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Realidades alternativas y posverdades rumanas

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La terrible plaga del populismo, que denomina posverdades o realidades alternativas a las mentiras de toda la vida, también azota Rumania. El populismo rumano, como en el resto de Europa, se alimenta de la desesperación e intenta romper y aislar, tribalizar, alejarse de todo proyecto común y regresar a las esencias, ese refugio idealizado del nacionalismo que ofrece paz, felicidad y prosperidad a cambio de nada. 

En Rumania, paradójicamente, la piñata preferida del populismo ultranacionalista, a la que arrear todos golpes, es la Unión Europea, por lo que muchos medios de comunicación y predicadores varios no dudan en echar mano de posverdades y realidades alternativas – falsedades, vamos - para acusarla sin decoro de todos los males del país.

Una de las invenciones más repetidas allí es que Rumania es contribuidora neta al presupuesto de la UE pues, según dicen, aporta más de lo que recibe. Nunca se proporcionan datos para sustentar semejante argumento, parece una verdad absoluta, sin embargo, la realidad es muy distinta. Acudiendo a los datos oficiales publicados por la Comisión Europea para cada uno de los países miembros de la UE, puede diseñarse el siguiente gráfico, de elaboración propia:

 

A partir de estos números, es fácil calcular que, entre los años 2000 y 2015, la contribución neta de la UE a Rumania asciende a 24.678 millones de euros y en todos los años ha sido positiva a favor de Rumania. ¡Nunca Rumania ha aportado a la UE más de lo que ha recibido!

Otra de las tergiversaciones recurrentes es que, tras la adhesión de Rumania a la UE, el 70 % de la tierra cultivable ha sido adquirida por oscuras corporaciones extranjeras que intentan dominar el país. A falta de datos oficiales del gobierno de Rumania, de acuerdo con un estudio realizado por el Transnational Institut para la Comisión de Agricultura de la UE, entre el 20 y el 30 % del terreno arable rumano pertenece a personas, físicas o jurídicas, del resto de Europa – entre las que se cuentan, por ejemplo, el Bardeau Holding, una empresa asociada al conde austríaco Andreas von Bardeau, un fondo de inversión del banco holandés Rabobank o la empresa italiana Generali -, mientras que un 10 % del terreno es propiedad de entidades ajenas a la UE – como la compañía libanesa Maria Group, por citar alguna -, lo que sumaría un máximo de 5 millones de hectáreas sobre un total de más de 13 millones de hectáreas cultivables.

De nuevo, los datos contradicen las farsas del populismo ultranacionalista rumano, tan en boga también en otros países del Este de Europa, como Hungría y Polonia, y que tanto amenaza el proyecto común de la Unión Europea.

07/04/2017 20:07 legiovhispana #. Actualidad Hay 1 comentario.

Bucarestinos en Radio Romania International

Hace unos días, tuve el placer de participar en el programa Vale la pena visitar Rumania, dirigido semanalmente por Valeriu Radulian en Radio Romania International, en el que me dieron la oportunidad de hablar sobre nuestra experiencia familiar en Rumania y sobre este blog.

Aprovecho la última línea de esta entrada para volver a agradecer a Valeriu la ocasión de participar en su programa.

30/03/2016 19:53 legiovhispana #. Actualidad Hay 2 comentarios.


¿Qué pasa en Roşia Montană? (y III)

