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Bucarestinos

Favorit / Etno

Recuerdo que a finales de los 90, cuando empezamos a visitar Rumania, la televisión ofrecía varios canales donde talluditos pastores y/o sus consortes, vestidos todos al modo tradicional, entonaban canciones populares rumanas. La emisión era inacabable y conectases cuando conectases el televisor, allí estaban, incansables, cantando felices, siempre muy sonrientes.

 

Pasados los años, sólo sobrevive Favorit/Etno.

 

La música es siempre la misma (¿quizás es siempre la misma canción?), pero los posibles escenarios y protagonistas son varios. Sobre las localizaciones, van desde estancias campestres con decoración ţaraneasca, con calderos y manteles bordados por las paredes, hasta bucólicos prados, pasando por barbacoas familiares donde mientras se canta se disfruta de un churrasco.

 

Hablando de los intérpretes, pueden adoptar distintas actitudes. Hieráticos y solos, hieráticos y rodeados de un grupo bailarín, hieráticos y cogidos de la mano con un parteneer que responde a sus trovas, con candorosas miradas de complicidad, en plan Dúo Pimpinela. Suelen ir vestidos con el atuendo propio de las distintas zonas de Rumania (seguro que unos ojos expertos reconocerían su origen), aunque he visto algunos que van de calle e incluso un vídeo donde una señora entrada en años, acicalada de pastora, conducía un coche que era detenido por un policía cantarín.

 

Ahora bien, lo mejor es el playback. El realizador ni se molesta en que coincida lo más mínimo el movimiento de los labios y la canción, ¡qué más da! , y la cosa suele ponerse feísima cuando son dos los que cantan, pues nunca se sabe quien dice qué (¿importa?).

 

En cualquier caso, a los churumbeles les encanta FAVORIT y comienzan a mover el esqueleto tal cual oyen los primeros compases.

Taxistas

Taxistas

Como en el resto de las ciudades del mundo, los taxistas de Bucarest forman un mundo a parte.

 

La mayoría ni se paran cuando les haces la señal correspondiente, muchos se detienen y te preguntan dónde vas, para despedirte después con un simple movimiento de cabeza o gruñido y finalmente algunos, magnánimos ellos, acceden a llevarte a tu destino.

 

Una vez dentro del vehículo, no debes extrañarte si el conductor fuma, o come un bocadillo grasiento mientras conduce con una mano, o discute a gritos con el móvil y suelta el volante para cambiar la marcha o, simplemente, lleva una turca de campeonato.

 

La decoración de parabrisas suele ser de película y para muestra, un botón: dado de peluche, ambientadores del Partido Nacional Liberal, cruces de cuerda de distintos tamaños, cintas de colores sin uso aparente, osito ahorcado y GPS (al que, por cierto, no suele atender).

 

Personalmente, considero odios dos subgrupos de taxistas: los que están aparcados leyendo el periódico y te despachan con cajas destempladas cuando les dices tu destino y los que esperan en la puerta de salida de pasajeros en el aeropuerto, una auténtica mafia a la caza y captura del desdichado incapaz de discutirles el precio de la carrera.

 

Sombreros bucarestinos

Sombreros bucarestinos

Deberíamos abrir un nuevo tema en el blog titulado así.

 

Llegado el frío, cada uno se atavía de lo que tiene a mano, puede ser más o menos autóctono o adecuado, sin embargo, lo de este anciano es de un moderno que quita el hipo.

 

En plena avenida Nicolae Balcescu, con su tráfico de hora punta y sus peatones de paso rápido, ahí iba él, tranquilo, de puro paseo, armado con un salacof estilo Afrikakorps, como si de un explorador de la selva congoleña se tratase.

 

Y es que Bucarest tiene algo de selva congoleña, la verdad.

Vanessa Mae

Vanessa Mae

¡Nos hemos quedado con las ganas!

Esta tarde teníamos previsto asistir al concierto que Vanessa Mae tenía que ofrecer en Sala Palatului. No sabíamos el programa pero, ¡qué más daba!, sólo verla con su violín Gizmo, un instrumento diseñado por J.B. Guadagnini en 1761, ya es un espectáculo.

