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Dancing all alone

Dancing all alone

Strada Davila, cerca del Bd. Eroilor

Gitanos de Bucarest

Gitanos de Bucarest

Comparando a los gitanos patrios con los locales uno comprende que los nuestros están descafeinados.

 

Por las calles de Bucarest es fácil encontrarlos, solos o en familia, errantes o contemplando escaparates de bisutería, ataviados al modo tradicional: de negro y con sombrero de ala ancha ellos y con faldas, pañuelos y blusas de vivos colores ellas.

 

Ellas pueden ir acompañadas por un enjambre de niños, más o menos acicalados, y mientras mendigan con una mano, se santiguan con la otra, te insisten en que les des dinero o les compres una botella de refresco, se ofrecen para leerte el futuro, te dicen lo guapo que eres, o que es tu mujer, o tus hijos, te bendicen y, algunas, sólo algunas, miran de reojo tu cartera con ojos golositos. El gitano, por su parte, no suele cambiar sus semblante adusto, su actitud huraña, te observa, más bien te escudriña, valorando algo, nada bueno, y a veces, muy pocas, te muestra una sonrisa que esconde una dentadura dorada.

Seguridad en las oficinas de correos

Seguridad en las oficinas de correos

A lo largo de mi vida he visto todo tipo de rocambolescos seguratas, desde los gorilas mentalmente inestables de las puertas de las discotecas hasta los sebosos incompetentes del metro de Barcelona, sin embargo, la segurata de la oficina de correos de la calle Stefan cel Mare se lleva todos los premios: una anciana enana y miope, con bambas, uniforme tipo chandal y una porra más larga y pesada que ella.

 

Cuando nos hemos acercado a preguntarle en qué ventanilla debíamos gestionar el envío de unas postales, ni corta ni perezosa nos ha respondido:

 

-         No lo sé, esas no son mis atribuciones

 

¡No te jode! Está claro, su principal atribución es defendernos de los malhechores que acechan las oficinas de correos.

Mercado sabatino

Mercado sabatino

Cada fin de semana, frente a la Academia Militar y su espectacular monumento a los soldados rumanos que se enfrentaron al fascismo en la Segunda Guerra Mundial, se organiza un pequeño mercado de frutas y verduras con lo que recogen los paisanos de los alrededores de Bucarest en sus propios huertos.

 

No hay una gran variedad y algunos puestos presentan muy poca oferta, pero la calidad es buenísima y los precios son mucho menores que los que puedes encontrar en los grandes supermercados de la ciudad (donde la mayor parte de los vegetales son de importación).

 

Generalmente, cuando vamos con los churumbeles, somos el centro de atención y las abuelas se nos acercan para preguntarnos si son gemelos y darnos sus bendiciones. Es difícil pasar desapercibido con unos trillizos a cuestas aunque, a diferencia de Barcelona, aquí nadie se horroriza por el trabajo que dan tres niños, todos nos felicitan, se alegran e incluso dicen que nos envidian.

Alubiada en Villa Kunterbunt

Importando bellas tradiciones hispánicas, el pasado sábado, 20 de septiembre (lo reconozco, voy muy retrasado con el blog), celebramos una nostálgica alubiada con nuestros amigos Irina, César y Berni. El toque rumano lo pusieron tanto el delicioso sarmale de Irina, como los ardei iute previos y los chupitos de ţuica que también dispusieron nuestros estómagos y nuestras mentes para el ágape.

 

De aperitivo y tras la cena, César se regaló con algunas canciones de sus tiempos mozos, cuando frecuentaba la tuna de medicina (¡sí, sí, amigos, ni más ni menos que la tuna!) y era constantemente reprendido por el rector ante el tono subidito de las coplas. En el vídeo, no obstante, nos pusimos tontorrones y estábamos en un momento de profunda reflexión, como puede verse por nuestras caras.

 

Ha sido la primera y la última cena que hemos celebrado en el jardín de Villa Kunterbunt pues por la noche refresca demasiado y aquél día quedamos pajaritos.

