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Bucarestinos

Llegada a Bucarest

Llegada a Bucarest

El viaje desde Vama ha sido más rápido de lo que esperábamos. La carretera desde Suceava hasta Bucarest ha recibido una cascada de dinero de la Unión Europea y es casi una autovía (lo cierto es que tiene carril y medio por banda, lo que más que facilitar el tráfico lo convierte en una aventura desconcertante).

 

En Bucarest tenemos reservado un apartamento por días en la calle Titulescu, cerca de Piata Victoriei. Mientras nos acercamos al edificio se masca la tragedia, nos reciben una fachada destartalada, con balcones de todas las formas y colores (destacando el habitual gris desconchado), algunos perros vagabundos y unas aceras tan irregulares como sucias. A pesar de todo, el edificio y la calle son un paraíso comparado con el apartamento: mínimo espacio, suciedad a diestro y siniestro (¡sobre todo siniestro!), fugas de agua y una habitación menos de las que necesitamos. ¡Qué gran favor le hizo el comunismo a los obreros rumanos! Apañándonos lo mejor posible, hemos dormido apilados en dos camas.

 

Por la mañana debemos ir a trabajar (¡primer día de curro en Bucarest!), con mucha pena en el corazón por tener que dejar aquí a los niños. Anda ha llegado desde Vama para ayudarnos con ellos, lo que permitirá que salgan a pasear y puedan escapar de tan nauseabundo lugar.

 

Pasamos el día entrando y saliendo de la oficina visitando apartamentos, tanto de alquiler por días como el que deberá ser el definitivo. A media tarde, ya sin esperanzas, ¡hemos encontrado un nuevo apartamento en la calle Nicolae Balcescu! Tiene espacio suficiente, está limpio, es céntrico y nos da margen para buscar con calma un apartamento donde pasar los próximos años.

 

Por la noche nos damos un festín de McDonalds, ¡nos lo merecemos!

Recuerdos de batalla

Recuerdos de batalla

En verano de 1917 las tropas del Imperio Austrohúngaro se enfrentaron a las rusas en las colinas que rodean Vama. En 1944, los alemanes volvieron a enfrentarse allí a los rusos.

 

Hoy todavía puede identificarse la línea del frente, los restos de las trincheras, los parapetos para la artillería, los pasillos de comunicación. El césped lo cubre todo y cuesta comprender que hace años, justo allí, se enfrentaban cientos de soldados y que el paisaje debía ser mucho menos bucólico de lo que es hoy.

 

Siempre que vengo a Vama me gusta visitar el antiguo campo de batalla y el cementerio donde descansan, todos juntos, austriacos, húngaros, rusos, alemanes y rumanos (Cimitirul Eroilor).

 

Los días en Vama se han acabado, mañana partimos hacia Bucarest.

 

 

Bendita rutina

Bendita rutina

Pasamos los días con la sana rutina de Vama. Levantarnos cuando nos apetece, desayunar (especialmente unas porquerías tan americanas como grasientas y deliciosas que prepara Allison), salir a pasear, jugar con los niños en el jardín y, de vez en cuando, coger el coche para visitar alguna cosa.

 

Ayer fuimos a visitar los monasterios de Moldovita y Voronet. Las monjas alucinaban con los trillizos y por primera vez desde que las visito, las he visto sonreír. Todas se acercaban a decirles cosas y a darnos sus bendiciones (vamos a salir de aquí más benditos que la mismísima estola del Benedicto XVI). Cuando ya nos marchábamos de Moldovita, salió la monja portera a regalarnos una estampita para el coche y un libro sobre el monasterio.

 

También hemos visitado a Viorica, la excelente pintora de huevos tradicionales de Bucovina, y se ha llevado una gran sorpresa. Sólo ha parado de achuchar a los niños para hacernos una de sus sorprendentes demostraciones y, al final, nos ha regalado un huevo con los nombres de los churumbeles y la fecha de nuestra visita.

 

También en la farmacia nos han regalado una crema hidratante para los niños. Un anciano me ha parado hoy en la calle para felicitarme por los niños y solo al final se ha dado cuenta de que era español, tan bien le he respondido…

 

Hoy hemos cocinado salmorejo y tortilla de patatas. Muy español todo.

 

Claudio ya ha dado cinco pasos seguidos, aunque todavía no se aventura.

Asilvestrados

Asilvestrados

Nimic fara Dumnezeu

Nimic fara Dumnezeu

Hoy ha sido un día de lo más canónico. De buena mañana, todos desayunados, hemos ido a comprar los manjares vegetarianos para el banquete de hoy. ¿Vegetarianos? Pues sí, mis ateos lectores, estamos en plena cuaresma debido a la celebración de Santa María.