Todo nuestro gozo ha quedado en un pozo cuando la organización ha anulado el concierto con excusas técnicas, vamos, que estoy seguro que como la Sala Palatului es sede electoral (hoy hay elecciones generales en Rumania), a ningún iluminado se le ocurrió pensar que no era posible celebrar el concierto en el mismo momento en que debían cerrarse las urnas e iniciar el recuento electoral.

La próxima vez será (si entre los organizadores hay alguien con una brizna de inteligencia, claro).

 

En Herăstrău (II)

En Herăstrău (II)

En Herăstrău

En Herăstrău

Parque Herăstrău

Parque Herăstrău

Mañana soleada. Frío que rasca la boina.

 

Ayer César nos explicó que cuando salió de casa por la tarde, caía una nevada de órdago en el Parque Herăstrău, así que esta mañana, abrigadísimos, hemos salido a pasear y ver si quedaba algo de nieve.

 

Aunque el sol ha desecho todo vestigio de la nevada, los enanos han visto una ardilla, así que ya les ha valido la pena el paseo. El famoso viento de Bucarest, sobre el que todo el mundo nos ha advertido, soplaba hoy con fuerza, así que no hemos podido pasear mucho rato - pues los enanos se estaban quedando pajarito - y hemos vuelto a casa.

 

Este parque, situado al norte de Bucarest, muy cerca de la Estatua a los Héroes de la Aviación (ver post del 15/07/2008), es el más grande de la ciudad (ni más ni  menos que 187 hectáreas). Tiene varios lagos comunicados entre sí, teatro al aire libre, restaurantes, atracciones para niños y unos bosques y jardines muy bien cuidados. La zona donde hoy se sitúa el parque era el lugar de retiro preferido de los bucarestinos del siglo XVIII, sin embargo, no fue hasta 1936 cuando se constituyó como parque a raíz de la exposición Luna Bucureştilor.

 

Durante un breve tiempo se llamó Parque Carol II, en honor al rey de Rumania, pero con la llegada del comunismo se lo rebautizó como Parque Stalin e incluso se levantó una estatua al sanguinario dictador en el mismo lugar donde hoy se alza la de Charles de Gaulle. Tras la muerte del tirano, el nombre cayó en desuso y, de la noche a la mañana, la estatua desapareció.

 

Los bucarestinos, que también tienen su sentido del humor, han rebautizado a la Cruz del Milenio (un gran disco con pequeños orificios que forman una cruz), situada en los 90 en medio de la plaza frente a la estatua al militar francés, como la celda de Stalin.

 

Wipe my senses. Make me lie

Wipe my senses. Make me lie

En la fachada de Hanul lui Manuc, frente a las ruinas de la corte de Vlad Tepes.

Gotham City

Gotham City

A la múltiple variedad de estilos arquitectónicos de Bucarest cabe añadir el estilo Gotham City, ejemplificado en el Ministerio de Transporte, que se levanta imponente en el centro de la ciudad, frente a Gara de Nord.

 

 

En la plaza

En la plaza

En otras ocasiones me he referido al mercado de frutas y verduras que se instala frente a la Academia Militar los fines de semana. Algunos me habéis preguntado precios, así que hace un par de fines de semana me armé con un papel y un bolígrafo y anoté la siguiente lista de la compra:

 

1 Kg de peras

3 Kg de tomates

3 Kg de uvas

3 Kg de manzanas

1,5 Kg de judías verdes

4 Kg de cebollas

1,5 Kg de puerros

1 Kg de zanahorias

4 manojos de hierbas aromáticas

3 coles

2 escarolas

Un manojo de apio

0,5 Kg de lomo de cerdo

1 chorizo

 

Todo de una excelente calidad y al módico precio de 94 lei, es decir, 25,4 €.

À la mode

À la mode

Se acabó el calorcito de las últimas semanas. Aunque hoy hace sol, hace días que la temperatura ha caído en picado (entre – 1 ºC y 6 ºC) y me he ataviado à la mode. En broma, Sofía Cea Mare dice que parezco un nostálgico del régimen, que cuando la gente me vea pasar dirá: “Mira, por ahí va un comunista”.

Iuliu Maniu

Iuliu Maniu

A propósito del lugar donde acontece el vídeo del anterior post, en la actual Piaţa Revoluţiei, frente al balcón desde donde Ceauceşcu dio su último discurso, hoy se levanta una curiosa escultura de Iuliu Maniu, obra del artista Mircea Spătaru.

