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Cosas de la globalización

Cosas de la globalización

Hoy hemos ido a comer al Restaurante Alioli, un excelente local donde verdaderamente se pueden degustar platos típicos de la gastronomía española. Hay otros restaurantes que se dicen españoles en Bucarest, pero normalmente su oferta es un insulto a cocina hispánica.

Hasta hace poco, los menús diarios no eran habituales en los restaurantes de Bucarest, sin embargo, poco a poco han ido apareciendo y su precio oscila alrededor de los 6 €.  El Alioli ofrece un menú diario a unos 10 €, sin embargo, la oferta de platos y la calidad de los productos bien vale la diferencia de precio pues, al fin y al cabo, acostumbrados a variedades sin fin de la gastronomía del pollo, tomarse un buen gazpacho, una chapata con jamón, un logrado pulpo a la gallega o unas patatas a lo pobre con chorizo es una fiesta para el paladar. Mención especial merece el pan, una delicia que suelen acompañar con all i oli o con tomarte y aceite extra virgen.

En ésas estábamos, chupándonos los dedos, cuando nos hemos fijado en nuestros vecinos de mesa. Dos chinos conversaban en mandarín mientras degustaban unas migas con jamón y chorizo y un pulpo a la gallega sobre el correspondiente plato de madera. Bebían San Miguel y parecían estar encantados con el menú. El camarero se ha acercado, se ha dirigido a ellos en rumano y ellos han respondido con una parrafada en el mismo idioma. Todos tan felices.

Y es que realmente el mundo se ha hecho pequeño, muy pequeño.

Misterio resuelto

Misterio resuelto

¡Acerté!

 El pedestal que se construía frente a la Fundación Rey Carol I sostiene desde finales de la semana pasada una enorme estatua ecuestre del rey. Pocos días antes de alzarla, la estatua estuvo colocada junto al pedestal y algunos operarios hacían labores de soldadura. Ya colocada en su lugar, un andamio tan cutre como inseguro sigue facilitando el trabajo de los soldadores (así que esperaré unos días para fotografiarla como es debido).

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No ha habido ceremonia alguna de inauguración, todo se ha hecho con nocturnidad.

Según he descubierto recientemente, la estatua ya fue colocada en el año 2008 pero, al no contar con los permisos municipales adecuados, fue retirada y el pedestal demolido. Algunos se preguntarán cómo es posible que se construya un monumento de este calibre en una de las plazas más importantes de la ciudad sin permiso de obras. Yo también me lo pregunto.

Sea como fuere, aquí está de nuevo Carol I sobre su caballo, frente al Palacio Real, esperando ver pasar tiempos mejores para su país.

La arquitectura nacional rumana

La arquitectura nacional rumana

Aún a sabiendas de que algún lector va a torcer el gesto, no tengo reparos en afirmar que Bucarest debe ser un destino turístico de primera línea para cualquier arquitecto que se precie. Entre las joyas arquitectónicas de la ciudad, muchas desgraciadamente en estado de abandono, destacan los edificios diseñados según el llamado estilo nacional rumano, una ecléctica mezcla que da como resultado una de las arquitecturas más interesantes de Europa.

Museo del Campesino

Las ideas de la Ilustración despertaron en las élites culturales rumanas del siglo XIX un interés especial por su historia, su cultura y su idioma. En el caso del pueblo rumano, culturalmente desfavorecido por la falta de Estado propio, la recreación de la historia nacional facilitó a estas élites sentar las bases de una construcción nacional que apenas empezaba. El estilo nacional rumano nació así poco después de la independencia de Rumanía, en la década de 1880, como reinterpretación y síntesis de los elementos formales que caracterizan a la arquitectura tradicional rumana especialmente reflejada en edificios válacos del siglo XVIII – especialmente el Palacio de Mogoşoaia construido por el príncipe Constantin Brâncoveanu (ver De paseo por Mogoşoaia del 15/03/2009) - y moldavos de los tiempos del reinado del rey Esteban el Grande (siglo XV).

