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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Costumbres y tradiciones.

¡Feliz 2017!

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Desde estas líneas, quiero desear a mis fieles lectores un muy feliz año nuevo, lleno de alegría y éxitos.

En el primer día del 2017 que estrenamos, no olviden beber un buen vaso de vino tinto pues, según la tradición rumana, renueva la sangre para todo el año.

Para quienes no la conozcan, recomiendo la lectura de mi entrada sobre Creencias y supersticiones rumanas sobre... Año Nuevo. ¡Vale la pena!

Creencias y supersticiones rumanas sobre… Predicción meteorológica (II): cambios de tiempo

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A principios de este año, empecé una serie de entradas sobre predicciones meteorológicas populares que ahora retomo con las señales que observan los rumanos – especialmente los aldeanos, pues difícilmente se advertirá según qué en el centro de Bucarest - para predecir cambios atmosféricos.

Como ya vimos en su momento, no hay duda que los gatos son bichos muy dados a hacer anuncios climatológicos pues, además de lo ya mencionado, si usted observa que abandonan la comodidad de la cama para echarse en medio del salón o les ve lamerse las patas, le están indicando inequívocamente que se acerca el deshielo. No se quedan cortos los perros en actividades proféticas, ya que cuando se revuelven nerviosos tras una helada o pisotean montañas de nieve en el jardín, anuncian también el fin del invierno. Lo mismo advierte el gallo que canta poco antes de medianoche

También puede ayudar mirar al cielo, pues si el águila planea lenta y majestuosa o las cornejas vuelan en bandada, arriba y abajo, dando giros y vueltas, aparquen el paraguas, no olviden una rebequita o dejen el sombrero junto a la puerta, según esté hoy el día. Por su parte, el dulce canto de la garza – recomiendo la audición en este enlace – anuncia días ventosos, igual que las nubes con forma de cordero durante verano (en invierno, esas mismas nubes presagian nieve).

Pero, sobre todo, si la panceta colgada en la despensa empieza a lagrimar, prepárense para la lluvia o la nieve, según el fresco que haga fuera.

Sea como fuere, no aparten los ojos de su gato.

05/11/2016 20:37 legiovhispana #. Costumbres y tradiciones No hay comentarios. Comentar.

Creencias y supersticiones rumanas sobre… Predicción meteorológica (I): Viento, ventiscas, tormentas, frío y nieve.

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Como todo pueblo de hondas raíces campesinas, a lo largo de su historia los rumanos han identificado multitud de señales, muchas veces relacionadas con el comportamiento animal, que les ayudan a afinar el pronóstico del tiempo.

Así, si un paisano observa que una ternera, tras abrevarse, juega con el hocico en el agua, pronostica sin dudarlo una gran tormenta. Lo mismo augurará si, en invierno, crujen los maderos de su casa o si su gato, normalmente ladino y perezoso, brinca y retoza en casa o si las ovejas saltan de alegría, los gorriones pían animados sobre el estiércol o las vacas mugen más de lo habitual y miran inquietas al cielo. Si los carneros se pelean de buena mañana en el establo, esperará un día ventoso y si ha soñado con serpientes o con un día borrascoso, esperará que caiga una buena tempestad.

Si el gato se coloca frente al horno o el radiador, araña la estera o trepa por la puerta de casa es señal de que se acerca el frío. Lo mismo podemos pensar si herrerillos, strixes – una especie de búho, común en tierras rumanas - o gorriones cantan junto a nuestra casa o si las hormigas y las moscas desaparecen antes del día de San Andrés (30 de noviembre). Una helada puede ser anunciada por un sueño protagonizado por peces, si se enrojece más de lo habitual el soporte del caldero sobre la lumbre o si vemos cómo los gorriones buscan cobijo bajo el alero de nuestra casa.

Por su parte, la nieve se anuncia con sueños sobre lucha u ovejas, cuando sudan las ventanas o si revolotean muchos cuervos sobre nuestras cabezas (¡qué inquietante es ver enormes bandadas de pájaros negros sobrevolar Bucarest a finales de otoño, anuncien nieve o no!).

