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Bucarestinos

Facultad de Derecho

Facultad de Derecho

La Facultad de Derecho de la Universidad de Bucarest últimamente se encuentra en mi camino diario a casa, aunque como suelo pasar en coche, hasta hace poco no he tenido ocasión de echarle la foto que debía coronar este post.

 

El edificio se encuentra en la Cetatea universitară, un proyecto iniciado por el rey Carol II. En un enorme espacio verde, el arquitecto Petre Antonescu – diseñador de monumentos tan emblemáticos para la ciudad como el Palacio Creţulescu o el Arco del Triunfo - construyó entre 1933 y 1935 este elegante edificio. De estilo neoclásico severo y concebido en ángulos rectos, tiene un impresionante cuerpo central precedido de una larga escalera que termina en una fachada con altas pilastras. Entre ellas, lo más curioso para mi, las estatuas esculpidas por Ion Jalea y Costin Georgescu de los más grandes juristas de la Antigüedad:

 

- Licurgo: de existencia incierta, este legislador espartano diseñó la reforma militarista de la sociedad espartana y estableció la severa normativa que gobernó la ciudad durante siglos.

-  Solon: poeta y legislador ateniense, estableció en la ciudad ática el Sistema Timocrático según el cual los ciudadanos se dividían en cuatro clases según  sus rentas, lo que les otorgaba unos derechos y unos deberes determinados. La Timocracia fue el final del sistema de castas en Atenas.

-  Cicerón (¡no podía faltar!): jurista, escritor, político y orador romano. Durante su vida ostentó varios cargos políticos (incluso el de Cónsul) desde los que defendió fervientemente el sistema republicano (de ahí sus Catilinarias contra el conspirador Lucio Sergio Catilina y sus Filipicas contra las aspiraciones de Marco Antonio), actitud que le valió su asesinato a manos de unos hombres enviados por Marco Antonio.

- Papiniano: considerado por Mommsen el mayor de los jurisconsultos romanos, destacó por su independencia de criterio y por su constante búsqueda de la imparcialidad. Su defensa de la justicia lo condenó a muerte por orden del emperador Caracalla, al negarse a justificar el crimen contra Geta, también aspirante al trono del Imperio.

- Justiniano: llamado El Grande, fue uno de los destacados emperadores del Imperio Bizantino, especialmente por su reforma y compilación de leyes - Novus Iustinianus Codex - y por la gran expansión militar que desarrolló en Occidente bajo la idea de Renovatio imperii romanorum. La Iglesia Ortodoxa lo venera como santo el día 14 de noviembre.

 

Curiosa elección la de los personajes para ilustrar la fachada de la Facultad de Derecho. Aunque no hay duda de las raíces greco-romanas de la legislación europea, quizás cabría haber elegido también algún personaje más acorde con los tiempos, tipo Montesquieu, John Locke o Benjamin Franklin.

 

En cualquier caso, el edificio es interesante y bien vale un paseo para verlo.

550 años

550 años

Esta semana se celebra el 550 aniversario de la fundación de Bucarest. La ciudad se ha llenado de escenarios, carteles conmemorativos y gente vestida de las más variopintas maneras (de época, de campesino o de soldado de la Primera Guerra Mundial, entre otros), para recordar la onomástica.

 

Así las cosas, esta nos ha parecido la mejor ocasión para visitar el Museo de Historia y Arte de Bucarest, situado en el antiguo palacio de la familia Şuţu, que se levanta muy cerca de la Universidad. Sin duda es este uno de los edificios más bonitos de la ciudad. Construido entre 1832 y 1834 por el pater familias, Costache Şuţu, mantiene su estilo original compuesto de  neogótico y neoclásico, al que Grigore Şuţu, hijo de Costache, añadió una impresionante entrada principal y una marquesina de hierro forjado y cristal. En este palacio se celebraron las más célebres recepciones de la ciudad durante todo el siglo XIX, a las que siempre asistieron la flor y nata del momento.

