Blogia

Bucarestinos

Aviso para navegantes

Aviso para navegantes

Springtime es una cadena de restaurantes de comida rápida donde sirven bocadillos, pizzas y café de aceptable calidad y a precios muy razonables. Estaba yo distraído esperando mi saorma cuando caí en la cuenta del típico aviso para clientes colgado de la pared. Tras unas recomendaciones de sentido común y un aviso sobre cómo actuar en caso de incendio, ¡sorpresa!, una detallada explicación sobre qué hacer en caso de terremoto (cutremur). ¡Glups!, ahora he visto que, cuando menos me lo espere, la tierra puede empezar a temblar.

 

Andenes vertiginosos

Andenes vertiginosos

Piaţa Romana es uno de los lugares más céntricos y transitados de Bucarest. Por su parada de metro diariamente transitan miles de personas, sin embargo, eso no parece motivo suficiente para construir un andén como Dios manda.

 

Cuando llegas a la parada te recibe un metro escaso de plataforma, limitado por un grueso muro con pequeños vanos muy separados entre si para que pasen los pasajeros. Cuando las puertas del vagón se abren, debes lidiar con los que intentan entrar o salir, no hay espacio para todos, por lo que se inicia un flujo contradictorio donde sólo tus codos pueden salvarte de quedar atrapado en la turbamulta. Cuando el tren se va, todo vuelve a quedar en calma hasta la próxima.

 

¡Dios nos libre de que tarde demasiado y la gente se acumule!

Vida social

Vida social

El sábado por la noche dimos el pistoletazo de salida a nuestra vida social en Bucarest. A las 21.30 h quedamos para cenar en el restaurante La Mandrágora con nuestro amigo virtual (ahora real) César, su guapísima novia Irina y el cachondo sevillano Berni. Pasamos una noche tan divertida que sin darnos cuenta el reloj pasó de las 2 de la mañana. A pesar de que hasta entonces toda nuestra relación había sido electrónica, creo que vamos a vernos a menudo pues hay mucha tela que cortar, historias que explicar, lugares a visitar e intereses comunes.

 

Respecto al restaurante, el preferido de Irina, sin duda merece un 9,50. Situado en una villa recién restaurada, con un menú tan breve como exquisito, la lubina estaba de muerte y el pato a la cerveza Guinness fue una maravilla. Me quedó pendiente la crema de zanahorias, la sopa de hongos y el surtido de helados. La carta de vinos, extensísima, es un territorio dominado por César, que escogió un delicioso vino blanco rumano que nunca había probado y cuyo nombre no recuerdo.

 

¿Por qué entonces un 9,50? Por la manía de los jefes de sala de poner televisiones con fútbol en restaurantes de modernos. ¡Es de lo más cutre!

Ventanas de Bucarest

Ventanas de Bucarest

Esta ciudad es caótica en muchos sentidos, pero ninguno es más evidente que la caprichosa disposición de las ventanas en los edificios. A las fachadas gris tóxico se une una infinita variedad de aberturas, ventanas de madera, aluminio o PVC, abatibles y correderas, ventanas con flores o con cornisas a punto de caer, ventanas con persianas de plástico e infinitos colores, ninguno especialmente alegre, ventanas rotas o con doble vidrio, ventanas fijas, ventanas cuadras, rectangulares, elípticas, con y sin volutas, ornamentales, ventanas que no cierran, ventanas que no encajan en el marco, cerradas con colchones, ventanas con visillo, ventanas con ancianos que miran la ciudad y a otros ancianos, en otras ventanas.

Hora de merendar

Hora de merendar

El jardín de Villa Kunterbunt

El jardín de Villa Kunterbunt

Una de los mejores rincones de Villa Kunterbunt (que así hemos bautizado a nuestra casa) es, sin duda, su jardín. Tiene varios abetos, hayas que nos recuerdan a nuestra añorada Bucovina (nombre de origen eslavo, cuya etimología proviene de la palabra "buko" - haya, бук, "buk" en ucraniano -, y que significa  País de las hayas), un par de rosales y algunas flores desconocidas, aunque el tiempo de abandono le ha pasado factura y ahora necesita un buen repaso.

 

Como complementos tiene una barbacoa que pronto entrará en funcionamiento, una pérgola donde pasar las horas al fresco comiendo, leyendo o echando la siesta, y una espantosa fuente de cartón piedra que simula ser de pura roca y que en funcionamiento, seguramente, nos ofrecerá una paupérrima cascada. Por ahora sólo tiene agua verde estancada y algún ser vivo innombrable en sus profundidades.