MUZEE

Elementos bizantinos y post-bizantinos con influencias góticas y barrocas se mezclan con los tradicionalmente rumanos y con soluciones adoptadazas por los alarifes otomanos, especialmente la decoración tallada. Así, se obtienen bellísimos edificios de piedra o ladrillo con columnas de fuste corto, arcos conopiales y capiteles con relieves vegetales y zoomórficos que adornan porches, galerías y torretas, ventadas lobuladas y marcos trabajados con motivos semejantes, barandillas con tracería y medallones cerámicos multicolores bajo las cornisas. El aspecto recio, casi militar, de estas edificaciones se inspira en las culas, torres fortificadas que servían de morada a los boyardos de Valaquia y que en el siglo XIX se consideraban puramente rumanas (aunque las había también en Serbia y Bulgaria).

Ayuntamiento

El arquitecto Ion Mincu fue el principal responsable de la creación del estilo nacional rumano. Tras terminar sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de París, recibió el encargo de Iacob Lahovary, un importante miembro del Partido Conservador, de reformar una de sus casas. Con este objetivo, Mincu estudió en detalle la arquitectura vernácula de iglesias y palacios cercanos a Bucarest y en 1886 construyó la Casa Lohavary, que causó una gran impresión entre los círculos intelectuales de Bucarest (a continuación, detalle de la cornisa del porche). Aquél fue el pistoletazo de salida para la construcción de decenas de edificios que crearon un conjunto de extraordinaria belleza y que todavía hoy puede admirarse en Bucarest.

Casa Lahovary detalle porche

Creepy Animation Night 2

Creepy Animation Night 2

Hacía semanas que teníamos las entradas para la Creepy Animation Night 2 y el viernes, ¡por fin!, llegó el día. Desde hace 5 años, anualmente se organiza en Bucarest un festival internacional de dibujos animados que, a decir de los expertos, cada vez tiene más fuerza.

Durante una semana, varios cines de la ciudad programan montones de cortos, anuncios, vídeo clips y largometrajes de animación de los más variopintos países. Además, en cada edición existe un país invitado (este año ha sido Hungría), un festival invitado (Festival Animafest de Zagreb), una escuela de animación invitada (MOME de Budapest) y un artista invitado (Alex Budosky de Nueva York). Paralelamente a las proyecciones, se realizan talleres para niños y adultos, proyecciones retrospectivas, charlas y exposiciones.

Desde el año pasado, una de los eventos especiales de mayor éxito es la Creepy Animation Night, una sesión de noche dedicada a cortos de dibujos animados de terror. Parecía un acontecimiento diseñado especialmente para nosotros así que no podíamos fallar.

Acabada la semanal laboral, el cine Patria acogió a toda la modernería de Bucarest: ropas extravagantes, pelos de colores y rastas, peinados retro, actitudes afectadas, algunos frikies entrados en carnes con camisetas de los Simpson y muchos curiosos, la mayoría extranjeros. La noche estaba organizada en tres proyecciones de una hora interrumpidas por una sesión de 45 minutos de un tal DJ Matze que, junto al artista visual Andrei Fantana, pretendía darnos una lección sobre lo mucho que encajan la ilustración por ordenador con la música electrónica. Pero yo ya estoy viejo para estas lides y a mi me pareció un auténtico coñazo inacabable y, encima, con pretensiones (aunque los modernos bucarestinos aguantaron estoicos, impasible el ademán, pues debían considerarlo una prueba de fuego para su pose).

Los cortos fueron otra cosa. Títulos tan sugerentes como El origen de las criaturas, Sangre de mi sangre, Las gemelas de la calle Poniente o La Noche de las bicicletas vivientes arrancaron los aplausos de un público bastante entregado. La calidad era buena, aunque algunas obras eran demasiado espesas para mi gusto, sin embargo, al ser historias cortas, no había tiempo para el aburrimiento. Fue una gran noche y aunque ya no estamos para trotes tan nocturnos, el año que viene repetiremos con una ingesta previa de café y coca-cola.

Decoración urbana

Decoración urbana

Entre 1949 y 1989 debido, en gran medida, a la industrialización y al proceso de cooperativización, la población de Bucarest creció desde menos de un millón de habitantes hasta más de dos millones. Hacia 1977 la mitad de la población de Rumanía, unos 10 millones de personas, vivía en las ciudades. Así, principalmente entre 1965 y 1989, una gran parte de los cascos antiguos de las ciudades fueron demolidos y sustituidos por enormes bloques de hormigón (ver Bloques, de 12/10/2009, y Ceauşima, de 04/08/2010) donde alojar a las masas de trabajadores.

