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Bucarestinos

¿Se acabó?

¿Se acabó?

He seguido con mucho interés los acontecimientos de Chisinau. Un par de días de manifestaciones permitieron empezar a hablar de la nueva Revolución Naranja, sin embargo, el martes por la noche la maquinaria neosoviética, siempre lenta, consiguió desperezarse y el miércoles empezó su actividad.

 

En la capital empezaron los arrestos con destino desconocido. Policías chandaleros y tipos grises trajeados asaltaban a los estudiantes de repente, sin identificarse, los encapuchaban y los metían a la fuerza en furgones. Agentes impedían a los periodistas filmar (muchos han sido expulsados del país, especialmente los enviados rumanos). Cierre de fronteras. Internet censurado. Móviles sin señal. Opositores sitiados en sus casas y detenidos. El gobierno hizo llamamientos a los padres para que controlasen a sus hijos si no querían que… Nada nuevo bajo el sol soviético.

 

Entre ayer y hoy ha casi desparecido la violencia. La Duma rusa ha dado su apoyo explícito al gobierno de Voronin. Occidente necesita colaborar con Rusia, al fin y al cabo, tiene miedo de volver a quedar helada el próximo invierno a falta de gas, así que mira pusilánime el escenario moldavo. Voronin ha salido exultante en la TV acusando a Rumania de fomentar las protestas, ha impuesto incluso el visado a los ciudadanos rumanos y ha declarado persona non grata al embajador de Rumania. Ya tiene a su chivo expiatorio, al fin y al cabo, Rumania no tiene peso internacional suficiente para suponer una amenaza. Ahora sólo debe cerrar algunas bocas y seguir sacando provecho al cortijo moldavo.

Nueva terminal de Barcelona

Nueva terminal de Barcelona

La nueva Terminal del aeropuerto de Barcelona (T1) es una auténtica maravilla, espectacular por sus amplios espacios y su luminosidad, aunque el suelo de mármol negro colocado en algunos lugares, casi un espejo, pueda jugar algunas malas pasadas a las pasajeras más descocadas.

 

A mi regreso a Bucarest, además, he podido viajar un rato en la cabina con los pilotos, charlando del funcionamiento del avión, de las rutas de Blue Air y contemplando una impresionante tormenta frente a nosotros, con rayos incluidos.

¡Una pasada!

¿Nueva Revolución?

¿Nueva Revolución?

El pasado domingo, el aparentemente proeuropeo Partido Comunista de Moldavia (PCM) logró una victoria aplastante en las elecciones legislativas, por lo que obtuvo la mayoría absoluta en el Parlamento de esta ex república soviética, cuyo territorio fue arrebatado a Rumania por el pacto secreto Ribbentrop-Molotov de 1939. Según la OSCE, las elecciones fueron limpias, sin embargo, cualquiera que conozca un poco la República de Moldavia sabe que es un auténtico nido de corruptos y mafiosos que han hecho del país su cortijo, manteniéndolo en un lamentable estado de postración sin esperanza.

Indignados con los resultados de las elecciones del pasado domingo, miles de moldavos convocados mediante Twitter - especialmente los estudiantes - han salido a la calle para defender una Moldavia libre de comunismo. Los nervios se han desatado y los manifestantes han asaltado los edificios de la Presidencia y del Parlamento. Gritan consignas contra el presidente saliente Voronin y contra el sistema comunista que gobierna el país. ¡Abajo el comunismo!, rezan muchas pancartas. Ondean banderas de Moldavia y también algunas rumanas, pues muchos jóvenes piden reunificar ambos países.

 

Voronin ha salido por la televisión, gris en un plato con poca luz, y ha hablado de agitadores bien pagados por agentes extranjeros, todo muy al estilo de la Revolución que sacudió Rumania en el año 89. En la Piaţa Universitate de Bucarest hay ahora mismo cientos de manifestantes, jóvenes y familias, que claman por la unión y contra el comunismo.

 

Veremos a dónde nos lleva todo esto.

 

 

Tren nocturno a Bucarest

Tren nocturno a Bucarest

Hasta hace poco, viajar en tren por Rumania solía ser un asunto a considerar detenidamente. Hay varios tipos de trenes según la velocidad que alcanzan y las paradas que realizan, con lo que un mismo trayecto puede ser rápido y cómodo o lento y pesado. Cuando se viaja en el tren nocturno, puedes colocarte sentado en un compartimento de seis plazas o dormir en el coche cama, pudiendo compartir tus sueños con 5 ó 3 personas más. Estas ocasiones son fantásticas para compartir charla con los lugareños, que no suelen dudar en ofrecerte vino, agua, algunas galletas o lo que tengan a mano para picar y hacer el viaje más llevadero. En una ocasión, un paisano me preguntó por Sara Montiel (quien pensaba que había pasado a mejor vida), por La Pasionaria y por Carrillo.

