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Bucarestinos

Bucuresti

La búsqueda

La búsqueda

Encontrar piso en Bucarest supone una ardua tarea. Como prácticamente no existen los apartamentos de tipo medio, si no quieres vivir en un edificio-colmena de corte comunista, debes buscar entre los de alto standing lo que implica aceptar pagar unos precios desorbitados, del orden de los 2.000 a 3.000 € mensuales (aunque los hay incluso más caros, obviamente).

 

En general, estos apartamentos o villas son muy bonitos, con estancias amplias y muy luminosas, aunque desgraciadamente la horquilla de precios no garantiza un lugar agradable ni acogedor donde vivir y puedes llevarte hilarantes sorpresas. Ayer vimos un dúplex a 3.200 € al mes en el que el piso superior tenía el techo más de un metro más bajo que el inferior y donde la cocina estaba situada en el altillo. Otro apartamento que hemos visitado no tenía puertas ni cocina. Pedían 2.500 € mensuales. En un apartamento ya en la afueras de Bucarest, que actualmente es una oficina, el comercial de la inmobiliaria intentaba convencerme que de un despacho donde apenas cabían dos escritos podían salir dos habitaciones. Su precio era de 1.500 € al mes. Una de las casas que visitamos tenía un búnker subterráneo con puerta blindada y respiradero conectado directamente al exterior. Sus constructores eran israelíes y su precio 3.500 €.

 

Mención a parte merece la decoración de muchos de estos apartamentos, que oscila entre lo anticuado de estilo barrocombolesco y el decorado propio de las películas pornográficas checoslovacas, pasando por los más variopintos templos del kitch. Pocos lugares están decorados con gusto occidental y si lo están, te suman a la tarifa mensual 1000 euritos en concepto de muebles. Y todo sin torcer el gesto.

 

La búsqueda continúa.

Conducir en Bucarest

Pensaba que después de conducir en Líbano lo había visto todo, allí lo llamaban el War way of driving, pero en este país disfrutan de su particular Romanian way of driving.

 

Ceauşescu contribuyó enormemente al actual caos circulatorio gracias a la construcción de sus faraónicas avenidas construidas para mayor gloria del Socialismo pues, mezcladas con el trazado del Bucarest tradicional, trazaron un plano imposible para el tráfico.

 

A un diseño inverosímil, cabe añadir la descortesía general del conductor rumano. Nunca confíes en la bondad de los extraños, debería ser el lema de todo conductor que aprecie su vida. Especialmente desconsiderados son los propietarios de vehículos de alta gama. Pijos chandaleros que con un gran BMW se creen el rey de Bucarest y actúan como un tirano caprichoso y avasallador.

 

Para acabar de complicarlo todo, hay que sumar el poco respeto general por las normas, pues básicamente se obedece a los semáforos en las grandes avenidas, sin embargo, ahí termina todo: coches en contra dirección en calles secundarias, vehículos saltándose dobles continuas, peatones cruzando por donde pueden, desprecio a Stops y Cedas, rotondas tomadas a capricho del conductor, carriles de tranvía tomados por todos, coches aparcados de cualquier manera ocupando toda la acera…

 

Hoy, por segunda vez desde que hemos llegado, un conductor agraviado no sé exactamente por qué se ha puesto a mi lado y ha empezado a dar volantazos, como intentado echarme del carril. ¡Así es Bucarest! (el vídeo adjunto fue grabado invierno pasado en el Bulevar Marasesti, una de las arterias de la ciudad).

 

Happy Park

Happy Park

Repasando las fotos de esta tarde, no he podido resistirme a poner ésta en la que Claudio pilota cual Patrón de la Diversión el barco que lleva a sus hermanas. ¡Mirad qué serio está y con que seguridad coge el timón!