En el afán constructivo del régimen comunista, se atendió más bien poco a detalles que embelleciesen los edificios, primando la velocidad de construcción frente a la belleza de las formas, sin embargo, no todo fueron paredes uniformes y colores apagados, la arquitectura totalitaria también dejó un espacio a los mosaicos que cubrían algunas fachadas, aunque siempre para recordar al ciudadano las bondades del sistema.

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En el Liceul Teoretic Tudor Vladimirescu (Bl Iuliu Maniu, nº 15), muy cerca de la Universidad Politécnica,  se levanta una de tantas escuelas construidas entonces, sin embargo, uno de estos mosaicos embellece la fachada principal. Dos jóvenes, un hombre y una mujer, se elevan hacia el cielo escoltados por la paloma de la paz que lleva en el pico una rama de laurel. A su alrededor, unas órbitas bien trazadas y, sobre ellos, el satélite Sputnik con una tesela roja representando la estrella roja.

 

Una báscula interbélica

Una báscula interbélica

El pasado domingo hice un nuevo descubrimiento. El parque Cismigiu, donde habíamos ido a pasar la mañana con los enanos, alberga los tres últimos ejemplares de básculas públicas de la ciudad. Una de ellas, la que se cruzó en nuestro camino, se colocó allí hace más de 70 años y a lo largo de su vida ha funcionado con hasta 10 tipos de moneda distintos, incluidos los actuales 50 bani pues todavía revela el peso de quien tenga curiosidad por saberlo. Fue testigo del animado Bucarest interbélico, de las bombas de los aliados y de la Luftwaffe, del exilio del rey Mihai, del ascenso del comunismo y de su caída y recibió igual de impasible la democracia pues las básculas no entienden de política.

Esta báscula es un modelo de la empresa alemana Sielaff, fundada a finales del siglo XIX cerca de Berlín por el ingeniero Max Sielaff, que patentó en Europa las primeras máquinas que funcionaban con monedas (básculas, cajas de música, máquinas expendedoras de chocolatinas, etc.). Hasta tal punto fueron populares estas máquinas que el conocido fotógrafo del período interbélico, Nicolae Ionescu, tomó en los años 20 esta curiosa fotografía en la Piaţa Sf Gheorghe, en el centro de la ciudad, donde además de otra báscula por aquel entonces existía también una tienda que llevaba el nombre de Matilda (clickar para ver en detalle).

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Según la web de la empresa Sielaff, este modelo podría tener unos 100 años de antigüedad, lo que la convertiría en una pieza de museo que, como tantas otras joyas de la ciudad, corre el peligro de degradarse hasta ser irrecuperable.

El misterio del pedestal

El misterio del pedestal

Desde hace días vengo fijándome en la construcción de un enorme pedestal frente al emblemático edificio de la Fundación Rey Carol I, en la Piaţa Revoluţiei.

Hasta el momento de la instauración del régimen comunista tras la Segunda Guerra Mundial (1948), se levantó en ese mismo lugar una estatua ecuestre del rey Carol I (en realidad, Karl Eitel Friedrich Zephyrinus Ludwig de Hohenzollern-Sigmaringen), que gobernó Rumanía entre 1866 y 1914, precisamente en el tumultuoso momento de su formación como estado nacional independiente.

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Carol I siempre ha sido una figura muy apreciada y respetada en Rumanía, debido especialmente a su sabia manera de gobernar el país, por lo que deduzco que el misterioso pedestal podría volver a sostener una copia de aquella impresionante estatua.

 El tiempo lo dirá pero personalmente me gustaría que así fuera.

Sobre motocicletas

Sobre motocicletas

Me parece totalmente obsceno que la policía utilice motos que no llevaba ni Robocop, en un país donde muchos abuelos se ven arrastrados a la mendicidad para sobrevivir tras las draconianas medidas impuestas por el gobierno.