Sea como fuere, desafortunadamente, a los infelices urbanitas, que carecen de establo, caldero, terneras o carneros o que difícilmente distinguen una paloma de una tórtola – no digamos ya un strix o un herrerillo -, apenas les queda el gato y sus sueños para predecir el mal tiempo.

Bobotează

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Los cristianos celebramos el día 6 de enero como la Epifanía del Señor, sin embargo, mientras los católicos recuerdan la adoración de los Reyes Magos, los ortodoxos conmemoran el bautismo de Jesús en el río Jordán. Los rumanos llaman a esta fiesta Bobotează, Arătarea Domnului o Epifania, palabra de origen griego que significa presentación, descubrimiento o revelación.

En este día, los sacerdotes ortodoxos consagran el agua ya que, junto al resto de creyentes, afirman que el agua de la Epifanía tiene poderes especiales, otorgados directamente por el Espíritu Santo, que impiden que nunca se corrompa. Existe además la costumbre de que el sacerdote lance una cruz a un curso de agua helada, tras la cual se lanzan los más valientes para recuperarla, pues el nadador que lo consiga recibirá una bendición especial del sacerdote y gozará por ello de protección divina durante todo el año que apenas empieza.

Se dice también que en la noche del 6 de enero, las jovencitas pueden soñar con su futuro marido por lo que, para conseguirlo, se atan una cinta de seda en el anular y colocan una ramita de albahaca bajo la almohada. En un sentido parecido, la tradición afirma que aquella que tenga la fortuna de resbalar en el hielo durante la Bobotează, encontrará esposo antes de finalizar el año.

El día de la Epifanía no debe lavarse la ropa, están prohibidas las peleas caseras y no se hacen préstamos.

Encabezando esta entrada, una imagen de entreguerras de la ceremonia de recuperación de la cruz.

Creencias y supersticiones rumanas sobre... Iconos

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Los iconos son elementos ineludibles en la sociedad rumana.

La mayor parte de las casas rumanas tienen, al menos, un icono colocado en algún espacio más o menos destacado, aunque algunas atesoran decenas de iconos distribuidos por las habitaciones, cocina incluida. A pesar de ello, estas imágenes religiosas pueden también encontrarse en bancos, en las oficinas de correos, sobre escritorios de trabajo, en intersecciones de carreteras o colgando del espejo retrovisor de un taxista además, lógicamente, de en las iglesias, que es su lugar natural.

Como no podía ser de otro modo, un elemento tan omnipresente tiene asociados multitud de creencias y supersticiones. De este modo, por ejemplo, estropear un icono supone una gran desgracia y una señal de mal agüero que, para ser evitado, debe responderse lanzando la maltrecha imagen a un curso de agua corriente.

Si la madera de un icono cruje o si cae por si solo de la pared, sin motivo aparente, señala una muerte cercana. Por otro lado, si un icono se parte, indica la peor de las suertes para los habitantes de la casa.

Muchos mendigos piden en las calles rumanas con un icono en la mano pues, según la tradición, es una manifestación de buena suerte, tanto para ellos como para quien demuestra su caridad con ellos.

De acuerdo con las costumbres funerarias rumanas, durante el velatorio de un cadáver se debe colocar un icono sobre su pecho para contener el alma del difunto durante los siguientes cuarenta días.

Pero estas imágenes no sólo se relacionan con la buena o mala suerte de sus propietarios, también pueden prever el tiempo, ya que cuando un icono milagroso tiene pequeñas gotas de agua en su superficie, revela que se acerca una tormenta.

Costumbres funerarias rumanas

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Las costumbres funerarias rumanas, a diferencia de las españolas, ya muy estandarizadas, están condicionadas por viejas tradiciones, tanto religiosas como de carácter supersticioso, que las familias tienen muy en cuenta cuando pierden a un ser querido. 

Desde el punto de vista de un español, el primer problema al que se enfrenta un rumano cuando fallece alguien en su familia es la inexistencia de unas pompas fúnebres que le resuelvan el problema. En los últimos años han aparecido en Rumania, principalmente en las grandes ciudades, empresas que ofrecen todo tipo de servicios funerarios como en España, sin embargo, en la mayor parte del país se respeta un proceso menos profesionalizado y más doméstico, repleto de ritos y trufado de supersticiones.