 

Si no tienes ganas de cháchara o tienes presupuesto suficiente, en el caso más lujoso puedes disponer de un camarote individual, opción que yo he elegido para volver de un viaje de trabajo de Arad a Bucarest. La distancia entre ambas ciudades es aproximadamente igual a la que hay entre Barcelona y Madrid, el trayecto duró 10 horas y me costó 53,7 €.

 

El camarote, forrado de madera (muy del estilo Orient Express), contaba con una cama de lo más cómoda con lamparita para leer, un par de almohadas y una couette, un armario con colgadores y un tocador con un par de botellas de agua (indispensable cuando la calefacción está demasiado alta, situación frecuente en los trenes rumanos), servilletas y toallitas refrescantes a disposición del viajero.

 

Durmiendo como un lirón, el recorrido se he hizo cortísimo y, teniendo en cuenta que  la puntualidad fue excelente, a partir de ahora debo incluir el tren entre las opciones de transporte a según qué destinos donde llegar con avión es tarea imposible.

Otro escenario de la Revolución

Otro escenario de la Revolución

El Museo Nacional de Arte de Rumania, situado en el edificio que fue el Palacio Real, sufrió importantes daños durante los acontecimientos de diciembre de 1989, de hecho, el edificio quedó casi arrasado por un incendio y numerosos cuadros fueron destruidos por el fuego, el impacto de las balas o por la climatología. En la confusión de aquellos días, casi 50 pinturas, 400 borradores y cientos de objetos de arte desaparecieron. Tras más de diez años de reconstrucción del edificio y de restauración de las obras que se salvaron del saqueo, el Museo volvió a abrir sus puertas al público en el año 2000 con salas dedicadas al arte europeo en general y al arte rumano moderno y contemporáneo.

 

A pesar de los trabajos de rehabilitación, las huellas de la batalla que se libró alrededor del antiguo palacio real siguen visibles en la parte trasera del edificio, junto a la Sala Palatului, donde se distinguen claramente los impactos de bala contra la fachada.

En el metro

En el metro

Cualquier día. Metro de Bucarest.

 

Una voz humana, no grabada, advierte: “El próximo tren en dirección Dristor 2 no admite pasajeros

 

Más lentamente de lo habitual, un tren cubierto de graffitis entra en la estación de Eroilor, la gente que espera en el andén no pierde ni un segundo en apiñarse silenciosa y automáticamente ante las puertas cerradas de los vagones.

 

La misma voz vuelve a repetir: “El tren detenido en la estación, en dirección a Dristor 2, no admitirá pasajeros. Por favor, aléjense de las puertas

 

Como movidos por una provocación, la gente todavía se acerca más a las puertas del tren. Se empujan, se estrujan en el poco espacio disponible, todo muy silencioso.

 

La voz, con un tono de hartazgo, repite más contundente: “Ya se ha advertido que el tren en dirección Dristor 2 no admite viajeros. ¡Apártense de las puertas!

 

El tren empieza a moverse lentamente, del mismo modo que entró en la estación. La gente se aparta entonces del límite del andén. Murmullan, maldicen por lo bajo, todo muy silencioso.

Churro, mediamanga o mangotero

Churro, mediamanga o mangotero

Recuerdo perfectamente este juego, lo había disfrutado de lo lindo en el patio del colegio, hace ya muchos años.

 

Se formaban dos equipos, unos se colocaban agachados en fila y el primero hacía las funciones de soporte, manteniéndose de pie, con la espalda contra la pared. Colocados, empezaba la diversión cuando el otro equipo debía saltar sobre la hilera de desdichados y quedar a horcajadas sobre la espalda de los que “paraban”. Una vez estaban todos encima, el primer jugador en saltar preguntaba al otro equipo: "Churro, mediamanga, o mangotero, adivina lo que tengo en el puchero". Y, mientras pronunciaba estas palabras, colocaba una mano sobre su brazo opuesto en una de las tres posibles posiciones.