 

Drácula: voivoda y vampiro

Drácula: voivoda y vampiro

El pasado domingo visitamos con los enanos la última exposición temporal del Museo Nacional de Arte de Rumanía titulada Drácula: voivoda y vampiro.

El tema central de la exposición es el voivoda Vlad III Ţepeş, llamado también El Empalador o el Hijo del Diablo, epítetos que han creado a su alrededor una oscura leyenda aunque su crueldad no distase demasiado de la de sus contemporáneos. Vlad fue prţincipe de Valaquia entre 1456 y 1462 (y muy brevemente en 1474, tras años de reclusión en Budapest), tiempo en que gobernó el país con mano de hierro, limitó el poder de los boyardos y se enfrentó a los turcos en sus intentos de expansión hacia el corazón de Europa.

En las salas del museo pueden verse piezas bastante interesantes alrededor de la figura de Vlad Ţepeş como su famoso retrato conservado en el castillo de Ambras en Innsbruck u otro de cuerpo entero, muy posterior, procedente del castillo de Esterházy. También hay láminas con escenas truculentas de empalamientos, algunos objetos litúrgicos, libros, retratos de nobles de la época, un curioso icono donde Vlad comparte escena con Jesucristo, muchas armas y algunos maniquíes ataviados de guerreros medievales (destaca la armadura del rey de Hungría, que aunque parece de un niño, consigue distraer la atención de la escasa estatura con una cojonera acrobática de lo más sobresaliente).

Las dos últimas salas están dedicadas al mito del vampiro pues, al parecer, Bram Stoker se inspiró en Vlad III Ţepeş para escribir su famosa novela Drácula. Una pantalla proyecta continuamente la película Nosferatu y otra mezcla escenas bastante kitch de películas de los 70 sobre el tema. Algunos carteles de películas (uno de ellos diseñado por Andy Warhol), fotogramas, cruces, una cabeza de ajo, un lobo y un búho disecados e incluso un par de Caprichos de Goya completan la colección.

Los enanos disfrutaron mucho la primera parte de la exposición, mirando con atención los cuadros del príncipe, las armas y los dibujos, sin embargo, la parte dedicada al vampiro les dio bastante miedo y en seguida optaron por retirarse. La curiosidad les podía y no dejaban de mirar de lejos las escenas proyectadas en las pantallas, pero las sórdidas imágenes los atemorizaron y quisieron marcharse. Matilda sí se atrevió a entrar en la sala de proyección aunque pronto dio media vuelta.

La muestra, aunque bastante escasa, es muy curiosa y no cerrará sus puertas hasta el 10 de octubre, así que todavía hay tiempo para darse un garbeo.

Un último trimestre musical de aúpa

Un último trimestre musical de aúpa

Musicalmente hablando, los últimos meses del año no serán aptos para corazones sensibles. Me veo incapaz de priorizar a alguno de los artistazos que anuncia el cartelón que esconde parte de la fachada de la Sala Palatului así que, para no perpetrar una injusticia contra las musas de la canción, comentaré los conciertos que se avecinan cronológicamente.

A mediados de octubre aterriza en Bucarest la ya mítica Jennifer Rush. Quizás algún insensato se pregunte quién es esta mujer con dos salchichas Purlom por labios y un solo ojo, fotografiada con racha de Levante, a lo que yo le respondería: ¿Acaso no te emocionaste nunca con el temazo Si tú eres mi hombre…?, ¿no se te erizaron los vellos con aquél sentido …yo soy tu mujer? No sé qué más baladas entonará esta leyenda de la música ligera, sinceramente tengo mucha curiosidad, aunque sólo el directo de Si tú eres mi hombre bien vale el precio de la entrada.

Una curiosidad parecida me asalta con el concierto de finales de noviembre que realizarán a dúo Sabrina y Samantha Fox. Boys, boys, boys será ineludible pero, ¿qué más cantarán? Aunque en este caso siempre tienen el recurso de sacarse un pecho que, a buen seguro, permanecerá tan radiante como en aquél mítico Fin de Año de 1987 gracias a las propiedades imperecederas de la silicona. Nunca escuché ni una sola canción de Samantha Fox, aunque ella bien puede acompañar las tonadas de Sabrina con el ritmo de sus senos sin necesidad de decir ni mu. En este caso basta con repetir Boys, boys, boys e ir haciendo combinaciones de pechos expuestos de ambas artistas. El público lo agradecerá.