Pescando en el Dâmboviţa

Pescando en el Dâmboviţa

Expulsado de la "piscina"

Expulsado de la "piscina"

La "nueva" Bilbioteca Nacional

La "nueva" Bilbioteca Nacional

En 1977 un tremendo terremoto de 7´2 grados destruyó más de 35.000 viviendas en Bucarest circunstancia que aprovechó el megalómano Ceauşescu para llevar a cabo sus delirantes planes urbanísticos.

 

Además de ordenar la construcción de un inmenso palacio que honrase su memoria (del que ya hablaré en otro post), sobre el solar de viviendas, monasterios e iglesias del viejo Bucarest, se diseñó también un enorme bulevar de más de 3´5 kilómetros de largo, llamado entonces Victoria del Socialismo y ahora Bulevar Unirii, lo que deberían ser dos Ministerios y la nueva Biblioteca Nacional.

 

Las obras comenzaron en 1984 y en ellas trabajaron miles de personas en régimen de semiesclavitud hasta que la Revolución de 1989 puso fin a los faraónicos trabajos. La Biblioteca Nacional, de triste aspecto, se levanta todavía en el Bulevar, a medio acabar o como si la Revolución acabase de pasar a través de sus muros y ventanas. En el centro de la fachada, un enorme cartel indica la fecha en el que se congeló el tiempo para el edificio: 1989.

Dilemas cotidianos

Dilemas cotidianos

No sabes lo bien que tienes solucionada la vida hasta que te enfrentas a una nueva ciudad, entonces surgen infinidad de pequeños problemas que ni imaginabas.

 

Sin duda, el principal escollo lo constituye la compra diaria. ¿A qué supermercado ir? En el centro de Bucarest no abundan los lugares donde comprar alimentos, hay pequeñas tiendas que venden lo básico (magazin mixt), pero es difícil avituallarse ahí para un período largo. Los bucarestinos tampoco se muestran muy colaboradores ante la pregunta sobre el supermercado más próximo, probablemente porque sólo compran en Makro o en Carrefour, ambos más baratos y situados en las afueras de la ciudad.

 

Una vez consigues encontrar un supermercado te enfrentas a gran cantidad de marcas y productos que nunca antes habías visto. ¿Serán buenos?, ¿a qué sabrá esto?, ¿leche Fulga, Dorna o Zuzú? Puedes guiarte por la clásica solución, comprar lo más caro, sin embargo, así te garantizas una factura astronómica pues los precios de los alimentos en Rumania son más elevados que en Barcelona.

 

Algo parecido ocurre cuando quieres comprar algo tan sencillo como una prenda de vestir. Paseas, ves tiendas, te escandalizas y cuando localizas una con un aspecto aproximadamente pijo, te encuentras con la sorpresa de que la mayor parte de lo que ofrecen en el interior tiene el mismo aspecto que las montañas de ropa del mercadillo sabatino de Arenys de Mar. Si no te queda más remedio, acabas comprando lo menos agresivo, aunque una vez puesto, ante el inmisericorde espejo, te das cuenta que has dado un paso más para la integración estética.

 

Los niños se lo han pasado hoy de muerte en el parque Cismigiu; les hemos comprado unos cacharros para jugar en la arena y unas piezas de construcción.

 

Nota: En los restaurantes chinos de Bucarest los camareros rumanos visten como chinos y los verdaderos chinos están en la cocina. Por cierto, en rumano pato es rata, lo que nos acerca a la verdad de la gastronomía oriental.

 

 

Llegada a Bucarest

Llegada a Bucarest

El viaje desde Vama ha sido más rápido de lo que esperábamos. La carretera desde Suceava hasta Bucarest ha recibido una cascada de dinero de la Unión Europea y es casi una autovía (lo cierto es que tiene carril y medio por banda, lo que más que facilitar el tráfico lo convierte en una aventura desconcertante).