 

El banquete tiene un motivo: celebrar la bendición de la familia, nuestra casa e incluso el coche. Hemos pasado toda la mañana cocinando y preparando la casa para la ceremonia y hacia la 1 h, ataviados con sus mejores galas, han aparecido Dragomir y Morosan, los párrocos de Vama y Molid, para concelebrar la misa. Hemos colocado el  pan ceremonial (holly bread), el agua bendita, las velas y la Biblia sobre la mesa y todo ha discurrido tan ricamente. De los tres churumbeles, el más atento ha sido Claudio, aunque de vez en cuando echaba unas buenas risas, no sé si porqué ya entiende el rumano o porqué no estaba en el papel. Matilda y Sofía han estado menos compungidas, aunque se han portado muy bien.

 

Después de las correspondientes bendiciones y de santiguarnos varias veces, hemos disfrutado de la comida. Tanto Morosan como Dragomir han pedido que los niños se sentasen a la mesa con nosotros y han disfrutado de sus monerías. Tras los postres, se han despedido y no han aceptado la donación que queríamos hacerles. Dicen que ha sido un designio de Dios que hayamos construido una casa aquí y que ahora nos quedemos a trabajar en Rumania.

 

Por la tarde, nos hemos acabado los restos del holly bread con nocilla y nos hemos ido a la piscina de Villa Excelsior.

 

Muy acorde con el día, milagrosamente Claudio ha dado sus dos primeros pasos solo y Matilda se ha lanzado sobre él para abrazarlo. Todos hemos aplaudido, incluso las niñas.

 

 

 

 

En Vama

En Vama

La vida en Vama pasa tan lenta que da tiempo a disfrutar hasta el más mínimo instante.

 

Nos levantamos tarde y desayunamos copiosamente, a la rumana. Tenemos tiempo para leer. Los niños disfrutan de la casa y el jardín y se mueren de la risa con la cantidad de animales que hay aquí: perros, gatos, caballos, gallinas, pavos, etc. Sofía quita las hojas del porche y barre el suelo con uno de los Barba Papá.

 

Cuando salimos a pasear por el pueblo somos, también aquí, un espectáculo. ¡Han vuelto los españoles y encima con trillizos!

 

Dragomir, el párroco de Molid, viene a visitarnos y nos da sus bendiciones, pronto haremos una ceremonia para santificar la casa, el coche y la familia al completo. En la farmacia nos regalan una crema hidratante para los niños (pentru copiii…), se arma un pequeño revuelo de gente comentando lo guapos que son y nos desean salud para cuidarlos.

 

En Villa Excelsior, Fernando queda aturdido con tanto niño, aunque se une a la fiesta de besos y abrazos. Nos invita a cenar en su restaurante medieval para celebrar nuestra llegada. Para nuestra sorpresa, la vieja cubana Dinora (¡cómo la ópera!) está de nuevo en Vama (parece que se ha cansado de Buenos Aires). Ella insiste a María en que he sido su amante y que le prometió llevarle tapioca. Nadie se acuerda de eso, sólo ella.

 

El tiempo no acompaña, así que dejaremos la visita a los monasterios para cuando salga el sol.

 

Cocino un gulash a la española.

Última etapa: Cluj - Vama

Última etapa: Cluj - Vama

Hoy no nos hemos dado tanta prisa para salir, al fin y al cabo quedan sólo 260 km hasta nuestra casa. A pesar de todo, el viaje es algo abrupto debido a que están arreglando la principal carretera del norte de Rumania (la mitad del camino discurrimos sobre zahorra), aunque los niños sólo duermen o disfrutan de Baby Einstein (¡qué gran acierto el DVD portátil!), no tienen tiempo de cansarse.

 

Llegamos a Vama a las 5 de la tarde. Doina sale emocionada a recibirnos, se agencia a Sofía y no para de achucharla. Después vendrán los abrazos y los besos para Matilda y Claudio. Gica llega poco después y se repite la escena. Como era de esperar, Doina nos tiene preparado un banquete: ciorba de legume cu perisoare, sarmale cu smantana, branza, cascaval, prajitura, vino blanco de Cotnari y tuica. ¡Mmmmmmm!

 

Nos organizamos bien en casa. Los niños dormirán en la habitación contigua a la nuestra, en colchones sobre el suelo (así evitaremos las caídas nocturnas). Distribuimos todos los juguetes por el suelo del comedor. Los churumbeles no paran de jugar y salen frecuentemente al porche a ver si ven a Bitsu, a quien intentan acariciar (a veces con demasiada pasión), o algún otro chucho del lugar. La cena es todavía difícil pues los sabores son demasiado extraños.