La traca final la pondrá pocos días después Demis Roussos, a quien yo daba por muerto hace años y de quien guardaba nostálgicos recuerdos sobre sus túnicas para obesos mórbidos a lo Homer Simpson. La Parca nos lo ha devuelto para entonar el Triki, triki, triki mon amour en el mismo corazón de Rumania. Gracias a algún cassete de mi padre me vuelven a la memoria otras canciones, así que creo que el Sr. Roussos sí podrá alargar el concierto sin tener que mostrar ninguno de sus atributos, a Dios gracias.

Y es que, hasta finales de año, en Bucarest estamos sembrados.

Se admiten sugerencias

Se admiten sugerencias

Hoy nos hemos topado con esta desconcertante señal de tráfico, recordándonos que Bucarest tiene todavía mucho que ofrecer.

Hasta donde tengo entendido, las señales cuadradas con fondo azul informan al conductor sobre circunstancias de su interés. En la imagen, la señal inferior indica que allí existe un aparcamiento de pago, la central muestra que hay puestos especiales para minusválidos – cosa, evidentemente, que todo conductor bucarestino que se precie se pasa por el forro de la bolsa escrotal, aparcando donde le plazca aunque tenga todos sus miembros en perfecto estado de revista -, sin embargo, la superior me ha dejado algo confuso. ¿Acaso existen también plazas para conductores ciegos?, ¿deben usar bastón?, ¿son imprescindibles las gafas oscuras?, ¿fruncir el ceño es necesario mientras conducen, mientras aparcan o en todo momento?

Agradeceré cualquier opinión al respecto.

 

 

Traslado de la iglesia del monasterio de Mihai Vodă

Traslado de la iglesia del monasterio de Mihai Vodă

Ceauşima

Ceauşima

La palabra Ceauşima, mezcla de Ceaușescu e Hiroshima, fue acuñada sarcásticamente por los rumanos, a principios de los años 80, para calificar la destrucción generalizada del centro histórico de la ciudad que llevó a cabo el tirano con el objetivo de impulsar la “edificación de la sociedad socialista multilateralmente desarrollada” de acuerdo con el concepto leninista de la lucha entre “lo viejo y lo nuevo”.

El programa de sistematización – que así se llamaba – se inició en el año 1974 e implicó una terrible campaña a nivel nacional de demoliciones, reasentamientos y reconstrucción. Durante sus primeros años, el régimen comunista destruyó entre el 80 y el 90 % de las construcciones de 29 pueblos y mutiló otras 37 ciudades.

El gran terremoto que asoló Bucarest en el año 1977 fue el desencadenante de la aceleración del programa de sistematización de la capital y provocó la destrucción de miles de edificios construidos antes de la Segunda Guerra Mundial como prueba de la superioridad del comunismo frente a cualquier régimen anterior. En el diseño de la nueva ciudad participaron, con más o menos entusiasmo, 400 arquitectos e urbanistas – entre ellos, algunos condenados por desafección como el arquitecto Andrei Pandele, que ha dejado testimonio escrito de su experiencia - bajo las órdenes del Director de Instituto de Arquitectura, Cezar Lăzărescu. Desgraciadamente, el arrebato de se Lăzărescu se truncó cuando vio su propia casa sucumbir bajo la excavadora y murió fulminado por un accidente cerebrovascular. Lo sustituyó la niña bonita de Elena Ceaușescu, la joven arquitecta Anca Petrescu, que se entregó con pasión a los delirios del matrimonio de tiranos, incómodos inspectores de obras que cambiaban caprichosamente el proyecto en cada visita.

El objetivo principal fue construir la gran Avenida de la Victoria del Socialismo, que dividiría la ciudad en dos y superaría, en amplitud y longitud, a los Campos Eliseos de París y construir una Casa del Pueblo con materiales y mano de obra exclusivamente rumana que se convertiría en sede del gobierno, residencia ocasional de la familia Ceaușescu  y, de paso, en el mayor edificio civil del mundo. También se proyectaron edificios como la Academia Rumana, el Hotel Marriot, algunos ministerios y edificios residenciales para los miembros destacados de PCR.