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La plataforma Salvaţi Roşia Montană expone todo tipo de argumentos para frenar el proyecto. De acuerdo con sus postulados, desde un punto de vista jurídico, el proyecto y la declaración de impacto ambiental transgreden varias Directivas europeas y la Convención de Berlín, de 10 de octubre de 2001, que prohíbe el empleo de cianuro en las explotaciones mineras de la UE, además de infringir la Convención Europea de Derechos del Hombre por el modo en que pretenden hacerse los traslados de población.  Tecnológicamente, los críticos con el proyecto aducen que, desde 1990, en todo el mundo se han producido más de 30 accidentes graves en explotaciones mineras donde se empleaba cianuro y que, en el 72 % de los casos, se debió a defectos en el dique de contención. En este argumento ha pesado especialmente el accidente de Baia Mare, en el que a pesar de necesitarse 22 permisos distintos relacionados con el medio ambiente y la salud pública, ello no evitó los defectos en el diseño del dique que provocaron el desastre ecológico. La ineficacia de las operaciones de autorización e inspección y la corrupción de las autoridades rumanas son un mal precedente que todavía no se ha resuelto y que hacen presagiar lo peor. Por otro lado, es innegable que la explotación en superficie de minas a cielo abierto provoca una significativa mutilación del paisaje, contaminación del aire y peligrosas vibraciones en el terreno, debidas a las constantes explosiones, que aumentan el riesgo sísmico de la región. También se alerta sobre la posible destrucción del patrimonio arqueológico de Roşia Montană. A pesar de todo, la plataforma no se limita a mantener una actitud exclusivamente defensiva y ha propuesto como alternativa al proyecto la declaración de la zona como parque arqueológico del patrimonio mundial bajo la protección de la UNESCO, alternativa que pretende dar una solución a largo plazo a la pobreza y al elevado paro en la región[1].   

En el último año, el Gobierno rumano ha jugado un papel ambiguo y que no ha hecho más que inflamar el conflicto. A pesar de que mientras estuvo en la oposición, el Partido Social-Democrático se opuso al proyecto de RMGC, tras su victoria en las elecciones legislativas de 2012 ha ido modificando su postura hasta convertirse en uno de sus mayores valedores. De este modo, cuando en junio de este año la Comisión de Análisis Técnico del Ministerio de Medio Ambiente parecía carecer de argumentos para dar su conformidad al proyecto, el Gobierno de coalición entre socialistas y liberales impulsó una propuesta de Ley de minería ad hoc para permitir su aprobación y derogar ciertos procedimientos legales que suponían un obstáculo. En respuesta, desde el 1 de septiembre se reproducen por todo el país manifestaciones semanales, cada vez más numerosas, que el pasado día 10 de diciembre consiguieron que la Ley de minería fuese rechazada en el Parlamento al no obtener los votos suficientes para modificar una ley orgánica. Sin duda, la guerra no ha terminado pero la plataforma Salvaţi Roşia Montană ha obtenido una sonora victoria.

Desde mi punto de vista, el propósito de extracción de oro y plata de Roşia Montană es un proyecto cortoplacista que, una vez concluido, no dejará resueltos los problemas endémicos de la zona y que únicamente habrá beneficiado a los accionistas canadienses de RMGC, que se repartirán el 80 % de los beneficios obtenidos, mientras que Rumania apenas obtendrá un 2 %, según lo acordado entre RMGC y el Gobierno rumano[2]. Por otro lado, a nivel técnico, el proyecto tiene unos riesgos medioambientales difíciles de asumir considerando el nivel de incompetencia y corrupción de las autoridades rumanas[3]. La declaración de Roşia Montană como parque arqueológico del patrimonio mundial de la UNESCO es una aspiración realizable que, además de atraer fondos de la UE, podría aumentar el potencial turístico de la región e impulsar nuevas campañas arqueológicas. A pesar de ello, esta propuesta no es incompatible con una explotación minera sostenible de los recursos de la zona, aunque para ello sería necesario realizar un estudio científico bien fundamentado y un programa de aplicación bien pensado y coordinado que involucrase a todas las partes y despejase cualquier duda mediante la incorporación al proyecto de un equipo técnico independiente escogido, por ejemplo, desde las instituciones europeas.

[1] Argumentos y propuestas extraídos de la web de la plataforma Salvaţi Roşia Montană.

[2] Datos obtenidos de la web de Rosia Montana Gold Corporation.

[3] Para muestra, la declaración pública del primer ministro, Victor Ponta, sobre el cobro de comisiones en el marco de este proyecto (aunque afirmó no tener pruebas de ello) o el reciente ingreso en prisión, acusado de corrupción, del director de la Autoridad de Gestión del Plan Operativo Sectorial de Medio Ambiente, Adrian Mandroiu.

19/01/2014 15:59 legiovhispana #. Actualidad No hay comentarios. Comentar.