 

Hoy en día se exponen muchísimas piezas de todo tipo, entre monedas, uniformes, fotografías, cuadros, pinturas y esculturas. Personalmente, me han impresionado las pequeñas esculturas neolíticas antropomorfas y, entre ellas, la de la diosa de la fecundidad Vidra. Había otras piezas romanas, dacias y griegas muy interesantes. Curiosa también la toga judicial del escritor y político C.A. Rosetti y, sobre todo, el acta fundacional de la ciudad, con fecha de 20 de septiembre de 1459 y con la impresionante firma del mismísimo Vald Tepeş, Dracul.

 

Después de la visita, hemos ido a tomar algo a un bar de modernos frente a la Universidad y al parque Cişmigiu para jugar en los columpios antes de comer.

Ensimismamiento

Ensimismamiento

Decía Sócrates en el siglo V a.C.: “Los jóvenes de hoy aman el lujo, tienen manías y desprecian la autoridad. Responden a sus padres, cruzan las piernas y tiranizan a sus maestros.

 

A parte del desconcertante detalle del cruce de piernas, el asunto sigue trayendo cola hoy en día. Pero aunque el problema es viejo, algo ha cambiado desde que Sócrates formuló esta afirmación (alguien la copiaría más tarde, quizás Platón, pues Sócrates no dejó nada escrito), ya que nunca como hoy en la historia de la Humanidad el acceso a la información había sido más fácil y generalizado (o globalizado, como gusta ahora decir).

 

Entrar en la Biblioteca de Alejandría, aquella que ardió probablemente en el siglo III, debía resultar apabullante para sus contemporáneos. En aquél momento, sólo algunos tenían acceso a la cultura y el desafío del saber era motivo suficiente para superar sus angustias y sumergirse en la lectura y la investigación. Hoy tenemos una inmensa Biblioteca de Alejandría de alcance universal, lo que nos convierte en seres con un potencial infinito y una responsabilidad absoluta sobre su explotación, es decir, somos los únicos responsables de nuestra ignorancia. En Occidente no hay excusas económicas o sociales para ser un imbécil. Lo eres porque deseas serlo. Dice Fernando Savater que la sociedad es frecuentemente sublime pero que la masa es siempre abyecta. Hay que dejar a un lado el paternalismo y admitir que la masa es abyecta porque se recrea en su estulticia y renuncia al esfuerzo de aprender.

 

Al contrario de lo que a primera vista podría parecer, Internet nos obliga a ser más exigentes con nosotros mismos pues toda la información que ofrece requiere el filtro de la Razón o la aplicación de un criterio claro para separar el trigo de la paja (lo mismo podría decirse de la televisión, la radio o los periódicos, aunque he preferido referirme a Internet por ser la herramienta de información preferida por la gente más joven). Desgraciadamente, la imbecilidad generalizada ha renunciado al indispensable filtro, lo que la convierte en cómoda víctima de teorías de la conspiración y absurdas creencias.

 

La ignorancia y el ensimismamiento (gracias, Guille, por introducir este concepto para definir este gran mal que nos aqueja) son hoy más delictivos que antes pues constituyen una postura deliberada de individuo.

Basura

No es difícil verlo por aquí. Muchos no tiran la basura, simplemente la dejan caer.

 

Abren la ventanilla del coche y lanzan un paquete de tabaco arrugado o una lata de refresco con perfecto tiro parabólico sobre el vehículo, depositan bolsas del basura junto al río para que sea el encargado de alejarla de sus casas con la próxima riada, amontonan la porquería en lugares inhóspitos, no siempre demasiado alejados de sus puertas, tiran colillas, bolsas de plástico o papeles, dejan excrementos de perro aquí y allá, por todos lados pero, ¿qué pasaría si algún día el mar, receptor mayoritario de toda esa inmundicia, decidiese devolver el golpe con la misma moneda?