Clouds

Clouds

Caseta de servicios del Parque Romniceanu, muy cerca de casa.

Ines burger

Ines burger

Inés se preguntaba qué logo ponerle a su hamburguesería y ¡Tate!, cogió el logo de Burger King, le dio la vuelta, le puso su nombre y ¡a funcionar! Bueno, no mucho, imagino que ahora está cerrado por la demanda que le interpuso la multinacional hamburguesera.

Abuelas de Bucarest

Abuelas de Bucarest

Caminando por Bucarest sueles encontrar abuelas sentadas en todo tipo de asientos, algunos más ortodoxos que otros. Muchas venden pequeños ramitos de flores o plantas aromáticas, algunas una exigua muestra de verduras, otras simplemente miran a los transeúntes - probablemente a falta de televisión en casa -, pasan el rato a la sombra, tomando el fresco, esperando que se deslice algún billete que complemente su escasa pensión o, quizás, que alguien, como vi ayer mismo, les ofrezca una pasta dulce o cualquier otra cosa para comer.

Noches alegres, mañanas tristes

Noches alegres, mañanas tristes

Como Berni es un tipo de palabra, ayer quedamos para cenar y salir a tomar unas copas en algunos de sus locales de referencia.

 

Tras tomar un taxi cuyo conductor iba completamente borracho, llegamos sanos y salvos al restaurante italiano La Dolce Vita, lugar de reunión de muchos expatriados, especialmente españoles y franceses. El servicio, viejos conocidos de Berni, fue muy atento y la comida estuvo a la altura, especialmente el filete al gorgonzola, un prodigio teniendo en cuenta el total desconocimiento de la gastronomía del filete de ternera que existe en estos lares.

 

Tras la cena, nos dirigimos al Pub Terminus, un garito aparentemente inocente que esconde varios secretos. En primer lugar, debes bajar unas semiescondidas escaleras de vértigo para alcanzar un sótano repleto de la flor y nata de los expatriados españoles, ahí están todos (o muchos de ellos), alegres, con una copa o una cerveza en la mano, hablando animados y contoneándose al ritmo de la música disco. Todo normal, una discoteca más.

 

De repente, una música especial, unos focos que se centran en una pequeña plataforma y todos se apiñan unos junto a otros, atentos, expectantes, como frente a un cuadro del museo del Prado, aunque la compostura se pierde rápido cuando surge una gogó ataviada de policía, o de ladrona, o simplemente de niña mala; la ropa desaparece con los contoneos, giran las cabezas según las posturas imposibles de las bailarinas, aparecen muecas de incredulidad y empiezan los comentarios del tipo “Aquí solo falta un tricornio”. Cuando acaba el espectáculo, todos vuelven a sus copas, a sus conversaciones y aquí no ha pasado nada.

Aviso para navegantes

Aviso para navegantes

Springtime es una cadena de restaurantes de comida rápida donde sirven bocadillos, pizzas y café de aceptable calidad y a precios muy razonables. Estaba yo distraído esperando mi saorma cuando caí en la cuenta del típico aviso para clientes colgado de la pared. Tras unas recomendaciones de sentido común y un aviso sobre cómo actuar en caso de incendio, ¡sorpresa!, una detallada explicación sobre qué hacer en caso de terremoto (cutremur). ¡Glups!, ahora he visto que, cuando menos me lo espere, la tierra puede empezar a temblar.

 

Andenes vertiginosos

Andenes vertiginosos

Piaţa Romana es uno de los lugares más céntricos y transitados de Bucarest. Por su parada de metro diariamente transitan miles de personas, sin embargo, eso no parece motivo suficiente para construir un andén como Dios manda.

 

Cuando llegas a la parada te recibe un metro escaso de plataforma, limitado por un grueso muro con pequeños vanos muy separados entre si para que pasen los pasajeros. Cuando las puertas del vagón se abren, debes lidiar con los que intentan entrar o salir, no hay espacio para todos, por lo que se inicia un flujo contradictorio donde sólo tus codos pueden salvarte de quedar atrapado en la turbamulta. Cuando el tren se va, todo vuelve a quedar en calma hasta la próxima.