Cuando una persona ha dado ya su último aliento, un familiar cercano procede a lavarlo con cuidado, rociarlo con agua bendita y vestirlo con ropa limpia, a ser posible recién comprada para la triste ocasión. A continuación, se le ata la mandíbula, las manos y los pies. El cadáver debe vestir con zapatos nuevos, mientras que ningún asistente al funeral deberá estrenar calzado. Las mujeres fallecidas no se visten de negro para evitar que regresen del más allá y embrujen la casa.

Una vez acicalado, el cadáver se coloca sobre su cama o en un soporte especial proporcionado por la Iglesia. En ocasiones, tal y como hacían los antiguos griegos con sus difuntos para pagar la travesía del Hades guiada por Caronte, se colocan unas monedas en las manos del difundo para pagar las “aduanas” (vămile) por las que transitará, aunque los más fervorosos cristianos no respetan este hábito por considerarlo pagano, es más, afirman que cualquier objeto colocado en sus manos o en sus bolsillos sólo servirá para frenar su ascensión a los cielos. Habitualmente, sobre el pecho del difunto se coloca un icono o sus propias manos sosteniendo una cruz.

Antes de depositar el cuerpo dentro del ataúd, existe la costumbre de rodearlo tres veces con un recipiente con incienso para, según se dice, alejar los malos espíritus. Una vez en la caja, algunas familias colocan un espejo, un peine, una aguja u otros objetos de ajuar, cosas que el difunto necesitará en el más allá, aunque de nuevo los más ortodoxos se oponen a esta práctica, negándose incluso a que se corten las uñas o se peine al finado pues, aparentemente, no se trata de hábitos cristianos. Antiguamente, se decía que si un gato pasaba bajo el ataúd, era necesario clavar un cuchillo en el corazón del fallecido para impedir que se convirtiese en un no muerto.

Durante la exposición del cuerpo, que dura nada menos que tres días, cada persona que llega a la casa del fallecido para presentar sus respetos sustituye el habitual Bună ziua (Buenos días o, en general, Hola) por un Dumnezeu să-l ierte! (¡Qué Dios lo perdone!). Por la noche, durante el velatorio, la gente se reúne alrededor del ataúd y a media noche se sirven comida y bebidas a los asistentes, tras lo cual suelen quedarse sólo los más allegados, que no se separarán del cadáver y se asegurarán de que una o varias velas permanezcan siempre encendidas, al igual que el resto de las luces de la casa.

Mientras el ataúd permanece en casa, todos los espejos se cubren con tela para evitar que el alma del difunto quede atrapada o que alguien vea su imagen reflejada pues, según una vieja superstición, será el próximo en morir. Por un motivo parecido, puertas y ventanas permanecen abiertas, facilitando el viaje del alma hacia el cielo.

Para indicar públicamente que alguien ha muerto en un determinado hogar, en la puerta de la casa se coloca un paño negro en el que se escribe el nombre del fallecido, su fecha de nacimiento y la fecha de su fallecimiento, pieza que no se retira durante 40 días. Durante este mismo período, los familiares deben llevar un pedazo de tela negra adherido a su ropa y los varones no pueden afeitarse.

Dependiendo de la zona de la zona de Rumania donde se produzca el duelo, el llanto puede ser una muestra de respeto – en el pasado, se contrataban incluso coros de plañideras - o una grosería hacia el difunto, a quien las lágrimas le amargarán el “alegre” camino hacia el cielo o incluso “las aguas que beberá en el más allá”.

Una costumbre respetada especialmente en los pueblos es la procesión, desde la casa del difunto o la capilla de la iglesia donde estaba depositado, hasta el cementerio. La encabeza un grupo de hombres portando banderas negras con la efigie de santos, iconos procesionales y una cruz, seguidos de varios sacerdotes. En ocasiones, el grupo de hombres porta un pequeño abeto decorado con cruces, luces y algunos alimentos.  Los sigue un carro tirado por caballos o una pickup portando las coronas de flores y el ataúd, normalmente abierto, tras el cual caminan parientes y amigos portando velas a las que se atan pañuelos y toallas repartidos por la familia (cuando los familiares y amigos se trasladan en coche, suelen atar toallas al retrovisor en señal de duelo). Durante la procesión, las casas de los familiares del difunto abren sus puertas cuando el ataúd pasa frente a su fachada. El cortejo se detiene en cada cruce de caminos, donde se colocan alfombras en fila, formando un metafórico puente hacia el más allá, sobre las que circulará el séquito tras una breve oración del sacerdote.