Retirada alemana

Retirada alemana

Hace pocos días se cumplió el 65 aniversario de la toma de esta fotografía por lo que he decidido dedicarle un post.

 

Como ya comenté en el post dedicado al Mariscal Antonescu, el 23 de agosto de 1944 el rey Mihai dio un golpe de Estado contra el dictador fascista para alinearse con las fuerzas aliadas. Pocas horas después, la Luftwaffe dio inicio a dos días de bombardeos en la ciudad de Bucarest, en la que todavía se encontraban estacionadas tropas alemanas que, hasta hacía poco, habían sido consideradas amigas.

 

En la fotografía se ve a un numeroso grupo de oficiales alemanes escoltados por un par de soldados rumanos (posiblemente habría más fuera de plano). Caminan desordenados y cabizbajos, con el semblante serio y las maletas en las manos. Son un ejército derrotado y en retirada. Al fondo, se ve el Ateneo y otros edificios afectados por las bombas (de hecho, muchos de ellos y el Ateneo ya se vieron afectados por los bombardeos americanos de la primavera).

 

Casa Scanteii

Casa Scanteii

Muchos de los que habéis visitado Bucarest confirmáis que debió ser una ciudad bonita, sin embargo, ahora está demasiado maltratada para valorarlo. No sólo se trata de sus edificios neoclásicos o barrocos, también aquéllos que se construyeron en la época comunista tienen su encanto. Os recomiendo que visitéis el siguiente link - Bucuresti in Epoca de Aur - para comprobarlo:

 

http://www.muzeuldefotografie.ro/2009/08/bucuresti-in-epoca-de-aur/#more-2108

 

Por haber ya escrito un post sobre otra fotografía parecida a la primera que allí se muestra, he decidido publicarla de nuevo para mostrar ese Bucarest perdido; fue tomada posiblemente en los años 60, de la Casa Scanteii – hoy Casa de la Prensa -, y se puede observar la etapa de un tour ciclista, con la estatua de Lenin al fondo – la misma que hoy yace tras la tapia del Palacio de Mogosoaia - y unos pioneros como público.

El famoso "Puente de Pipera"

El famoso "Puente de Pipera"

Uno de los despropósitos más sonados en el campo de las nuevas infraestructuras civiles de Rumania lo constituye el inacabado puente de Tunari-Pipera. El viaducto proyectado debía sortear la vía del ferrocarril, mejorando la fluidez del tráfico en un paso a nivel que siempre provoca largas colas de vehículos en el lugar.

 

La idea, presupuestada inicialmente con 6,2 millones de euros, era buena, sin embargo, alguna mente maravillosa diseñó un puente con una altura de 8 metros, exactamente la misma que la de la catenaria del ferrocarril que pasa por debajo. De resultas, el presupuesto ha ascendido a 11,4 millones de euros y la obra está parada (en la situación que se observa en la fotografía).

 

El ayuntamiento de Voluntari (a un lado de la malograda estructura) culpa del error a las empresas que prepararon la documentación técnica para la licitación (Ove Arup & Partners y Expert Proiect 2002) y el ayuntamiento del Sector 2 de Bucarest (al otro lado) culpa al ganador de la licitación y diseñador del mamotreto (S.C. Betarmex Consult S.R.L. Bucureşti).

 

Sea como fuere (y la cerrada defensa de uno u otro me huele en cualquier caso a chamusquina), ninguno de los implicados en el asunto (Ove Arup & Partners, Expert Proiect 2002, S.C. Betarmex Consult S.R.L., Ayuntamiento de Voluntari, Ayuntamiento del Sector 2 de Bucarest o, ni mucho menos, algún técnico de la Unión Europea, pagadora de 5 millones de euros) tuvo la decencia de mirarse con detenimiento los planos o de visitar el lugar de la obra y, si lo hicieron, debían ir hasta las trancas de orujo local. ¿Y qué decir de los operarios o del director de obra mientras se colocaban las grandes vigas de hormigón?, ¿no veían que algo no acababa de cuadrar? Más orujo, supongo. ¿Y había alguna empresa de supervisión de obras? 

