de los tres coches aparcados detrás. Los soldados alemanes llevaban muchísimas insignias cosidas o prendidas en el uniforme. Éstos, no. No están de paseo (o son unos afortunados chóferes de retaguardia). Posan delante de un Mercedes Benz 170 V, un modelo bastante frecuente entonces. El coche de detrás a la derecha parece otro Mercedes Benz, más grande.
 

Respecto a la siguiente fotografía, fue tomada el 30 de agosto de 1944, durante la entrada de las tropas soviéticas en Bucarest. Según Luis, el vehículo podría ser fruto de los acuerdos de Préstamo y Arriendo con la Unión Soviética. De este modo, la tanqueta sería un Universal Carrier Mk II*, también conocido como Bren Carrier, de fabricación inglesa, o un T16 (la versión fabricada en Canadá). Luis se inclina por la versión canadiense, por ser el modelo más exportado. Los rusos lo utilizaban en las compañías de reconocimiento, junto con los automóviles blindados (BA-64).  

30 Ag 1944 Soviéticos en Bucarest por ti.

 

Más Konada

Más Konada

En la zona de descarga de mercancías de la Piaţa Cotroceni

Cutremur!

Cutremur!

Tenía que ocurrir…

 

Hoy, a las 20.20 h, hemos sentido el primer terremoto de nuestra vida. Han temblado las paredes, los muebles, la pantalla del ordenador, el agua en los vasos, todo. Ha durado unos tres segundos, muy poco excepto si lo vives en persona y te da tiempo a darte cuenta de lo que pasa.

 

Aunque, en el fondo, no ha sido nada, ¡uf!

 

Busto de Mustafá Kemal Atatürk

Busto de Mustafá Kemal Atatürk

Frente al Teatro Odeon y al Hotel Majestic de Bucarest se levanta un busto en recuerdo a Mustafa Kemal Atatürk, curioso homenaje teniendo en cuenta las difíciles relaciones que han tenido Rumania y la Sublime Puerta durante siglos. A pesar de todo, entiendo el gesto pues Atatürk es, sin lugar a dudas, uno de los personajes más influyentes de esta parte del continente y, especialmente, de los movimientos democráticos y secularizadores del mundo islámico.

 

Gazi Mustafa Kemal Paşa nació en 1881 y su carrera pública empezó como oficial del ejército turco y destacado estadista en la Batalla de Gallípoli de la Primera Guerra Mundial. A pesar de sus esfuerzos, los males endémicos del decadente Imperio Otomano lo arrastraron a la derrota, viéndose inmediatamente amenazado por las amenazas aliadas de desmembración. En estas circunstancias, Mustafa Kemal lideró el Movimiento Nacional Turco y dirigió hábilmente la Guerra de Independencia Turca (Kurtuluş Savaşı) que culminó con el establecimiento de la República de Turquía.

 

Como presidente de la República, Mustafa Kemal introdujo reformas de gran alcance que dejaron atrás el anquilosado sistema imperial y permitieron establecer un estado laico, moderno y democrático que dejó de ser una amenaza para los países balcánicos (de ahí el reconocimiento que supone este busto en un lugar tan destacado). Posiblemente no existiría siquiera el debate de la integración de Turquía en la UE sin la extraordinaria intervención de Mustafa Kemal. A pesar de ello, contrariamente a que ocurrió en tantos países europeos (como España), el Ejército turco sigue siendo el garante de la herencia democrática y secular del sistema kemalista, cosa que lastra su política y sus posibilidades de ingreso en la Unión.

 

Atatürk significa Padre de los Turcos y fue el sobrenombre que la Gran Asamblea Nacional Turca dio a Mustafa Kemal en noviembre de 1934, como reconocimiento a su ingente labor.

El antiguo Teatro Nacional de Bucarest

El antiguo Teatro Nacional de Bucarest

Desde septiembre de 2006, el Hotel Novotel de Calea Victoriei tiene abiertas sus puertas al público, ocupando el lugar del que fuera el Teatro Nacional de Bucarest, recuerdo reflejado en la originalidad de su fachada.

 

El Gran Teatro de Bucarest fue inaugurado el 31 de diciembre de 1852 con la opereta Zoe sau Amantul împrumutat (Zoe o el amante prestado) y no adquirió la categoría de Teatro Nacional hasta que fue declarado como tal por el gobierno Mihail Kogălniceanu en 1864. Fue construido en un estilo barroco, tenía más de 300 localidades en platea, tres pisos con palcos y una galería desde la que los estudiantes podían asistir gratuitamente a las representaciones, además de un vestíbulo espectacular con unas impresionantes escaleras de mármol de Carrara.

090425_Teatro Nacional 2 por ti.

 

El teatro fue sin duda un centro de referencia cultural de la ciudad y contribuyó significativamente a la fama de París del Este que tenía Bucarest, sin embargo, su destino fue trágico pues quedó casi totalmente destruido durante los bombardeos de la Luftwaffe del 24 de agosto de 1944.

 

A pesar de la posición que ocupaba en Bucarest, durante los siguientes 60 años el lugar languideció, llegando incluso a verse sustituido por la decadente cafetería Anda, con su terraza ocupada principalmente por taxistas. En 2002, el Grupo Accor compró el terreno y, con muy buen gusto, recuperó la fachada del antiguo Teatro Nacional, incorporándola al edificio de cristal que constituye el actual Novotel.

De Konada

De Konada

En la calle Sf. Elefterie, en un buzón