 

¡Por fin en casa!

Quinta etapa: Budapest - Cluj

Quinta etapa: Budapest - Cluj

Con la luz del día y un café entre pecho y espalda valoramos las consecuencias del pequeño golpe que tuvimos ayer con un coche húngaro: abolladura sin importancia en la carrocería, sobre la rueda.

 

La salida de Budapest ha sido la odisea habitual, aunque finalmente lo hemos conseguido sin perdernos. La travesía hasta la frontera es rápida y sin contratiempos, un pequeño tramo de autopista seguido de una buena carretera. Paramos a comer en un restaurante pero los potitos húngaros de los que nos hemos surtido sólo gustan a Sofía (¡cómo no!). La diferencia de sabores con España está pasando factura a Claudio y Matilda, quienes ponen bastantes pegas para comer.

 

Gran sorpresa en la frontera, las colas de antaño han desaparecido y aunque siguen pidiendo el pasaporte y los papeles del coche, entramos sin problemas. El amable policía de frontera que nos atiende alucina de nuestro buen rumano (sin duda, una inyección de moral). ¿Qué se habrá hecho de aquéllos policías soviéticamente adustos de hace unos años?

 

La carretera que une Oradea y Cluj ya está acabada (ha costado años reparar 165 km) por lo que nos plantamos en las afueras de la capital transilvana en un par de horas. Nos alojamos en Villa Gong y los niños tienen tiempo de jugar en el jardín y alucinar con el pastor alemán de la casa que corre por allí: “buau, buau”.

 

Cuarta etapa: Graz - Budapest

Cuarta etapa: Graz - Budapest

La unión entre ciudades del antiguo Imperio Austrohúngaro es perfecta (Graz-Budapest) y aunque nos equivocamos al cruzar la frontera, el viaje se nos hace corto. Los mareos han quedado definitivamente atrás y todos podemos disfrutar del viaje. A la llegada a Budapest, los niños están famélicos así que lo primero es alimentarlos.

 

El apartamento que tenemos alquilado es de lujo, un dúplex con un salón amplísimo que los niños no tardan en invadir con juguetes. Las escaleras son una atractiva atracción para los churumbeles, así que debemos llenarlo todo con barreras (¡como en casa!). Después de un rato de tranquilidad, salimos a explorar la ciudad. Budapest es una maravilla, posiblemente refleja lo que algún día será Bucarest, aunque todavía esté lejos. Llegamos hasta el Danubio, pues es quizás donde las vistas son más bellas y donde se perfila la grandeza de la ciudad imperial.

 

Por la noche, primer canguro de Allison. María y yo salimos a cenar, tomarnos un respiro y valorar la distancia hecha y que mañana llegaremos a nuestro nuevo país.

 

Hoy no se ha caído nadie de la cama.

Tercera etapa: Verona - Graz

Tercera etapa: Verona - Graz

Los mareos han quedado atrás. Los churumbeles se duermen tranquilamente o disfrutan del viaje de lo lindo, entre Baby Einstein y las monerías de Allison. Hoy hemos sido de nuevo escrupolosos con el horario, aunque nos ha costado salir de Verona.

La ruta hasta Graz ha sido rápida e incluso hemos tenido tiempo de dar un vuelta, recordando que fue la primera ciudad del extranjero a donde viajamos juntos con María. Cómo han cambiado las cosas! Yo acababa de entrar en ICAEN y María había vendido su piso de la calle Lleó... Y ahora nos vemos de nuevo aquí, con estos tres enanos, qué suerte!

Por la noche disfrutamos de una cena muy austríaca en la terraza del hotel, acompañados de los niños, muriéndonos de la risa por las costumbres culinarias de Allison. Para meternos en el papel, hemos dormido todos juntos en una sola habitación, en plan familia gitana. Hoy ha sido Matilda quien se ha caído de la cama, aunque ni se ha despertado.

Los niños llevan muy bien el viaje aunque comen menos, están algo más nerviosos y se duermen pronto por la noche. Son unos jabatos!

Segunda etapa: Cannes - Verona

Segunda etapa: Cannes - Verona

Hoy hemos conseguido cumplir el horario previsto y a las 9:09 h estamos en danza. Media hora antes de salir hemos suministrado a las enanas una ración mini de Cinfamar para intentar esquivar el mareo.