 

Los beneficiarios dicen ahora que cuando se resuelva el problema buscarán responsabilidades. ¿Por qué no empiezan ya?, ¿a qué esperan? Imagino que más de uno cree que el asunto caerá en el olvido y que así no le buscarán demasiado las cosquillas.

Denuncia como puedas

Denuncia como puedas

Tras el robo de la radio, he ido a un taller oficial de Dacia a arreglar el estropicio y a instalar una alarma. Mi compañía de seguros me confirma que estoy cubierto en lo que a sustitución del bombín reventado se refiere, sin embargo, a la factura del arreglo debo añadir una denuncia en la policía. ¡Horror!

 

Temiéndome lo peor, me acerco a la comisaría más cercana del Sector 5. El edificio cochambroso me impresiona. En la puerta, un policía muy amable me pregunta el motivo de mi visita y tras explicarle la situación, me dice: “Sí, ahora los ladrones vienen de fuera muy preparados, ni las alarmas sirven – de nuevo, ¡horror! -. Suba al tercer piso”. Me ahorro los comentarios, aunque asiento.

 

Unas escaleras a oscuras me llevan a un pasillo lleno de habitaciones sin señalizar. Guiado por el sonido de una televisión, entro en la única sala con la puerta abierta. Un hombre en ropa de calle mira un capítulo de Colombo – para aprender, imagino – y cuando entro se levanta como un resorte y empieza a trastear papeles de un armario. “Tome asiento”, dice en un tono quizás demasiado autoritario teniendo en cuenta que soy a quien han robado.

 

Mientras sigue con la cara metida entre papeles, inocente de mi le comento que el robo se produjo el sábado por la noche, frente a mi casa. Detiene inmediatamente su actividad, se gira muy serio y pregunta: ¿Cómo?, ¿y por qué no ha venido hasta hoy? En mi mente se repite “En realidad he venido porque mi compañía de seguros dice que necesito una denuncia, no confío nada en ustedes ni en su capacidad para resolver este “caso”. Sólo hay que ver su aspecto aburrido y sus instalaciones para confirmar mi intuición”, sin embargo, prefiero decirle que tengo una vida familiar algo complicada con tres enanos y que hasta ese momento no he tenido un momento libre. ¡Ah, qué error!

 

A partir de ahí, bronca a gritos, que si la ley me obliga a denunciar inmediatamente (¿hay una ley que me obliga a ir corriendo a una comisaría rumana – jajaja -  a las 10 de la noche para denunciar que me han robado la radio?), que cómo van a coger a los ladrones si pasan tantos días (si denuncio inmediatamente, ¿los atrapan seguro? Jajaja), que si ha llovido y las huellas dactilares se han borrado (ya, que si no, las tomáis en plan CSI y las metéis en la base del datos del ordenador que todavía no he visto…), que no entiende la excusa de los niños (…vaya, ahora soy sospechoso…), que yo no estoy por encima de la ley (ya, ni usted, ni nadie aquí, sin embargo, la ley en este país es de cachondeo). Al discursito, se añaden miradas de desconfianza y finalmente una pregunta, ¿Puede escribir una declaración en lengua rumana? Y aunque podría intentarlo, después del discurso pienso “Hágalo usted, que para eso le pagan”, aunque simplemente respondo que no puedo. “Ah, entonces, tiene usted que venir con un traductor autorizado”. Le respondo que me cuesta más venir con un traductor que el valor de la radio y el buen policía me da de plazo hasta mañana por la mañana para hacer mi declaración. Ya le advierto: “No volveré”. Más gritos sobre el cumplimiento de la ley. Ante mi mirada atónita, se encoge de hombros y vuelve a mirar a la televisión.

 

Antes de levantarme y marcharme sin haber podido poner la denuncia pienso que el capítulo de Colombo debía estar en su momento más interesante y que he interrumpido a este abnegado funcionario, tan preocupado por el cumplimiento de la ley.