Una vez en el cementerio, los sacerdotes realizan un breve servicio y el cadáver se sepulta directamente en la tierra, con los pies y las manos desatadas. Terminado el entierro, se realiza la pomană, una espléndida comida servida por la familia a los asistentes al entierro, celebrada por el perdón de los pecados del difunto y la salvación de su alma. El ágape se repite a los 40 días del funeral, en casa de la familia o en restaurantes que, cual si de una boda o un bautizo se tratase, ofrecen menús especiales para la ocasión.

 

Ziua păcălelilor

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En Rumania, el Día de los inocentes se celebra el 1 de abril y se conoce como Ziua păcălelilor, es decir, el Día de las bromas. Como durante nuestro 28 de diciembre, el primero de abril los rumanos bromean, se toman el pelo y se someten a chanzas más o menos cándidas.

El origen de este día tan jocoso todavía se discute, sin embargo, la versión más convincente la encontramos en Francia. Durante un viaje por los territorios de su reino, Carlos IX de Francia comprobó asombrado que, dependiendo de la diócesis, el Año Nuevo se celebraba en fechas distintas. En Lyon, el año empezaba en Navidad mientras que en Vienne lo hacía el 25 de marzo y, junto a muchos otros lugares de Francia, se festejaba hasta el 1 de abril. Con el loable objetivo de estandarizar la fiesta de Año Nuevo, Carlos IX incluyó en el Edicto de Roussillon de 1564 que el primer día del año sería, en adelante, el 1 de enero. El cambio no fue fácilmente asumido, sin embargo, con el tiempo, los que siguieron celebrando el 1 de abril como el día del paso del año, comenzaron a ser objeto de burlas por sus vecinos y acabaron siendo conocidos como “Los locos de abril”, instituyendo esta fecha como el día de las bromas.

Frío

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Dice el refranero rumano que cuando el herrerillo (pițigoi) canta junto a tu casa, anuncia que se acerca una ola de frío.

 Juro no haber visto ningún herrerillo piando cerca de nuestra casa pero grajos volando bajo, ¡a montones!

Creencias y supersticiones rumanas sobre... Año Nuevo

Reconozco el retraso de una entrada dedicada al Año Nuevo en Rumania, sin embargo, no me resisto a escribirla.

La entrada de un nuevo año es aquí indisoluble a la celebración de San Basilio, un santo del siglo IV, obispo de Cesarea, de salud frágil y fama de optimista y vivaracho. De mano de San Basilio, las celebraciones religiosas de la iglesia ortodoxa se mezclan con otras más antiguas, de carácter pagano, cuyo origen se remonta a los orígenes agrícolas y a las prácticas mágicas del pueblo daco-rumano.

En la madrugada del día de san Basilio, cada profesional debe utilizar tres veces su herramienta habitual de trabajo - sea un ordenador, una aguja, un lápiz o un arado - para garantizarse la faena y, más tarde, beber vino tinto a barba regada pues renueva la sangre y la prepara para el nuevo año que amanece. El clima del primer día del año nos ofrece también sus augurios pues si hace frío, nieva en abundancia y, a pesar de ello, de noche podemos ver las estrellas, es señal de que nos esperan días felices en los que no faltarán las bodas.

De buena mañana, se recomienda echar espigas de trigo por el suelo y retirarlas a última hora del día para lanzar la mayor parte al camino más cercano en el día de San Juan y reservar un puñado almacenado para protegernos de los dolores de cabeza.