Nos adentramos en una de las autopistas más espectaculares de Europa, la que une Cannes con Génova, repleta de decenas de túneles e impresionantes viaductos. Los niños juegan y disfrutan de Baby Einstein. No hay síntomas. Pasada la ciudad del desdichado Marco, los niños están profundamente dormidos. Llegados al campo de batalla de Marengo reina la calma y después de Pavía, empiezan a abrir los ojos. ¡La química funciona! Claudio se ha portado como un Santo Varón.

Hacemos una parada por simpatía, para estirar las piernas y poco después de las 14 h llegamos a Verona. Tras la obligada pizza y los potitos, visita al centro histórico, el anfiteatro romano, la casa de los Capuletos (y el famoso falso balcón de Julieta), la bella Plaza de los Señores, etc. Verona ha sido un gran descubrimiento.

Tras la cena, helado italiano, a escribir un poco en el blog y a dormir. Mañana llegaremos a Graz con menos miedo a los vómitos que hoy.

Claudio se ha caído de la cama. Matilda dice "Ba, ba" para decir "Bye, bye". Sofia ha dejado atrás los mareos.

Primera etapa: Barcelona - Cannes

Primera etapa: Barcelona - Cannes

Salimos emocionados a la 10 de la mañana, camino a Cannes. A las 10.04 h, en plena Plaza Cerdá, primera arcada de Sofía. Ya en la Zona Franca, a punto de entrar en la Ronda del Litoral, primer vómito. Se nos cae el alma a los pies. ¿Cómo serán los próximos 613 km?

Por suerte, el esfuerzo ha dejado tan extenuada a Sofía que acaba durmiéndose. Baby Einstein ayuda a Claudio y Matilda a distraerse y, poco después, a dormir.

Pasamos la frontera con Francia sin problemas, todos duermen. Seguimos por el sur de Francia, preguntándonos cuándo volveremos a ver la Fortaleza de Salses o el cartel del hombre de Tautavel. Después, recorremos la Vía Domitia y entramos en la Costa Azul. Los enanos se han despertado y el mareo vuelve a aparecer. Sofía lo pasa francamente mal y Matilda se une a la fiesta pero conseguimos llegar a Cannes sanos y salvos.

Conclusión: La homeopatía está cargada de buenas intenciones pero no funciona. Mañana probaremos con la química.

Ya en el Chateau des Artistes, los enanos juegan como locos por la habitación pues no tenemos tiempo de bañarnos en la piscina.

Yo serví al rey de Inglaterra

Yo serví al rey de Inglaterra

Ayer disfruté de la comedia checa Yo serví al rey de Inglaterra, basada en la novela del mismo nombre del escritor Bohumil Hrabal. La película narra la vida de Jan Dite un camarero tan bajito como ambicioso. Jan quiere convertirse en millonario y para conseguirlo observa y aprende de los clientes de los lugares donde trabaja, desde una pequeña taberna hasta un bello restaurante de estilo Art Nouveau, pasando por un rocambolesco burdel de lujo.

 

Ambientada en Checoslovaquia entre finales de los años 20 y los años 50, Jan vivirá en el tumultuoso escenario centroeuropeo y se convertirá en protagonista de las más descabelladas anécdotas. La historia empieza y acaba en un pueblo alemán semiabandonado al que Jan se traslada a vivir tras pasar 15 años en la cárcel y desde el que recuerda su azarosa vida.

 

Yo serví al rey de Inglaterra es una película tan divertida como poética, profundamente costumbrista, filmada con un gusto por los detalles que te va introduciendo en los ambientes de la época como un invitado más de banquetes, fiestas y discusiones políticas. Aunque es difícil destacar una escena, me quedo con  aquella en la que unos acaudalados comensales disfrutan de una cena, mientras alimentan encandilados a una preciosa mujer que da vueltas sobre una plataforma en el centro de la mesa.

 

El principal actor secundario de la historia, indispensable, es la gastronomía checa, que continuamente aparece para embellecer todavía más, si cabe, la película.

 

Lecturas para el verano

Lecturas para el verano

Se acercan las vacaciones, así que he pensado recomendaros algunos libros que he disfrutado de lo lindo. Todos ellos tratan de explicar la nueva situación internacional tras el atentado de las Torres Gemelas de Nueva York y los desafíos inmediatos a los que se enfrenta Occidente.

 

América en la encrucijada (Ediciones B, 2007), de Francis Fukuyama, narra el nacimiento y desarrollo del movimiento neocon norteamericano y cómo la Guerra de Irak fue una decisión que, a pesar de lo dicho por la prensa europea, contradijo sus propios principios. Fukuyama explica su alejamiento de estas posiciones, así como su nueva postura en las política internacional: el Wilsonismo realista.