 

¡Dios nos libre de que tarde demasiado y la gente se acumule!

Vida social

Vida social

El sábado por la noche dimos el pistoletazo de salida a nuestra vida social en Bucarest. A las 21.30 h quedamos para cenar en el restaurante La Mandrágora con nuestro amigo virtual (ahora real) César, su guapísima novia Irina y el cachondo sevillano Berni. Pasamos una noche tan divertida que sin darnos cuenta el reloj pasó de las 2 de la mañana. A pesar de que hasta entonces toda nuestra relación había sido electrónica, creo que vamos a vernos a menudo pues hay mucha tela que cortar, historias que explicar, lugares a visitar e intereses comunes.

 

Respecto al restaurante, el preferido de Irina, sin duda merece un 9,50. Situado en una villa recién restaurada, con un menú tan breve como exquisito, la lubina estaba de muerte y el pato a la cerveza Guinness fue una maravilla. Me quedó pendiente la crema de zanahorias, la sopa de hongos y el surtido de helados. La carta de vinos, extensísima, es un territorio dominado por César, que escogió un delicioso vino blanco rumano que nunca había probado y cuyo nombre no recuerdo.

 

¿Por qué entonces un 9,50? Por la manía de los jefes de sala de poner televisiones con fútbol en restaurantes de modernos. ¡Es de lo más cutre!

Ventanas de Bucarest

Ventanas de Bucarest

Esta ciudad es caótica en muchos sentidos, pero ninguno es más evidente que la caprichosa disposición de las ventanas en los edificios. A las fachadas gris tóxico se une una infinita variedad de aberturas, ventanas de madera, aluminio o PVC, abatibles y correderas, ventanas con flores o con cornisas a punto de caer, ventanas con persianas de plástico e infinitos colores, ninguno especialmente alegre, ventanas rotas o con doble vidrio, ventanas fijas, ventanas cuadras, rectangulares, elípticas, con y sin volutas, ornamentales, ventanas que no cierran, ventanas que no encajan en el marco, cerradas con colchones, ventanas con visillo, ventanas con ancianos que miran la ciudad y a otros ancianos, en otras ventanas.

El jardín de Villa Kunterbunt

El jardín de Villa Kunterbunt

Una de los mejores rincones de Villa Kunterbunt (que así hemos bautizado a nuestra casa) es, sin duda, su jardín. Tiene varios abetos, hayas que nos recuerdan a nuestra añorada Bucovina (nombre de origen eslavo, cuya etimología proviene de la palabra "buko" - haya, бук, "buk" en ucraniano -, y que significa  País de las hayas), un par de rosales y algunas flores desconocidas, aunque el tiempo de abandono le ha pasado factura y ahora necesita un buen repaso.

 

Como complementos tiene una barbacoa que pronto entrará en funcionamiento, una pérgola donde pasar las horas al fresco comiendo, leyendo o echando la siesta, y una espantosa fuente de cartón piedra que simula ser de pura roca y que en funcionamiento, seguramente, nos ofrecerá una paupérrima cascada. Por ahora sólo tiene agua verde estancada y algún ser vivo innombrable en sus profundidades.

 

Aunque se acerca el otoño, pronto le daremos un repaso general, le pondremos algo de césped, más flores, intentaremos eliminar la fuente y lo acondicionaremos con una pequeña piscina para los enanos, para mientras dure este sofocante calor de Bucarest. De momento, juegan con un tren hinchable lleno de bolas.

¡Legales!

¡Legales!

Tras cinco viajes a distintas oficinas del Departamento de Inmigración y Extranjería, tras recopilar los más variopintos documentos y traducirlos oficialmente y ante notario al rumano, tras rellenar los correspondientes formularios, superar desordenadas colas y lidiar con distintos funcionarios de variada simpatía y ralentizados movimientos, ¡por fin somos legales en Rumania!