Adiós a la radio

Adiós a la radio

El sábado por la tarde, con el coche aparcado frente a nuestra casa, nos robaron la radio-CD. ¿Quién lo iba a pensar? ¡Pero si está hasta pasado de moda!

 

Rumania está tan anticuada que hasta los delitos son anacrónicos. Reconozco mi sensación de rabia e impotencia cuando vi los cables cortados colgando del hueco donde debería estar el aparato (aunque la foto no es de nuestro coche, el desolado aspecto es el mismo). Además, se llevaron el CD de Najwa Nimri.

 

Posiblemente, si hubiésemos ido a la mañana siguiente al mercadillo de Drumul Taberei, la hubiésemos encontrado entre los miles de cachivaches que allí venden. Cuando se lo comenté a nuestro vecino, me dijo convencido: “Es que en Bucarest no se puede dejar la radio en el coche aparcado sin quitar el frontal”.

 

Obvio, pensé, aunque tarde.

Karakia

Karakia

Hoy mi madre me ha recordado que hay siete años salí en el programa Karakia, de TV3, titulado “Sal, pimienta y añoranza”, dedicado a la comunidad rumana que vive en Cataluña.

 

Podéis ver la primera parte del programa en el siguiente link (está sólo en catalán), en el que se me ve asistiendo a las clases de rumano que el profesor Virgil Ani, de la Universidad de Barcelona, impartía cada miércoles (salgo aproximadamente en el minuto 15). Recuerdo que por aquel entonces yo no entendía nada de nada, de hecho, ha sido gracioso ver el vídeo y entender bien ahora todo lo que Virgil nos explicaba.

 

http://www.tv3.cat/videos/188701282

 

¡Qué recuerdos!

Sobre la construcción de Casa Poporului

Interesante y breve documento sobre la construcción del edificio más emblemático de Bucarest y de la dictadura comunista: Casa Poporului (La Casa del Pueblo).

 

De cretinos

De cretinos

La clase política de este país es absolutamente rocambolesca y destacar es tarea complicada, sin embargo, el alcalde de Constanza, el Sr. Radu Mazăre, sin duda se ha proclamado el más imbécil de los políticos rumanos.

 

Para los que lo desconozcáis, Constanza es una ciudad costera con uno de los puertos más importantes del Mar Negro en la que viven 300.000 habitantes, es decir, que no es ningún pueblucho perdido de la mano de Dios. Radu Mazăre es su alcalde, miembro del Partido Socialdemócrata o Partido Socialista y la mantiene en un lamentable estado de postración y abandono imperdonable.

 

Entre las actividades veraniegas que se organizan en la costa, hace unos días se celebró una pasarela de moda en Mamaia, la zona de playa de la ciudad. Allí que se fue el Sr. Mazăre y no se le ocurrió nada mejor que desfilar vestido de soldado de la Wehrmacht (con cruz gamada incluida, por pequeñita que fuese, según sus propias palabras). Para justificarse defendió la elegancia del uniforme nazi y expresó su admiración por la organización rigurosa y la disciplina del ejército alemán de entonces.

 

Hace falta ser cretino para actuar así y además tratar de justificarse con semejantes argumentos, sin embargo, en un país donde un descerebrado de este calibre puede hacer semejante exhibición o donde un ministro de Sanidad va a trabajar en su Ferrari, ambos sin consecuencias, todo será posible mientras el pueblo rumano no les pida explicaciones, cosa poco probable mientras su mayor preocupación sea pasar la tarde en el Mall.

 

Equipaje voluminoso

Equipaje voluminoso

En una de las entradas de la estación de metro de Gara de Nord existen varias advertencias para el viajero, aunque una es especialmente desconcertante: “Prohibida la entrada con equipaje voluminoso”.