¿Qué pasa en Roşia Montană? (II)

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Con el objetivo de convencer a los habitantes de Roşia Montană, RMGC desplegó una campaña informativa sobre los beneficios del proyecto, cifrados en 2.300 millones de dólares para la economía rumana[1] - una parte de los cuales, lógicamente, se destinarían al presupuesto local -, en 2.300 puestos de trabajo directos durante el período de construcción de la mina y en un total de 3.600 puestos de trabajo, directos e indirectos, durante la operación. RMGC ha empleado el método de mercado para negociar las contrapartidas con los habitantes y las autoridades locales, garantizando la contratación de personal autóctono, la rehabilitación medioambiental de la zona tras finalizar el período de concesión, la recuperación del centro histórico de Roşia Montană e inversiones para el desarrollo turístico de la zona, incluyendo campañas arqueológicas, valorización del patrimonio técnico-industrial, construcción del Museo de la Minería, etc. Las propuestas de RMGC han sido bien recibidas por la mayoría de la población local, que ante las protestas de algunos vecinos y de una buena parte de la sociedad rumana, se ha organizado en la plataforma Sindicatul Viitorul Mineritului (Sindicato para el futuro de la minería) y ha desarrollado una campaña de manifestaciones, encierros y protestas a nivel local titulada Da pentru Roşia Montană  (Sí a Roşia Montană).

En el otro extremo, un sinfín de instituciones y grupos de todo el espectro ideológico[2], se han manifestado en contra del proyecto de RMGC, agrupados en torno a la plataforma Salvaţi Roşia Montană (Salvad Roşia Montană), establecida por vecinos de Roşia Montană afectados por los traslados forzosos y la destrucción de inmuebles (casas e incluso alguna iglesia) a los que el proyecto obliga. A pesar de todo, los problemas empezaron para RMGC cuando, a finales de 2004, presentó la documentación para obtener los permisos medioambientales para la ejecución del proyecto y, posteriormente, el estudio de impacto ambiental. Durante años, RMGC no ha conseguido obtener todas las licencias necesarias, viendo como el proyecto se retrasaba en los pasillos del Ministerio de Medio Ambiente mientras la opinión pública tomaba conciencia del problema y el ambiente se enrarecía. A todo ello había contribuido, sin duda, el accidente ocurrido el 30 de enero del año 2000 cuando, tras un período de condiciones climatológicas extremas, se rompió el dique de contención de los residuos mineros de una explotación de oro en Baia Mare y se vertieron 100.000 m3 de barro y aguas residuales contaminadas con cianuro y metales pesados en los canales de desagüe al río Lapus, un afluente del Somes, a través del cual alcanzaron el río Tisza, el curso superior del Danubio a su paso por Belgrado y, finalmente, el Mar Negro. La terrible contaminación transfronteriza tuvo graves consecuencias para la biodiversidad, los ecosistemas fluviales, el abastecimiento de agua potable y las condiciones socioeconómicas de las poblaciones afectadas.



[1] También se han calculado unos beneficios adicionales para la economía rumana de 3.000 millones de dólares en inversión en recursos humanos, construcción, electricidad, materiales, transporte, reactivos, piezas de repuesto y otros.

[2] Paradójicamente, desde pequeños grupos de extrema izquierda hasta la extrema derecha nacionalista, pasando por la Casa Real rumana, la Academia Rumana, las iglesias ortodoxa y católica, ONG, movimientos ecologistas o de protección del patrimonio pero, sobre todo, un elevado número de ciudadanos anónimos, indignados por el devenir político de Rumania.  

11/01/2014 17:28 legiovhispana #. Actualidad No hay comentarios. Comentar.

¿Qué pasa en Roşia Montană? (I)

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Roşia Montană es una localidad minera transilvana, situada en el Valle del río Roşia, en los Montes Apuseni (Departamento de Alba). Se trata de una zona catalogada como desfavorecida en el Programa Nacional para el Desarrollo Rural 2007-2013 , carente de infraestructuras, condicionada por una serie de factores climáticos y edáficos que limitan la actividad agrícola y donde el paro alcanza al 80 % de la población activa.