 

En Bucarest tenemos reservado un apartamento por días en la calle Titulescu, cerca de Piata Victoriei. Mientras nos acercamos al edificio se masca la tragedia, nos reciben una fachada destartalada, con balcones de todas las formas y colores (destacando el habitual gris desconchado), algunos perros vagabundos y unas aceras tan irregulares como sucias. A pesar de todo, el edificio y la calle son un paraíso comparado con el apartamento: mínimo espacio, suciedad a diestro y siniestro (¡sobre todo siniestro!), fugas de agua y una habitación menos de las que necesitamos. ¡Qué gran favor le hizo el comunismo a los obreros rumanos! Apañándonos lo mejor posible, hemos dormido apilados en dos camas.

 

Por la mañana debemos ir a trabajar (¡primer día de curro en Bucarest!), con mucha pena en el corazón por tener que dejar aquí a los niños. Anda ha llegado desde Vama para ayudarnos con ellos, lo que permitirá que salgan a pasear y puedan escapar de tan nauseabundo lugar.

 

Pasamos el día entrando y saliendo de la oficina visitando apartamentos, tanto de alquiler por días como el que deberá ser el definitivo. A media tarde, ya sin esperanzas, ¡hemos encontrado un nuevo apartamento en la calle Nicolae Balcescu! Tiene espacio suficiente, está limpio, es céntrico y nos da margen para buscar con calma un apartamento donde pasar los próximos años.

 

Por la noche nos damos un festín de McDonalds, ¡nos lo merecemos!

Héroes de la Aviación

Héroes de la Aviación

Entre el parque Kiseleff y el Herastrau se levanta el monumento de 1935 a los Héroes de la Aviación Rumana, uno de los lugares que me quedó grabado durante nuestra primera visita a Bucarest y que procuro visitar siempre que voy por allí.

 

La relación de Rumania con la aviación no es superficial. En 1910, Henry Coandă diseñó, construyó y pilotó el primer avión accionado por un "termorreactor", conocido como Coandă-1910, presentado públicamente en el segundo Salón Aeronáutico Internacional en París.

 

Buscando piso

Buscando piso

Buscar piso en Bucarest se ha convertido en una odisea. A los problemas para localizar un barrio agradable donde vivir se juntan los precios desbocados de los apartamentos y las villas. ¡Por un piso de 3 habitaciones te pueden pedir, mirándote a los ojos, más de 3.000 euros al mes! Por otro lado, nunca debes olvidar cuestiones básicas como dónde trabajarás, dónde estará el colegio de los niños, qué posibilidades tendrás para moverte en transporte público, etc.

 

Todos los españoles que he conocido en mi breve escapada a Bucarest me recomiendan vivir en Herastrau pero, aunque me parece un barrio bonito (al fin y al cabo, está en medio de un bosque), creo que todo lo pagable carece de personalidad y es de lo más incómodo, ya que debes coger el coche para todo y el metro es poco accesible. Kiseleff es una buena posibilidad, algo más barato, aunque tampoco me convence del todo.

 

Después de patearme la ciudad, visitar varios pisos y alguna villa, lidiar con alguna que otra rata del tamaño de un caballo y esquivar algún chucho con malas pulgas (reales y figuradas), he encontrado mi personal paraíso bucarestino: Cotroceni. Ahí es donde queremos vivir.

Os adjunto una imagen de la iglesia de San Eleuterio (Sf. Elefterie), de estilo bizantino y símbolo del barrio, que se alza en la entrada de Cotroceni. Me gusta pensar que encontrar este barrio cuando ya empezaba a estar desesperado no ha sido una casualidad...

 

Alumbrado público bucarestino

Alumbrado público bucarestino

¡Cuánto trabajo le queda al alumbrado público rumano! Esta imagen es algo habitual en las calles de cualquier ciudad rumana, aunque problemente Bucarest se lleve la palma. El cableado eléctrico es aéreo y el mantenimiento, visto lo visto, bastante deficiente, por lo que es fácil que los cables cuelguen en medio de la calle, las cajas estén abiertas y todo el sistema sea de lo más accesible. ¡Una maravilla!