Los barrios de Urano, Văcăreşti, Dudeşti fueron total o parcialmente arrasados por los piquetes de construcción, la Curtea Arsă (el antiguo palacio de los fanariotas que se levantaba en la Colina del Arsenal), miles de valiosas villas del los siglos XVIII y XIX, comercios centenarios, edificios emblemáticos como el Hospital Brâncovenesc, el Teatro de Opereta, el Estadio de la República de estilo Art Deco, monasterios como el de Mihai Vodă (construido por Miguel el Valiente en el siglo XVI), decenas de iglesias y sinagogas, palacios, todo fue destruido para materializar los ilusiones del dictador y su esposa. Sólo algunos templos fueron trasladados de lugar y se salvaron de la destrucción, como la iglesia del monasterio Mihai Vodă. 57.000 familias fueron desplazas en varios turnos a bloques construidos para la ocasión, sus calles fueron borradas del mapa y sus vidas fueron modificadas al gusto de una clase dirigente borracha de sueños de grandeza.

Epílogo: En el año 2009, la empresa de Anca Petrescu todavía presentó una oferta para el mantenimiento de la Casa del Pueblo, un pastel que le cuesta anualmente 5.000.000 € a las depauperadas arcas públicas rumanas. Como ella dice, ¿quién puede conocer mejor el edificio que su creadora?

Filantropia (y III)

Filantropia (y III)

Filantropia (II)

Filantropia (II)

Filantropia (I)

Filantropia (I)

Buscando a Hittler

Buscando a Hittler

Esta mañana he tenido una de esas reuniones pesadas y algo tensas de las que uno sale con la cabeza como un bombo y con ganas de morder a alguien. Cuando he puesto un pie en la calle, he recordado que muy cerca de allí estaba el Cementerio Filantropia, así que he caminado un poco para despejarme y me he dispuesto a visitar el recinto.

¿Puede haber mejor lugar para despejar la cabeza pausadamente que un cementerio?

En el Cementerio Filantropia se encuentran enterrados miles de judíos askenazís, cuyos antepasados se asentaron en la Europa Central y Oriental en el siglo X. Los que hoy reposan en Filantropia hablaban el yídish, una lengua surgida de la combinación de los dialectos germanos de la región con influencias eslavas y hebreas.

La primera mención documental de los judíos de Bucarest está fechada en 1550, durante el reinado de Mircea V El Pastor, momento en que se constata la presencia de 8 judíos en la ciudad. La población judía fue creciendo a lo largo de los siglos, aunque especialmente durante el siglo XIX cuando muchos judíos de Galizia (evidentemente no la del pulpo a feira y el Alvariño, sino la ucraniana) se trasladaban periódicamente a Moldavia y Valaquia para participar en las ferias.

El primer y más antiguo cementerio hebreo de la ciudad, inaugurado en el siglo XVII, se situaba en la calle Sebastopol pero fue desmantelado durante la Segunda Guerra Mundial (hoy sólo quedan para el recuerdo algunos dibujos del pintor Lazar Zin).

Durante la primera mitad de los años 40 del siglo XX, la política de rumanización llevada a cabo por el Mariscal Antonescu empujó a la clandestinidad a los judíos de la ciudad  y entre 1942 y 1944 fueron expropiados 1042 inmuebles comunitarios tales como templos, sinagogas, escuelas, hospitales, asilos, orfanatos, baños e incluso cementerios, que empezaron a ser desalojados. Hasta tal punto llegó el antisemitismo de las autoridades que iniciaron labores de exhumación de cuerpos sospechosos de ser judíos que reposaban en cementerios cristianos. Por otro lado, para evitar nuevos enterramientos por el rito judío, el Ministerio del Interior obligó a que todos los cadáveres de hebreos fuesen incinerados. A pesar de los esfuerzos de los fascistas, el Cementerio Filantropia se ha mantenido como firme recuerdo de una sociedad bucarestina, rica y variada, en la que cabían todas las creencias.