A lo largo del día, los niños rumanos van de casa en casa cantando los Sorcova o villancicos de San Basilio - Semanatul o La siembra, Plugusorul o El pequeño arado, etc. - cuyos textos son una invocación a la salud, el amor, la prosperidad y el trabajo. Sorcova se llama también a un ramito que porta uno de los niños, originalmente hecho con tallos de árboles frutales (manzano, peral, ciruelo…) y rosas, pero que ahora puede ser un simple bastón adornado con hilo de lana de colores, albahaca, oropel y una pequeña campana. Por su parte, grupos de gitanos, que antaño portaban un cráneo de cerdo adornado con cintas de colores y abalorios, hacen la competencia a los pequeños cantando sus Villancicos con Vasilica y, con las propinas conseguidas, terminan el día las cuadrillas compartiendo cena.

Tradicionalmente se dice que según si los invitados a nuestra casa en el día de San Basilio son ricos o pobres, así será nuestra fortuna a lo largo del nuevo año. Sea como fuere, en ninguna mesa rumana faltarán los manjares tradicionales, colocados en abundancia sobre un lecho de ramas de abeto, que dejarán a los comensales satisfechos y con un gesto de felicidad en la cara que será también de buen agüero para el año que se inagura.

Creencias y supersticiones rumanas sobre… Dientes

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Cuando a un bebé le salen los primeros dientes de leche, el padre debe frotarlos con una moneda de plata, que le regalará después, para evitar que sufra halitosis durante su vida.

Si un bebé ve su imagen reflejada en un espejo antes de cumplir un año, le crecerán los dientes con dificultad.

Si un bebé llora durante el bautizo, no es bueno balancearlo entre los brazos pues, de lo contrario, se le caerán pronto los dientes.

Si un hombre frota con un dedo los dientes de un muerto y después los propios con el mismo dedo, no sentirá malestar alguno en su dentadura jamás.

Quien come pan roído por ratones, nunca sufrirá dolor de dientes.

El mejor remedio para el dolor de dientes es colocar sanguijuelas en las encías.

Fuente: Credinţe şi superstiţii româneşti, După Artur Gorovei şi Gh. F. Ciauşanu (Ed. Humanitas, 2012)

Método sajón de combatir el divorcio

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Hace casi tres años, me referí en una entrada a una excursión que realizamos por algunas de las imponentes iglesias sajonas fortificadas, levantadas en varias poblaciones cercanas a Brașov. Aunque disfrutamos a manos llenas de todas las visitas y de las conversaciones con los lugareños, acabo de descubrir una costumbre de la comunidad sajona que tiene su reflejo arquitectónico en los muros de estos templos y que, por aquel entonces, pasé por alto.

Por suerte o por desgracia, los matrimonios de hoy en día no son como los de antes y se rompen con un suspiro, sin embargo, en una comunidad de frontera como la sajona, profundamente tradicional, un hombre o una mujer solteros eran seres incompletos por lo que el divorcio era una costumbre muy mal vista.

Durante la Baja Edad Media, cuando una pareja sajona, harta de discusiones y peleas, se planteaba seriamente el divorcio, la comunidad la encerraba en una pequeña habitación, construida en los muros de su iglesia, en la que el matrimonio debía compartir una cama, una escudilla, un juego de cubiertos, un vaso para el agua y una única ración diaria de alimentos. Durante dos semanas, el desdichado dúo debía replantearse así su drástica decisión siguiendo un método que, según la tradición, consiguió limitar los daños a un único divorcio en 300 años. La tradición no menciona, sin embargo, la cantidad de asesinatos que debieron producirse en estos cubículos durante el mismo período.

En la impresionante la iglesia de Biertan - en la imagen -, cercana a Sighișoara, todavía hoy puede visitarse uno de estos angostos habitáculos contra el divorcio, construido en los muros de una de sus torres.

Hristos a înviat!

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Adevărat a înviat!

Formula empleada en Rumanía para saludarse y felicitarse durante la Semana Santa ortodoxa. Literalmente quiere decir: "¡Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente, ha resucitado!

Dovleci felinare

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Hace un par de días, recibí el mensaje de un amable lector, Constantin Luiceanu, a raíz de mi breve entrada sobre Halloween. Con su permiso, lo copio aquí mismo pues es una  muestra de cómo la tradición de esculpir calabazas (dovleci sculptati ) no es únicamente anglosajona y un emocionante testimonio de un recuerdo de juventud en un pueblo de Muntenia.