 

Aunque se acerca el otoño, pronto le daremos un repaso general, le pondremos algo de césped, más flores, intentaremos eliminar la fuente y lo acondicionaremos con una pequeña piscina para los enanos, para mientras dure este sofocante calor de Bucarest. De momento, juegan con un tren hinchable lleno de bolas.

¡Legales!

¡Legales!

Tras cinco viajes a distintas oficinas del Departamento de Inmigración y Extranjería, tras recopilar los más variopintos documentos y traducirlos oficialmente y ante notario al rumano, tras rellenar los correspondientes formularios, superar desordenadas colas y lidiar con distintos funcionarios de variada simpatía y ralentizados movimientos, ¡por fin somos legales en Rumania!

Invaders

Invaders

Hoy ha aparecido un artículo en La Vanguardia sobre los Invaders, unos pseudo-graffitis hechos de mosaico por un desconocido artista francés y distribuidos por el Casco Viejo de Barcelona. Personalmente he visto algunos de los 17 que originalmente había (están en peligro de extinción pues ahora sólo quedan 11) y siempre me han llamado la atención pero ahora estoy deseando volver a casa para realizar la ruta de Invaders de la ciudad.

 

Barcelona no es la única invadida, pues otras 40 ciudades del mundo muestran Invaders en sus calles, destacando Avignon, donde los Invaders localizados sobre el mapa de la ciudad forman un gran marcianito.

 

A los que estáis por allí, os recomiendo visitar la página http://bcn-invaders.com y os animo a realizar la ruta de la Invasión.

 

Save Invaders!

Japanese people are aliens

Japanese people are aliens

Stra. Doamnei con Stra. E. Carada, frente al Banco Nacional de Rumania

Una nohe en la ópera

Una nohe en la ópera

Como pistoletazo de salida a la temporada de la Ópera Nacional de Bucarest, ayer se celebró la segunda edición de la “Promenada Operei” (Un paseo por la ópera), un concierto gratuito al aire libre, interpretado por la orquesta de la casa, con las obras más conocidas de autores como Tchaikovski, Dvorak, Mozart, Rossini, Verdi, Gounod o Puccini.

 

Frente a la austera fachada del edificio de la ópera, un escenario con la orquesta y los solistas y unas 5.000 sillas con gente de lo más variopinta: abuelos trajeados, modernos niquelados y otros que se quedaron en el camino, familias con niños, algún chandalero despistado y nosotros, menos abrigados de lo que la ocasión requería, pues parece que con el espectáculo terminó el verano en Bucarest.

 

El concierto fue una maravilla, aunque personalmente tuvo un punto culminante (también en aspecto gélido) en la interpretación de Granada que hizo el tenor rumano Teodor Ilincâi quien, por cierto, vocalizaba como si fuera de Alcobendas. A destacar también el impresionante tenor Mihai Bogdan como Conde de Almaviva en El barbero de Sevilla y la contundente Ana Maria Comşa en la pieza que cantó de la ópera Atila. Aunque destaco sólo tres, lo cierto es que todos los intérpretes de la noche fueron tan talentosos como desconocidos para nosotros. El recial terminó con el inevitable brindis de La Traviata y un castillo de fuegos artificiales. El año que viene repetiremos.

Burocracia

Burocracia

Por una de esas extravagancias burocráticas tan típicas de Rumania, para registrarse en la Embajada de España como residente debemos presentar un papel de la Policía de Inmigración, donde nos han informado de la necesidad de presentar un contrato rumano que no tenemos, es decir, que nos prefieren ilegales. Como sabemos que el entuerto se resolverá cuando encontremos un funcionario lo suficientemente dispuesto, ya nos hemos hechos las fotos para la ficha. Sin duda, los enanos han quedado geniales.

 

Victoria

Victoria

Estaba tranquilamente sentado leyendo en el sofá cuando la ciudad ha estallado: el Steaua de Bucarest ha ganado al Galatasaray turco por 1-0 y se ha clasificado para la Liga de Campeones. La gente ha salido a la calle a gritar, cantar y a celebrarlo, suenan las bocinas, las pocas motos que hay en la ciudad hacen rugir sus motores, no parece una victoria pasajera, parece que hayan ganado la Liga.