Pasear entre las tumbas es una lección de historia de Rumania. Aquí y allá encuentras, entre muchos otros, el sepulcro de un coronel que fue secretario personal de la reina Elisabetta, el del vicepresidente del Banco Nacional de Rumania, el del escritor Mihail Sebastian (ver Mihail Sebastian, post del 12/11/2009) o los de los soldados hebreos que dieron su vida por Rumania en la Primera Guerra Mundial. También, como curiosidad, puede verse la tumba del sombrerero Adolf Hittler, aunque recomiendo preguntar por ella a los cuidadores del cementerio, quienes por una módica suma os llevarán directamente hasta ella ya que no es fácil encontrarla.

En Bucarest existe también un cementerio sefardí en la salida de la ciudad, en dirección a Giurgiu, junto al City Mall, en el que se han colocado algunas de las lápidas recuperadas del viejo cementerio de la calle Sebastopol.

Como ocurre en tantas otras ciudades europeas, la visita al Cementerio Filantropia es una experiencia sobrecogedora que recomiendo vivamente a mi amable lector.

Del famoso sombrerero de Bucarest, Adolf Hittler

Del famoso sombrerero de Bucarest, Adolf Hittler

Adolf Hittler nació en 1832 en el seno de una familia judía de Bucovina, región que entonces pertenecía al Imperio Austro-Húngaro. Por aquel entonces, Rumanía todavía no existía como un estado independiente y la hoy capital del país era sólo una ciudad de Valaquia bajo la administración rusa del general Kiseleff. Un año antes del nacimiento de Hittler, se había promulgado el Estatuto Orgánico a partir del cual se mejoraron las vías de la ciudad, se construyeron modernos edificios y se mejoró la higiene pública gracias a un nuevo sistema de canalización de agua, con lo que la calidad de vida de los bucarestinos era un valor en alza.

En algún momento indeterminado de su vida, Adolf Hittler se trasladó a Bucarest y abrió una tienda de sombreros y un taller de reparación en la calle Real, una lujosa travesía perpendicular a la prestigiosa Calea Victoriei que en unos años vería pasear a lo más granado de la burguesía bucarestina. Poco más se sabe de la vida de Hittler, excepto que está enterrado en el cementerio hebreo Filantropia (Bd. Ion Mihalache, nr. 91-93, sector 1).

La tumba de Hittler también tiene su propia historia. El sepulcro ha sido redescubierto por el historiador Marius Mircu, especializado en la judería rumana y autor del libro Filantropía, un cementerio lleno de vida. Mircu escribe que en los años 40, en pleno régimen filonazi del Mariscal Antonescu, un empleado del cementerio descubrió la inscripción con el nombre de Aldolf Hittler y, asustado por las consecuencias de tal hallazgo, decidió borrar el texto en rumano, dejando sólo el texto hebreo.

En 1987, el rabino Moses Rozen ordenó la reconstrucción de la lápida, en la que trabajaron artesanos judíos según una foto que se conservaba del original. El texto dice: “Aici se odihnesc remasitele mortuare ale raposatului Adolf Hittler incetat din viata la 26 octombrie 1892 in etate de 60 de ani. Rugati-va pentru dansul” (“Aquí descansan los restos mortales del difunto Adolf Hittler que dejó esta vida el 26 de octubre de 1892 a la edad de 60 años. Rueguen por su alma”).

Semana de los Museos

Semana de los Museos

La semana pasada fue la Semana de los Museos en la guardería de los enanos, así que además del Museo Nacional Militar, visitaron el Museo de la Técnica y el Museo de Geología.

El Museo de la Técnica (Str. Candiano Popescu nr. 2, cerca del Parque Carol) fue fundado en 1909 por el ingeniero Dimitrie Leónida (1883 – 1965) a imagen y semejanza del Museo de la Técnica de Munich, institución que Leonida había visitado durante su estancia en la Universidad Politécnica de Charlottenburg, cerca de Berlin.