“Yo también tengo dos hijos.

Daniel va cumplir esta semana 17 años y mi hija Ana cumplió 11 la semana pasada.

Hace unas semanas que Ana insistía en conseguir una calabaza (dovleac) para esculpirla.

Tengo 44 años y recuerdo que desde siempre he hecho lo mismo que hacen hoy en día los niños. En la casa de mis abuelos, nos traían del huerto calabazas y cada nieto hacía su obra de arte. Con la ayuda de los abuelos o con nuestra imaginación, salían caras de terror o de alegría. Al acabarlas, poníamos unas velas dentro y todas las calabazas se colgaban esperando la noche. La casa de mis abuelos, como todas las casas de los pueblos de Muntenia, tenía un porche alrededor, todo hecho de madera. Por allí andábamos descalzos, vestidos con camisetas de lino que nos llegaba hasta los talones. Era el vestido de noche para dormir, como el pijama actual.

A medida que se acercaba la noche, se encendían las velas de las calabazas, una a una, iluminando en lo alto de los porches o en las ventanas. Pasábamos por debajo todos los enanos, asustados por las proyecciones que la luz hacía en el suelo o en las paredes. ¡Qué alegría y que gritos los de los 12 nietos que llenaban la casa de unos pobres paisanos!

Más tarde, marchábamos por la calle para ver las otras casas y las caras de las calabazas de los vecinos. Hasta muy tarde, corríamos, bailábamos y gritábamos con las cabezas iluminadas. Todo un espectáculo alrededor de un gran fuego vigilado por los adultos.

Son costumbres que se perdieron en el tiempo y que sin duda nos dejaron más pobres de espiritu (…).

Duele que celebremos Halloween y San Valentín olvidándonos de nuestras fiestas, “Dovleci sculptati” y “Dragobete” que, al fin y al cabo, significan lo mismo (…)

 Un abrazo y todo mi respeto para vosotros”

Nota: en la imagen, una casa tradicional de Muntenia.

09/11/2011 09:35 legiovhispana #. Costumbres y tradiciones No hay comentarios. Comentar.

¡De la que se han librado algunos!

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Aunque sea políticamente incorrecto afirmarlo, estoy convencido de que algunos descerebrados no deberían tener hijos. Gracias a Dios, la ley pone cada vez más complicaciones a sus fechorías.

El artículo 84 del nuevo Código Civil de Rumanía ha establecido que para nombrar a los recién nacidos no podrán emplearse “nombres indecentes, ridículos y otros que afecten al orden público, las buenas costumbres o los intereses del niño”.

En 2010 existían en Rumanía 611 desgraciados llamados Toronegro (Bounegru), 581 Muerto (Mortu), tres Cojón (Coi), un Tonto (Prostu), varios Culo (Curu) e incluso algún Agrio (Acru). Padres institucionalizados llamaron a sus hijos Justicia (Justitia), Policía (Politia), Gendarmería (Jandarmeria), Bombero (Pompierul) y a alguna pobre niña, Ambulancia (Ambulanta). Esperando ser proféticos y que el chaval sacase a la familia de pobre, hay quien ha bautizado a su churumbel como Presidente o Ministro.

El fútbol también causa estragos por estos lares, de modo que la cantera de futbolistas ricos y famosos es también otra fuente de inspiración, destacando los Beckham, Figo y Zidane. Los más generalistas han empleado con sus vástagos el bonito nombre de Joaca-Bine (Juega bien).

Algunos rocambolescos nombres tienen incluso justificación y, de este modo, un pariente reconocía ante la prensa hace unos días: “Querían ponerle Ion pero, al verle vestido de blanco nada más nacer, pensaron que le sentaba muy bien el color y decidieron ponerle Doctor”.

Otros nombres que empleados en Rumanía y de los que deja constancia el Anuario Estadístico del país para el año 2010 son Hitler, Basura, Pezón, Paracetamol, Vitrina y Semáforo.

