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Creencias y supersticiones rumanas sobre... Año Nuevo

Reconozco el retraso de una entrada dedicada al Año Nuevo en Rumania, sin embargo, no me resisto a escribirla.

La entrada de un nuevo año es aquí indisoluble a la celebración de San Basilio, un santo del siglo IV, obispo de Cesarea, de salud frágil y fama de optimista y vivaracho. De mano de San Basilio, las celebraciones religiosas de la iglesia ortodoxa se mezclan con otras más antiguas, de carácter pagano, cuyo origen se remonta a los orígenes agrícolas y a las prácticas mágicas del pueblo daco-rumano.

En la madrugada del día de san Basilio, cada profesional debe utilizar tres veces su herramienta habitual de trabajo - sea un ordenador, una aguja, un lápiz o un arado - para garantizarse la faena y, más tarde, beber vino tinto a barba regada pues renueva la sangre y la prepara para el nuevo año que amanece. El clima del primer día del año nos ofrece también sus augurios pues si hace frío, nieva en abundancia y, a pesar de ello, de noche podemos ver las estrellas, es señal de que nos esperan días felices en los que no faltarán las bodas.

De buena mañana, se recomienda echar espigas de trigo por el suelo y retirarlas a última hora del día para lanzar la mayor parte al camino más cercano en el día de San Juan y reservar un puñado almacenado para protegernos de los dolores de cabeza.

A lo largo del día, los niños rumanos van de casa en casa cantando los Sorcova o villancicos de San Basilio - Semanatul o La siembra, Plugusorul o El pequeño arado, etc. - cuyos textos son una invocación a la salud, el amor, la prosperidad y el trabajo. Sorcova se llama también a un ramito que porta uno de los niños, originalmente hecho con tallos de árboles frutales (manzano, peral, ciruelo…) y rosas, pero que ahora puede ser un simple bastón adornado con hilo de lana de colores, albahaca, oropel y una pequeña campana. Por su parte, grupos de gitanos, que antaño portaban un cráneo de cerdo adornado con cintas de colores y abalorios, hacen la competencia a los pequeños cantando sus Villancicos con Vasilica y, con las propinas conseguidas, terminan el día las cuadrillas compartiendo cena.

Tradicionalmente se dice que según si los invitados a nuestra casa en el día de San Basilio son ricos o pobres, así será nuestra fortuna a lo largo del nuevo año. Sea como fuere, en ninguna mesa rumana faltarán los manjares tradicionales, colocados en abundancia sobre un lecho de ramas de abeto, que dejarán a los comensales satisfechos y con un gesto de felicidad en la cara que será también de buen agüero para el año que se inagura.

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gravatar.comAutor: Luis

Al menos, no hacen propósitos para el Año Nuevo, sino que se limitan a proponer al Destino que sea mejor o más próspero. Nada de "Este año adelgazaré" o "Este año dejaré de fumar". En el fondo, son más sabios.

Fecha: 21/01/2013 09:02.


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