 

Cualquiera de los que aguantaban el peso del equipo contrario podía elegir una opción, si la adivinaba, “paraba” el equipo que había saltado y, si no era así, volvería a “parar” su equipo. Obviamente, si los infelices que estaban debajo se caían antes de acabar el proceso, volvían a “parar”.

 

Creo que en España el juego está prohibido en las escuelas, por eso de la espalda de los niños y los juegos violentos. Ahora los chavales están demasiado protegidos por padres y educadores atenazados por lo políticamente correcto y demasiado ocupados en cogérsela con papel de fumar. ¿En qué momento se volvió todo el mundo tan imbécil?

 

Por suerte, en los parques de Bucarest todavía se ven juegos divertidos y niños que se lo pasan bien haciendo precisamente de lo que son: de niños.

 

Lo que queda de Lenin

Lo que queda de Lenin

Hasta 1989 una estatua monumental del Lenin presidía el paseo de entrada a la Casa de la Prensa (hoy Prensa Libre) en Bucarest.

090315_Lenin en Bucarest por ti.

 

Poco después de la Revolución, la estatua fue retirada y abandonada tras la tapia del Palacio de Mogoşoaia.

 

Hoy pasa los días boca abajo, en espera de tiempos mejores.

El misterio de los grifos rumanos

El misterio de los grifos rumanos

Cuando uno se enfrenta a un grifo, independientemente del lugar del Planeta en el que se encuentre, escoge girar el órgano de maniobra (que así se llama), de acuerdo con sus deseos, hacia dónde se sitúe la marca indicativa de la temperatura del agua: azul para la fría y roja para la caliente, sin embargo, en Rumania el resultado final suele ser el inverso al anhelado.

 

Con el despiste propio del sueño matutino y confiado, uno entra en la ducha de un hotel y gira el órgano de maniobra hacia la señal que indica el agua caliente, congelándose instantáneamente y saltando fuera del plato de la ducha cual si de una gacela Thompson acosada por hienas hambrientas en pleno Serengeti se tratase.

 

Poco antes de iniciar una comida de negocios, uno se disculpa y se levanta educadamente de la mesa para lavarse las manos antes de comer. Incauto y con cierta prisa, gira el órgano de maniobra hacia la señal que indica el agua fría, abrasándose instantáneamente las palmas como si hubiese tocado las brasas de cualquier hoguera de San Juan.

 

A quienes viajéis a Rumania permitidme una recomendación: girad siempre el órgano de maniobra en el sentido contrario al que indican las señales azul y roja del grifo, acertaréis más que si lo hacéis de acuerdo con el sentido común.

Tovăriş Carrillo

Tovăriş Carrillo

Carrillo era un habitual del régimen de Ceauşescu. Solía venir acompañado de La Pasionaria y colocarse junto al Conducator en sus multitudinarios discursos. En sus momentos de asueto, salían a cazar juntos y a disfrutar de las muchas residencias que el dictador tenía distribuidas por todo el territorio rumano. Al actual tertuliano de la Ser, que últimamente se ha vuelto muy escrupuloso y ponficia sobre quién es buen demócrata, en aquél entonces no se le caían los anillos al compartir mesa, mantel, risas y confidencias con el tirano.

 

Debo esta imagen a la fototeca online del Instituto de Investigación de los Crímenes del Comunismo (http://fototeca.iiccr.ro), a la que os recomiendo hagáis una visita.

 

A diferencia de los pazguatos partidos de izquierda de Europa Occidental, en Rumania sí se reconoce que el Comunismo cometió crímenes. Y no pocos.

Ceauşescu en Piteşti

Ceauşescu en Piteşti

 

Bajo una pancarta en la que se leía “Bine aţi venit iubitul conducator” (Bienvenido, querido líder), poco después de ser nombrado cabecilla del Partido Comunista Rumano, Ceauşescu inició en 1966 su paseo triunfal por Piteşti.

 

La curiosidad por ver a los principales dirigentes del Partido y la imposición de salir a jalearlos sacó a la calle a la mayor parte de la población de la ciudad, que se colocó en los lugares más inverosímiles – y peligrosos, como puede comprobarse en esta foto - para participar del espectáculo.

Mărţişor

Mărţişor

Mărţişorul es una fiesta tradicional que anualmente se celebra en Rumania, Moldavia y Bulgaria. Su nombre proviene de Mărtie, marzo en rumano, y celebra la llegada de la primavera o, más alegóricamente, la victoria del bien sobre el mal.