Japanese people are aliens

Japanese people are aliens

Stra. Doamnei con Stra. E. Carada, frente al Banco Nacional de Rumania

Una nohe en la ópera

Una nohe en la ópera

Como pistoletazo de salida a la temporada de la Ópera Nacional de Bucarest, ayer se celebró la segunda edición de la “Promenada Operei” (Un paseo por la ópera), un concierto gratuito al aire libre, interpretado por la orquesta de la casa, con las obras más conocidas de autores como Tchaikovski, Dvorak, Mozart, Rossini, Verdi, Gounod o Puccini.

 

Frente a la austera fachada del edificio de la ópera, un escenario con la orquesta y los solistas y unas 5.000 sillas con gente de lo más variopinta: abuelos trajeados, modernos niquelados y otros que se quedaron en el camino, familias con niños, algún chandalero despistado y nosotros, menos abrigados de lo que la ocasión requería, pues parece que con el espectáculo terminó el verano en Bucarest.

 

El concierto fue una maravilla, aunque personalmente tuvo un punto culminante (también en aspecto gélido) en la interpretación de Granada que hizo el tenor rumano Teodor Ilincâi quien, por cierto, vocalizaba como si fuera de Alcobendas. A destacar también el impresionante tenor Mihai Bogdan como Conde de Almaviva en El barbero de Sevilla y la contundente Ana Maria Comşa en la pieza que cantó de la ópera Atila. Aunque destaco sólo tres, lo cierto es que todos los intérpretes de la noche fueron tan talentosos como desconocidos para nosotros. El recial terminó con el inevitable brindis de La Traviata y un castillo de fuegos artificiales. El año que viene repetiremos.

Burocracia

Burocracia

Por una de esas extravagancias burocráticas tan típicas de Rumania, para registrarse en la Embajada de España como residente debemos presentar un papel de la Policía de Inmigración, donde nos han informado de la necesidad de presentar un contrato rumano que no tenemos, es decir, que nos prefieren ilegales. Como sabemos que el entuerto se resolverá cuando encontremos un funcionario lo suficientemente dispuesto, ya nos hemos hechos las fotos para la ficha. Sin duda, los enanos han quedado geniales.

 

Victoria

Victoria

Estaba tranquilamente sentado leyendo en el sofá cuando la ciudad ha estallado: el Steaua de Bucarest ha ganado al Galatasaray turco por 1-0 y se ha clasificado para la Liga de Campeones. La gente ha salido a la calle a gritar, cantar y a celebrarlo, suenan las bocinas, las pocas motos que hay en la ciudad hacen rugir sus motores, no parece una victoria pasajera, parece que hayan ganado la Liga.

 

Me importa muy poco el fútbol, me interesa más entender este júbilo desmedido. Imagino que vencer a los turcos de nuevo, como hicieran Stefan cel Mare o Mihai Viteazul entre los siglos XV y XVII, es una nueva reafirmación de resistencia de Rumania frente a la Sublime Puerta, de su compleja vocación occidental. Turquía como el eterno enemigo. Ahora ya no hay campos de batalla, ahora hay estadios.

Restaurar Bucarest

Restaurar Bucarest

Bucarest es arquitectónicamente apasionante, aunque hay que saber apreciarlo. Entre los armatostes soviéticos asoman pequeñas y no tan pequeñas joyas de los más diversos estilos: gótico, neoclásico, barroco, Art Nouveau, modernista, Ţărănesc, etc.

 

A pesar de todo, al recién llegado le cuesta encontrar esos tesoros por lo que suele quedar afligido ante los edificios-colmena caracerísticos de los régimenes totalitarios. Para empeorar todavía más el paisaje urbano, el gris hormigón habitual adopta unos tonos negruzcos intensificados a medida que se desciende por la fachada debido a la contaminación provocada por el tráfico.

 

Con María hemos discutido mucho sobre las posibilidades de hacer de Bucarest una ciudad bonita y cuando ya habíamos llegado a la conclusión de que una mano de pintura blanca daría un toque muy Bauhaus a la ciudad, un edificio en Calea Victoriei nos ha dado la razón. ¡Todavía hay esperanza!