 

Me importa muy poco el fútbol, me interesa más entender este júbilo desmedido. Imagino que vencer a los turcos de nuevo, como hicieran Stefan cel Mare o Mihai Viteazul entre los siglos XV y XVII, es una nueva reafirmación de resistencia de Rumania frente a la Sublime Puerta, de su compleja vocación occidental. Turquía como el eterno enemigo. Ahora ya no hay campos de batalla, ahora hay estadios.

Restaurar Bucarest

Restaurar Bucarest

Bucarest es arquitectónicamente apasionante, aunque hay que saber apreciarlo. Entre los armatostes soviéticos asoman pequeñas y no tan pequeñas joyas de los más diversos estilos: gótico, neoclásico, barroco, Art Nouveau, modernista, Ţărănesc, etc.

 

A pesar de todo, al recién llegado le cuesta encontrar esos tesoros por lo que suele quedar afligido ante los edificios-colmena caracerísticos de los régimenes totalitarios. Para empeorar todavía más el paisaje urbano, el gris hormigón habitual adopta unos tonos negruzcos intensificados a medida que se desciende por la fachada debido a la contaminación provocada por el tráfico.

 

Con María hemos discutido mucho sobre las posibilidades de hacer de Bucarest una ciudad bonita y cuando ya habíamos llegado a la conclusión de que una mano de pintura blanca daría un toque muy Bauhaus a la ciudad, un edificio en Calea Victoriei nos ha dado la razón. ¡Todavía hay esperanza!

La búsqueda

La búsqueda

Encontrar piso en Bucarest supone una ardua tarea. Como prácticamente no existen los apartamentos de tipo medio, si no quieres vivir en un edificio-colmena de corte comunista, debes buscar entre los de alto standing lo que implica aceptar pagar unos precios desorbitados, del orden de los 2.000 a 3.000 € mensuales (aunque los hay incluso más caros, obviamente).

 

En general, estos apartamentos o villas son muy bonitos, con estancias amplias y muy luminosas, aunque desgraciadamente la horquilla de precios no garantiza un lugar agradable ni acogedor donde vivir y puedes llevarte hilarantes sorpresas. Ayer vimos un dúplex a 3.200 € al mes en el que el piso superior tenía el techo más de un metro más bajo que el inferior y donde la cocina estaba situada en el altillo. Otro apartamento que hemos visitado no tenía puertas ni cocina. Pedían 2.500 € mensuales. En un apartamento ya en la afueras de Bucarest, que actualmente es una oficina, el comercial de la inmobiliaria intentaba convencerme que de un despacho donde apenas cabían dos escritos podían salir dos habitaciones. Su precio era de 1.500 € al mes. Una de las casas que visitamos tenía un búnker subterráneo con puerta blindada y respiradero conectado directamente al exterior. Sus constructores eran israelíes y su precio 3.500 €.

 

Mención a parte merece la decoración de muchos de estos apartamentos, que oscila entre lo anticuado de estilo barrocombolesco y el decorado propio de las películas pornográficas checoslovacas, pasando por los más variopintos templos del kitch. Pocos lugares están decorados con gusto occidental y si lo están, te suman a la tarifa mensual 1000 euritos en concepto de muebles. Y todo sin torcer el gesto.

 

La búsqueda continúa.

Conducir en Bucarest

Pensaba que después de conducir en Líbano lo había visto todo, allí lo llamaban el War way of driving, pero en este país disfrutan de su particular Romanian way of driving.

 

Ceauşescu contribuyó enormemente al actual caos circulatorio gracias a la construcción de sus faraónicas avenidas construidas para mayor gloria del Socialismo pues, mezcladas con el trazado del Bucarest tradicional, trazaron un plano imposible para el tráfico.

 

A un diseño inverosímil, cabe añadir la descortesía general del conductor rumano. Nunca confíes en la bondad de los extraños, debería ser el lema de todo conductor que aprecie su vida. Especialmente desconsiderados son los propietarios de vehículos de alta gama. Pijos chandaleros que con un gran BMW se creen el rey de Bucarest y actúan como un tirano caprichoso y avasallador.