 

¿Y quién era Iuliu Maniu? El señor Maniu fue la figura más destacada de la Gran Asamblea Nacional que, el 1 de diciembre de 1918, proclamó la Unión de Transilvania y Rumania en Alba Iulia. Ocupó el cargo de presidente del Consejo de Gobierno, fue líder del Partido Nacional Campesino y presidente del Consejo de Ministros entre 1928 y 1930.

 

Entre 1938 y 1944, Maniu se opuso a todos los intentos totalitarios que asolaron Rumania: la dictadura del rey Carol II, las acciones de la Guardia de Hierro y la dictadura militar del General Antonescu. Precisamente Maniu fue una de las figuras activas que más ayudaron el derrocamiento del General Antonescu y en la proclamación del nuevo régimen democrático tutelado por el rey Miahi.

 

Sin embargo, la llegada al poder de los comunistas en marzo de 1945 acabó con las reformas democráticas de Maniu y el Partido Nacional Campesino. Juzgado por los comunistas, fue condenado a cadena perpetua a la edad de 75 años y confinado primero en un lager en Galaţi y después en Sighet, donde acabó siendo asesinado el 5 de febrero de 1953.

 

A los que visitéis la Piaţa Revoluţiei, os recomiendo que os detengáis frente al monumento a Maniu y penséis un momento en la extraordinaria vida y en la indigna muerte del gran hombre a quien el monumento recuerda.

Los últimos segundos de un régimen

Pocas veces en la Historia es posible determinar con tanta precisión los últimos momentos, el segundo de última agonía de un régimen, como en el vídeo del postrero discurso de Ceaceşcu en Bucarest.

 

Tras asesinar a varios estudiantes en Timişoara durante una protesta por la detención de un obispo crítico con el régimen, Ceauceşcu montó una manifestación de apoyo a la dictadura en la capital y precisamente cuando empezó a agradecer a los organizadores su entusiasta y espontánea demostración, se alzó un grito de lo más profundo de las gargantas del pueblo rumano, un grito que, por su gesto, aterrorizó al dictador y le convenció de que había llegado su final.

 

Pocos días después, el día de Navidad de 1989, no sin antes repetir la carnicería de Timişoara, Ceauceşcu y su esposa Elena murieron fusilados en Târgovişte.

Paseo cultural

Paseo cultural

Armados de la nueva guía histórico-artística de la ciudad que nos hemos agenciado (por cierto, una maravilla escrita por Silvia Colfescu, en la que se detallan muchos de esos edificios que suelen pasarte desapercibidos mientras paseas), nos hemos dirigido hacia el antiguo Palacio Real donde se encuentra el Museo de Arte de Rumania.

 

Decididos a dejar campar a sus anchas a los churumbeles, primero hemos hecho una breve visita a una bellísima exposición de iconos balcánicos tardobizantinos y griegos. A Claudio, como a mi, nos han triunfado los iconos de los Santos Militares (Demetrio de Tesalónica y Jorge de Lydda), aunque Sofía también ha estado bastante atenta a lo que les iba explicando. Matilda, más trasto últimamente, se ha dedicado a subir y bajar escaleras, corretear por las salas y a recorrer las rampas metálicas para minusválidos (con el consiguiente ruido que los vigilantes han sabido comprender).

 

Después hemos visitado el piso dedicado al Arte moderno y contemporáneo rumano, con obras de Nicolae Grigorescu (¡descubrimiento!),  Stefan Luchian o el omnipresente Constantin Brancusi. Los enanos han podido correr arriba y abajo por las enormes salas, entre las esculturas, aunque hacia el final han empezado a pedir brazos y, al acabar, estaban totalmente agotados.

 

Hemos comido en City Grill Centru (bastante bien, todo hay que decirlo) y después hemos paseado por Lipscani. Todo el centro antiguo de Bucarest está en obras y hoy es posible ver los cimientos de las antiguas construcciones medievales, con pasillos, arcos, pavimentos, etc. ¡Vale la pena el paseo!

Obama

Obama

A propósito de Obama, leo de Thomas Friedman en The New York Times que “la parte de su oratoria política que más aplausos ha provocado era la que decía que todo y toda estadounidense tendrá la oportunidad de asistir a la universidad siempre que realice un período de servicio nacional: en el Ejército, en el Cuerpo de paz o en la comunidad”.