 

Las mujeres reciben de los hombres pequeños objetos decorativos (llamados "mărţişoare") atados con un hilo blanco y rojo, amuletos de la fortuna que deben llevarse colgados de la blusa un par de semanas. También es costumbre regalar un pequeño ramillete de galantos, flores típicas de estas fechas. En Bucovina, solía regalarse una moneda de oro o plata que se colocaba durante doce días a modo de medalla alrededor del cuello. Transcurrido ese tiempo, la persona debía comprar queso con la moneda, para garantizar una buena salud a lo largo del año.

 

Sobre su origen, Mărţişorul tendría sus ancestros en las fiestas en honor al dios tracio Marsyas Silen y en las celebradas por los romanos en honor a Marte.

Viejo tolstóiano

Viejo tolstóiano

Metro de Bucarest.

 

Uno de los personajes de Anna Karennina o el propio Tolstói discute vehemente con su vecino de asiento. No se puede llevarle la contraria, no se debe.

Suspiros de España

Suspiros de España

Volviendo ayer a casa, junto a la guardería de los niños, ahí estaban, un par de flamenquitos, recordándome lo lejos que está España.

Puesto de francotirador

Puesto de francotirador

Volviendo a los ecos de la Revolución, detrás del Hotel Novotel, en Calea Victoriei, precisamente muy cerca del Palacio de los Teléfonos, se observa lo que fue uno de los puestos de francotirador que aterrorizaron a la población civil los días posteriores a la huida del dictador.

 

Por lo impactos de bala que rodean el ventanuco desde donde el tirador disparaba, el terrorista fue descubierto y su fuego respondido. Utilizo la expresión terrorista pues fue el término que se acuñó durante esos días.

 

Todavía hoy persiste el misterio sobre quiénes fueron esos terroristas. Fusilado Ceauşescu y su mujer, tomó el poder el Frente de Salvación Nacional encabezado por Ion Iliescu. Durante los últimos tiempos del régimen comunista, Iliescu había caído en desgracia, sin embargo, durante mucho tiempo fue considerado el heredero natural del tirano. Casualmente, cuando las aguas volvieron a su cauce tras la Revolución, Iliescu se convirtió en Presidente de Rumania en tres legislaturas.

 

De la lectura  del libro de Peter Siani-Davies, The Romanian Revolution of December 1989, y de las conversaciones con algunos amigos rumanos, todo me lleva a pensar en un golpe de palacio disfrazado de Revolución, aunque con  terroristas convenientemente empleados para que la revuelta no barriese a todos los antiguos miembros de la Nomenklatura rumana, Iliescu incluido.

Paradojas bucarestinas

Paradojas bucarestinas

Sastrería

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Ecos de la Revolución

Ecos de la Revolución

Bucarest está llena de recuerdos de la Revolución de diciembre de 1989 y me he propuesto ir descubriéndolos en nuestros paseos por la ciudad. Muy cerca del Palacio Real y de la antigua Sede Central del Partido Comunista de Rumania, allí donde Ceaşescu ofreció su último discurso, se levanta el edificio llamado Palacio de los Teléfonos, primer rascacielos de Bucarest (53 metros) construido entre 1929 y 1934 por los arquitectos norteamericanos Weeks y Froy.

 

Junto a la entrada lateral de la Victoriei, una lápida de mármol recuerda a uno de los mártires de la Revolución: “25 de diciembre de 1989. En el 4º día de la Revolución rumana nuestro colega ha sido asesinado con sólo 22 años. Adrián Nutu. Abril 1967 – Diciembre 1989”

 

Nutu fue uno de los centenares de bucarestinos que murieron abatidos por el ejército, la policía o por misteriosos francotiradores que disparaban desde ventanas y terrados los días posteriores a la inicio de la revuelta.

 

Sólo dos generales octogenarios han sido recientemente condenados a 15 años de prisión por los 1.104 asesinatos ocurridos aquellos días.

 

Ceauşescu en Lipscani

Ceauşescu en Lipscani

Escaparate de anticuario en Lipscani. Entre cuadros de paisajes de dudoso gusto y naturalezas muertas, bronces de sobremesa, abrecartas oxidados, fotografías y cachivaches varios aparece la sonrisa beatífica de Nicolae, como si se tratase del retrato póstumo de un abuelo al que todos echaban de menos, perdido en alguna mudanza o malvendido por unos parientes descastados.

Eclecticismo comercial

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