 

Robert Kagan fue uno de los ideólogos del movimiento neocon y actualmente es asesor del candidato republicano John McCain. En su libro El retorno de la historia y el fin de los sueños (Taurus, 2008) describe cómo, tras la derrota del comunismo, el mundo se enfrenta a una nueva batalla entre la democracia liberal y la autocracia. Especialmente interesantes son sus comentarios sobre las futuras líneas de fractura política y los posibles escenarios a los que se enfrentan los “dos Occidentes” (el débil, representado por Europa, y el fuerte, representado por Estados Unidos).

 

Finalmente, una visión más europeísta de la política internacional y de las consecuencias de la Guerra de Irak la aporta el filósofo e historiador búlgaro, Tzvetan Todorov, en su obra de 2003 El nuevo desorden mundial. Todorov disecciona las políticas de fuerza de los Estados Unidos, la actitud europea ante los conflictos y propone a la clase política una nueva forma de relaciones internacionales basada en la diplomacia, aunque sin renunciar a la disuasión militar.

Héroes de la Aviación

Héroes de la Aviación

Entre el parque Kiseleff y el Herastrau se levanta el monumento de 1935 a los Héroes de la Aviación Rumana, uno de los lugares que me quedó grabado durante nuestra primera visita a Bucarest y que procuro visitar siempre que voy por allí.

 

La relación de Rumania con la aviación no es superficial. En 1910, Henry Coandă diseñó, construyó y pilotó el primer avión accionado por un "termorreactor", conocido como Coandă-1910, presentado públicamente en el segundo Salón Aeronáutico Internacional en París.

 

Despedida de una ciudad

Despedida de una ciudad

He nacido y vivido en Barcelona toda mi vida. Sólo la he dejado durante períodos muy concretos, temporalmente limitados, casi sin tiempo para añorar el día a día. Aquí tengo a mis padres, a mis hermanos y a mis amigos que ayudan a convertir mis horas en una muy feliz rutina. Sin embargo, ahora la ciudad se me hace extraña y la paseo con una sensación de despedida tan angustiosa como excitante. Quizás empiezo a ver sus calles, edificios y monumentos más como un turista que como un vecino, no lo sé, pero la sensación me gusta. Dejo aquí muchos recuerdos, momentos buenos y malos pero que son profundamente míos, y me marcho con el miedo a los cambios pues, cuando regresemos, todo seguirá igual y no.

 

El CCCB ha organizado un concierto de Russian Red, nuestro último descubrimiento musical gracias al programa transtrendie Silenci? El recital ha tenido un rollo íntimo muy acorde con mi sensación de punto y a parte.

Buscando piso

Buscando piso

Buscar piso en Bucarest se ha convertido en una odisea. A los problemas para localizar un barrio agradable donde vivir se juntan los precios desbocados de los apartamentos y las villas. ¡Por un piso de 3 habitaciones te pueden pedir, mirándote a los ojos, más de 3.000 euros al mes! Por otro lado, nunca debes olvidar cuestiones básicas como dónde trabajarás, dónde estará el colegio de los niños, qué posibilidades tendrás para moverte en transporte público, etc.

 

Todos los españoles que he conocido en mi breve escapada a Bucarest me recomiendan vivir en Herastrau pero, aunque me parece un barrio bonito (al fin y al cabo, está en medio de un bosque), creo que todo lo pagable carece de personalidad y es de lo más incómodo, ya que debes coger el coche para todo y el metro es poco accesible. Kiseleff es una buena posibilidad, algo más barato, aunque tampoco me convence del todo.

 

Después de patearme la ciudad, visitar varios pisos y alguna villa, lidiar con alguna que otra rata del tamaño de un caballo y esquivar algún chucho con malas pulgas (reales y figuradas), he encontrado mi personal paraíso bucarestino: Cotroceni. Ahí es donde queremos vivir.

Os adjunto una imagen de la iglesia de San Eleuterio (Sf. Elefterie), de estilo bizantino y símbolo del barrio, que se alza en la entrada de Cotroceni. Me gusta pensar que encontrar este barrio cuando ya empezaba a estar desesperado no ha sido una casualidad...

 

Alumbrado público bucarestino

Alumbrado público bucarestino

¡Cuánto trabajo le queda al alumbrado público rumano! Esta imagen es algo habitual en las calles de cualquier ciudad rumana, aunque problemente Bucarest se lleve la palma. El cableado eléctrico es aéreo y el mantenimiento, visto lo visto, bastante deficiente, por lo que es fácil que los cables cuelguen en medio de la calle, las cajas estén abiertas y todo el sistema sea de lo más accesible. ¡Una maravilla!