 

Mientras estudiaba la carrera de Historia y a raíz del estudio de la agogé espartana, se me ocurrió iniciar un debate con mis compañeros, que yo esperaba elevado intelectualmente, sobre la conveniencia de que las democracias occidentales recuperasen el valor de los derechos ciudadanos a través de la asunción de ciertos deberes (léase prestación de servicios a la comunidad, especialmente a ancianos e inmigrantes, servicio militar, etc.). No tardó en salir la palabra “fascista”, la eterna y facilota desautorización del oponente y el debate llegó a un callejón sin salida.

 

Me pregunto qué dirán hoy mis interlocutores sobre la victoria Barak Obama, aunque creo que no me equivoco al pensar que estarán dando palmas con las orejas de pura alegría.

 

Por mi parte, entenderéis que me alegre de cómo concibe la relación entre derechos y deberes en la sociedad americana que desea (re)construir el nuevo presidente de Estados Unidos. Los aplausos de los americanos son un reflejo de su necesidad de volver a formar parte de una causa mayor que ellos mismos. Ellos sabrán estar a la altura, ¿y Europa?

Brigada de limpieza

Brigada de limpieza

Cotroceni es un barrio pijo y lo demuestra el despliegue de las brigadas de limpieza que diariamente barren las calles de las toneladas de hojas que deja el otoño.

El simple acto de pedir hora en el médico (en Rumania)

El simple acto de pedir hora en el médico (en Rumania)

Hoy he tenido de nuevo una de esas conversaciones marcianas que existen sólo en éste, nuestro particular Paraíso Floston:

 

-         Buenas tardes, tengo hora reservada con el doctor Ioan Fodor para el próximo día 24 a las 12.15 y desearía cambiarla de día.

-         Inmediat! – eterna respuesta rumana que siempre debe hacerte temer lo peor - ¿para cuando desea la visita?

-         Para más adelante

-         Inmediat!

Silencio al otro lado de la línea, se oye a alguien teclear, exprimirse la mollera…

-         Tengo hora para el día 24

-         Mmmmm, le he dicho que el 24 no puedo.

-         Sólo tengo hora para el día 24

-         Ya, ¿no puede ser el 25?

-         No

-         ¿Para cuándo tiene hora?

-         No puedo decírselo

-         Pero, ¿qué ocurre, el doctor ya no visitará más?

-         Sí visitará, pero no puedo decirle cuándo.

-         ¿Y en diciembre?

-         Sí, en diciembre sí

-         Pero, ¿qué día?

-         Sólo podré decírselo a partir del 21 de noviembre. Vuelva a llamar entonces.

-         Bien, gracias. Adiós

 

Es decir, que en Rumania no entienden lo que es economizar el lenguaje. Este es un buen ejemplo de cómo funciona todo aquí, desde pedir cita en el médico hasta escoger un plato en un restaurante o pedirle a tu secretaria que envíe una carta, todo es lento, tedioso, inusualmente difícil…

Miradas transilvanas

Miradas transilvanas

Volando hacia Cluj desde la capital, por la ventanilla del avión, es fácil comprobar cómo los Cárpatos separan el territorio de Valaquia, donde se encuentra anclada Bucarest, de la gran llanura húngaro-rumana, en la que se encuentra Cluj (sólo desde 1918, tras la Primera Guerra Mundial, la ciudad se encuentra en territorio rumano).

 

Las montañas conforman algo más que una frontera física, trazan una frontera cultural e incluso moral entre la herencia ilustrada austrohúngara y la despótica otomana, un nuevo limes entre la Roma occidental y la Oriental, Europa frente a Asia.

Esta mañana, en Bucarest

Esta mañana, en Bucarest

Frío y sol. Algunos sombreros.

 

En Piata Unirii unos niños juegan con un perro abandonado. Cuando se cansan, lo tiran a una fuente.

 

Algo más allá, un mendigo descamisado lleva un rato cantando a voz en grito e increpando a los peatones. Repentinamente y al unísino, la gente le responde y le manda callar.

 

En el metro, un anciano se sienta en las escaleras, parece borracho. Nadie le ayuda.

 

Me equivoco de anden y voy a parar a Pantelimon.

 

En Obor, unas novias reparten publicidad de una empresa de telefonía móvil a los transeúntes.

Dancing all alone

Dancing all alone

Strada Davila, cerca del Bd. Eroilor