A pesar de su antigüedad, el museo está pensado didácticamente para que los visitantes puedan accionar mecanismos, comprobar el funcionamiento de la electricidad y ver los efectos del magnetismo. Entre las 5.000 piezas del museo hay motores a vapor,  motores sónicos, esquemas e imágenes de las primeras instalaciones de alumbrado público de Bucarest – que alumbraban las cercanías del Palacio Real, el Teatro Nacional, el Parque Cismigiu y el Palacio Cotroceni -, motores a reacción, vetustos generadores de la época de Thomas Alba Edison, automóviles, aviones y muchos más artilugios que seguro hicieron las delicias de Claudio, pues las enanas ni hicieron mención del asunto.

Otra historia fue la visita al Museo de Geología, de donde los tres volvieron diciendo que habían visto “dinosaurios malos”. El Museo Nacional de Geología se sitúa en la calle Kiseleff nº 2 y está emplazado en un precioso edificio de estilo neobrancovan del arquitecto Victor Stefanescu. A principios de siglo, el Instituto Geológico de Rumania, fundado por el rey Carol I, desarrolló aquí sus actividades y se convirtió en una institución de gran importancia debido al descubrimiento de yacimientos de petróleo y gas natural que facilitaron el gran progreso de Rumania que desembocó en el añorado Periodo Interbélico.

El museo tiene un patrimonio de casi 80.000 piezas en salas dedicadas a la mineralogía, la dinámica interna y externa de la Tierra, la paleobotánica, la paleontología, la estratigrafía, la hidrogeología, la tectónica de los metales, el petróleo, los minerales fluorescentes, etc. Llamadme freak pero a mi me apasiona el asunto, aunque todavía me pregunto qué vieron los churumbeles allí para volver tan impresionados por los monstruos.

Excursión al Museo Nacional Militar

Excursión al Museo Nacional Militar

Hace 11 años, cuando llegamos a Bucarest por primera vez como despistados turistas, KLM había perdido nuestras maletas y con ellas la guía de viajes, así que erramos por la ciudad sin destino aparente mientras esperábamos a que nos avisasen desde el aeropuerto de que nuestras cosas estaban en suelo rumano. 

Mucho tuvimos que vagar por la ciudad para topar con el Museo Nacional Militar pues no está precisamente céntrico, sin embargo, ese justamente fue el primer museo que visitamos en Rumania a falta de algo mejor que hacer. Aunque estaba un poco perjudicado debido al abandono y a la falta de visitantes, fue una grata sorpresa pasear por sus salas y especialmente por su patio trasero, un verdadero cementerio de curiosísimos cacharros soviéticos (aviones de combate, tanques de la Segunda Guerra Mundial, misiles, helicópteros, vehículos de transporte, camiones destartalados…).

Tantos años después, las profesoras de la guardería de nuestros enanos les han permitido seguir nuestros pasos y han visitado el museo renovado, aunque han vuelto a casa algo confusos pues, según ellos, se trataba de un museo de piratas.

El Museo Nacional Militar (http://www.defense.ro/muzeumilitar/index.html) es una institución creada en 1923 por el rey Fernando I para explicar la historia de los ejércitos rumanos. El museo ha contado desde siempre con la protección de la Casa Real Rumana, sin embargo, ha contado también con excelsos padrinos como Radu Rosetti,  Vasile Pârvano o Nicolae Iorga, entre otros.

La exposición está principalmente dedicada al arte militar, aunque no exclusivamente. En el edificio se muestran objetos desde el Neolítico hasta la Rumania integrada en la OTAN, según una secuencia cronológica que lo convierte en un verdadero museo de la historia de Rumania (sobre todo considerando la ignominia de que el verdadero Museo Nacional de Historia de Rumania lleve cerrado al público varios años por falta de presupuesto).

Las distintas salas muestran todo tipo de armamento, dioramas históricos, uniformes, cuadros explicativos, mapas y un sinfín de cachivaches de lo más interesantes. Como no podía ser de otro modo, también hay un espacio dedicado a la Revolución de 1989, con interesantes fotos y documentos, que pueden ayudar a comprender un poco mejor la explosión de rabia contra el régimen anterior.

Aunque los museos militares suelan dar una cierta grima al público general, recomiendo sinceramente la visita a este lugar pues permite hacerse una idea bastante precisa de la historia de Rumania a través de sus guerreros pasando, además, un buen rato.