 

El concepto de equipaje voluminoso puede ser muy amplio pero, ¿podríamos incluir un barril de ron, un cofre del tesoro – con llave y todo – y un saco de arpillera? Es más, ¿qué tipo de personajes entran habitualmente en el metro con semejantes bultos? Hay algo, eso sí, que me queda claro: los piratas no pueden viajar en el Metro en Bucarest.

 

 

Último viaje

Último viaje

Pocas veces morirse es glamuroso, al fin y al cabo, ya dicen que la muerte hace tabla rasa igualándonos a todos, por lo tanto, es durante nuestro entierro cuando podemos dar ese toque más personal al último adiós.

 

 

Viajando la semana pasada por Moldavia tuve la oportunidad de conducir un rato junto a una familia enlutada que iba a despedir a algún pariente. Desconozco si el finado iba dentro del ataúd, no tuve cuajo para bajar a ventanilla de mi coche y preguntarles, aunque la actitud compungida de los viajeros parecía indicar lo peor.

 

Pensando después sobre la imagen, ¿para qué tanto gasto en tu sepelio? Al fin y al cabo, tu coche suele ser un inseparable compañero que también tiene derecho a acompañarte al camposanto, por lo tanto, ¿qué mejor que colocarte en su techo cual si de un viejo y fiel caballo de batalla se tratase? Es menos estiloso, es cierto, pero ¿a quién le importa el estilo en esos momentos?

 

El Hombre Más Fuerte del Mundo

Nunca nos hubiésemos perdonado enterarnos tarde así que la suerte quiso que entrásemos en el Hotel Radisson un par de días antes del evento del siglo en Rumania: las Súper Series del Hombre Más Fuerte del Mundo.

 

¡Tantos años siguiendo el evento por la televisión sin poder enterarnos del lugar del siguiente campeonato y resulta que la montaña ha venido a Mahoma! Años haciendo planes sobres el día que acompañaríamos a los forzudos en sus retos - fuese en las Cataratas Victoria o en la cima del Monte Fuji -, tantas ilusiones frustradas al no acompañarlos en directo y, al final, todo arreglado gracias a la casualidad.

 

Una hora antes hemos llegado al Radisson para tomar el mejor lugar desde donde contemplar alucinados míticas pruebas como Las Piedras del Atlas o El paseo del Granjero. Una cervecita fría en las manos y a disfrutar.

 

¡Qué alegría! Y todavía algunos se atreverán a criticar Bucarest. Ha venido a la ciudad El Hombre Más Fuerte del Mundo, ahora ya nada podrá superarlo.

 

Siesta de riesgo

Siesta de riesgo

Sin duda hay auténticos maestros de la siesta, sin embargo, estos dos obreros darían lecciones al mayor entendido.  

 

Hacia las 2 de la tarde, después de unas horas de arduo trabajo, se han tumbado en el andamio y se han echado un sueñecito de más de media hora. Poco ha importando que nada les separase de una caída de cuatro pisos. Ellos tenían sueño y qué mejor lugar que el andamio que tanto les ha visto sudar.

 

En Rumania, la seguridad y salud en el trabajo es una cuestión de principios.

Fácil acceso

Fácil acceso

La sensibilidad de las autoridades rumanas hacia los discapacitados físicos es de imaginar y, para muestra, un botón.

 

Esta plataforma se encuentra en una de las salidas a la Piaţa Unirii, es decir, en una de las estaciones de metro más importantes de Bucarest. Mi pregunta no sólo es cómo puede alguien en silla de ruedas salir de la estación, sino cómo ha podido llegar hasta allí, pues si bien aquí hay una plataforma automática sin posibilidades de uso, en ninguna otra estación de la ciudad hay ascensor y las escaleras mecánicas escasean (en cualquier caso, serían inútiles para alguien que se mueve en silla de ruedas).

 

Imagino que los responsables de Metrorex tenían el presupuesto (probablemente nunca lo solicitaron, sino que les cayó del Cielo de los Fondos Europeos o de algún programa de integración de discapacitados), hicieron la inversión y ahí quedo todo, es más, apostaría a que nunca se ha utilizado.