Curiosamente, la limitación del uso de ciertos nombres ha generado críticas entre algunos padres, que todavía guardan la esperanza de poder dar rienda suelta a su originalidad – o a su mala leche – tras escuchar a un miembro del Consejo Superior de la Magistratura afirmar que, en caso de duda, escucharán a los afectados ya que el Código Civil “no define qué significa indecente o ridículo”.

Confío en que la nueva norma limitará este despropósito y pondrá coto a padres tan extravagantes.

Petrecerea de moţ o sobre cuándo y cómo cortar el pelo a un bebé

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A raíz de una conversación de café en la oficina sobre lo largo que tiene el pelo Pablito y la necesidad de cortárselo antes de que parezca un hippy, nuestras colegas nos han explicado el ritual que rodea en Rumanía al primer corte de pelo.

Al parecer, a los bebes no se les corta el pelo hasta que cumplen un año. En el día de su aniversario, se celebra la llamada petrecerea de moţ durante la cual los padrinos llevan ropa o juguetes a los niños. Por razones de feminidad, las niñas suelen librarse del rapado, sin embargo, los niños son colocados en una silla bajo la que se dispone una jofaina con agua – nadie ha sabido explicarme su significado -, la madrina ata con una cinta el mechón de pelo que va a ser cercenado, pasa la greña por un anillo y finalmente la corta. Se toma entonces la mata, se pega empleando cera de la vela de bautizo a una moneda de plata y se guarda.

Después del corte, se coloca frente al niño o la niña – en esta parte de la ceremonia sí participan ambos – una bandeja con todo tipo de objetos: dinero, las llaves de un coche o una casa, un libro, alguna joya, una calculadora, un bolígrafo, una aguja (sólo si es niña) e incluso un cigarro. El crío escoge entonces el objeto que más le llama la atención y, dependiendo de lo que haya escogido, se prevé su futuro. Así, por ejemplo, si escoge el dinero, las joyas o las llaves, se dice que será rico, si agarra la calculadora, que trabajará de contable, si toma el libro o el bolígrafo, que le gustará estudiar y escribir, si pilla el cigarro será fumador y si toma la aguja, costurera. Cada familia pone los objetos que se le ocurren en la bandeja, así que cada una establece sus propias predicciones.

Como toda fiesta que se precie, el asunto termina con un buen ágape familiar durante el que se celebra el primer año de vida del infante.

Casquería

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Paseaba ayer por el supermercado cuando me llamó la atención una caja en la que un pavo de aspecto aventurero se anunciaba junto a la palabra “PENES”.

-         ¿Qué clase de depravada gastronomía cocina los aparatos reproductores de unos pavos? – pensé sin detenerme demasiado en lo que contenía el recipiente.

Desconcertado y aún sin saber demasiado de anatomía aviar, miré con atención el interior de la caja y comprobé más tranquilo que se trataba sólo de un montón de corazones de otros tantos bichos plumíferos.

Hay que tener poco corazón para comerse el susodicho de un pavo, especialmente cuando lo ves ahí, sonriente, con el pecho henchido de orgullo, vestido de Davy Crockett, sombrero de piel y escopeta incluidos.

Contra el resfriado: aliño de pies

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El brusco cambio de tiempo nos ha pillado a la mayoría por sorpresa así que, quien más quien menos, tiene encima una buena gripe, le duelen los huesos o tose sin parar.

En estas circunstancias, en cualquier conversación afloran los remedios caseros que se han demostrado infalibles en ocasiones parecidas. Hoy, en una charla de café, ha surgido el mejor remedio para combatir el aumento de temperatura de un niño resfriado: se hace una disolución de vinagre y agua, se sumergen unos calcetines limpios de la criatura - ¿qué más dará?, me he preguntado después – y se le ponen en los pies el tiempo suficiente para que baje la fiebre. Según dicen, el hedor a vinagre mata las bacterias del habitáculo donde se encuentra el infortunado chaval y la temperatura escapa a través de sus pies helados.

He asentido circunspecto a toda la conversación e incluso he compartido los argumentos de un par de madres valedoras de tan insólito remedio, sin embargo, en caso necesario no pienso aplicarlo a ninguno de mis hijos pues, aún a riesgo de que me llamen aprensivo, sigo confiando más en la química fina.



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