A pesar de todo, la zona donde se levanta Roşia Montană es rica en minerales por lo que su tradición minera está atestiguada documentalmente desde el año 131, cuando la localidad llevaba el nombre de Alburnus Maior. Tras la definitiva conquista de Dacia por el emperador Trajano, en el año 106, colonos romanos se asentaron en las nuevas tierras del imperio y entre ellos, de acuerdo con unas antiguas tablillas halladas en Alburnus Maior y fechadas entre los años 131 y 167, decenas de hispanos y sus familias, especialmente del norte peninsular, que se trasladaron allí para trabajar en las minas de oro de la región (en la imagen, galerías romanas conservadas de las minas de Roşia Montană). La explotación minera se extendió, con mayor o menor intensidad, durante la Edad Media y la Edad Moderna, aunque alcanzó su máximo apogeo durante el período austro-húngaro, concretamente a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando Roşia Montană se convirtió en una de las localidades más desarrolladas de la zona, con calles empedradas e iluminadas, escuelas, centro sanitario, cine, teatro, casino e incluso una sala de baile, a los que acudía una población étnicamente diversa – rumanos, húngaros, alemanes, judíos, eslovacos, etc. –  que, directa o indirectamente, siempre estaba relacionada con la actividad minera. Después de 1948, cuando todas las minas privadas fueron nacionalizadas por el nuevo régimen comunista, las minas de Roşia Montană se convirtieron en una propiedad del Estado y, progresivamente, fueron perdiendo eficiencia. En 1989, año de la Revolución, las pérdidas de Roşia Montană eran tres veces superiores a los beneficios que reportaban debido al uso de tecnologías obsoletas y a la falta de inversiones.

A pesar de la manifiesta decadencia de Roşia Montană, en 1999, la empresa Roşia Montana Gold Corporation (RMGC), fundada en Alba en 1997 y cuyos principales accionistas son la compañía minera estatal Minvest Roșia Montană S.A. (19.31 %) y la empresa de capital canadiense Gabriel Resources (80.69%), obtuvo la licencia de concesión para la explotación de las minas y mostró su interés en realizar una importante inversión en la zona para desarrollar un nuevo proyecto minero que mejorase la eficiencia del proyecto y lo hiciese viable. Con este objetivo RMGC desarrolló varios estudios geológicos, arqueológicos, sociales, medioambientales y de viabilidad económica que iban a resultar profundamente polémicos, especialmente en lo que al impacto medioambiental del proyecto se refiere. 

El proyecto diseñado por RMGC anuncia el cierre de la explotación local de la empresa minera pública Minivest – con la consiguiente extinción de 775 puestos de trabajo - y la organización de las minas de oro más grandes de Europa, previéndose la extracción de 300 toneladas de oro y 1.600 toneladas de plata en cuatro minas a cielo abierto, que serán explotadas según un método de excavación en superficie que extraerá 220 millones de toneladas de mineral de una área total de unas 100 hectáreas. La roca estéril se depositará en dos escombreras y los lodos producto del tratamiento del mineral con cianuro de sodio del mineral y de la separación del oro y la plata, serán tratados por oxidación y acumulados en lago abierto de decantación, con una capacidad de 250 millones de toneladas, contenido por un dique capaz de resistir un terremoto de 8 grados en la escala de Richter y dos precipitaciones máximas consecutivas.

La polémica está servida.

09/01/2014 11:50 legiovhispana #. Actualidad Hay 2 comentarios.

La agricultura rumana

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Rumania dispone de abundantes recursos agrícolas distribuidos en tres tipos relieves, cada uno de los cuales representa, aproximadamente, una tercera parte del territorio: en el centro, la meseta transilvana, rodeada por los Cárpatos, representaría un primer círculo que, a su vez, está rodeado por colinas suaves seguidas por un círculo exterior de llanuras. En consecuencia, la superficie agrícola rumana es de 14,7 millones de hectáreas (un 61,7 % del total), de la cual un 64 % representa terreno arable, un 33 % son pastos y henos y 3 % representan los huertos y viñedos.

Hasta mediados del siglo XIX, en Rumanía predominaban las grandes propiedades, en las que existía una relación feudal entre el propietario y los trabajadores de la tierra, sin embargo, en 1864, la Ley Rural promulgada por el príncipe Alexandru Cuza dio a los campesinos el poder real sobre la tierra, distribuyéndola en pequeñas parcelas. La reforma agraria de 1921 acentuó la fragmentación del territorio agrícola, siendo la superficie media de las parcelas de 3,9 ha.