 

Otro triplete

Otro triplete

En el número 3 de la Avenida Kiseleff se levanta el impresionante edificio que alberga el Museo del Campesino, un curioso e interesante lugar inaugurado en 1906 donde, a través de la exposición de aperos, textiles, arte popular y cachivaches varios, se demuestra la importancia y la pervivencia del campesinado en la Rumania actual.

 

En su jardín posterior, abandonada, se encuentra una estatua de los tres ideólogos del Comunismo: Marx, Engels y Lenin. La obra, con sus tres protagonistas nasalmente mutilados, nos recuerda que después de la Segunda Guerra Mundial el edificio albergó el Museo de Lenin y Stalin. Pasado el torbellino estalinista, se cambió el nombre por el de Museo de Marx, Engels y Lenin y, finalmente, simplemente se llamó Museo de Historia del Partido Comunista.

 

En 1990, el filósofo y entonces Ministro de Cultura, Andrei Pleşu, decidió reestablecer el uso original del museo, que abrió sus puertas de nuevo en 1993. Actualmente, sobreviven un par de salas dedicadas al comunismo autóctono que bien valen una visita, aunque desgraciadamente todas las indicaciones están sólo en rumano.

Cementerio militar de Sinaia

Cementerio militar de Sinaia

La atribulada historia de Rumania durante la Segunda Guerra Mundial obliga a estudiar con detenimiento las lápidas de los cementerios militares que salpican el territorio rumano.

 

Desde noviembre de 1940 hasta agosto de 1944, Rumania luchó junto a la Alemania nazi. Después, tras el golpe de estado del Rey Mihai contra el Mariscal Antonescu, Rumania luchó junto a los Aliados, es decir, que cuando la puerta de un camposanto anuncia “Cementerio de los Héroes”, primero hay que situarlo cronológicamente para saber de qué héroes se está hablando.

Image113 por ti.

 

A pocos kilómetros de Sinaia hay un par de cementerios militares seperados sólo por un muro, uno con soldados soviéticos y otro con soldados rumanos. El primero alberga decenas de tumbas, la mayoría de las cuales están sin identificar, sólo indican “Soldado desconocido”, todas ellas con lápidas simples y una estrella roja. Un monolito recuerda que todos murieron luchando con la “Alamenia hitleriana”. Sorprende las fechas de defunción, todas más allá de 1946, es decir, una vez terminada la guerra. Probablemente, muchos murieron por heridas de guerra en el Hospital Militar de Sinaia y fueron enterrados allí. El cementerio rumano tiene todas sus tumbas identificadas, aunque hay una mezcla de fechas que abarcan ambos períodos de la guerra. Las tumbas tienen una forma curiosa, algo así como romboidal, con una placa metálica con forma de casco y unos laureles cruzados, no hay signos religiosos excepto una cruz que perece haber sido añadida posteriormente.

 

Es curioso la cantidad de cosas que pueden leerse de un cementerio militar, incluso por qué y por quién murieron aquellos que están allí enterrados.

En ruta

En ruta

Volviendo de pasado jueves de un viaje relámpago a Sinaia, en plena carretera nacional, me crucé con este vehículo. Ni que decir tiene que circulaba mucho más rápido que yo, pitándome insistentemente para que me apartara, sin importarle lo más mínimo ir cargado con decenas de sillas.

 

Unos kilómetros más allí, me crucé con tres coches (que no iban juntos, por cierto) construidos con una plataforma de madera con cuatro ruedas, dos sillas parecidas a las de jardín para el piloto y el copiloto, un sillón doméstico trasero para los acompañantes y un motor que echaba humo. No había más carrocería. Un par de ellos iban cargados de frutas, el último parecía ir de paseo, en plan familiar.

 

Es cierto que el parque móvil rumano ha mejorado mucho en los últimos años, sin embargo, aún quedan joyas que contemplar por las carreteras del país.