 

Para acabar de complicarlo todo, hay que sumar el poco respeto general por las normas, pues básicamente se obedece a los semáforos en las grandes avenidas, sin embargo, ahí termina todo: coches en contra dirección en calles secundarias, vehículos saltándose dobles continuas, peatones cruzando por donde pueden, desprecio a Stops y Cedas, rotondas tomadas a capricho del conductor, carriles de tranvía tomados por todos, coches aparcados de cualquier manera ocupando toda la acera…

 

Hoy, por segunda vez desde que hemos llegado, un conductor agraviado no sé exactamente por qué se ha puesto a mi lado y ha empezado a dar volantazos, como intentado echarme del carril. ¡Así es Bucarest! (el vídeo adjunto fue grabado invierno pasado en el Bulevar Marasesti, una de las arterias de la ciudad).

 

Happy Park

Happy Park

Repasando las fotos de esta tarde, no he podido resistirme a poner ésta en la que Claudio pilota cual Patrón de la Diversión el barco que lleva a sus hermanas. ¡Mirad qué serio está y con que seguridad coge el timón!

Pescando en el Dâmboviţa

Pescando en el Dâmboviţa

Expulsado de la "piscina"

Expulsado de la "piscina"

La "nueva" Bilbioteca Nacional

La "nueva" Bilbioteca Nacional

En 1977 un tremendo terremoto de 7´2 grados destruyó más de 35.000 viviendas en Bucarest circunstancia que aprovechó el megalómano Ceauşescu para llevar a cabo sus delirantes planes urbanísticos.

 

Además de ordenar la construcción de un inmenso palacio que honrase su memoria (del que ya hablaré en otro post), sobre el solar de viviendas, monasterios e iglesias del viejo Bucarest, se diseñó también un enorme bulevar de más de 3´5 kilómetros de largo, llamado entonces Victoria del Socialismo y ahora Bulevar Unirii, lo que deberían ser dos Ministerios y la nueva Biblioteca Nacional.

 

Las obras comenzaron en 1984 y en ellas trabajaron miles de personas en régimen de semiesclavitud hasta que la Revolución de 1989 puso fin a los faraónicos trabajos. La Biblioteca Nacional, de triste aspecto, se levanta todavía en el Bulevar, a medio acabar o como si la Revolución acabase de pasar a través de sus muros y ventanas. En el centro de la fachada, un enorme cartel indica la fecha en el que se congeló el tiempo para el edificio: 1989.

Dilemas cotidianos

Dilemas cotidianos

No sabes lo bien que tienes solucionada la vida hasta que te enfrentas a una nueva ciudad, entonces surgen infinidad de pequeños problemas que ni imaginabas.

 

Sin duda, el principal escollo lo constituye la compra diaria. ¿A qué supermercado ir? En el centro de Bucarest no abundan los lugares donde comprar alimentos, hay pequeñas tiendas que venden lo básico (magazin mixt), pero es difícil avituallarse ahí para un período largo. Los bucarestinos tampoco se muestran muy colaboradores ante la pregunta sobre el supermercado más próximo, probablemente porque sólo compran en Makro o en Carrefour, ambos más baratos y situados en las afueras de la ciudad.

 

Una vez consigues encontrar un supermercado te enfrentas a gran cantidad de marcas y productos que nunca antes habías visto. ¿Serán buenos?, ¿a qué sabrá esto?, ¿leche Fulga, Dorna o Zuzú? Puedes guiarte por la clásica solución, comprar lo más caro, sin embargo, así te garantizas una factura astronómica pues los precios de los alimentos en Rumania son más elevados que en Barcelona.

 

Algo parecido ocurre cuando quieres comprar algo tan sencillo como una prenda de vestir. Paseas, ves tiendas, te escandalizas y cuando localizas una con un aspecto aproximadamente pijo, te encuentras con la sorpresa de que la mayor parte de lo que ofrecen en el interior tiene el mismo aspecto que las montañas de ropa del mercadillo sabatino de Arenys de Mar. Si no te queda más remedio, acabas comprando lo menos agresivo, aunque una vez puesto, ante el inmisericorde espejo, te das cuenta que has dado un paso más para la integración estética.

 

Los niños se lo han pasado hoy de muerte en el parque Cismigiu; les hemos comprado unos cacharros para jugar en la arena y unas piezas de construcción.

 

Nota: En los restaurantes chinos de Bucarest los camareros rumanos visten como chinos y los verdaderos chinos están en la cocina. Por cierto, en rumano pato es rata, lo que nos acerca a la verdad de la gastronomía oriental.