Tras la instauración del régimen comunista en 1947,  una de las medidas económicas que más impacto tuvo sobre la población fue la violenta colectivización de la agricultura del país según el modelo soviético y la consiguiente instauración de las cooperativas agrícolas de producción.  Una vez instaurada la democracia, la reforma agraria de 1991 atribuyó un 72 % del conjunto de tierras agrícolas y el 84 % de los terrenos arables a las explotaciones privadas, aunque esta medida no estuvo acompañada de las reformas necesarias para hacer de la agricultura un sector competitivo y eficiente. La tierra se repartió en lotes de un tamaño inferior a 10 ha entre los jornaleros agrícolas, se prohibió la venta de tierra (hasta 1997) y se impidió la restauración de la gran propiedad agraria y la aparición de neocooperativas o empresas agrícolas.

Las consecuencias fueron inmediatas y son todavía patentes.  Rumania sufrió un retroceso hacia el minifundismo que contradice la tendencia habitual en las agriculturas de mercado y una disminución de la productividad agrícola, especialmente en el caso de la producción de cereales, donde se acusó la ausencia de grandes superficies y de la adecuada mecanización. De este modo, el gran número de explotaciones de subsistencia y semisubsistencia se ha convertido en el mayor problema al que se enfrenta la agricultura Rumana. Así, de un total de 3,93 millones de explotaciones agrícolas registradas al final del año 2008, un 99,5 % son explotaciones agrícolas individuales sin personalidad jurídica – es decir, explotaciones familiares - que gestionan el 65% de la superficie agrícola utilizada. Por otro lado, cabe destacar que entre 2002 y 2008 se produjo un drástico descenso en el número de explotaciones agrícolas - más de 600.000 – debido a la presión de la urbanización y a la compra de terrenos agrícolas por parte de extranjeros con objetivos especulativos.

Actualmente, el área media agraria por propiedad en Rumania es de 3,4 ha, un valor muy alejado de la media europea (15,8 ha/explotación)[1]. Las explotaciones familiares, cuya superficie media es sólo de 2,3 ha, tienen un bajísimo nivel de profesionalización y un 33 % de sus ingresos provienen del autoconsumo. En este tipo de explotaciones, las responsabilidades se reparten entre los miembros de la familia de modo mientras los hombres dedican su tiempo a las tareas agrícolas y ganaderas más duras, como segar[2], pastorear a los animales o cortar leña, las mujeres recogen el forraje, alimentan a los animales y realizan todas labores domésticas.

El minifundismo provoca que los agricultores no se aprovechen de las economías de escala en producción ni tengan poder de negociación a la hora de comprar materias o vender su mercancía, además tampoco tienen recursos para acometer las inversiones necesarias para hacer las tierras más productivas y son reacios a la venta de tierras que podría permitir una concentración parcelaria lo que, sin duda, disminuye su productividad. Para finalizar, cabe mencionar que aunque la fuerza laboral empleada por el sector agrícola rumano es una de las más numerosas de Europa, la realidad es que su peso sobre el total es cada vez menor. Los bajos ingresos que aporta la actualmente cualquier explotación agrícola en Rumania, especialmente en comparación con los servicios y la industria (sectores que han absorbido la mayor parte de las inversiones), han provocado una disminución de la población dedicada a labores agrícolas y su envejecimiento, al no existir un reemplazo de los jubilados por gente más joven. En el 2008 el 56,7% de los trabajadores tenía más de 45 años y un 36,7% más de 55 años[3].

[1] Paradójicamente, Rumania es el país con mayor número de explotaciones agrarias de la UE, casi una tercera parte del total (Fuente: Romania Libera, 11 de octubre de 2011. România are cel mai mare număr de exploataţii agricole din UE, circa o treime din total). 

[2] La fotografía izquierda muestra a un campesino rumano tras segar y recoger el forraje para alimentar durante el invierno a sus animales. La mecanización en las explotaciones familiares es inexistente pues las labores de tracción las realizan los animales.

[3] Como se observa en la fotografía derecha, la población rural rumana sufre un envejecimiento por el éxodo de la gente más joven.

15/12/2013 00:35 legiovhispana #. Actualidad Hay 2 comentarios.


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